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LA BARRENDERA. (16) El cumpleaños (II)

(16) El cumpleaños (II)

Lena se despertó temprano, los nervios le carcomían por dentro. Muchas emociones volaban en su interior. La ilusión de poder celebrar los 8 años de su hijo, la presentación oficial como novia de Kara ante su familia y el miedo de recibir una balacea de preguntas. Le daban un poco de respeto sus suegros y cuñada. ¿Y si les parecía poca cosa para su hija? Su profesión era muy digna, pero su pareja tenía una licenciatura, como su hermana.
Nunca se sintió una persona inculta, pero sí algo fracasada. Dejo que las adversidades la superasen y perdió. Flora le trato de quitarle la soga de la culpabilidad. Era adolescente, rebelde y sin ningún apoyo exterior. Se le amputo su anhelo por ser artista. Más tarde, la vida le obligo a ser práctica. Los sueños eran pájaros de papel. Se transformo y renacieron otros intereses, como dedicarse a algo de más utilidad.
Tenía fe que Brian fuera más inteligente y no se dejará arrastrar por las emociones transitorias y por sus amigos. Llegaría la adolescencia, y pondría a prueba sus fortalezas mentales. Creía que los Danvers serían unos buenos padres, que le acompañarían al duro sendero hasta la entrada a la vida adulta.
El pánico a la fiesta familiar era tal, que el viernes se dedico a ir de compras. Winn le acompaño y asesoró. Renovó su vestuario, funcional y obsoleto. De adolescente había ido mucho más a la moda. Su madre siempre dio mucho valor a las apariencias y en invertir mucho dinero en ropa. Para ella era señal de opulencia y poder. Incluso, fue imagen de alguna marca distinguida. También era una adicta de los cosméticos y del estilismo.
Lena cambio sus vestidos de princesa por otros que resaltaban su sexualidad y le daban un toque algo macarra. Bueno, el calificativo más cruel que se gano fue el de prostituta. Evidentemente, procedente de su madre. No dejo de usar sus minifaldas, sus tops ajustados, sus medias a rajillas, sus tacones o cualquier prenda atrevida.
Ahora buscaba ropa femenina, alegre, sencilla y con un toque de elegancia
Ahora buscaba ropa femenina, alegre, sencilla y con un toque de elegancia. Pronto realizaría las prácticas en una empresa y debía de pensar en su imagen. Nunca más se gastaría un pastón en el vestuario, sólo por lucir la marca más pija o distinguida. Al fin de cuentas, la ropa debía de servir por unos fines concretos y nada más. Aunque, era indiscutible, que terminaba siendo una abstracción de cómo era cada uno.
Su amigo, fue de gran ayuda. Incluso, le señalo el vestido ideal para ponerse al sábado. Le hizo caso, porque era tan bonito y le favorecía. Se fueron a tomar algo y a las ocho ya estuvo en su piso. Se fue incluso pronto en la cama, para descansar bien y el día siguiente no tuviera ojeras.
Había concertado hora en la peluquería, para arreglarse su melena. Luego, iría al estilita para arreglarse el cutis. Descarto que la maquillaran. Prefería hacerlo ella y no fuera tan estridente. Kara tenía razón, debía de tratar de ser ella misma. La Lena presumida en exceso había fallecido hace tiempo. Aunque, comprendía que cuidarse era importante. Todo era cuestión de equilibrios. El resultado fue impresionante. Se observó en el espejo y se sonrió. Ya estaba preparada para ir a la casa de su hijo.
La casa de los Danvers era un torrente de jolgorio. Elisa hacía tiempo que no se sentía tan viva, teniendo a sus hijos juntos. Sabiendo que se habían ido a dormir tarde, debido a la fiesta de los pijamas, les dejo dormir hasta que sus cuerpos se desvelaran por si solos. Incluso, dejo dormir más al benjamín de la familia. Siempre había sido muy regia con los horarios, porque creía que era inculcarles una disciplina. Los sábados estaban dedicados a colaborar con las tareas domésticas. Los domingos era más de reposo y lúdicos.
Pero aquel día era especial, era el cumpleaños de Brian. Desde que entro en sus vidas, se dedico a revertir sus duras vivencias previas. Se dedico a construir un mejor hogar y entorno para él. Toda la familia trabajo por esa misión. La felicidad de sus hijos siempre estaría en el epicentro de su existencia.
Colocó las cintas, los globos y fotos de Brian de sus últimos cuatro años, en la salita. Allí, por la tarde, su hijo recibiría a sus amigos y celebrarían su cumpleaños. Estaba terminado con la decoración, cuando Álex bajo ya vestida para desayunar. Ya conocía a su madre y sabía que no la despertaría para que la ayudase.
- Buenos días hija.- Se le acerco y le dio dos besos.
- Buenos días madre. Te ha quedado muy bonita la sala. Te ayudo.- las dos terminaron con la tarea.
Se dirigieron en la cocina. La mayor de los hermanos Danvers quería desayunar. Elisa, se presto para prepararle algo delicioso. No quiso perder una oportunidad para consentir a su hija. Se sentó a su lado para degustar otro café. Recuperaron la complicidad de antaño, compartiendo sus respectivas alegrías y preocupaciones.
- Estoy impaciente para conocer a la nueva pareja de Kara. A pesar de estar feliz por ella, no puedo evitar tener un resquemor. Por desgracia he conocido a varias heterosexuales curiosas. Tratas de comprenderlas, de tener paciencia... Aún así, terminan huyendo de sus sentimientos, o tirándote al basurero porque sus sentimientos no eran sinceros y les da asco querer a una mujer.- Álex, era muy contundente con aquel tema. Hablaba desde su experiencia previa y la vivencia de su hermana con April.
- Hija no debes de ser tan dura con las personas.-Le aconsejó Elisa, intentando reconducir su resentimiento.- Ya sabes que clasificar a las personas no ganas nada, sino para limitar experiencias y condenar injustamente antes de conocer sus motivaciones. Recuerda...
- No hay personas excesivamente buenas o malas, sino con defectos. ¿Aún así, qué te parece Lena?- No podía evitar ser protectora con su hermanita.
