(12) Las Reinas de Villa Ruiseñor (II)
- Bárbara,
nada conseguirá que me aparte de tu lado, ni que Dios nos mande un gran
tormenta, o mil y una pruebas. No pienso dudar más de tu amor. Es mi
vida y la deseo compartir contigo. Digan lo que digan, piensen lo que
piensen los otros. Sólo se vive una vez.
-Jamás me rendiré
Mercedes. Quiero demostrarte cada día que te amo, cuidarte, quererte,
acompañarte, reír juntas,... Te prometo no desfallecer nunca. Te amo. Si
me miras a los ojos sabrás que no te miento ni jamás lo haré.
- Amigas, recordad
que el amor es amor. No dejáis que nadie os pisotee. Seguid luchando con
la verdad de escudo. Siempre me tendréis a vuestro lado."
- Elsa, te mereces lo mejor del mundo. Se feliz sea sola o acompañada. No cambies nunca.
- Y no dudes en recorrer a nosotras si lo necesitas.
- Por supuesto.
Gracias por demostrarme que existe la verdadera amistad. Tengo más fe
que nunca que puede haber un mundo mejor, donde la mujer se le respeten
los derechos, sea propietaria de su existencia, sin pedirle permiso a
nadie por respirar, por sentir, por amar y a quién amar... Un mundo
dónde las mujeres sean totalmente empoderadas y no dependan de los
hombres. ¡Brindamos por nosotras, las tres Reinas de Villa Ruiseñor!
Setmanas antes...
Me despertaron las voces de tres mujeres, que me estaban recitando como fragmentos de una obra de teatro. Me gusto la tonalidad, el color de su voz y su contenido. El dolor de cabeza dio acto de presencia, de forma intensa y abrupta, hizo que abriera los ojos. No vi con claridad, la luz me molestaba, aunque el ambiente era tenue. Ante mi había la figura amorfa de dos chicas. Seguían narrando una preciosa historia de amor, sobre la fuerza de los sentimientos, de lo que era la normalidad, de la homofobia... Sin percatarse de mí regreso al mundo de los vivos.
Me subyugaron, me
sedujeron, me hicieron abrir los ojos. Mi vida como Kara Danvers había
sido una farsa. O si más no, había vivido a medias tintas. Pocas
personas me habían amado de forma incondicional. Y ninguna de mis
parejas había estado a la altura de las circunstancias. Nunca había sentido la fuerza irrefrenable del amor. No ame como Bárbara y Mercedes se querían, contra viento y marea.
Los ojos se me empeñaron
de lágrimas. ¿Por qué me había conformado con tan poco? En el más hondo
de mi ser ya sabía que no amaba suficiente a Mike para unirme
eternamente a él, por eso estaba estresada con los preparativos de la
boda. Lo convertía en algo tedioso y como otra de las tareas para
satisfacer a mi familia. Aquello no era vida, era como un monigote de
otros.
Mi llanto desconsolado
las alarmo. Bárbara cerró la grabadora que sostenía. Me miró y se me
acercó. Su amiga la imitó. Se sentaron cerca del sofá cama donde me
tenían retenida, con las manos atadas en la espalda mediante una cuerda.
Su mirada no había ni una migaja de pena. Esperaban pacientemente que
les confesara quién era. Estaba totalmente desorientada, ignoraba si
hacía unas horas o más días des que me golpearon. Comprendí que aquello
era irrelevante. Estaba perdida, en la boca del lobo. La Sección estaría
cabreada por mi ineficiencia. Una misión que parecía fácil la
fastidiaba.
- ¿Y bien, admitirá de
una vez por todas que trabaja por la agencia L-Corp?- Me interrogo al
final Bárbara, con su voz más aterciopelada, algo hipnótica. Por mi cara
de pasmada, añadió.- Luthor Corporación.
- No. Soy agente de
policía, de la unidad de Narcóticos de Santiago de Chile. Debo de
infiltrarme en la red de traficantes de Villa Ruiseñor.- Le replique,
tratando de ser convincente. Me choco que nombrase el apellido Luthor.
¿La agencia seria de su familia? ¿Y qué tipo de empresa seria? Me mordí
la curiosidad, para no generarle dudas.- Por eso sé que esa semana ha
realizado una llamada a la policía solicitando ayuda. ¿Por qué no me
liberan y estudiamos como colaborar?
- Bárbara, creo que dice
la verdad.- Opinó Elsa.- No nos quiere hacer daño. Le interesa más las
cabezas de los mafiosos y sus secuaces que una chica desaparecida.- Su
ironía era punzante y te removía por dentro. Entendí su lucha. Navegante
sigue remando y vencerás.
- No me fió. La mafia
Chilena tiene comprada la policía de todos los sitios. Y me consta que
la de la capital no es una excepción. Realice la llamada no para
advertirlos a ellos, sino porque la agencia L-Corp la interceptara.- Se
incorporo, se arreglo su larga melena y dio varias vueltas por la
pequeña habitación. Por las cajas que había en los laterales, sus
muebles viejos y amontonados, deduje que debía de ser el trastero de la
escuela.
- ¿Barbarita, qué es esa organización?- quiso saber su amiga.- ¿Policía secreta?
- Prometí que no
hablaría sobre ella, porque es muy secreta.- Se veía una mujer de
palabra, pero por la mujer que amaba sería capaz de todo. Me la quede
mirando brevemente, implorándole que no siguiera. No se detuvo. Los
edificios más altos y sólidos podían derribarse. Nada era invencible.-
Son como Dioses, lo controlan y ven todo. Disponen de la mejor
tecnología del planeta, se pueden infiltrar en cualquier rincón del
mundo... Son los únicos que podrían hallar a Mercedes. ¿No le suena
Señora Zor-El?
- No sé de lo que habla.- Le insistí.
- No soy ninguna loca
iluminada.- Se agacho ante mí, me agarro por el tórax y me hizo sentarme
en el sofá. Las cuerdas me friccionaron más la piel, hasta dañármela un
poco.- Fueron ellos quién torpedearon mi infiltración en una charcha de
prostitución. Llegaron, actuaron, terminaron con sus caras visibles...,
y nunca supimos quién era el jefe. ¡Bravo por ellos! Por culpa de
L-Corp perdí a mi compañera de trabajo. Sospechaba que siempre estaban a
la sombra actuando y entrometiéndose en las investigaciones. Mis jefes
me acusaron de paranoica y me relegaron a tareas de oficina por una
temporada. No olvide. Al retomar el servicio activo, volví a toparme
otra vez con ellos. Por poco morí porque esa gentuza no bromea. Prometí
no nombrarlos. Deje mi profesión, llena de impotencia. Hasta ahora. Me
importa más la seguridad de mi Meche que mi existencia.
Elsa le paso el brazo
por la espalda cariñosamente y le dio un beso en su pómulo derecho.
Bárbara como agradecimiento de su afecto le sonrió y tomo una de sus
manos. Su confesión me erizo la piel. No tuve dudas de que L-Corp era lo
mismo que la Sección tres. Era como el mal que tenía varios rostros y
etiquetas según región y país. Mitos o realidades. Decidí mantenerme
firme y negociar con ellas.
- Siento su triste
historia. Dudo que esa agencia, que actúa al margen de la ley,
exista.-Me siento orgullosa de mi actuación, por eso les sonreí
sinceramente.- ¡Me da igual de hecho! Mientras debatimos sobre el pasado
y de hipotéticas agencias, Mercedes sigue probablemente internada en
una clínica para sanar su homosexualidad. Ayer a la hospedería,
testimonie como sus hermanos lo comentaban.
- ¡Por favor, no nos cuentes obviedades!- Exclamo la Señora Quiroga, mostrando su fuerte carácter.- ¿Qué nos ofreces?
