La
fragilidad y hermosura de las mariposas (13)
OTRO,
OTRO ...
Paola ya
se había ido, dejando el eco de su
pacto. Se han intercambiado los números telefónicos, para afinar sus
instrumentos. Y sus manos se han
cruzado, como confirmación de su trato.
Un
adiós, y una espina clavada. No había ninguna garantía, se había tirado al
hueco imprudentemente. Podía salirle mal, lapidar los restos de su relación...
o bien, ayudar a abrir nuevas fronteras para su pareja. El amor podía resurgir cuando uno menos se lo
espera. Y ojala, que las dos hicieran las paces.
Valeria
llego, aquel día, al caer el sol. Con sigo traía dos pizzas, no le apetecía
ponerse a cocinar. Aparte, aquella noche le tocaba estar pendiente de un caso.
A veces, su trabajo era inhumano. Le molestaba, sobretodo, porqué le impedía
dedicar el tiempo que se merecía su pareja.
El piso
estaba a oscuras, no veía luz en ninguna parte. Empezó a preocuparse. Quizás
estaba en la habitación, descansando. Se dirigió hacía allí, abrió el
interruptor...
No estaba
allí. Antes de volverse loca, o desesperarse la llamó. No quería imaginarse lo
peor, que se hubiese ido sin despedirse.
NA:-
Estoy en la terracita.- contesto Nadia, tras sentir su voz.
Valeria
se relajo, dejo la bolsa encima de la cama. Las pizzas, ya las había dejado en
la cocina. Sus manos aún sostenían un manojo de cartas. Era el correo del
buzón, que no había pensado subirlo al medio día. Se lo llevo consigo, y lo
olvido encima de la mesita del salón.
Se
entretuvo, unos minutos, amando visualmente a Nadia. La cual estaba absorta,
como muchas veces solía estar, mirando al vació. Aunque en apariencia, parecía
que contemplaba la ciudad. Un viento suave soplaba, y le hacía mover su
cabellera afanosa.
Su
corazón empezó a latir, como le ocurría siempre que la veía, o pensaba en ella.
Dio gracias por poder compartir un día más junto a ella. Eran momentos
preciosos, llenos de felicidad... Y trataba de vivirlos con intensidad, como si
fueran la última vez.
Lentamente,
fue saliendo a la terraza..., y se le acerco. La abrazó por detrás, le susurro
algo en la oreja... que la hizo reír. Y se quedaron unos instantes, en
silencio. Disfrutando de su cercanía, de aquel oscurecer refrescante... de las
olores veraniegos.
VAL:-
Que gusto estar aquí...- le susurra, bosteza largamente. Le esta dando pereza
cenar y volverse a ir.
En otras
circunstancias, se hubiera quedado a comer en la caserna. Pero su vida ha
cambiado mucho, des de qué ella ha entrado en su vida. Por aquel entonces,
tenía sus padres, su trabajo, sus aficiones... la soledad en su apartamento de
ensueño, alguna aventurilla ocasional. No había nada que la motivara, nada que
la atara y le animara a tener una vida normal.
NA:-
Sí...- responde secamente. Valeria, preocupada, se separa y cerca su rostro. La oscuridad tenue la protege, no le deja
leer bien sus ojos. - Estoy bien. ¿Y tu que tal el día? ¿Cansada?- como ya era
costumbre, se sobrepone queriéndola convencer de qué no ocurría nada.
VAL:-
Sí... Hoy me tocan horas extras...- no ocultando sus sentimientos.
NA:- Mi
pobre duende, hoy trasnocharas.- y trato de animarla.- ¿Qué harían los
madrileños sin la super inspectora Wood ?- le dedico una sonrisa preciosa, que
se le contagio.
VAL:-
¡No exageres cariño!- quitándole importancia, se acerca y le revuelve más su
cabello.- Yo preferiría estar toda la noche contigo..., verte dormir,
abrazarte...
Nadia es
incapaz de decir nada, y la estrecha entre sus brazos. La amaba mucho. Aún así,
se veía capaz de renunciar a su amor. Las lágrimas amenazaban a caer, pero
consiguió retenerlas.
Su inconsciente ya empezaba ha despedirse. De
echo, cada día que pasaría con ella...lo haría como si fuera el último
instante. Creía disponer de fuerzas para dejarla volar libremente.
VAL:-
¿Mi duende, qué te pasa?- le pregunta, extrañándose de su pasional abrazo.
Temía que terminase como las otras veces, en un callejón sin salida.
NA:- No
te merezco- manifestando su tristeza.- Sé que te estoy fallando, que no cumplo
tus expectativas...
VAL:-
Nadia, que te susurro...- le corto dulcemente.
Dándose cuenta, que quizás, la estaba presionando demasiado.- Ya te he
dicho muchas veces, lo único que quiero es tu felicidad. ¿Expectativas? Solo
vivir, compartir contigo los avatares de la vida, sean cuales sean.
NA:-
Perdona, tampoco te quiero hacer sentir mal.- sus palabras la han conmovido y
emocionado. Realmente siente que le esta fallando, pero no ve la luz que la
ilumina. Ni mucho menos, cree ser la persona, en aquellos momentos, capaz de
satisfacerla como se merece.- Será mejor que nos vayamos a cenar, pronto debes
de regresar a filas...
La
inspectora le da la razón. Hubiera deseado seguir hablando. Pero Nadia había
decidido callar, asilenciar otra vez todos sus temores. Y la debía respetar.