- ¡Insistente la niña!-no le gustaba juzgar previamente a nadie, pero necesitaba ventilar sus impresiones.- No sé mucho de ella. Me parece una chica muy reservada. Me estremece la melancolía impresa en su rostro, como si haya padecido mucho en su corta vida.- Realizó una pausa, removió la cuchara y se bebió otro sorbo de café.- No te niego que sufro algo por Kara, se entrega tanto a los otros, sin condiciones, que puede volver a chocar contra la misma piedra. Mi intuición de madre me susurra que Lena esconde algo. Y no dudo de qué sea buena persona, no le veo maldad en la mirada. Por ahora, veo a Kara muy feliz y eso me basta.
- Coincido contigo, lo importante es su felicidad. Pero si detectas algo que no te gusta, o te enteras que la ha lastimado, ni que sea un pelo, me llamas. Incluso, puedo sugerirle a Maggie que la investigue.- Álex hablaba en serio. Ya con April quiso entrar en acción, publicando fotos privadas suyas, en las cuales salía besándose con su hermana. Le estropearía encantada su imagen cándida de niña buena. Pero su mujer se lo saco de la cabeza. La quién saldría perjudicada sería ella. Los Cesar eran muy poderosos y podrían fin a su carrera emergente.
Las dos mujeres se levantaron de la mesa, limpiaron los platos y empezaron a preparar la comida. Elisa ya tenía bien pensado el menú, pica-pica muy completo, de segundo plato ternera con jugo y setas, y de postre, una tarta con arándanos y otras frutas del bosque. Era la comida preferida de Brian.
Kara por fin se despertó. Bostezo. Le daba pereza levantarse. De inmediato recordó que aquel día era especial. Se incorporó con ímpetu. Se dirigió hacia la habitación de Brian, para ser la primera en felicitarle. Su hermanito aún dormía.
Se sentó en el borde de su cama, se agacho, le acarició la cara y empezó a cantarle feliz cumpleaños. El niño abrió los ojos lentamente y le sonrió. Le abrazó y dio un par de besos.
- Gracias, por ser la mejor hermanita del mundo.- La aludida le empezó a buscar las cosquillas. Él se resistió y le imitó. Terminaron riéndose a carcajadas. Fueron tan estridentes que Álex subió a la habitación y se les unió.
- ¡Sois como niños pequeños!- exclamó la hermana mayor. Recibió como premio una estocada de cojín.- ¡Kara, te vas enterar!- le advirtió, a la vez que cogió un pequeño osito de peluche y se le tiro encima.
- Guerra de cojines.- intervino Brian alegremente, cogiendo otro de pequeño y se lo tiro. El resultado final, fue que todos tres terminaron yaciendo encima de la cama, riéndose hasta las trancas.
- Buenos días corazones y muchas felicidades hijo.- le deseo Jeremías, que irrumpió a la habitación sin llamar.- Te he traído pastelitos de chocolate para desayunar.- El pequeño Danvers, se levanto veloz y le abrazó. Adoraba a su padre y el chocolate. Le dio varios besos.
- Gracias papa. Sí me perdonáis bajo a comérmelos, estoy hambriento.- Todos asintieron, riéndose. Sé marcho tan rápido como un rayó.
- ¡Qué energía tienen los jóvenes!- exclamó el patriarca de la familia.- ¿Vosotras habéis desayunado?
- Yo sí.- respondió Álex.
- A mí se me han puesto los nervios en el estomago.-Les comentó Kara.
- ¡No me lo creó! Siempre has sido la más glotona de mis hijos.
- Eso es el amor papa. ¿Ya sabes quién tenemos de invitada?
- Sí, a Lena. La barrendera más famosa del barrió. Está haciendo perder la cabeza a más de uno.- Bromeo el jefe de familia. Era un poco exageración, pero realmente empezaba a tener un club de fans en la vecindad.- ¡Oh, mi niña se está sonrojando! Debes de estar orgullosa de tener una novia tan bonita y servicial.- Se le acerco y la abrazó.
- ¡Los hombres sois tan morbosos!- exclamo Kara, aceptándole el gesto.- Por favor, espero que la tratáis bien. Nada de realizarle un tercer grado del vuestro.- Les advirtió muy seria. Les conocía. Los dos eran hábiles en interrogar sutilmente a las personas.
- Hermanita, eso ya veremos.- Se dirigió hacia la puerta, manteniendo su sonrisa picarona.- Por cierto, ¿a qué hora llegará tu pareja?
- ¡Oh, Dios por Raó, debo de decírselo!- exclamo la periodista, saliendo de la habitación usando sus poderes. Casi atropello a Álex. Esta la maldijo. Jeremías le regaño por su uso ilícito de su fuerza.
- En definitiva, el amor nos idiotiza.- Filosofo la mayor de los hermanos Danvers.- Me voy a despertar a mi amorcito.
Dos horas más tarde, la una del medio día
Las tres mujeres Danvers estuvieron trasteando en la cocina hasta la una. Kara subió para ducharse. Los nervios hacían ser mucho más torpe de su habitual. Brian jugaba una partida de ajedrez con su padre. Maggie, que no le gustaba cocinar y no quería entorpecer en la cocina, estaba mirando programas basura de la tele. Le iba bien aquellos momentos con cero estrés. El trabajo solía tenerla esclavizada. Deseaba dar un fuerte golpe de timón en su vida, para gozar más de Álex y formar un nido familiar, tan sólido como la de su mujer.
El sonido del timbre, tan grácil y algo estridente, rompió la armonía del interior. La mayoría pensó lo mismo. La atracción de aquella velada probablemente había llegado. Varios se ofrecieron para ir a abrir la puerta, para recibirla. Fue Álex quién ganó aquella batalla. Se miró en el espejo de la salita de entrada. No se había quitado el delantal. Lo dejo igual. Respiro hondo. Estaba algo nerviosa. Deseaba que su cuñada le transmitiera buenas vibraciones, por la salud mental de su hermana.