- Un trato. Os ayudo a
encontrar y rescatar a vuestra amiga, a cambio de nombres de traficantes
de drogas para poder seguir del hilo hasta dar con los capos de la
mafia.- Endulce el planteamiento con mi mejor sonrisa y guiño. Mi
ofrecimiento era honesto. Necesitaba colaborar porque el amor en
mayúsculas triunfara, pasara por encima de los negros nubarrones y de
los prejuicios, arrastrase lo negativo y liberase aquellas mujeres de
sus pesadas cadenas de la esclavizadora sociedad.- Mis captoras se
miraron brevemente.
- ¿María Elsa, estás
dispuesta a denunciarlo? A fin de cuentas es tu marido, el padre de tus
hijos.- Se detuvo y con una leve inflexión de voz añadió.- Ya sabes mi
opinión, todos merecen que se les caiga el peso de la ley. Aunque, sólo
deseo que Mercedes regrese. No soy una persona vengativa. También soy
consciente que son su familia y los quiere. No obstante, deben de
responsabilizarse de sus actos. Están vendiendo drogas que dañan la
salud, rompen vidas y familias. No hay día que no tema que los niños de
la escuela caigan en ese feo vicio. Las quiero lejos de ellas.
- Barbarita, gracias por
tu diferencia. Lo tengo claro. Me separe de Horacio por seguir
drogándose y lucrándose con ellas. No lo denuncie en su momento por mis
hijos.- Se aparto de su amiga y me miro.- Pero tenéis razón. No me
temblará la mano a la hora de darte las pruebas de su negocio. Es más,
te facilitaré los nombres y apellidos de todos sus contactos y socios.
No obstante, por favor, ayúdanos a encontrar a Mercedes Möller.
- De acuerdo.- Acepte
sin dudar. Le sonreí. Me parecía una chica muy valiente. No debía ser
fácil realizar aquel paso. Vivían en un pueblo muy chico, donde todo el
mundo se conocía y todo se sabía. Se arriesgaba al descredito, al
linchamiento social. Pues los Möller eran muy populares por la zona, un
modelo a imitar. Mientras ella se había labrado mala fama, por su
romance con el párroco de la localidad en su adolescencia y su rebeldía.
Fue esa historia prohibida que la condujo a un matrimonio de postín con
el hijo mayor de Ernesto Möller.
- Gracias amiga.- Le agradeció la ex policía. Y se dirigió a mí.- ¿Está dispuesta de veras a colaborar?
- Sí. Lo hago por
convicción propia.- Era verdad. Estaba enamorada de la fuerza de su amor
y quería ser participa de él, aportando todo mi empeño para logar su
felicidad.- Aún así, me tenéis de garantizar que me ofreceréis la cabeza
de los narcotraficantes. Me juego mi continuidad en mi profesión.- Y mi
vida quise haber dicho. No disfrace el temor que me atenazaba por
dentro.
- Nos parece un trato justo.- Acepto Bárbara por las dos. Me desataron. Me masajee las doloridas muñecas.
- Para empezar, donde tengo mis objetos personales.- Les pedí.
- A buen recaudo. Te las daremos cuando hayamos rescatado a Mercedes.- Me advirtió la morena.
- Necesito la
computadora, para conectarme con mis superiores. Si no lo hago enviarán
otros policías para meter las narices. No nos conviene alarmar a los
mafiosos.
- Lo siento, pero ya no
existe.- Me informó Elsa.- Hemos tratado de acceder a ella, mientras
estaba desmayada, y al cuarto intento de introducir la contraseña ha
explotado. Por poco ocasiona un incendio en el edificio.
No evite mirarles con
odio. ¿Qué habían hecho aquel par de locas? Labrarse su propia tumba. Me
levanté inquieta. Ya veía desfilar a la guerrilla de la Sección hasta
Villa Ruiseñor. Quizás no les importase como agente, un peón más o menos
les era igual. Pero no dejarían escapar a la mafia Chilena.
- ¡Oh, Dios!- Me puse
las manos en la cabeza. Debía de pensar algo rápidamente. Lo único que
podía hacer es llamar a Lena.- Por favor, dadme al menos el móvil.
- ¿Qué ocurre Kara?- me interrogo Bárbara.
- ¿A caso no comprende,
si no informó en unas horas enviarán más agentes en la zona?- Imprimí
todas mis energías en asustarla y conseguir mis objetos personales.- A
parte, quiero averiguar si Mercedes está en una clínica de Santiago. El
ordenador me habría ido de perlas.- Les recriminé.
- Vamos al despacho y
que llame desde allí.- Determinó Elsa. Al salir pude comprobar que mis
deducciones eran acertadas. No me había movido de la escuela. Subimos
unas escaleras y pronto llegamos a la planta de las oficinas. En ese
instante entro Horacio acompañado por un rostro muy familiar.
- Hola chicas. Por fin os encuentro.- Les saludó.- Ha llegado a la Hospedería el novio de la Señorita Zor-El.
Me paralice brevemente,
sintiendo las miradas asesinas de aquel par de heroínas. Una policía
infiltrada recibiendo visitas íntimas. No colaba. Nadie comento nada. Di
un paso enfrente. Abrace a Winn afectuosamente. Su presencia me relajo.
Miré al fondo del pasillo, deseando ver a mi jefa, ni que sus ojos
lanzaran rayos de ira.
- Has estado casi dos
días desconectada. Me alegro de encontrarte bien. Tienes a la jefa muy
cabreada.- Me susurró muy flojo cerca de la oreja, antes de romper
nuestro contacto íntimo.
- ¿Pasa algo Kara?- se
preocupo Bárbara, a la vez que nos acercaba con una actitud expectante.
Sólo quería asegurarse que nuestro pacto se cumpliera.
- Sólo le informaba a mi
pareja que su madre ha tenido un accidente.- Mintió con mucha
naturalidad y ligereza.- Pero tranquilas, no os dejaré sin maestra
suplente. Por el camino me han informado que se va a recuperar y su
hermana ya ha llegado. No es necesario que vaya. Puede ir perfectamente
ese fin de semana.
Los rostros contraídos
de las dos reinas se destensaron. Fingí alegrarme. Me sentía transpuesta
por el vendaval de emociones. Horacio se fue tras recibir una mirada de
reproche de su esposa. La directora del centro determino ir a su
despacho. Nada más entrar en él, nos sacamos todos las mascaras.
- Winn, me he visto
obligada a contarles la verdad.- El informático se me quedo mirando con
cara de susto. Pero no me interrumpió y respiro de forma más liviana.-
Van a colaborar con la policía de Santiago si antes les ayudamos a
rescatar a Mercedes Möller, sacándola de la clínica dónde su familia la
ha internado, en contra de su voluntad.- Remarque con vehemencia.- ¿Eso
puede ser tipificado como delito?
- Quizás sí. Se necesita
el consentimiento del paciente para recibir el tratamiento.- Sentenció
el chico, que solía estar muy informado de leyes. Su soltura con el tema
ilumino el rostro de nuestras espectadoras.
- Podríamos investigar
en que clínica está internada, sacarla y abrir las pertinentes
diligencias.- Le sugerí.- Chicas estamos de suerte, porque mi pareja es
un excelente informático.
- Sólo sé el nombre
quién la trata, la Doctora Larrain.- Deletreo Bárbara varias veces. No
paraba de sacarse su anillo de casada.
- Pues entonces ya tenemos por dónde empezar.- Inquirió Winn con vitalidad. Se apodero del ordenador de dirección.
María Elsa se marcho,
tenía tareas a realizar en la hospedería. La directora tenía que
realizar una clase y nos dejo a solas. Mi compañero me miro de reojo. Le
leí la mente. Le solté un monólogo sobre el sentido común y empatizar
sobre el sufrimiento ajeno.
- Espero que no te hayan
mentido y en el último momento no se atrevan a delatar a sus
conocidos.- Replico al final. No era mala persona, pero trataba de ser
realista.