Todo a su justo tiempo.
Cenaron
en la terraza, con la luz del firmamento y de la ciudad. Hablaban de temas
rutinarios, sin importancia. Nadia, aludía las invitaciones intencionadamente.
De hecho, estaba algo indecisa. Iba alargando aquel momento. Debatía,
interiormente, hasta que punto debía de mentirle. Al final determino, ocultarle
parte de la verdad.
NA:- Por
cierto, me olvidaba de decírtelo- le comento después de cenar.- Esta tarde ha
venido Paola James....- se detuvo, porqué Valeria se puso muy seria de repente.
Los ojos incluso se salían de sus orbitas. Alucino, porque la inglesa lograba
trastocarla, en tan solo escuchar su nombre.
VAL:- ¿Y
que quería?- logro preguntar con naturalidad, pero su expresión facial ya la
había delatado.
NA:-
Regalarnos dos invitaciones por su exposición.- espero su reacción. Sus ojos
verdes, reflejaban un atisbo de pánico.- Le haría mucha ilusión que
asistiéramos....
La
inspectora comió su último trozo de pizza, y miro fugazmente el firmamento.
Trataba de controlar sus sentimientos. Ya intuía que Paola no se rendiría.
¿Por qué
hay gente que no escucha? Quizás realmente se lamentaba del daño que le
causo. Aunque su forma de proceder, en
el último encuentro, le quitaban veracidad.
NA:-
Cariño, se que me quisiste hablar de vosotras.- llenando el vació, que se
estaba apoderando de ellas. Empezando, también, sus planes.- Y no te lo
permití. Realmente, me es indiferente. No soy una persona celosa, y es muy
normal que tengas un pasado sentimental.
Su
pareja la miro y escucho atentamente. Por una parte se sintió aliviada. Aún no
se veía con valor, para explicarle su cruda historia. No obstante, alcanzo a
hacerla sentir culpable. Quisiera o no, le debía una explicación.
Le
estaba dando pie que se imaginara cualquier cosa. Y, seguramente, no adivinaría
el fatídico desenlace de su relación. Los celos no fueron su único verdugo. El
amor se fue convirtiéndose en rencor... Y si no hubiera sido por terceras
personas, seguiría arrastrándose por ella.
VAL:-
Nadia no te entiendo- intervino al final- Paola es mi pasado... Me alegro que
no seas celosa. Pero no tienes porque ver fantasmas...- pudo haber añadido, que
tan solo existía rencor entre ellas dos. No obstante, se quedo dentro de su
buzón.
NA:- Yo
no lo creó así.- no aceptando su respuesta.- Yo no quiero recriminarte que me
escondas lo que ocurrió. Te respecto, tienes derecho a esconder secretos. A
parte, ya sabes que estoy dispuesta a escucharte, siempre que lo necesites.
Valeria
enmudeció, sintiéndose muy mal por guardar silencio. Empalideció, sus ojos se
le empañaron de lágrimas. No se la merecería. Cualquier otra persona, le
hubiera menospreciado por su carencia de confianza. Pero ella, por encima de
todo, trataba de comprenderla. Le ofrecía, incluso, una puerta de escape cuando
lo necesitase. Sin exigencias, ni presiones.
Se
sentía morir, porqué no se comportaba como debía con ella. Aún quizás era a
tiempo por paliarlo... Era a tiempo para corregir... para frenar su tren.
NA:-
Perdóname, no creas que te quiero presionar.- se ve obligada a decir. No puede
soportar verla sufrir, frágil, demorándose a pasos gigantescos.- Se que no te
ha hecho gracia el ofrecimiento de Paola. No se que paso entre vosotras, pero
quizás necesitarías hacer las paces. Sobretodo, para vivir más en paz y
armonía.
VAL:-
Habéis hablado, y ella te ha pedido que intercedas por ella...¿No es así?-
levantando un poco su voz. La rabia le sale a cantaros, sin ningún disfraz. La
odia, porqué sigue manifestando su actitud de amarrarlo todo, por las buenas o
las malas.
Nadia se
estremece, nunca la había visto tan enfadada por algo. Quizás porque le había
molestado su interpretación. Había prejuzgando algo que ignoraba. Pero
realmente creía, que las dos chicas necesitaban reconciliarse. No dudo de la
sinceridad de Paola, en ningún instante.
NA:- Ella
no me ha pedido nada, tan solo es una opinión. Mejor dicho, es lo que me parece
a mi.- miente, aunque una parte es verdad.
Siempre
ha creído en el perdón. ¿Por qué vivir lleno de asperezas, rencores?
¿Aunque todos los agravios se podían
perdonar? Se estremeció, al recordar, que en su vida había tenido de hacerlo
mucho. ¿Y realmente lo había alcanzado ha hacer?
El
tiempo tan solo disipa el dolor. Terminas por aceptar lo ocurrido. Sí, un primo
hermano le quito la vida a su padre. La dejo huérfana en una época delicada. Lo
odio, pero no vivió para recriminárselo. Tubo que aprender a vivir con ello.
Con los años, trato de justificarlo. Era un enfermo, tubo la mala suerte de
heredar lo peor de sus padres. Y en cierta forma, hizo las paces con todo ello.
VAL:-
Quizás tengas razón- admite. Sus intenciones son nobles, y las valora mucho.
Su móvil
suena, finalizando su fructífera conversación. Se levanta y entra ha hablar
dentro el salón. Nadia la observa, ve como balbucea, se mueve inquieta. Su
rostro esta lleno de preocupación. La huella del enfado sigue en él.