 Deseaba que su cuñada le transmitiera buenas vibraciones, por la salud mental de su hermana

Puso la mano en el pomo de la puerta y la abrió. Quedo embrujada por unos ojos verdes-azules. Ante ella había una mujer de bandera, una diosa del Olimpo, poseedora de una sonrisa tímida y seductora. Lucía un vestido de flores y de fondo blanco. No era excesivamente elegante, pero resaltaba su preciso rostro y su feminidad. Su mirada era magnética, a pesar de qué tenía un destello de melancolía.
- Hola, soy Lena, la pareja de Kara.- se presento la barrendera, algo cohibida. No se le había escapado como se la había comido con la mirada. Temió haberse pasado con el vestido, puede que no debía de ir tan arreglada.
- Hola. ¡Encantada! Soy Álex.- se le acerco y le dio dos besos. Después del gesto, se dio cuenta que su cuñada iba cargada con bolsas y un ramo de margaritas.- ¿Te ayudo?
Su cuñada rechazo su ofrecimiento. Accedieron al interior de la casa. Maggie, al verla, tuvo la misma reacción que su pareja. Ninguna de las dos se había imaginado que la barrendera fuera tan bella e hipnótica. Pensaron que sería una mujer ordinaria y algo barriobajera. Sólo cayeron en la trampa de los estereotipos. Lena, a pesar de qué hacía tiempo que no se movía en la alta sociedad, recordaba los códigos de etiqueta.
Su madre le hizo aprenderse el manual de los finos modales de una dama. Las señoritas de bien deben de andar regias y con elegancia. Ya en sus catorce años empezó a llevar zapatos con tacón alto. El pelo siempre bien peinado y saber moverse sin que se moviera ningún pelo.
Intuía que en el hogar de su pareja no le haría falta tanta escenificación de modales. Pero el simplemente hecho de estar reproduciendo las enseñanzas maternas, le relajaba. Por encima de todo, quería caer bien a la familia de su hijo. A parte, creía lógico que la prejuzgasen por su profesión. Normalmente, solían asociar las personas pobres o poco calificadas en el oficio del barrendero. ¿Sería alguna contradicción, que barriera las calles y fuera la chica más elegante del planeta?
Quería impresionarles, rompiera tópicos y creyesen que era merecedora del amor de Kara. Por más, que en la última instancia debían de ser esta quién la quisiera en su vida. Se hizo la ciega y la sorda. Empezó a repartir las bolsas y las flores, una por cada dama Danvers. Sólo le quedaba la de su princesa, que seguía en la ducha.
- La botella de vino es por el Señor de la casa.- anunció a la vez que la sacaba de la bolsa y se lo pasaba.- Y para Brian, que hoy es su día, este dibujo.- Se agacho y le dio varios besos. Le entrego la pintura. Una imagen del día que fueron los cuatro al cine. Su hijo se emociono, aquel día fue muy especial por él. Lena, muy feliz, en un impulso lo levanto del suelo y lo abrazo. Los ojos se le mojaron. Y se le escapo algo que la hizo sonrojar como un tomate, por suerte lo dijo algo flojo y no parecieron escucharlo los otros.:- ¡Muchas felicidades hijo!
- Muchas gracias, cuñada. - se le agradeció Brian, también con los ojos húmedos por la emoción. Se sintió al séptimo cielo entre los brazos de la morena. Por suerte, no dio demasiado valor a sus palabras. Había sido un error imperdonable y por suerte sin consecuencias.
Des de lejos, Kara observo la enternecedora escena. No se le escapo su sentida felicitación. Lena apreciaba mucho a su hermano y entendió su efusividad. Ella misma, pensaba en Brian como si fuera su propio hijo. Si no hubiese sido tan joven, lo hubiera adoptado.
Ver a su novia tan bella, se había quedado sin aliento. Incluso, fue incapaz de moverse y se quedo paralizada, comiéndola con los ojos. Se sentía afortunada porque aquella mariposa tan bella, se hubiera fijado en ella. Fue un instante mágico, algo revelador, como una certeza de qué ya la amaba. A pesar, de saber poco de su pareja, la veía como un ser tan entrañable, de alma transparente, bondadosa y fuerte. La calidez que mostraba, el afecto que destilaba ante su hermano, y su comportamiento tan respetuoso hacia sus progenitores, decían mucho de su interior. No le veía dobleces.
Lena levantó la mirada y la vio, parada al principio de la escalera

Lena levantó la mirada y la vio, parada al principio de la escalera. Le sonrió. Su rostro estaba algo ruborizado. Por instantes, creyó que correría hacia ella para abrazarla. No lo hizo, pero en pensamientos seguramente sí. El deseo se escribió por todo su cuerpo. Había escuchado que su pareja iba muy elegante y volvió a entrar en su habitación para ponerse uno de sus mejores vestidos. Era un vestido de una sola pieza, ajustado y de cuello alto. Era de una tela blanca y con bordados de hojas. Le hacía resaltar los pechos. No quería se sintiera fuera de órbita.
Bajo las escaleras poco a poco, porque llevaba tacones y no quería caerse. En ningún momento rompieron el contacto visual. Lena se le acerco y se encontraron al pie de las escaleras. Se cogieron de las manos, ignorando al resto de presentes. Se susurraron lo bonitas que estaban. Se besaron brevemente, algo avergonzadas. Alguien tosió y regresaron a la realidad.
- Bienvenida Lena en nuestra familia.- la recibió Elisa, que terminaba de entrar en la salita. Se había quitado el delantal. En sus manos llevaba una toalla de cocina. Traía consigo un aroma de comida recién hecha. Se le acerco y le dio dos besos. La hizo sentir como un miembro más de la casa.
- Gracias por acogerme bien a vuestro hogar.- agradeció la barrendera.- Una margarita también para usted. Su hija es muy especial. Le prometo que la respetare siempre y...- Les estaba siendo sincera. Por dentro temblaba y las palabras le costaban salir. Su pareja percibiéndolo se le acerco y paso un brazo por su espalda.