No tardo en ubicar a
Mercedes Möller. Estaba en una clínica pija únicamente para señoritas,
dónde seguían vendiendo que la homosexualidad tenia cura. Me parecía
horrible. Quedaba un larguísimo camino para recorrer, para la completa
normalización del colectivo Lgtb. No éramos unos enfermos, unos
degenerados, unos viciosos, depravados ni más peligrosos que los
heterosexuales. Sólo somos personas con virtudes y defectos.
Hallamos los planos de
aquella especie de casa de reposo, dónde se impartían también clases de
educación femenina. Labores del hogar, cocina, trucos para satisfacer el
marido, modales, cultivo de aficiones femeninas, culto a la belleza y a
la imagen. Nos pusimos a reír, aunque era triste que la mujer siguiera
relegándose a la sombra del hombre y se la preparaba por ser mero
florero, sin cerebro ni voluntad.
- Mira, están buscando a una psicóloga.- Nos miramos cómplices.
- Genial. Me infiltro y
la rescatamos.- Me sentía tan entusiasta que correría hacia Santiago de
Chile para terminar con el calvario de aquella pobre chica. La
inspiración fluía, pintaba los futuros escenarios, todos ellos
positivos. Extrañe otra vez a Lena, para compartir la adrenalina del
momento. Me gustaba contemplar su rostro concentrado, su meticulosidad,
sus ironías para desdramatizar y adquiriera más confianza. Empecé a
desplegar las directrices para preparar el asalto a la Clínica Señoritas
de Bien.
Elaboramos una hoja de
servicios para mi nueva profesión, psicóloga psicoanalítica, amante de
los principios de Freud. Sería una chica muy tradicional y recatada.
Incluso, debatimos si María Elsa se internase en el centro para soporte.
A Winn me desmonto la idea. Colapsados de tanto analizar datos,
decidimos parar un momento.
Bárbara regreso de su
clase. Estaba más relajada. Trabajar le ayudaba a evadirse
momentáneamente. La mayoría del tiempo pensaba en su niña hermosa, en su
dulzura, en su carácter temperamental y decidido, en su sonrisa, en su
piel. Fue el sol que le iluminó su oscura existencia y regreso la
esperanza. Su ausencia la iba matando lentamente, la música no sonaba,
las puestas de sol eran tristes, las noches insomnes, el pueblo
terrorífico...
- ¿La habéis hallado
ya?- me le acerque, le agarre de las manos y hice acercarse a la
pantalla del ordenador. Winn le mostro las imágenes de la clínica y
accedió a la ficha de su amante. Leyó en voz alta las anotaciones de
aquella farsante doctora.- "Mercedes, por ahora se resiste. Su familia
ha sido un pilar importante por ella. Criada por sus hermanos mayores y
padre. Careció de la figura materna en su temprana edad. Rodeada de
hombres, la han confundido. Mujer muy religiosa y tradicional. La
atacaré por ahí. Le duele mucho el rechazo de su padre." ¡Eso es
intolerable! Por favor, debemos de rescatarla ya. Me la cambiarán,
dejará de ser ella.
Nos la quedamos mirando.
Era puro amor y sensibilidad. Empezó a llorar de nuevo. Busque en mi
bolsa un paquete de pañuelos de papel y le pase uno. Una puerta se cerró
bruscamente. Una mujer con tacones se estaba paseando por los pasillos
de la escuela. Quizás era una maestra. No le dimos más importancia.
Bárbara seguía
transpuesta. La abrace y mecí entre mis brazos. Le prometí a quemarropa
que le devolvería a su Merche. La puerta del despacho se abrió. Las
luces chispearon y tambalearon. Winn se mimetizo en su querida
computadora. Mis ojos se quedaron clavados en aquella mirada azul-verde,
tan ambigua. Su melena suelta y ondulada, sensual y algo salvaje. Su
ropa informal, con su cazadora marrón claro y cuello de cordero, y
tejanos viejos y agujereados. Una rebelde sin causa, regresando al
pueblo del cual se escapo hastiada y hambrienta del éxtasis de la acción
trepidante. Me fundí en la profundidad de su mirada, a la vez que su
cabreo se diluyó mágicamente.
Manos atadas. Lengua
comida por el gato. Me separe de la maestra y esposa del Comisario de
Villa Ruiseñor. Llantos cesados, empezó la tormenta seca. Choques de
placas tectónicas. Trenes que descarrilan. Dos mujeres mirándose, con
los rostros pálidos. El vuelo de un moscarrón consigue ser inquietante.
- Lena Luthor, tan hermosa y letal como siempre.- Ironizó Bárbara.
- Agente Román, tan
cabezota y una encantadora suicida.- Contraataco mi instructora. Dos
pistoleras apuntándose con sus armas. Dos espadachines de las palabras.
La fisura de un ayer sospechoso. La prueba infalible de qué la Román no
me mintió. Anatomía de la Sección despedazada. El gusanillo de una
peligrosa evidencia. ¿Si la Román habría descubierto la existencia de
ella, porque seguía viva?
- ¿No ha amado nunca, con toda tu alma?
- El amor está
sobrevalorado.- Respondió secamente. Deje de mirarla. No quería perderme
en el desierto de su horizonte, tan desnudo y crudo. Indigerible.- ¿Qué
tendré de hacer usted? ¿Reclutarle?
- Haga lo que considere
más oportuno. Pero antes le suplico que me permita rescatar a Mercedes.
No merece lo que ha hecho su familia. ¿Dime, usted que también es
lesbiana, no le cabrea que se nos maltrate y desprecie por nuestra
condición sexual? ¿De verdad, su corazón es de paja?- Lena no se inmuto.
Altiva, impenetrable.
- No puedo permitir el
lujo de perder ningún compañero.- Fue un golpe bajo, un latigazo por la
ex policía. Su rostro se desquebrajo. Un pasado que pesaba como una
losa, que la enveneno el alma y sólo consiguió sanarse en aquel pequeño
rincón del mundo.
- ¡Serás hija de puta!- le espeto arrastrada por la ira, conteniéndose las ansias de borrarle su sonrisa sarcástica.
- No reniegues tanto, me
sigues debiendo la vida.- Su prepotencia, o insensibilidad daba asco.
Dejo de mirarla, para centrarse en Winn y yo. Pero guerrera enamorada le
agarro rudamente del brazo, obligándola a afrontarla de nuevo.
- ¡Lena, por favor,
ayúdame!- Le suplico, arrodillándose ante ella. Me acerque y le obligue a
incorporarse de nuevo. Me escocía ver a aquella gran mujer derrotada y
arrastrándose ante aquel ser tan despreciable.
- ¡Señora Luthor, tengo un trato con Román y lo pienso cumplir!- Se lo resumí. Enmudeció por mi ímpetu.
- De acuerdo.- Acepto
sin rechistar. Me provoco escalofríos. Fue raro y mágico. Incluso,
colaboro en la elaboración del plan de rescate. Añadiendo buenas ideas,
porque era genial y creativa en el diseño de líneas de actuación.
Admiraba su entrega y perseverancia.- Seré yo quien me infiltre como
psicóloga. De hecho, estoy licenciada en Psicología. No soy ninguna
insensible, solo he aprendido a separar mi trabajo de mi vida privada.
Aunque no lo parezca, creo en un mundo justo y en la justicia. Nadie se
merece ser secuestrado en contra de su voluntad y ser considerada
enferma por su orientación sexual.
- En el fondo Luthor, ya
intuía que era una mujer de principios. Por eso he guardado vuestro
secreto hasta hoy. Para mí la palabra dada es sagrada.- Encajaron las
manos, como dos caballeros. Su conversación me ofreció mucha materia por
digerir. No me imaginaba a mi superiora perdonando vidas, o
traicionando la Sección. Nos fuimos a comer y al atardecer explicamos a
María Elsa nuestro plan. A simple vista había de ser fácil, pero por
experiencia había aprendido que nada solía suceder como una lo planeaba.