Aunque
en la realidad, lo que le esta escociendo, son las obligaciones profesionales.
Estaba atada, comprometida... y un nuevo horrible asesinato la alejaba de
Nadia. Colgó, resignada. No había tiempo muerto, no había espacio para
continuar hablando. Volvió a acceder a la terraza, muy triste.
NA:- ¿Te
tienes que ir?- interpretando su expresión facial, densa y pesada. Respondió
con su sí muy flojo, como un soplo de aire.- No pongas esta cara. Mi duende...
no te vayas disgustada. Siento haberte dañado con mi intromisión.
VAL:-
No, no estoy ofendida...- le acaricia el rostro. Y con un dedo perfila el
contorno de sus labios.
No quiere irse. Otro escalofrío le recubre
todo el cuerpo...un soplo de esperanza. Quiere decirle muchas cosas, pero no
quiere quedarse a medio camino. Se agacha y besa sus labios con dulzura,
lentamente. Se separa unos palmos, percibe su aliento a quema ropa. Y le
susurra cuanto la quiere.
NA:- Yo
también te quiero, jamás lo dudes.- se miran directamente, reafirmando sus
sentimientos. Valeria asiente, y deshace el abrazó.
VAL:- No
se que hora regresare, no te preocupes.- le advierte. También le recuerda que
la pueda llamar a cualquier hora.- Por cierto, si se me es imposible estar por
la mañana aquí llamare a Maca y Esther.
NA:- No
hace falta que las molestes- protesta de inmediato- Ellas tienen que encargarse
de Estrella, suficiente trabajo tienen ya...- trato de convencerla de qué no lo
hiciera. A parte, no le gustaba ser una carga.- Estos días he aprendido mucho,
ya verás lo bien que me espabilo. ¿No lo ves cada día mis progresos?- le
recrimina.
VAL:- Ya
lo sé, pero no te lo tomes mal. Admiro tus esfuerzos para ser autónoma. Estoy
muy satisfecha de todos tus progresos- le remarco, pero a la vez trato de qué
la entendiera.- Por esto también me voy tranquila. No obstante, si te viene
Maca a ver como estas más lo estaré.
Nadia se
rindió, y dejo que llamara a sus amigas. Tampoco quería que se marchará
enfadada. Se realizaron un fugaz beso. Se marcho corriendo tras despejar la
mesa, en la cual habían cenado.
(...)
Nadia
resto un largo tiempo en la terraza, hasta que cogió frío. Su pareja, con
actitud protectora, le regañaría por ello. La pobre no podía evitarlo. A ella
le ocurría justamente lo mismo. Pero estaba bien al exterior, relajada...
Sus
pensamientos viajaron hacia aquella noche, algo lejana, que Valeria y ella se
amaron bajo las estrellas. En aquella misma terraza y en la hamaca. Sus
recuerdos eran tan maravillosos, hondos... que volvió a experimentar los mismos
sentimientos. Eran unos recuerdos muy vividos.
Cerro
los ojos, para prolongar aquel universo de sensaciones, placer. Sus manos
empezaron a descender, lentamente, des de la parte superior, de su cuerpo, hacia
la inferior.
Se
imaginaba que sus manos eran las de Valeria. Eran firmes, hábiles y suaves...
Se estremeció físicamente. Incluso se desconcertó, cuando se acaricio las
pantorrillas, entre las piernas... ya que percibió su caricia. Las mariposas se
estaban despertando.
Se
detuvo, impactada. Atribuía a lo que estaba siendo al poder de los recuerdos. A
veces, la mente nos lleva a crear orgasmos, a sentir cosas especiales. Empieza
a llorar intensamente, mientras golpea sus piernas una y otra vez. No siente
sus golpes. Siendo una cruda confirmación de su tesis.
Cuando,
por fin, entra en el salón ya ha dejado de llorar. Son las doce de la noche.
Abre la luz. Aún no le apetece irse a la cama. Observa su entorno, no sabiendo
con qué ocupar su tiempo. Extraña a su pareja. Durante aquella hora solían
estar leyendo, o mirando el televisor...
Las
cartas de la mesita le captan la atención. Las coge, y les va pasando, una a
una. La mayoría eran para Valeria. La penúltima la paraliza. Era como si un
relámpago la hubiese fulminado. No hay remitente. Lo gira, tampoco hay nombre
del destinatario. No hay duda, era otro anónimo. Suerte que Valeria no lo había
visto.
Lo abre
rápidamente, sin dudar. En aquella ocasión no hay una pequeña hoja, con letras
enganchada. Sino un folio de DN4. La letra era de imprenta, probablemente de un
ordenador. Además, el mensaje se asemeja más a una carta que a un telegrama.
Los
ojos, son atraídos por aquella letra robótica, impersonal. El corazón le late a
cada palmo, a cada palabra contundente. No hay ninguna aclaración, nada que la
conduzca a la verdad. Tan solo, más confusión... y la sensación de ser la
protagonista de una película, llamada: "Chantaje a una mujer".
"
Hola otra vez,
no se si
has indagado estos días. O habrás conseguido, que Valeria, te cuente sus
miserias. Seguro que mi primer anónimo, no te ha sido indiferente. Sobretodo si
amas a la ilustre, respetada inspectora.