- Señorita Serenety relajase, le doy permiso para cortejar a mi hija.- Intervino Jeremías con tono serio, aunque no pudo contener la sonrisa.- Es bueno saber que tiene buenas intenciones. Le haré recordar su promesa si me la hiere, ni que sea un poco.
- Por favor tutéame. Me parece bien.- Atinó a decir la chica morena.
- Alucino. ¿Eres una heredera de la famosa familia Serenety de New York?- intervino Maggie. La chica había trabajado una temporada a aquella ciudad, en sus inicios como policía. Probablemente, debería de pensar que hacía una multimillonaria barriendo las calles. Kara quiso echarle un cable a su pareja, pero esta no le dejo.
- No. Oficialmente, soy la viuda de Florencia Serenety.- Les hizo un breve resumen de aquella historia, para no generarles suspicacias. Sólo Álex, con su pose más severa, la miro con algo de reproche.
- Fue un bonito gesto de amistad. Hay que agradecer lo que el destino nos regala.- Concluyó Brian, que había permanecido silencioso durante su relato.- No entiendo porque, a pesar de ser rabiosamente rica, has escogido la dura y desagradecida profesión de barrendera.- Todos se quedaron con la boca abierta con su sabia apreciación. ¿De dónde sacaba aquel crió tanta lucidez?
- ¡Hijo, vaya cosas de preguntar!- le regaño cariñosamente Elisa.
- No se preocupe, no me cuesta nada responderle. Es algo que muchos se preguntan.- Respiro hondo. Antes de proseguir miro a Kara. Este le guiño un ojo, animándola. Se agacho y miro fijamente a su hijo. Quería ofrecerle una valiosa lección.- No me pareció justo quedarme con toda la fortuna de los Serenety. Preferí imitar a Flora. Lo había abandonado todo por una vida más austera, sin nada de lujos. Fui vagabunda y alcohólica.- Lo vomito todo, sin maquillarlo. Sin afán de generarles pena. Sus oyentes fueron incapaces de interrumpirla, impactados por sus revelaciones.- Por eso, me quede con lo necesario para empezar otra vida, lejos de New York. Todo trabajo es digno. Y el de barrendera me parece muy loable. La salubridad de las calles es fundamental. Para empezar ayuda a vivir en un entorno agradable, da gusto pasear por la calle si está limpia. Luego, también me recuerda lo que no quiero ser nunca.
- Es admirable su tarea.- La interrumpe su pareja, sintiéndose realmente orgullosa.- Además, está estudiando empresariales. Uno se puede superar cada día.- minutos más tarde, le susurraría que dejase de castigarse.
- Buenas reflexiones.- Admite Álex impactada por su confesión.
- Lena, disculpa si te he hecho sentido mal.- Se le acercó y abrazó. Se sentía compungido por su historia, que le evocaba recuerdos vagos de su infancia. No los ventilo, para no entristecer a su familia. Su madre volvió a estar presente. Lena le remarco que no hacía falta que se justificará.
- ¡Chicos, quizás nos vamos a comer ya!- ordeno la matriarca de los Danvers.
Entraron al comedor. La mesa ya estaba parada y se habían puesto todos los platos de las tapas para picar. Eran muy variadas, de lo sencillo a lo más elaborado. Aceitunas, pan con salmón, gambas saladas, muñequitos de nieve elaborados con huevos, pan tostado con caviar o pate, espárragos con jamón, beicon con dátiles...
Lena se espero a sentarse hasta que le indicasen su sitio. Por suerte, terminó al lado de Brian y de Kara. Álex se sentó delante de ella. Seguí percibiendo sus ojos marrones analizándola, en plan algo inquisidor. Maggie era un poco más campechana, aunque le daba respeto. Más aún, cuando alguien insinuó que era policía.
Kara le puso una mano en la pierna derecha y se le acarició. Le ayudo a relajarse. Aunque le dio un poco de vergüenza que se percatasen de aquel gesto tan íntimo. Por eso, intercepto su mano y se la agarro. Cruzaron los dedos, de forma cómplice. Se miraron y se sonrieron. Por encima de todo, estaban juntas y podrían con todas las adversidades.
La comida fue animada. Para suerte de la invitada especial, habían desistido en curiosear en su persona. Hasta que en el segundo plato, Maggie se le ocurrió preguntarle de dónde era, porque según ella no tenía acento de New York.
- Creo que nací en Metrópolis.- respondió rápido la barrendera.
- ¿No lo sabes? Parece raro eso.- Inquirió Álex, usando un tono que le incomodo mucho.
- ¡Álex, por favor!- le regaño Kara, algo molesta por su asesino comentario. Su pareja le puso la mano en el brazo izquierdo, indicándole que no se enfadará por su culpa.
- No conozco a mis padres. Me abandonaron cuando era un bebe, me dejaron en las escaleras de una iglesia. Residí en un orfanato de Metrópolis hasta que me adoptaron.- Otra vez les hizo venir piel de gallina.
- Otra cosa tenemos en común.- Remarcó Kara, a la misma vez que le agarraba con fuera la mano.- Por cierto, mi primo es periodista y trabaja en el mejor diario de allí, Daily Planet. Empieza a ser famoso. Quizás, te suene su nombre.
- No lo creo, vaya. Hace casi nueve años que me fui de Metrópolis.- Empezó a temblar por dentro. Se esforzó lo máximo para aparentar normalidad.- ¿Cómo se llama tu familiar?
- Pues seguro que no, porque él hace sólo cuatro años que vive allí. Es de Smallville. Se llama Clark Kent.
Lena empalideció levemente. El mundo podía ser una cajita de mistos. Opto por beber un sorbo de agua antes de responder. Conocía al humilde hijo del matrimonio Kent, del pueblo que iba a veranear con los Luthor. Le salvo la vida a Lex varias veces. Fueron buenos amigos, eran inseparables. Nunca comprendió que ocurrió entre ellos. El tímido y bello Clark. Fue su primer amor platónico.
- No.- Consiguió ser realmente convincente.
- ¿Los Luthor te deben de sonar, no?- quiso saber Maggie, como si pretendiera comprobar que realmente era de aquella ciudad.