Dos días después, en la Clínica Señoritas de Bien
Habíamos solicitado cita
con la Doctora Bernardita Larrain por la tarde. Bárbara estaba atacada
por los nervios. Mercedes era su norte, su sud, su este-oeste, el aire
que respiraba, la comida que quería ingerir, su único mundo, su destino y
su única razón de existir. Temíamos que por culpa de su ímpetu y
urgencia la misión naufragará. Sensación lejana, pues en hotel nos
enseño la buena profesional que era. Recta, talentosa, disciplinada y
segura.
La clínica parecía más
bien una casa de colonias para señoritas de la alta sociedad. Edificio
tipo colonial, bucólico, lejos del bullicio de la ciudad de Santiago de
Chile. Disponía de un extenso jardín, rodeado de un pequeño bosque que
acentuaba la sensación de aislamiento. Era fácil desconectar del estrés,
de los problemas y evadirte en un mundo idílico. Una caja de muñecas
para señoritas de la alta sociedad Chilena.
A las cinco en punto,
Bárbara, María Elsa y yo estábamos enfrente de la puerta del centro.
Llevaba puestos los pequeños auriculares en mis orejas. Winn nos
ayudaría des del exterior. Una mujer de cincuenta años, con un traje
gris y porte algo masculina nos recibió. Más que recepcionista, parecía
personal de seguridad. Nos interrogo visualmente, con su cara de malas
pulgas. Nos hizo tener en la impersonal sala de espera, enfrente de un
gran salón. Dónde había mesas, un piano, librería llena de obras, varias
maquinas de coser. Un grupo de chicas hablaban y escuchaban música
clásica.
La guardiana de la
puerta regreso pronto y nos acompaño hasta el despacho de la doctora.
Otra instancia impersonal y algo sobria. Encima de la mesa había un
portátil con la tapa cerrada, una agenda de papel que María Elsa intento
hojear. Por poco la pillan infraganti. Nuestra querida psiquiatra
irrumpió sin llamar a la puerta. Era una mujer de casi sesenta años, con
el pelo recogido en un moño, con un vestido rosa muy chillón.
Desentonaba mucho para su edad. Iba acompañada por su nueva psicóloga, a
la cual había acogido con los brazos abiertos.
- Ustedes deben de ser las Señoras Love.
- Cierto. Soy Gisela, y
he pedido cita por mi hermana Kara y mi ahijada Reina. ¡Es tan horrible!
¡Cuándo las descubrí besándose me cayó el mundo a los pies! ¡Cómo se
pueden amar, son dos mujeres y primas!- le narró Bárbara, que miraba a
María Elsa fingiendo rabia.- ¡Todo es culpa de Reina, que me ha
pervertido a mi inocente hermanita! Pero es familia y se necesita una
oportunidad por encausar su vida. Gracias por aceptar ese caso tan
complejo.
- Ya verá que las dos
sanarán pronto. Os presento a nuestra psicóloga, Lena Luthor. A leer
vuestra solicitud, he creído que sería más adecuado tratarlas por
separado. Ya es por si riesgoso verse cada día. Aún así, necesario para
restablecer su relación. Deberán de reestructurar su relación de
primas.- Se justifico.
- ¡Por favor Gisela, no
soy ninguna leprosa!- protesto Elsita.- Acéptalo, nos amamos. Sí he
accedido a acompañarte es para que no dañen a mi Kara.
- ¡Aquí no le dañaremos
hija! Trataremos de orientaros y haceros ver que el roce de primas os ha
confundido. Suele ocurrir con frecuencia. En la adolescencia hay muchos
cambios, despierta el interés sexual y si está mal canalizado se
incurre a las desviaciones sexuales.- Añadió la Doctora con voz dulce. –
Por favor, Lena puede acompañar a nuestras dos damas en sus respectivas
habitaciones. Mientras tanto, acuerdo con su familiar las tarifas y
normas del centro.
- ¿No puedo
acompañarlas? Me gustaría ver como es su habitación y las
instalaciones.- Solicito Bárbara, que estaba impaciente por ver a
Mercedes. Para ella sería más fácil realizar un asalto, cogerla entre
sus brazos y huir donde nadie las conociera.
- ¡Lo siento Señora
Love, eso no podrá ser! Debemos de respetar el derecho de privacidad de
nuestras usuarias. Es una de nuestras normas sagradas. No se debe de
preocupar por la seguridad. Tenemos la puerta principal siempre cerrada,
hay cámaras de vigilancia en la entrada y en varios sitios. Lo tendrán
difícil para huir. No se preocupe no maltratamos a nadie.
- Eso espero. Me han
hablado muy bien de este centro.- Le siguió corriente la Román,
controlando su ímpetu y ganas de ver a Mercedes tras casi dos meses de
separación.
Lena, nos invitó a salir
del despacho y cerró la puerta. María Elsa se detuvo en seco cuando vio
un rostro familiar. Una chica con media melena terminaba de entrar en
el salón y se unió a la pequeña comitiva. Su mirada era ausente. Ni se
percato de nuestra presencia. Su mejor amiga reprimió el impulso de
llamarla y acercársele.
- Parece ida, como drogada. ¿Luthor, qué le están haciendo?- le suplico alterada y llena de impotencia.
- Lo está. Mejor que no
hablemos aquí.- La psicóloga empezó a andar, sin observar su entorno.
Aquella mañana había accedido a la historia de papel de la Möller y se
encendió por la rabia. Se necesitaría terapia de contra choque por todos
los atentados cometidos contra su integridad.
Entramos primero en la
habitación que había de ser para mí. Cerramos la puerta, tras
asegurarnos de que no había ningún personal del centro. Trabajaban pocas
personas en él. Una enfermera, un par de cuidadoras (una por turno), la
portera con múltiples funciones y la cocinera. No había ningún hombre
que pisaba el centro, en excepción de los fines de semana. Las chicas se
vestían con sus mejores vestidos y recibían visitas de apuestos
galanes, con los cuales paseaban por el extenso jardín. O bien, era
trasladas a la ciudad para pasear, ir al cine, o tomar café en
distinguidos locales sociales de moda, muy frecuentados por hombres.
Indagamos un poco más sobre esas quedadas tan programadas y encontramos
un símil de clínica De Señoritas de bien para varones. Centros
psiquiátricos convertidos en agencias matrimoniales. Todo valía por
lucrarse por criminalizar formas de sentir y ser.
- Mercedes esta bajo los
efectos de anti-psicóticos y sedantes. A parte se le está practicando
hipnosis. Por eso su irada es ausente, esta como lejos de la realidad.
Pretenden domar su fuerte carácter y cambiar sus convicciones
personales. Por eso usan fármacos, para mermar sus capacidades mentales y
deje de pensar. Le van inculcando el buen hacer de una señorita de
bien, heterosexual y conservadora.- Nos explico muy bien mi
instructora.- Y la van convenciendo de qué la culpable de su malestar,
de qué este enferma e ingresada es de Bárbara y sus sentimientos
inadecuados. Minimizan lo que le hicieron su familia. La cual la tuvo de
sedar para introducirla al centro.
- ¡Dios mío que
cabrones!- exclamo con rabia Elsa.- ¡Cuando los vea les voy a cantar los
cuarenta! Han dañado a la mejor persona de Villa Ruiseñor. – La abrace
para reconfortarla. Lena permaneció a segundo plano, silenciosa y
observándonos algo compungida. Deje de mirarla, siempre que lo hacía me
daba vértigo.
- ¿Y bien, seguimos con
nuestro plan inicial, acercamos y ganamos su confianza? ¿No será
violento para ella que le hablemos de su pueblo, de su Barbarita?- les
cuestione. Si habían convertido sus sentimientos en algo desagradable,
cada vez que se exponga ante ellos podría chocarse y tener un colapso
nervioso.
- Sí, pero con tacto.
Será relevante si te conoce Elsa. Sólo tú puedes confrontarla.- Nos
aconsejo.- Otra cosa, os prescribirán también fármacos. Aprender a
fingir adhesión al tratamiento. Si os vigilan su toma, esconderos las
pastillas debajo la lengua y corred hacia los servicios. Con el vaso o
cualquier superficie dura chafad las patillas y tirarlas al sanitario.