Te debes
preguntar si lo que te dije, es cierto. ¿Te quedarías, más aliviada, que te
dijera que es mentida? Yo tengo la clave, y no tengo miedo de decirte la
verdad. Es cierto. Valeria estuvo encerrada en una lúgubre prisión. Se arrostro
por el suelo sucio, expiando sus pecados.
¿Quién lo diría, que ahora mismo es policía?
¿Cómo puede ser que este al lado de la justicia? No se lo merece. ¿Qué clase de justicia
tenemos? ¿Has pensado que diría tu
familia modélica, si lo supieran? Creo, que esto último, es una ironía.
¿Verdad?
Yo me
preguntaba... ¿Hasta donde podemos llegar para proteger, a la persona que más
amamos? ¿Te lo has preguntado tu? ¿El amor no lo vale todo? Se que serás
comprensible, y lo entenderás. Seguramente, que has guardado silencio todos
estos días. ¿No es verdad?
Por
esto, por vuestro bien, sería mejor romper esta carta. Especialmente, si la
amas de verdad. Y si es así, seguro que te sacrificarás por ella. Lo que te
pido es fácil... porque, únicamente, es un acto de amor.
Se lo
que vale tu silencio, pero el mío tiene un precio. El cual te lo puedes
permitir. Porque el dinero no es tan importante como el amor. Quizás serás un
poco más pobre, pero el amor vencerá.
No me vengas con el cuento, que eres una pobre
invalida. Lastima me das, si lo piensas. Valeria con sus miserias, sus secretos
merece la pena. ¡Me das una envidia! Tienes sentimientos, eres inteligente...
¿Por qué no las usas correctamente? Se razonable, y no mezcles la policía en
esta historia.
La
decisión, es absolutamente tuya. Solo tu, puedes evitar una tragedia. Es muy
fácil, te espero al 3 de agosto en el Parque del Retiro. A las diecisiete
horas, en la zona del embarcadero del lago.
No hace falta añadir, que es un requisito,
acudir sola. Luego, tienes mi palabra que nunca más volveré a molestar. Y hablo
muy en serio.
Sin
firmar.
PD:- En el sobre
hallarás la llave de una consigna del aeropuerto del Prado. Número: 60026001.
Allí, encontrarás más datos y mis condiciones para cerrar mi pacto.
La
fragilidad y hermosura de las mariposas (14)
CONSIGNA 60026001
Nadia arrugo la hoja con rabia. La iba a lanzar al suelo,
pero la detuvo la razón. Sería imprudente, porque luego tendría dificultades
para recogerla. ¿Quién se atrevía a cuestionarle sus sentimientos por Valeria?
¿Y qué pretendía con aquel chantaje?
Su cabeza giraba, como si fuera una peonza incontrolada. Su
entorno se volvía borroso. Por ganas hubiera roto un objeto. Era una perra con
rabia. No comprendía que existiera gente de tal calaña. ¿Como se atrevían ha
aprovecharse de las desgracias humanas?
Una oleada de seguridad, alimentada por la ira, la poseyó.
El chantajista se había reído de ella descaradamente. ¡Una pobre invalida! Y
con aplomo, se dijo: "Ya veras que puede hacer esta lisiada. Espero que
tengas palabra porque sino, te sacare a palos de la vida de Valeria"
Se horrorizo en escucharse. Jamás se había considerado una
persona violenta. Siempre había sido muy protectora con sus seres queridos.
Aunque aquella situación era atípica. Era una mujer chantajeada, amenazada de
hacer daño a lo que más quería.
En cierto punto, era normal que reaccionara de aquel modo.
Cuando estuvo más calmada, extendió la hoja. Había quedado completamente
arrugada, incluso se había cortado por varios lados. La releyó otra vez, con
tranquilidad, desechando las palabras trampa. Cuya única función era hacerla
enfadar. Nada nuevo halló. Pretendía potenciar la evidencia del pasado oscuro
de su pareja.
Maca le remitiría
que no le confiriera ningún valor, y que Valeria no podría ejercer de policía
con antecedentes penales. Aún así, la inspectora gozaba de mucha reputación en
su cuerpo. Su carrera era muy prometedora. Un escándalo la podría dañar.
Otro detalle que la desconcertó, era que no había puesto el
precio de su silencio. Seguramente aquel enigma se hallaba en la consigna
60026001.
¿Debía de tomarse en serio todo aquello? Podía olvidar el
anterior anónimo, con su puro estilo telegráfico. A la vez, que te invoca la
película: Se lo que hiciste el último verano. Pero aquella carta era muy
distinta. Sin más rodeos, metió la mano
dentro el sobre. Hurgo en él, hasta encontrar fácilmente la llave.
Indirectamente, fue una señal de qué aquello no era ninguna
tomadura de pelo. Observó la llave mediana, y leyó el número de la consigna que
pertenecía. Más valía no realizar ninguna especulación, hasta que la abriera.
Ya eran la una de la noche. Estaba trastornada,
impaciente... Se planteo ir al aeropuerto, y solucionar aquel misterio. No le
importaba la hora. No obstante, desistió. Ignoraba si Valeria regresaría, y no
quería arriesgarse de que la hallara fuera. ¿Qué excusa le regalaría? Tan solo
la preocuparía en vano.
Sin más preámbulos, se dirigió a la habitación. Guardo la
carta en su bolsa, y la llave en su monedero. Iría al aeropuerto de Barajas por
la mañana. No quería retardarlo por más tiempo. De aquella forma tendría más
tiempo para prepararse por lo que hiciera falta.