- Sí, por supuesto. Allí todo el mundo los conoce. Y ahora son más famosos, al salir Lex con April Cesar.- Sin querer saco un tema algo espinoso por la familia Danvers.- El heredero Luthor hará cumplir los sueños de sus padres. Lionel, seguramente ya se huele el mejor negocio de su vida.- No evito ironizar.
- Miedo me da Lex Luthor.- añadió Álex, inaugurando un interesante debate sobre política y el presidente de Estados Unidos. La barrendera se relajo. Percibió que el apellido Luthor no era de su agrado. Se sintió un poco incomoda, a pesar de haber roto todos los lazos con su familia adoptiva. Más bien era el temor de qué supieran su apellido real. ¿La repudiarían por ser quién era?
- Si llega al poder, empezará su caza particular de extraterrestres. Está financiando muchos proyectos sobre nueva tecnología para detectar alienígenas y convertirlos.- Le apoyo su pareja.- No creo que estemos invadidos por seres de otros planetas. Y aún así, me parece más lamentable que el gobierno le apoye otorgándole una gran parte de las subvenciones estatales y cediéndole espacios. Mientras recorta parte de las ayudas sociales para la gente desfavorecida.
- No me extraña nada.- Interviene Jeremías que era muy severo con el presidente Cesar.- Estamos en un periodo de regresión de valores sociales. En conjunto ha hecho resurgir el racismo y la supremacía de la marca blanca. El sueño americano perdido, ya es una barca a la deriva, que se resisten a dejarla naufragar. Se cierran fronteras, como si eso salvase nuestra economía maltrecha. Debería de haber un cambio profundo en los valores imperantes, en el campo productivo y económico.
Lena se entusiasmo con aquel debate. Se mostro como una experta y pasional tertuliana. Creía que un mundo mejor podía ser posible, en las empresas sostenibles y con principios éticos. Se volvió a ganar el aprecio de su suegro.
- ¿Cariño, crees que existen los extraterrestres? ¿Y si fuera el caso que convivieran entre los humanos, tendrían también los mismos derechos?- le pregunto Kara. Sentía una opresión en el pecho, temiendo que sus palabras le doliesen. Quizás, le estaba exigiendo demasiado. Debía de ser respetuosa y tolerante. Para muchos sería difícil asumir que existían los alienígenas.
- Una gran cuestión. A lo mejor, si viera alguno me asustaría.- Bromeo un poco, pero al ver el rostro serio de su pareja, se puso seria. Se detuvo unos minutos, tratando de meditar una respuesta mejor. Alguna vez se lo había planteado. La vida misma era un misterio. ¿Qué la generaba realmente? Una cascada de elementos que fueron sumándose e hicieron germinar otros factores propulsores de la humanidad. Tierra, agua, aire, sol,..., todo ayudaba. Y el universo era algo tan misterioso e infinito, que podía ser plausible la existencia de otros seres.-Si se han dado las condiciones necesarias para la vida en otro planeta, puede que sí existan. Si emigrasen y se instalasen en la Tierra, no deberíamos de excluirlos de nuestra sociedad. Debemos de tenderlos las manos y facilitarles la integración. Siempre cumpliendo las leyes del país de acogida.
- ¿Y si están en nuestro planeta para conquistarnos?- inquiere Maggie, era muy escéptica.
- Demostraran que son como los seres humanos. Varias potencias de la Tierra, en el transcurso de los siglos, han descubierto porciones nuevas de tierra y las han conquistado. España con Sudamérica, Inglaterra con India y otros países Africanos... Incluso, el imperio Romano lo hizo. Suma y sigue.- Opino Brian, dejando a todos con la boca abierta.
- Gran verdad.- le apoyo la chica rubia. Le acaricio la cabeza afectuosamente.- Y serán como las personas, con defectos y virtudes.
- Quizás, estamos conviviendo con alienígenas y lo desconocemos.- Inquirió Lena.- Por qué si son inteligentes y camaleónicos, es lo mejor que pueden hacer. La gente aún no está preparada para aceptar otras realidades. Más ante sujetos tan paranoicos y obsesivos como Lex Luthor.- Les fue totalmente sincera. Jamás entendió aquella irracionalidad de su hermano, que en más de atenuarse se había acentuado.
- Podría ser.- Respondió Álex, miro a Kara, que tenía una sonrisa muy bucólica. Le había encantado el discurso de su novia. Podría callarse, pero su instinto de hermana le chillaba que su cuñada algo les ocultaba. Por eso no contuvo su tercer grado.- Has dicho que te adoptaron una familia de Metrópolis. ¿No tuviste suerte con ellos? ¿Y que llevo a ser vagabunda?
Kara perdió la sonrisa y la miro severamente. Le suplico que no siguiera por aquel camino, moviendo la cabeza. Pero ya se sabe, que las palabras una vez nacidas no se pueden borrar. Es sólo cuestión del receptor de darles poder, ignorarlas o el valor justo. Lena lo afronta realizando una maniobra funambulesca.
- Tuve todo lo que una niña necesita. Nunca me falto comida, juguetes ni buena educación. Sólo carecí de las vitaminas de afecto. Eso ha sido así, porque fui una hija adoptada. Ellos ya tenían un hijo biológico. Ya se sabe, a los propios se les quiere más.- Kara le agarro la mano, dándole empuje para proseguir.- Lo acepte. El único que me dio algo de amor fue mi padre.
- ¡Lo siento mucho! De todos modos hija, sácate eso de la cabeza. No debe de ser así. Y mi marido opina igual. Hemos adoptado a Kara y Brian, y los queremos por igual.- Interrumpió Elisa, con los ojos húmedos.
- ¡Yo también doy fe!- La apoyo Álex, con la mirada más dulcificada. Fue apoyada por todos sus hermanos.
- Lo sé. Veo mucho amor en vuestro hogar. Os admiro, porque habéis sido unos padres maravillosos por Kara y a Brian.-Les sonrió a modo de agradecimiento sincero.- Y respeto como termine en las calles...