Es la mejor forma de borrarlas sin rastro. Mientras tanto, trataré de
localizar pruebas para denunciar a la clínica. Es intolerante su forma
de proceder, atentando contra los principios éticos y profesionales.-
Nos abrazamos, como si fueran las tres mosqueteras. Nos faltaba nuestra
D'Artagnan.
Horas más tarde...
Esperamos pacientemente
en nuestras respetivas habitaciones. Teníamos órdenes de que nos
avisarían para bajar al salón, o por la realización de nuestros talleres
asignados. La perra guardiana, como nos gustaba referirnos a la seria
portera, nos convoco a cenar. Bajamos al comedor, donde todas las
usuarias del centro estaban sentadas en sus sitios asignados. La
cuidadora bendijo la mesa y dio permiso para empezar a comer.
Me habían sentado lejos
de mi prima y me sentía controlada. El mínimo gesto de miradas
lujuriosas recibía un toque de atención. Busque disimuladamente a
Mercedes. Estaba en mi mesa, al lado derecho. Comía silenciosamente. La
mayoría estaban muy calladas, parecían unos zombis sin alma. ¿A dónde
quedaban sus sonrisas gráciles, su entusiasmo para vivir? Sólo hasta el
final de la cena, alguna comento que ansiaba llegar al fin de semana por
poder salir y encontrarse con su pretendiente.
Tras la comilona,
sencilla y no muy cargada, había un recital de poesía en el salón del
piano. Fuimos todas para allá, como corderitos obedientes. Eran trozos
de amor conformista entre un hombre y una mujer. Nada pasional, pero que
te regalaba una armoniosa estabilidad y felicidad sin altibajos dañinos
por su salud psicológica. Carente de problemas y de ilusiones. Una
planta que siempre crece recta, sin torcerse.
La mayoría estaba
absorta en la voz de la narradora tan hipnótica. Me fije que Mercedes
escuchaba el relato con los ojos cerrados. Debía ser fácil refugiarse al
reino de Narnia, sin dolor, sin prejuicios ni lamentos. Elsa se me
acerco y me susurró que aprovechásemos aquel momento de éxtasis
colectivo para aproximarnos a su amiga. Accedí. Conseguimos hacernos un
hueco a su lado y le tocamos la espalda. Se giro, bruscamente, algo
molesta por haberla incordiado. Su mirada clara cambio de tonalidad en
reconocer a Elsita. Fue un guiño para nosotras. Reaccione rápido,
agarrándola suavemente por el brazo y dirigirnos hacia un rincón. Sólo
pocas nos miraron con curiosidad, pero no nos delataron. Había poco
personal en la habitación y eso nos permitió hablar sin ser
interrumpidas.
- ¿Pero qué haces aquí?- le preguntó flojo, no disimulando que le incomodaba su presencia.
- He venido a
rescatarte.- Le confesó Elsa, hondeando la bandera de la verdad. Una
loca suicida y algo poco valorado.- A recordarte que en el amor no hay
nada feo.
- No debías. Estoy a
donde quiero estar.- Le escupió con mucha determinación y seguridad.- Lo
mío con Bárbara era una aberración y ha dañado a mi familia.- Le
recrimino con una frialdad escalofriante.
- "Kara, por favor, haz callar a esa Romea. Están alertando a la cuidadora."- me exigió mi superiora.
- Perdona Señorita
Möller, siento meterme en vuestros asuntos. Pero María Elsa no está
internada por usted. No se crea tampoco ser el ombligo del mundo.- No
evite insultarla, por su insensibilidad. No tarde en lamentar mi juicio
ligero. Y parchee como pude mi atrevimiento. - Lo siento, pero no nos
conviene realizar un espectáculo.
- ¿Entonces, porque me
mientes? No soy la ingenua de antaño, a la que se le ocultaba las cosas y
daban la espalda.- Su resentimiento le brotaba des del más hondo.
Quizás, canalizaba su enfado con su familia hacia las personas que más
la amaban. La confianza daba asco a veces.- Deberías haber solicitado
ayuda antes. Eres una mala madre y esposa. Luego, tienes la cara dura de
criticar Horacio por ser un cornudo. Quizás, si le dieras lo que te
pide no debería buscarlo a fuera del matrimonio.
La Quiroga aguanto
estoicamente el chapuzón. Note como su cuerpo se tensaba y cerraba los
dedos de las manos. Por unos instantes, creí que le daría un golpe seco.
Curiosamente, las personas que más daño te infligían eran las
amistades. Sea porque te deberían de conocer y ser más tolerantes con
tus defectos. O quizás, porque disponían de más herramientas para
destruirte.
Secuestre a mi heroína,
ignorando las quejas de la educadora que había recibido la consigna de
separarnos. Subimos hasta la planta de las habitaciones. Nos siguió la
perra guardiana. Nos separamos y cada cual nos dirigimos a nuestra
habitación. No evitamos la visita severa de la Doctora Larrain. Me
advirtió que me alejará de Elsita si no quería castigarme con el
aislamiento.
- No me gusta recurrir a
esa medida tan cruel. Pero mi obligación es indicarle cual es el buen
camino.- Usando el mismo tono de voz, sin ninguna inflexión. En cierta
forma era hipnótica.- Aunque, me inquieta algo. ¿Conocías a la Señorita
Möller?
- ¿A quién se refiere?-
Me clavo una mirada inquisitiva.- ¡Ah, la chica con que se discutía mi
Elsita! No. Me he puesto celosa por la forma que miraba a mi amor.
- Dudo que Mercedes
pretenda seducir a ninguna chica, está progresando adecuadamente.-
Revelo, con mucha satisfacción por su éxito.- Su histrionismo exhibido
abajo, solo demuestra lo enfermas que estáis.
- Señora, amar a una
mujer no es ninguna enfermedad. ¿En qué siglo cree que vive? Lo fue,
pero por suerte fue eliminada del listado de patologías a tratar.- Era
incapaz de callar. De inmediato, volví a sentir las recriminaciones de
Lena. ¿Cómo podía tener tanta calma ante aquella desalmada?
- Lo sé. Es una muestra
de que la sociedad ha degenerado y se han perdido valores. Hay leyes
inviolables, procedentes de la mera naturaleza. Señorita Love, no son
horas por conversaciones profundas. Descanse y mañana confrontamos
nuestras posturas. ¿No le parece más sensato?
- Usted manda.- Cedí.
Era innegable que tenía un gran poder de seducción, con su sonrisa
afable propia de una madre. Me quede sola. Quería abrir la maleta y
coger el pijama. No obstante, no la halle dónde la había dejado. Abrí el
armario. Encontré una selección breve de mi vestuario. Otros que te
querían dominarte controlando tu forma de vestir. Claros sólo las
Señoritas de bien, princesitas de color de rosa, ingenuas y tontas,
irían al cielo.
- "¡Kara, contrólate! Te
prometo que Bernardita tendrá su merecido. Mi búsqueda está siendo
fructífera."- Me susurro dulcemente Lena.- "Deberías de poner en el
resto de misiones la misma pasión que en esta."
- "Esa merece la pena."- me hubiera gustado tenerla al lado, perderme en su precioso rostro. Era masoquista.
-"No debes de empatizar
tanto con las personas. Es sufrir innecesariamente. La esencia del ser
humano es narcisista y nadie dudara a pisotear a quién se interponga en
sus intereses."- Un consejo muy duro, cierto en la mayoría de los casos.
No protesté. ¿Debería de lamentarme por querer ayudar que el amor
verdadero triunfara, o en pretender que la humanidad fuera un poquito
mejor?
Los días iban sucediendo
de forma letárgica, siguiendo las mismas rutinas diarias. Era fácil
desconectar del mundo exterior, olvidarte de los otros problemas. Si no
fuera por los mandatos de Lena y Winn, hubiese caído en un estado de
ensoñación, de relajación y de complacencia demasiado tentador. En el
fondo, necesitaba aquel recogimiento, en aquella ficción donde todo era
inalterable, sin ninguna preocupación y rodeada de pura cultura. Un
micro cosmos falso.