Además el 3 de agosto, era el miércoles de la semana
siguiente. Es decir, faltaban unos siete días. Se acostó, y se prometió que no
fallaría a su pareja. La indignación
había echo florecer su parte guerrera. Haciendo que se tomase aquel chantaje
como un reto o desafió.
El o la chantajista había sabido tocar las teclas precisas,
para que la bella durmiente despertara de su letárgica ensoñación. Quizás nos
desvelamos cuando se nos insulta, se nos señala nuestras debilidades. Las
cuales escuecen mucho, y nos hacen rebelar contra ello.
(...)
Valeria llego a la madrugada, cerca de las seis. Se echo en
la cama, sin quitarse la ropa. Se puso de lado, mirando como Nadia dormía. Que
hermosa era su duende. Le apetecía acariciarle su dulce rostro, pero se
contuvo.
Cerro los ojos para dormir unas horas. Le fue
imposible. Permaneció quieta,
observándola. Nadia se despertó, y lo primero que vio fueron sus ojos verdes.
Fatigados, pero con la llama del deseo y amor impresos.
VAL:- Buenos días duende mío.- le susurro, dedicándole una
dulce sonrisa.
Su voz parecía como un canto celestial. Una brisa matutina
que acaricia tu piel. Era capaz de derretirte con una sola palabra. Son
pequeños espacios temporales, en los cuales las preocupaciones, miedos brillan
por su ausencia.
Nadia le pide que se le acerque, y se abrazan. Recuerdan
los mágicos días, en los cuales, probablemente, fueron victimas de un hechizo
de un duende travieso. De un cándido abrazo nació un manantial de caricias,
dictadas por sus sendos corazones.
NA:- Que bonito este despertar- declara, suspirando. Le
aparta el pelo de su infantil rostro. -
¿Qué tal la noche?
Valeria frunció las cejas, y movió la cabeza
instintivamente. No le apetecía recordar las horas anteriores. Ya era horroroso
haberlo visto, vivido... Aunque no lo olvidaría, igual que otros casos o
aspectos de su profesión. Su pareja la comprendió y la invito a descansar con
la protección de sus brazos.
(...)
La inspectora Wood, al fin, se rindió en los brazos de Morfeo. Nadia fue incapaz de
volverse a dormir, y vello su dulce sueño. El chantaje le estaba dando
quebraduras de cabeza. Una parte de ella, le estaba tentando en despertarla.
Luego, le exigiría que le aclarase, de una vez por todas, su pasado.
¿Era tan grave, para ocultarlo o perjudicarla? No le
gustaba que la gente se aprovechara de las debilidades humanas. ¿Por qué
doblegarse? ¿Por qué reírse de las flaquezas de los otros?
Silencio aquellos pensamientos. No era justo, era un delito
lo que pretendían con ella. Lo sabía a la perfección. No obstante, se vio capaz
de hacerlo todo por la mujer que yacía a su lado.
Jamás se hubiese imaginado encontrarse en aquella
intersección. Quizás le sucedía porque era una Monsolís. Ya debería estar acostumbrada.
Según contaban, su familia ya había sido victima de chantajes. Podría resucitar a su abuelo y tía paterna.
Ellos seguro que tendrían la suficiente sangre fría para manejar dicha
situación.
Se mareo con el contenido de su agitada mente. Quería hacer
lo correcto. Y todo aquello, le estaba conduciendo a comprender a sus
antepasados. Se le erizo la piel. A veces, es fácil cruzar ciertas fronteras.
Se empezó a sentir incomoda en la cama. Necesitaba moverse,
pensar con claridad. Aunque había poco para meditar. Valeria no se despertó,
cuando se separo de ella. Le hizo un beso fugaz en su pómulo izquierdo, y se
preparo para levantarse.
(...)
Valeria despertó una hora más tarde, a las ocho media.
Medio zombi busco el cuerpo de Nadia. Tan solo hallo soledad. Su rostro mostró
infinita tristeza. Por unos instantes, se había imaginando que Nadia se había
ido.
En aquel instante de desconsuelo, la puerta se abrió. El
aroma de café recién echo inundo la habitación. Se incorpora, y abre totalmente
los ojos. Sus pulmones se hinchan de alegría, en ver que Nadia transportaba una
mesita con ruedas. En la cual había una bandeja con el desayuno.
NA:- Espero que me dejes cuidarte, para variar- le dice,
realizando un guiño. Le acerca el desayuno, y le empieza a darle trocitos de
biscocho.
VAL:- Esta rico.- le da un beso, y se deja querer.- ¿Por
cierto, tu ya has comido?
NA:- Bueno, aquí hay para las dos.- en tono sugerente.
Hubiera podido ocurrir algo que hacía tiempo no pasaba. No
obstante, una se quedo con la miel en los labios. Nadia se hizo la escurridiza, la intocable
dama inmaculada. Su excusa fue: tenía que irse a rehabilitación. Aquello le dio
esperanzas a Valeria. Aquel día la veía algo distinta, como más activa. Y se
sintió feliz, esperaba que no fueran ilusiones.
(...)
La doctora se fue a ducharse. Ya lo tenía todo organizado.
La ambulancia la dejaría en el centro de rehabilitación. Entonces allí llamaría
a un taxi. Esperaba ser al centro a la hora convenida para el retorno a su
hogar. Valeria no debía de enterarse de su falta.
Así lo hizo, como un perfecto reloj. A las diez y media,
entraba sola al aeropuerto de Barajas. Ella y su silla de ruedas. Tubo la
sensación de qué todo el mundo la miraba con pena. Movía la silla con rabia,
cordura. Quizás para demostrarles que no dependía de nada.