- No hace falta, perdona no pretendía ser tan curiosa.- La interrumpió su cuñada, sintiéndose algo horrible por ser tan desconfiada. Sus palabras, tan teñidas de emociones y dolor, no podían ser falsas.
- Gracias, porque no me apetece estropear, con mi drama personal, el cumpleaños de Brian.- Acepto al final la barrendera. Aún así, necesitaba añadir algo.- Disculpadme si no os cuento nada más sobre mi familia. Cuando era adolescente me echaron de casa, solo por salir con un chico de color. No quiero saber nada de ellos. Os pareceré muy vehemente, pero nunca será de mi agrado las personas que discriminan a alguien por su color de piel, raza o género. Por eso aplaudo vuestro coraje y por ser unos grandes padres.-Kara, con los ojos húmedos, la abrazo. Brian, se levantó y se unió al abrazo.- ¡Vamos, no es momento de tristezas!- exclamo Lena, riendo y llorando la vez.
- Cierto, hora del pastel.- Anunció Jeremías, que se levantó para ir a buscarlo.
- Gracias por tus palabras.- le agradeció Elisa, abandono su sitio y se le acerco. La barrendera se levanto. Se abrazaron.- Siempre tendrás un hueco en mi familia, os vaya bien o no con Kara.- Se lo prometió de corazón.
- ¡Muchas gracias!- Le agradeció la barrendera. Sintió como su corazón se agrandaba y experimentaba una gran expansión, como si en cualquier momento despegase hacia el cielo. Eran las caricias de la felicidad, de sentirse amada más allá del significado de su apellido y del sentido del deber.- Es la primera vez que me siento parte de una familia, a pesar de qué no me conocéis de nada.- Abrió su alma, sintiéndose algo constreñida.
Una voz le estaba susurrando que confesara, que saliera de aquel túnel largo y oscuro. ¿Se atrevería? En aquel instante, entro el patriarca de los Danvers cantando la canción de feliz cumpleaños. Transportaba el pastel de arándanos rojos y frutos del bosque. Había puesto una vela con los años que cumplía su hijo.
Toda la familia le acompañó en la canción, haciendo un excelente coro

Toda la familia le acompañó en la canción, haciendo un excelente coro. Brian se emociono y lloro. Les beso a todos. Miro la tarda, llena de colores e imaginación. Le insistieron que, antes de soplar la vela, pidiera un deseo. Las palabras no salían. Contemplo a sus padres y a sus hermanas felices con sus respetivas parejas. Les sonrió.
- Mi deseo no es para mí, es para ustedes. Sé que la felicidad se basa en una colección de momentos. Para mí, hoy es uno de esos días especiales, que siempre recordare. Todos sabemos que la vivir no es fácil y que hay que hacer malabarismos para mantener la chispa y la ilusión. Sólo pido que luchéis para mantener la flama del amor y lo sigáis regalando sin condiciones a vuestro entorno. Porque el amor es la luz, te impulsa a seguir andando, a persistir ante las dificultades y otorga el significado a los actos cuotidianos. Y sin él, quizás yo no estaría con todos vosotros. Soy muy feliz por teneros como familia.
Todos quedaron alucinados por su discurso tan bonito y maduro. Lena reprimió su impulso de abrazarlo. Las dudas respecto si hico bien en traerlo al mundo y renunciar a él desaparecieron. Estaba convencida de haber tomado la decisión correcta.
Tras comerse el rico pastel, Kara y Lena decidieron entregarle su regalo. Se miraron, algo nerviosas. Les hacía tanta ilusión poder ofrecerle aquella aventura, que se derretían de antemano imaginando el fin de semana a New York.
- Ya es hora de los regalos. Empezamos Lena e yo.- Anuncio la rubia, mirando de reojo a Álex. La cual estaba ya algo nerviosa e impaciente para compartir la mayor alegría de su vida.
- ¡No hacía falta nada! Me basta que hayamos podido reunido todos.- nunca había sido un niño materialista. Cuando le adoptaron le compraron algunos juguetes que gozo con deleite. Jamás les pidió más. Poco a poco, fue también teniendo la confianza en ellos y se abrió.
- Ya lo sé hermanito. Es un placer regalarte algo especial para tu cumpleaños. Sumar años es una alegría. Y es un motivo más para vivir experiencias únicas, que siempre recordaras. Por eso...- Se detuvo y miro a Lena, para que prosiguiera con el discurso.
- Mi preciosa novia e yo, te hemos organizado un maravilloso fin de semana a...- Se rió, al ver un destello de impaciencia en su rostro. En eso se le parecía a ella. Las esperas le parecían horribles. Cogió una bolsa de plástico, que había escondido allí, en un momento que su hijo se había ausentado. Contenía un sobre grande. Lo saco y se lo entrego.
Brian no dudo en abrirlo, casi lo rompió empujado por su urgencia. La tenían muy intrigado. Chillo de pura alegría en el artístico bono de regalo. Incluso, empezó a dar saltitos. Corrió hacia sus padres y se lo enseño. Era una lámina de acuarelas. Había dibujado las letras ilustradas con cabezas de animales: VALE PARA ASISTIR A LA FERIA DEL CÓMICO Y DIBUJO DE NEW YORK 2017. Había dibujado a varios personajes famosos del mundo del cómico. Se había documentado para incluir a los más actuales y coetáneos a la edad de Brian.
- ¿Me dejareis ir, no? Por favor. Por favor.- sus padres estaban fingiendo desagrado.
- Por supuesto, le acompañáremos nosotras. Pero si prefieren ir vosotros, o les parece mal... Se puede cambiar.- No evito meterse la barrendera. Veía que le hacía tanta ilusión, que le sabía mal que no pudiera ir. Por suerte, Kara también la apoyo.
- Nos aseguraremos que el viernes haga todos los deberes. Además, vosotros podréis gozar de un fin de semana para vosotros. ¡Os lo merecéis!
- ¡En eso tiene razón hija!- exclamo su padre, a la vez que le guiñaba un ojo a su mujer.- Para mí no hay ningún problema.