Con María Elsa
mantuvimos un discreto alejamiento, para no recibir la ira de la
directora del centro. Nos acostumbramos a vernos un rato en mi
habitación para compartir vivencias. Mercedes nos ignoraba, nos
repudiaba como si fuéramos Satanás. La única forma de atraerla era
fingir nuestra curación milagrosa. El primer paso lo dio su mejor amiga,
pidiéndole perdón por haberla juzgado días atrás.
- Merche, tienes razón.
He sido una mala madre. He gastado parte mi vida persiguiendo un amor
imposible, a alguien que jamás ha merecido que lo amara. Nuestra
dedicación merece ser correspondida.- Fue valiente su bajada de
pantalones. La reclusión también le estaba ayudando a aclarecerse. No
cambiaría nada de lo vivido, incluso volvería a actuar igual por amor.
Pero había comprendido que no podía seguir anclada a lo perdido,
anhelado algo que jamás tuvo. No sirve de nada pensar y si... Prefería
agradecer lo vivido, por lo que le había enseñado y mirar hacia el
futuro.
- Me alegro escuchártelo
decir amiga.- Se le acerco y se abrazaron. Me emocione. La amistad
siempre era un gran tesoro que se debía de mimar. A partir de este día
cogimos la costumbre de estar juntas. Aunque fuera de forma breve por no
captar la atención a nuestras captoras, que indirectamente pretendían
coartar nuestra libertad de movimientos.
Bárbara se impacientaba
por la lentitud del operativo. Elsa también. Le costaba seguirle la
corriente a Mercedes y la zarandearía por creer que la mujer debía de
ser un mero florero para el santo varón. Una noche decidimos que el día
siguiente llevaríamos a la desubicada Möller a mi habitación y
hablaríamos sin dobleces. En un lugar dentro de ella, muy alejado, se
estaba refugiando. Quizás, debido al intenso dolor al descubrir que su
padre la había secuestrado, tratado de depravada y encerrándola en
aquella clínica sin su consentimiento.
Lena nos apoyo. Sólo con
la confrontación con la verdad podríamos rescatarla. La Román pidió
estar presente en el encuentro, usando video conferencia. Nos pareció
una buena idea. No la podía haberla olvidado en casi tres meses.
Lo conseguimos. Mercedes
estaba más relajada con nosotras. Incluso reía más. Nos contaba sus
proyectos por cuando saliera del centro. Tenía un pretendiente, que lo
consideraba muy considerado y caballeroso. Le gustaba porque distaba de
ser el típico macho y retrograda. Lo que más le atraía de él, era que
respetaría que siguiera trabajando de maestra. Me pareció un poco
chistoso. Nadie nos debía de dar permiso para ser productivas lejos de
las labores del hogar.
- ¿Por cierto Elsita,
aún no me has comentado porque te han internado a ti?- le pregunto de
repente, a la vez que se sentaba en la silla.
La aludida me miro
fijamente. Leí su intención rápidamente. Me gustaron sus ojos decididos,
su dulzura. Estábamos improvisando. Me derretí como el chocolate ante
una calor extrema. Nos acercamos lentamente, impulsadas por una fuerza
irrefrenable. Me rendí entre sus brazos, en sus labios dulces y
pasionales. Me encanto su gesto y prolongue el contacto. Como una planta
sedienta de agua y luz. Necesitaba inconscientemente sentirme amada por
alguien, ni que fuera un suspiro, o casi una alucinación. Ame
brevemente aquella heroína anónima, que no daba por perdida a su mejor
amiga.
- ¿Qué representa eso
Elsa? Me dirás que ahora eres tortillera. ¿A caso no te has fijado en
mí? ¿No ves lo desgraciada que soy por haber amado a una mujer? Eres
viciosa como Augusta, por eso has sido una pésima influencia.- Sus
palabras eran desgarradores latigazos que nos hicieron trizas el alma.
No obstante, su precioso rostro mostraba unas emociones muy distintas.
Literalmente, estaba tocada y hundida. La fuerza se le iba por la boca.
- Mercedes, amor es
amor. Soy bisexual y no soy ningún monstruo.- Le expulse de forma dulce.
Le describí un mundo donde las personas Lgtb no eran criminalizadas ni
perseguidas.- No todo el mundo te tratará como enferma o depravada.
Tenemos los mismos derechos que los heterosexuales. Puede que aún en
todos las naciones, pero poco a poco se irá normalizando nuestra
situación.
- Seguramente tengáis razón, pero he dañado a mi familia. No se merecen mi deshonra.- Insistió.
- ¡Ya basta Mercedes de pensar tanto en los otros! ¿A caso no mereces ser feliz?
- ¿Qué clase de
felicidad tendría si daño a otras personas?- Nos miro con rudeza, como
si fueran nosotras las locas insensibles.
- En algo tienes razón,
que clase de amor te exige renunciar a tu felicidad para preservar la
suya. Si te amaran, igual que tú, tampoco te lastimarían.- Le cuestiono
sin pelos en la lengua la audaz Elsa. La hizo enmudecer.- Aunque no lo
compartieran, o no lo entiendan, deberían de respetar tu forma de
sentir. ¿Dime, dónde se ha escondido la nueva Mercedes, la que se
deshizo de los prejuicios, la que dejo de acatar los mandatos de la
sociedad? ¿La férrea defensora de su amor por Bárbara?
- Quizás jamás haya
existido. Se murió con tanto sufrimiento. Se ha resignado como lo ha
hecho ella... Yo estoy aquí, padeciendo por su ausencia, mientras ella
sigue con su marido.- Los putos celos, que nos metía paja en los ojos.
- ¿Has pensado alguna vez que también es una víctima?
- ¿A caso su embarazo es pura invención?- contraataco. Me quede atónita, desconocía aquel dato.
- Sí lo es.- Confeso la
Quiroga, dejándome muy perpleja.- Así Nicanor la dejará salir de su
hogar. La tenia presa en su habitación conyugal, amenazada por
denunciarla por ciertos errores de su pasado. Si no me crees, te la
llamamos.- Nos desafió. Dudo. Termino dando un portazo a aquellas
evidencias.
- ¡No me convenceréis, el amor entre personas del mismo sexo es abominable!
- ¿Qué hay de feo en un
beso, en unas caricias, en querer estar junto a la mujer que amas?- Le
expuse, a la vez que volví a acercarme a María Elsa y besarla con
naturalidad. La mire de reojo y vi como pestañeara, como si algo se le
removiera por dentro.
La puerta se abrió
bruscamente. El corazón nos dio un vuelco a las tres. La mayoría se
relajo al ver que se trataba de Lena. Menos Mercedes, que agacho la
cabeza temiendo algún reproche por haber caído en la tentación. Al no
escuchar los rayos y truenos típicos, se atrevió a mirar a la psicóloga.
Debió leer en su mirada dulzura y deseo. Lena no escondiendo sus
emociones primitivas.
Me miraba a mí, con
clara lujuria. Mi corazón se desboco. Me paralice. Se movió, sin romper
nuestro contacto visual. Le sonreí, invitándola a fundirme entre sus
brazos. Fue surrealista. Quizás, proyectaba mis anhelos. Cerré los ojos,
como invitándola que me besará. La presentía cerca, pero la caricia se
hacía la remolona. Un aire frio me erizo la piel, un hondo suspiro me
electrocuto. Abrí los ojos y las vi. María Elsa besándose
apasionadamente con Lena. Me dolió profundamente. Una forma vil de
despreciarme, de torturarme, de herir mi autoestima. Me arrancaría el
corazón por seguir latiendo ante su simple presencia. Me miro de reojo,
antes de separarse de la chica. Voltee el rostro, para que no gozara con
mi hundimiento.