Trato de ignorar sus miedos, las miradas anónimas que le
asediaban. Se concentro en localizar la zona de las consignas. No se demoro, y
antes de dar rodeos lo pregunto. Una señora, muy amable, se lo indico. Siguió moviéndose
ágilmente, a través de la gente que llegaba o marchaba. Hasta que por fin,
estuvo ante la gran sala de las consignas. ¿Donde estaba la suya?
Observo el orden en
que iban, por esto la suya debía de estar al medio. Así fue, allí tenia lo que
andaba buscando. Además, también sucedió lo que se sospechaba. El chantajista
había escogido la más elevada. ¡Hay tener tan mala leche!
Se arrimo, lo máximo posible, a la consigna inferior. Hasta
que sus rodillas acariciaron el frió metal. Freno la silla, cogió la llave y la
agarro con la boca. El siguiente paso, fue tratar de incorporarse y restar de
pie, mientras abriera el armario. Para ella una tarea muy difícil.
Haciendo fuerza con los brazos se incorporo. Pudo
permanecer levantada unos minutos, pero las rodillas se doblegaron. Hubo que
evitar la caída, haciendo palanca con las manos en los respaldos de la silla.
Su rostro empezaba a estar sudoroso, temiendo caerse.
Trato de aferrarse a las consignas, como si fuera una
araña. Una vez que se sintió segura, debía coger la llave, de su boca, y abrir
su consigna. Suerte que era alta, y le evito hacer más malabarismos.
Tan solo consigue meter la llave a su cerradura, ya que
vuelve a perder el equilibrio. No puede evitarlo, porque todo es muy uniforme y
no halla nada donde amarrarse. Repite la misma secuencia un par de veces más.
Aunque el autentico reto seria sacar la bolsa negra, guardada en las
profundidades de la consigna.
Cansada, se sienta de nuevo. Empieza a resignarse. Quizás
la opción, más razonable, era pedir ayuda. No obstante, es algo que jamás ha
barajado en serio. Unos minutos, más tarde vuelve a la carga. Gracias a su
obstinación consigue sacarla de allí.
Es una maleta pequeña, de ropa. Va medio llena. La abre de
inmediato, aún exhausta por el ejercicio realizado. ¿Qué contendría con tanto
peso? Lo primero que halla, es otro sobre blanco. Lo coge, y antes de abrirlo
sigue explorando aquel bazar.
Las cosas más inusuales desfilan por su delante: un bloque
de construcción, un antifaz de seda; un dossier; un CD; un jersey lila muy
escotado y sexy; unos pantalones de cuero (todo de su talla); un sombrero negro
de cow-boy...
¿Qué significaba todo aquello? ¿Debía ir vestida de aquella
forma para satisfacer al chantajista? Experimentó retortijones en el estomago.
Por desgracia, existían personas de tal
calaña.
Abrió el sobre, esperando que fuera coherente. Contenía
también una hoja, solo escrita por un lado. La letra era la misma que la
anterior, idéntico color y estilo. Era concisa, y lo único que pretendía era
explicar el porque de cada cosa.
" Hola,
seguro que me has obedecido si lees esta carta. Eso quiere
decir que Valeria no te es indiferente. Bueno dejamos de lado los
sentimentalismos; los aborrezco. Pasamos a la acción.
Dentro de la maleta hallaras, primero un antifaz de color
negro. Muy suave, sedoso para que no dañe tus preciosos ojos azules. Quiero que
te lo pongas nada más embarcarte en la barca asignada. Pregunta, sobretodo por
Luis.
Segundo, el jersey y pantalones... nada, es solo un
capricho mío. Seguro que te quedan genial con tu cuerpo tan sensual, hermoso.
Ya, te da rabia que te lo pida. Es absurdo y de depravados sexuales.
Tranquila, tampoco es mi intención aprovecharme de tu
fragilidad. Tan solo es para disimular. La gente ha de pensar que somos pareja,
compartiendo un momento especial y romántico. Me he permitido el lujo de
escogerte la ropa, lo siento. Espero que te guste.
Tercero, en el dossier hallarás parte de la historia de
Valeria. Fechas, datos, algunos artículos de diario... No esta todo. El resto
de información te la terminare de dar al 3 de agosto.
Por último, el CD. En él encontrarás los requisitos para
cerrar nuestro pacto. Que, cuando quiero y modo. Te exijo que cumplas, punto
por punto lo que te pido.
No me defraudes, porqué si lo haces lo lamentarás. Ya que serás tu la única defraudada en esta
historia. Créeme no tienes nada que perder, porque Valeria se lo merece.
Por cierto, te he añadido un pequeño regalito como muestra
de mi buena voluntad. Quizás te extrañe. Me da igual lo que pienses. Espero que
lo sepas apreciar, y comprendas mi mensaje. En tus manos esta conservar este
tesoro tan magnifico. "
Nadia, se apresuro a buscarlo. Cada acción era una
frustración. No debía sucumbir en la mente enfermiza del o la chantajista.
Únicamente, pretendía ablandarla, afectarla psicológicamente con sus amenazas
sutiles.
Al fin halló su regalo. El cual estaba guardado en un
bolsillo externo. Estaba envuelto con papel de regalo. Lo saco con ira.