- A mí también me parece bien, no seré el ogro de la familia.- Ironizo Elisa y les robo varias carcajadas.
- Gracias, gracias. Sois los mejores padres del mundo.- Los abrazo con pasión.
- ¿Y nosotras no nos merecemos un par de besos?- le exigió la periodista.
- Claro que sí.- y corrió hacia ellas. Las dos lo rodearon entre sus brazos, quedando Brian en medio.
- Cielo, tuviste una gran idea.- Comento Kara a su novia.
- Las dos somos un buen equipo.- Se dieron un pico rápido.
- Ahora toca nuestro regalo.- Anunció Álex, a la vez que cogía la mano de Maggie y la miro con mucha ternura.
Brian se sentó de nuevo, expectante. Las chicas se sumergieron en una aureola de amor y destellaban felicidad pura. La chica rubia, que sabía su sorpresa, no dejaba de sonreír. Puso la mano en el brazo de su pareja y se le iba acariciando. Lena sintió como las mariposas volvían a aletear en su interior.
- Maggie e yo nos casaremos este verano.-Su feliz nueva, alegro a toda la familia.- ¿Brian, desearías ser nuestro padrino de boda?
- ¡Sí, sí...!- aceptó el niño, levantándose y se dirigió hacia ellas para abrazarlas.- Trataré de ser el mejor padrino del mundo.
- Un brindis por las novias.- Pidió Jeremías levantando la copa.
- Kara y Lena, deseamos que seáis nuestras damas de honor.- Les propuso Álex. La recién pareja se miró. La barrendera tenía un nudo en el cuello. Hacía tiempo que no se sentía parte de nada. Su vida había cambiado casi el noventa por ciento. Novia, ejerciendo de cuñada de su propio hijo, con suegros y más cuñadas que la querían en su boda... Le parecía algo tan irreal, pero tremendamente glorioso.
- ¡Oh, qué ilusión!- exclamo la chica rubia. Se incorporó y corrió hacia su hermana. Se abrazaron y besaron.
La barrendera, se limito a contemplar aquella dulce estampa familiar, como si fuera una mera espectadora. Feliz por la felicidad por los seres que más quería. Alguien puso música, puede que Elisa. Curiosamente era el vals nupcial. La misma versión que ella escogió cuando se caso con Flora en el hospital. El matrimonio Danvers empezó a bailar. El resto le imito. Disfruto viendo bailar a Kara con Brian.
- ¡Lena, ven!- le llamó su hijo. Aunque, se sentía muy cortada y no sabía bailar muy bien, le obedeció.- ¡Te has coloreado!
- Brian, por favor, no te rías de mi novia.-Le regaño cariñosamente la periodista.
- Sólo es para alegrarle el rostro, la veo un poco seria.-Se justifico el niño.- ¿Te pasa algo?
- ¡Es que no sé bailar!- se excuso la morena. Le sonrió a modo de agradecimiento.- No, te preocupes.
- Te cedo a mi princesa, seguro que en sus brazos espantaras todos tus temores.- le guiño un ojo.
- ¿Por cierto, vendrá tu amiga?
- Sí, pronto.- en esos instantes, sonó el timbre de la puerta. Se fue directo a la puerta.
- ¡Ah, el amor!- exclamo Kara, cayéndole la baba.
- Sí, nos enloquece.- Se cogieron de las manos y empezaron a bailar. La rubia dirigía y la morena se dejaba llevar. No seguían el ritmo de la música, pero si el de sus corazones. Lena la estrecho mas entre sus brazos. Sus rostros cada vez estaban más cerca. Sus narices se rozaron. Las dos suspiraron a la vez, deseando besarse.- Me tienes loca, presa de tus caricias y amor.
- Tu también.- Musito Kara, con la vos entrecortada. No pudo reprimir más sus instintos y le beso. Perdieron la esencia del tiempo. Una manada de críos inundo la salita. Alguien cambio la música, por otra más infantil. Rompieron el contacto y entrelazaron las manos.- ¿Puedo venir a dormir en tu piso esa noche?- le susurro en la oreja.
- Mm, no sé... Me lo tengo de pensar.- Bromeo Lena. Se ganó un aluvión de cosquillas.- Tienes las llaves de mi piso princesa, puedes venir cuando quieras.
- ¡Eres una traviesa, como mi hermanito!- le dio un golpecito en su precioso culo.
- Ayudamos a tu madre a recoger el comedor y en la cocina..., y después si quieres nos marchamos.- le propuso la barrendera. La deseaba febrilmente.
- Sería un gran plan, pero me he comprometido con mi hermana a cenar e ir de fiesta con ellas. ¿Te parece bien este plan?- su pareja arrugo las cejas, algo abrumada por aquel compromiso.
Sus cuñadas, fueron las únicas que la había hecho sentir incomoda, con su interrogatorio particular. Todo era muy lógico y comprensible. No todo el mundo era tan noble como Kara. Estaba exhausta mentalmente, como si hubiera corrido muchos kilómetros. No le apetecía nada compartir más horas con ellas. A pesar, de entenderlas, también tenía dignidad. Flora, siempre le remarco, que nunca había de dar ninguna justificación por sus actos anteriores.
- Kara, lo siento, pero no me apetece.- le fue sincera. Su rostro no pudo ocultar un atisbo de tristeza.
- ¿Y eso?- no obtuvo respuesta, pero tampoco le dio tiempo.- ¿Es por mi hermana, te ha molestado en alguna de sus preguntas?
- No, tranquila. Lo entiendo, es tu hermana mayor y quiere protegerte. Lo encuentro algo muy comprensible.- Decidió no serle sincera, para no estropearle el día. Era su familia y solamente la querían proteger.
- ¿Y entonces, por qué no te animas en venir con nosotras? Ya verás, que nos lo pasaremos bien. Necesitan conocerte más y saber porque te quiero tanto...- le insistió, usando su tono de voz más seductor.- Luego, nos vamos a nuestro ático. Podemos salir a la terraza, he escuchado que hoy hay una lluvia de estrellas.