- Señorita Möller, sus
amigas tienen razón. No hay nada de pecaminoso en amar a una mujer.- La
afronto directamente, ofreciéndole datos para apoyar sus tesis.-
Incluso, entre los animales hay comportamientos homosexuales. Paso de
sentimentalismos. Pero le aseguro que Bárbara Román la ama sinceramente,
y que su familia ha cometido un grave delito contra usted. ¿A caso no
recuerda que la han secuestrado e internado en esa clínica en contra de
su voluntad?
- ¿Y quién es usted para asegurar esa atrocidad? Mi padre me ama y gracias a él...
- Le están drogando
porque asuma un modo de vida que no le hará feliz.- La interrumpió Lena,
de forma tajante. Sus argumentos eran irrebatibles. Nombro incluso los
fármacos que se le administraban, su función, sus efectos secundarios.
Era alucinante el nivel lavado cerebral que le habían infligido.- Y así
le quiere su familia, como si fuera un ser gris, programable a sus
intereses personales, sin voz ni voto. La vida, Señora Möller se vive
una sola vez. – Saco de uno de sus bolsillos su móvil, con una pantalla
grande. Lo desbloqueo y realizo una video llamada a Bárbara.- Le paso a
Bárbara que la quiere sin condiciones...
- Mercedes, mi amor.
Nunca me he olvidado de ti. Te he tenido siempre en mente. Día y noche.
Cree a esas buenas personas. Nuestro amor no es malo. Por favor,
regresa, vuelve a ser la chica decidida, segura que he llegado a amar
tanto. Recuerda, juntas cambiaremos el mundo. No somos seres
despreciables por querernos, por amarnos, acariciar nuestras pieles, por
sentirnos, por fundirnos en un dulce abrazo mientras contemplamos el
precioso amanecer... El amor siempre crea vida, no destruye nada. Sólo
su carencia es triste, es austero, carente de significado, un desierto
andante... Por favor, regresa a mi lado. Te amo y siempre lo haré. Estoy
dispuesta a todo por tal de que vuelvas a ser tu, una alma libre y que
jamás se dejará almendrar por los miedos, por lo que los otros dirán.
Mercedes se le
humedecieron los ojos. Robo el móvil a la psicóloga y lo abrazo, como si
fuera su amada. Se rindió por fin a lo que sentía. Las tres reinas la
abrazaron fuerte, emocionadas por la aureola de amor que desprendían
Barcedes. El amor verdadero siempre perduraría y era triunfal.
- Ya es hora del rock en
roll.- Anuncio Winn, emocionadísimo por el éxito de la misión.- Por
favor, bajad al salón principal. Hora de que los homosexuales se
desaten. Que les quede claro que no somos ningunos enfermos, y como tal
no se puede curar. Sólo hay que aceptarse y disfrutar de la vida, sin
miedos.
Le obedecimos. Un
documental sobre la homosexualidad empezó a retransmitirse, haciendo
callar el bullicio existente. Nadie huyo. A pesar de qué alguna se
escandalizo. Bernardita irrumpió en la sala, histérica, descontrolada,
despojándose de su esquicito talante persuasivo. Sonó el timbre de la
puerta, nadie parecía querer ir a abrirla. La perra guardiana debía de
estar huyendo por la puerta trasera, tras ver el grupo de policías con
la orden de detención de la máxima responsable de la clínica. No dudaron
en derribar la puerta y llegar ante el terremoto interno. Los
acompañaba una jovial Bárbara, que nada más entrar se lanzo en los
brazos de su amada.
La Doctora Larrain trato
de huir, pero sus clientas lo evitaron. Los agentes le leyeron la orden
de detención, por secuestro y tratar a chicas sin su consentimiento,
habiendo ejercido su profesión de forma irresponsable y carente de
ética. Sólo por el lucro económico. Me sentí muy feliz por ellas,
Barcedes necesitaban aquel final.
No hubo espacio ni
tiempo para celebraciones. Tras tomar ciertas declaraciones, los
policías nos permitieron marcharnos de la clínica. Teníamos tantas ganas
de huir lejos, que nos subimos con energía en el todo terreno de Lena,
sin recoger nuestras pertenecías. Nuestro destino era Villa del
Ruiseñor.
El ambiente era jovial y
festivo. La única que estaba seria era nuestra conductora. No me
sorprendió. La ignore como solía hacer conmigo. La realidad se debía de
asumir, era inescapable. Me entretuve observando el reflejo del
auténtico amor, que todo lo vence y no pide nada a cambió. Asumí que
nunca más volvería a ser la chica ingenua de antaño, que no ame a Mike y
jamás he sido amado como Bárbara y Mercedes se amaban. Y lo más
demoledor, tampoco tendría el lujo de acariciar su misma suerte.
Hacía dos horas que
viajábamos. Suspiros de cansancio. Ruidos de estomago. La conductora
persistía en su empeño a llegar al pequeño pueblo, perdido en el espacio
temporal. La mire de reojo, se estaba masajeando el cuello. Su cuerpo
terrenal estaba desfalleciendo. Me compadecí de ella y me ofrecí para
tomar el volante. Acepto sin rechistar. Aparco el auto ante una pequeña
área de descanso.
- ¡Lena, dame tu arma y bajad las dos del vehículo!- le amenazo Bárbara, que había sacado su pistola.
- ¿Pero qué haces amiga?- le cuestiono Elsita, algo indignada por aquel giro argumental.
- Perdóname por no
habértelo comentado antes. Lo hago porque no quiero poneros en un
aprieto a las dos. A fin de cuentas, Horacio es el padre de tus hijos.
¿De verdad estás dispuesta a denunciarlo?
- Sí. Kara tiene razón.
Le he dado la opción de dejarlo y ha escogido seguir traficando con
drogas. No permitiré que siga vendiendo ese veneno, que destruye a vidas
enteras.- Se reafirmo la chica, muy convencida.
- ¿Pero de qué habláis?-
quiso saber Mercedes, llena de confusión. Se había dormido hacia unos
minutos y se despertó viendo a Bárbara apuntando a sus salvadoras.- ¿Y
por qué las apuntas?
- ¿Qué te asusta Bárbara?- tratando de comprender su repentino cambio.- Estás huyendo.
- Hermosa, todo lo que
hago es por ti. Kara y Lena son agentes secretas, que quieren detener a
tus hermanos y casar al cabecilla de la mafia Chilena.- Le narro con
dulzura.- Aunque se merecen ser castigados y se refundan en la cárcel,
se que a ti eso te mataría. No pienso ser más responsable de tu
sufrimiento. Por eso, les suplicaría que desistieran de su operativo. O
si más no llevarte lejos de ellos, para que su mierda no te salpique
más.
- Gracias amor. De todos
modos, basta de protegerme o decidir por mí. Por favor, no seas nunca
como mi padre.- Nos dio una gran lección, luciendo una gran fuerza. Era
una gran mujer.- No quiero huir más, no quiero esconderme ni
avergonzarme de lo que siento. Ya lo he hecho una vez y no quiero
incurrir más en el mismo error.- Se cogieron de las manos, mirándose
anestesiadas de amor.
- ¿Podrás con la dura realidad? ¿Me crearás si te confieso que el jefe de la mafia Chilena es Ernesto Möller?
Miradas incrédulas.
Protestas acalladas. Bocas que se abrían sin pronunciar ninguna palabra
entendible. Llantos contenidos. Fichas de domino que se caían e iban
arrastrando las piezas delanteras, sin quedar ninguna en pie. Elsita, a
pesar de no tener ninguna pizca de ingenuidad, lo negó. Su tío siempre
había sido un modelo de padre, de señor recto y justo. Aunque, su
reacción ante la homosexualidad de su hija le había mostrado su lado más
machista. En cierta forma lo justificaba, por la época en que había
crecido.
- Testimonie como se lo
confesaba a Nicanor, unos días después de separarnos. Mi marido vendió
su integridad como comisario, para mantenerme atada a su lado. Obtuvo
pruebas contra él, pero se las vendió a cambio de que alejara su hija de
mí. Como muestra de buena voluntad. – La creí. Aún así, me seguía
intrigando como una mujer como ella, tan fuerte, había permitido que su
marido la dominase.