Apareció una pequeña cajita de plástico, donde figuraba el nombre de una
joyería. La abrió, mucho más impaciente. Y se sorprendió, porque había una
precioso colgante con una placa doradas. Era antiguo, una especie de reliquia.
Lo cogió alucinada. No entendiendo nada.
Manipulando la placa, descubrió que se abría y que
albergaba una foto pequeña de Valeria y ella. Estaban juntas, y se les veía muy
felices, enamoradas. Sus rostros estaban de lado, mirándose de reojo.
Manifestaban mucha complicidad, ternura... Valeria relucía de dicha, de amor.
Los ojos se le mojaron de lágrimas.
Comprendió el mensaje. En sus manos estaba, que Valeria
conservara su alegría... su vida. No permitirá que la hicieran desgraciada. Se
colgó el colgante con determinación.
Se seco las últimas lágrimas. Sus ojos brillaban de rabia.
La inseguridad la había abandonado. Cerro la bolsa, asegurándose que no faltaba
nada. Observo su entorno, impulsada por una fuerza instintiva. Quizás la
persona que la chantajeaba estaba cerca, controlando que recogía la bolsa.
Sus ojos se detuvieron al localizar una cámara de video,
situada a su lado izquierdo. Se quedo clavada como un clavo, desafiándola. Se
sorprendió en descubrirla allí. Aunque no era extraño. Era un elemento más de
la seguridad del aeropuerto. No obstante, un escalofrió se apodero de su ser.
Alguien había visto como sacaba la maleta y lo que contenía.
Aparto los ojos de allí, no era prudente. No debía de
engendrar sospechas, y salir tranquilamente de allí. Su actitud la podría
delatar. Si la interceptasen al salir,
les mentiría. Lo reduciría a una broma
de su pareja. Tal cosa no ocurrió, salió siendo otras tantas personas anónimas
que entran y salen.
OPERACIÓN MARIPOSA DE COLORES (I)
Nadia entra en la habitación del Hotel Rosa, dejando que la
puerta se cerrase sola. Se queda unos minutos observándola. Era muy grande, poseía piscina interna, una cama de
matrimonio de ensueño... Además, era un hotel que aseguraba tu privacidad y era
discreto. La mayoría de veces, usado por escarceos amorosos.
Des de su llegada, tan solo, había tenido contacto con la
recepcionista. En la cual le pago siete días para disponer de la habitación.
Quizás fue demasiado llamativa. No obstante, la chica ni se inmuto. Era el sitio ideal para sus propósitos.
Las únicas pertenencias que llevaba consigo eran: la bolsa
negra y un portátil nuevo. Dejo lo primero encima de la cama, y cogió el CD. No
tubo otro remedio que instalar el ordenador en la mesita de noche. Lo encendió,
y seguidamente lo introdujo.
Contenía un par de archivos, uno con formato Word y el otro
PowerPoint. Opto por el último. La primera diapositiva era muy poética
visualmente. Un preciso jardín silvestre; donde varios tipos de mariposas
hermosas, bailaban alrededor de las flores.
Empezó a sonar una musiquita, suave... La reconoció de
inmediato, era el Lago de los cisnes. Se estremeció, fascinada por aquella
combinación preciosa de arte. No pudo
evitar sucumbir en sus encantos, sin cuestionarse nada. No obstante, la aparición
de unas letras mayúsculas rompió aquella armonía:
OPERACIÓN MARIPOSA DE COLORES
La música seguía sonando, como hilo conductor de aquel
extraño juego. Seguidamente, empezó a suceder, lentamente, una especie de
fábula:
" Todo en esta vida tiene un coste. Nada es gratuito,
nada se consigue sin esfuerzo. Levantas la mano y no te cae una estrella. No
conquistas a tu pareja sentada en un cómodo sillón. Los edificios no se
construyen solos. Cada día, cada despertar ya es un esfuerzo. ¿No te das
cuenta?
Una vez de una oruga, como cualquiera, nació una mariposa
de colores. Era muy hermosa. Residía en el jardín de las mil maravillas.
Creciendo, siendo amada por sus compatriotas y admirada por las personas.
Disponías de la bendición de Dios al ser hermosa. Pero eras
la reina del paraíso por tus meritos. Animales, personas... acudían a ti por tu
sabiduría. Te creíste una Diosa, poseedora de la verdad absoluta. Te volviste soberbia, pendenciera... no
escuchabas, no eras flexible. Terminaste
por pagar caro tu ceguera. Nadie posee la verdad absoluta.
Mariposa de colores, lo que te pide el destino es muy
fácil. Mejor que estar disecada dentro de una botella. Regálame un trozo de tu
hermosura. Enséñame la persona generosa que dicen que eras. Comparte conmigo
algo tan superficial, como 24.000 euros.
Un coste justo. Y ya sabes, luego te permito disfrutar de tu paraíso.
"
Al final de las presentaciones, apareció una diapositiva
con la fotografía de unos labios, juntos. La chantajista le estaba enviando un
beso, con descaro. No le hizo gracia, y cerro el archivo con rabia.
¿Quién debía ser? ¿Con cual derecho, se tomaba la libertad,
de juzgarla? Una certeza, inquietante, la poseyó. ¿Y si se trataba de Paola? El
otro día podía haberla mentido.
Parecía una persona muy capaz de ello. Era muy observadora,
intuitiva, segura. Incluso, parecía tener sangre fría. Además, el día que se
conocieron le tiro, descaradamente, los trastos. No le importo que fuera la
pareja de su amiga. Mostrando desinhibición y que no escondía sus preferencias.