- ¡De acuerdo! Si no vengo, pareceré que les hago un feo.- Determino al final. Tampoco le convenía ganarse a enemistad de su cuñada. Pero por encima de todo, lo cedió por Kara. Le hacía ilusión que se integrara en su mundo y le cayera bien a su hermana mayor. El ser humano nunca se cansa de buscar la aprobación de sus seres queridos, los que considera puntales en su existencia.
Por la noche...
La velada nocturna resulto ser más apetecible de lo que había supuesto Lena

La velada nocturna resulto ser más apetecible de lo que había supuesto Lena. Se agradeció haber aceptado la invitación. De ese modo, no se quedo con una imagen negativa de sus cuñadas. Fueron más consideradas y no le realizaron ninguna otra pregunta incomoda. Probablemente, su pareja había hablado con ellas. No se atrevió a preguntárselo. Sentía que ella hubiera hecho lo mismo, si tuviera de presentar a su novia a los Luthor. No les permitiría nada, ni una leve caricia con palabras mal sonantes.
Al no percibirse perseguida por aquel par de linces, se relajo y consiguió estar más natural. Se rió mucho. Veía a Kara muy feliz y eso le bastaba. Tras la cena, decidieron ir a una discoteca de ambiente mixta. Lena, se sintió un poco cohibida al entrar. Chicos besándose, chicas besándose, alguna que otra pareja heterosexual... Algunas chicas se voltearon a mirarlas, seducidas por sus preciosas curvas.
- Lena, estas triunfando.- le susurro en la oreja Kara, cuando llegaron en la barra central para pedir su bebida. La música estaba tan alta, que tenían de chillar para entenderse.- ¿Me deberé de poner celosa?
- ¡Y tu también!-Le señalo como una chica, con pelo corto y ropa muy masculina, no dejaba de observarla.- Ya, sólo tengo ojitos para ti.- La abrazo y le beso en el cuello. Sintió aquel instinto tan básico, o primitivo, de creer que aquel ángel era solo para ella. No le haría nada ilusión que llegará otra y le robase su afecto. Fue tan tremenda aquella revelación, que se mareo. Se apoyo en la barra y se disputo la atención del barman con otras famélicas clientas.
- ¿Qué pasa, te percibo otra vez nerviosa, o tensa?- le pregunto Kara, dejando de mirar el entorno.
- No te imagino con ninguna otra que no sea yo.- Le confesó. Sintió un atisbo de vergüenza. Le dio la espalda por miedo de parecerle patética. Kara, entendiéndola, le abrazo por detrás y apoyo su cabeza en su hombro.
- A mi me pasa igual.- le beso el lóbulo de la oreja. Le aparto el pelo, para besarle su cuello. Sus manos, eran incapaces de restar quietas, bajaron hacia sus pechos. Se los acaricio brevemente por encima de la ropa.
Lena, muy excitada, se giro para recibir sus labios tan melosos. Se besaron con pasión. Kara se sentó al único taburete libre de la barra. Aprisiono a la barrendera con sus largas piernas. Disfrutaban sintiéndose y besándose. Era una droga altamente adictiva.
Estaban tan sumergidas en su paraíso multicolor, que no se dieron cuenta como un hombre las observaba des de un rincón. Sus ojos carbón chispeaban de una mesclar de lascivia y odio. Le acompañaba una mujer hermosa, muy maquillada, con ropa elegante y atrevida. Era una prostituta de lujo, que a veces Max Lord contrataba para presumir o si se sentía asquerosamente solo. A parte, eran un gozo porque no disponían de tantos remilgos ni fronteras morales.
Vio a su alumna nada más llegar al local. Comprobó lo que ya se intuía. Era una puta bollera. Nadie se le había resistido. La deseaba y tarde o temprano sería suya. Le tenía obsesionado. Había herido su ego de macho. Una vez que supo su apellido, supo de inmediato quién era. Uno de los sobrinos de Florence Serenety era uno de sus mejores amigos. Le conto la historia. Incluso, le facilito una foto. A parte, el rostro de Lena le era algo familiar. Trataba acordarse de dónde, sin mucho éxito.
Otra pareja de chicas se les unió y le taparon a su Diosa. La más morena de las dos, que parecía latina, le era algo familiar. No tardo en recordar de qué...
En la barra, las chicas hablaban animadamente. Maggie, de repente se altero un poco. Les pidió que se girasen, para que vieran a un chico, que lucía un traje negro. Lena lo diviso de inmediato. Su rostro se apago. Empezaba a hartarse de que su profesor le persiguiera. ¿O había sido casualidad?
- No sabía que Max Lord estuviera en Nathional City.- Dijo Maggie.- ¡Vaya sujeto esta hecho!
- Es mi profesor de Administración de empresas.- Admite la barrendera, que seguía muy seria.
- ¿Es el profesor que te asedia?- quiere saber Kara, preocupada al percibirla tan alterada.
- ¡Bueno, no es para tanto!- exclama de inmediato. Sus interlocutoras la miran con algo de preocupación.
- Lena, vigila. Max Lord, a New York, una chica le denuncio por eso. Se escapo de rositas. Compro a la victima porque se retractará. El caso fue sonado. No lleve personalmente el caso, pero la víctima pudo haber probado que el acoso existió.- La miró con preocupación. Se la creyó.
- Maggie es una especialista en asedios a mujeres y delitos de violencia de género. Te facilitaremos su número de móvil, porque te asesore si lo necesitas.- Se ofreció Álex. En este instante, se gano un poco el corazón de la barrendera.
Las chicas dejaron de hablar sobre aquel engreído multimillonario. La morena no evito controlar el entorno, por miedo de qué su acosador siguiera espiándola. No lo vio más y se relajo. Kara estaba muy dulce y tierna. Fue su refugio ante aquella tormenta.
A las tres de la noche, se despidieron de sus acompañantes y se dirigieron a su pequeño universo. Salieron a la terraza y vieron varias estrellas danzantes. Estaban agotadas por aquel día tan intenso y especial. Yacieron en la cama, se abrazaron y se durmieron rápidamente. Empezando una dulce rutina y un sendero hacia la plenitud.

 

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