Nadia sin darse cuenta, cogió el teléfono y marco su número de móvil. Aún no sabía que
decirle. No obstante, sintió la necesidad imperiosa de ponerla a prueba. La
última vez, fue demasiado blanda.
PAO:- ¿Diga?- contesto la pintora, denotando la inseguridad
ante llamadas imprevistas.
NA:- Hola, soy Nadia.- se identifico, en aquel instante
tubo una idea genial.- Te llamaba para proponerte el encuentro con Valeria.-
callo, esperando su reacción.
PAO:- ¡Qué bien! ¿Cuando?- pareciendo impaciente.
NA:- Al 3 de agosto, es decir el miércoles que viene- otra
pausa, esperando escuchar alguna protesta, o excusa. No fue así. Al contrario,
su alegría siguió creciendo. Lo que le llevo a ofrecerle una mentira:- Vienes a
comer al piso. Yo no estaré. Si no te echa, tendrás tiempo para justificarte.
No obstante te aviso, seguro que Valeria llega tarde. Hay días que llega a las
cinco de la tarde. Especialmente, los miércoles.
PAO:- No te preocupes, me va genial. Si he de esperarla, lo
haré.- la interrumpe de inmediato. Parecía que no había ninguna reserva, o
punto de inflexión. - Tampoco es necesario que todas las tardes este en la
exposición. Gracias corazón.
Se despidieron rápidamente, quedando ya por la semana que
viene. La pintora llegaría al piso a las 12 horas. Entonces, ella se dirigiría
al hotel Rosa. Donde se prepararía para
ir al parque del Retiro.
Colgó el teléfono, resignada. Parecía que se había errado
con Paola. Aún así, no se podía fiar de nadie. Había algo inquietante allí, y
era incapaz de identificarlo. Regreso junto al ordenador, y abrió el último
archivo. En lo cual había un número de cuenta. En la cual debía de ingresar el
dinero.
Era extraña aquella petición. ¿Por qué no le pedía dinero
en negro? Quizás había visto demasiadas películas. Siguió leyendo sus
instrucciones. Había de llevar encima el comprobante de la transferencia, y un
objeto personal, muy valioso por ella.
Aquello le pareció aún más raro. Más que un chantajista,
parecía un/a obsena/o sexual. Su justificación, de qué únicamente era un gesto
de buena voluntad, era estúpido.
Aparte, pretendía poner a prueba su amor por Valeria. Poniendo en duda, constantemente, sus
sentimientos por ella. Ya odiaba su expresión: y si la quieres... ¿Qué sabía de
ella? La amaba más que su propia vida. Por encima de todo, consideraba su
felicidad.
Lo último, que abrió fue el dossier. Representaba que
contenía parte de la información que podía perjudicar a la inspectora
Wood. Tenía miedo de lo qué podía
encontrar. Ante a ella, aparecieron
varias fotocopias de documentos. Y no fallo, tampoco, una pequeña nota
del chantajista:
" Parte de la historia, superficial y sencilla. Lo
mejor te lo contare, verbalmente, cuando nos vemos cara a cara. "
En realidad, había poca información. Un informe policial de
la detención de Valeria por posesión, trafico y venda de drogas, por
prostitución... y otros delitos menores. Durante aquel tiempo, la policía de
Londres realizo una operación antidrogas muy importante. Con resultados muy
fructíferos, cayeron muchos traficantes.
El resto de información, eran pequeños reportajes de
aquellas redadas. En uno de ellos, salía su nombre y imagen. Según decía, junto
a una amiga suya (cuyo nombre no citaban), tenían una cafetería - pup. El cual empezaba a ser famoso, porqué
pretendía dar a conocer promesas de la pintura.
Nadia dejo en la cama aquellos informes. Estaba algo
mareada. No era que considerase grave lo que acababa de leer. Simplemente, era
una juventud alocada. Lo que no comprendía, era porqué Valeria se lo ocultaba.
Aunque era comprensible, que le doliese aquella experiencia.
Le era difícil imaginarse a su pareja vendiendo drogas y su
cuerpo. ¿Qué le había llevado a ello? Creyó sentir su mismo dolor, su
vergüenza... No debió de ser nada fácil. En el fondo, la admiro; ya que había
tenido el valor de cambiar su vida.
Quizás lo que más le hería, era la sensación de convivir
con una desconocida. Ella siempre había tratado de ser un libro abierto. Y
esperaba, o confiaba, que se le pagara con la misma monedada. Aunque,
últimamente, tampoco estaba siendo legal. También le escondía cosas,
pensamientos, planes... Tampoco tenía derecho de juzgarla.
Resto una hora meditando, estudiando toda la información
que disponía. Guardo todo aquel material, incluido el portátil, en la caja
fuerte de la habitación. Seguidamente, llamó a su madre para pedirle un gran
favor.
Le costo mucho esfuerzo convencerla, de qué le prestara
tanto dinero, de golpe, sin ninguna justificación de peso. Le comporto un
elevado coste. El chantajista ya no podría culparla de mojarse. Para cerrar el
trato tubo que aceptar una propuesta trascendental.
Minutos más tarde, se marcho del hotel y regreso al piso.
Ya era de noche. Valeria ya había llegado, y no le hizo ningún interrogatorio
por su tardanza. Solo lo felicito por salir porque, según ella, se estaba
convirtiendo en un ermitaña. Bromearon, y todo se quedo allí, en el tintero.
Igual que las entradas a la exposición de Paola James.
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