- ¿Bárbara, porque no
dices la verdad de una vez por todas?- le exigió Lena, que se había
mostrado distante hasta ahora, como si nadie la estuviera apuntando con
una arma. La eludida enmudeció. Sus manos temblaron un poco. Se le
acerco más, hasta pegar la boca de su arma en su nuca. Mercedes le
agarro con firmeza por el brazo y le sonrió. Eso desheló el ambiente.
- Ya sabes que ejercí de
policía en Santiago de Chile y lo abandone.- Su amada movió levemente
la barbilla, animándola a proseguir. Dejo de apuntar a la Luthor y
guardo la arma en su bolsa.- No es cierto. Jamás he dejado de ejercer.
Me case con Nicanor porque sospechamos de su colaboración con la mafia
nacional. Mi objetivo último era hallar a su cabecilla. Pero no me
imaginaba que en Villa Ruiseñor conocería el amor de mi vida. He tratado
de hacer malabarismos, compaginar mi profesión con mis sentimientos,
sin dañarte. Y no sabes lo horrible que ha sido descubrir que es tu
padre el capo de la organización criminal.
Mercedes cerró los ojos
con dolor. Días atrás lo hubiera negado hasta el infinito. Pero las
mañas de su padre, su forma de aplacarla sin pestañear, su gran empeño a
labrarse una imagen impecable e intachable. Los Möller debían de ser un
ejemplo de modales y de familia unida. Estaba seguro arriba de su
pedestal de poder. Sus dos hijos terminaban de ser sus monigotes, peores
versiones... Habían caído en el vicio de las drogas que lo habían
lucrado ya de joven. Era pura poesía divina, la justicia profética.
- Adelante con los
planes originales.- Sentenció muy decidida la péqueña de los Möller, por
fin convertida en guerrera.- Quiero que se traguen todas sus crueles
palabras y cobren por sus pecados. Nadie me dará ninguna lección. Se ha
terminado el mundo de postín, el aparentar. Quiero vivir sin esconderme y
dignamente junto a la mujer que amo.
- ¡Oh, Mercedes cuanto
te amo! Sólo tú me das un sentido en la existencia. Eres mi heroína.- Se
abrazaron y besaron.- ¿Estás segura?- replico mirándonos de reojo,
intuyendo cual sería el final de su suegro.
- Nunca he tenido nada tan claro.- Volvieron a besarse y solicito que prosiguieran con nuestro viaje.
Horas más tarde, en Villa Ruiseñor
Ernesto Möller estaba
nervioso. Había recibido noticias atroces de la capital de Chile. Por
supuesto ya sabía de la fuga de su hija. Lo que más transpuesto le tenía
era la revelación tardía del monigote del comisario. ¿Por qué no le
había revelado que su mujer era policía infiltrada? Cogió su pistola y
lo mato sin pestañear, con sus propis manos. Ya no le servía y había
sido un verdadero lastre para sus intereses.
No aceptaría nunca que
su niña fuera bollera y se revolcase con la mujer que pretendía
conseguir su cabeza. Reunió a sus inútiles hijos y les lleno de veneno
contra Bárbara Román, la pervertida que había secuestrado a su pollita
de la clínica.
De todo eso nos
enteramos nada más entrar en la Hospedería. Nos recibió Horacio ya
drogado hasta las trancas, con la camisa desabrochada y la cremallera de
los pantalones bajada. Me dio pena. Al reconocer a Bárbara se puso a
reír e insultarla. Le culpo del fallecimiento de su marido. La mujer no
lo lamento, la obsesión de Nicanor con ella había estropeado el mínimo
respeto que le tenía. Sólo había sido víctima del destino. Huérfano,
crecido sin afectos y había divagado por el mundo pidiendo amor.
- ¡Por favor, deja de lado tantas tonterías!- saco su placa de agente y le leyó los derechos.
- ¿Tu policía, que broma es esta? No te tengo miedo.-Se le acerco, con actitud chulesca. La quiso desarmar.
- ¡Pero qué haces loca!-
empezó a chillar Augusta, que salió desnuda del pequeño cuarto de
recepción. Elsa y Mercedes la miraron con tristeza. Iba tambaleante y le
sangraba la nariz.
- ¡Alto Horacio! No te quiero herir. Por favor, deja que te detenga. Hacia a ti sólo te caerán cargos por tráfico de drogas.
- Los Möller son
imparables e invulnerables. ¿Quién te creará pervertida? Me extraña que
no te haya expulsado del cuerpo por ser una bollera.- La agarra fuerte
del brazo, se lo retorció hasta hacerle caer la pistola. Se agacho
tambaleante para cogerla. En un acto reflejo saque la arma que me paso
Lena y le disparé. El proyectil se le incrusto al pecho. Abrió los ojos,
como si quisieran huir de su crudo final. Su amante se le acerco,
seguía chillando enloquecida. Nadie se movió para tranquilizarla. Llena
de ira, se incorporo y se me echo encima. Cometí el error de mirarle a
los ojos, de compadecerme de su existencia insulsa y llena de errores.
Alguien hizo detonar su arma y se desplomo encima de mí. Vi en sus ojos
agradecimiento, como si se liberase de su sufrimiento.
No tardo en aparecer
Carlos, no tan dopado como el resto de sus socios. Trato de huir. Pero
Bárbara ágilmente lo alcanzo en la puerta. Lo agarro por las solapas de
su americana y lo arrastro contra la puerta de vidrio de recepción. Le
agarro por el cuello con todas sus fuerzas, hasta que sus labios se
pusieron cianóticos. Incluso, se meo encima.
- ¿Te acuerdas lo que dije hace dos meses, que me las ibas a pagar?- le recordó, aflojando su presión.
- Por favor, perdóname.
- ¿Te perdonarás tu de
todos tus pecados? ¿De cómo has tratado a tu hermana, sólo porque amaba
a una mujer? No sé si reírme o llorar. ¿Sabes porque has sido tan cruel
con nosotras? Por pura envidia. Tu jamás conocerás un amor como el
nuestro.- Dejo de acorrarlo y le dio un empujón que le hizo tambalearse.
- ¡Ya basta Román! No
tolerare que destruyas más a mi familia.- La amenazó el patriarca
familiar, apuntándoles con una escopeta.- Ven hijito, papi te va a
salvar otra vez el culo.- Le hizo señas para que se le acercara. Lo
obedeció. Siguió apuntando a su peor enemiga.- Adiós Señorita Román, los
Möller no perdonamos los agravios.
Mercedes, alucinando por
la crueldad de su papito, se interpuso entre ellos dos. Dos armas se
dispararon. Dos personas se movieron rápidamente. Una cayó al suelo.
Varios chillaban. Carlos aturdido y temiendo ir a la cárcel, robo la
escopeta de su padre, que yacía al suelo sin vida. Miro con odio a Lena,
a quién culpo de la muerte de su progenitor. Dispare de forma
automática. El cerebro del benjamín de la familia se hizo añicos y cayó
al suelo, sin prácticamente percatarse de su muerte.
Tres hombres que se
creyeron ser unos Dioses, que usaban su machismo para esclavizar a las
mujeres a su santa voluntad. La culpa de todo era de Ernesto Möller, muy
exigente y dominador. Quiso moldearles la vida y los convirtió en meros
monigotes. Engaño a todo el mundo con su impoluta imagen.
Me centre en Barcedes.
Por suerte ninguna de las dos había salido herida por el fuego cruzado.
Estaban abrazadas, llorando por el trágico final de la familia de
Mercedes. Dolía. Pero en esa historia, como en esa vida, todo el mundo
se labra su destino. No escogemos la familia donde nacemos ni quién nos
roba el corazón. No obstante, esta entre nuestras manos luchar por ser
felices, por nuestros sueños, por la persona que hemos decidido
compartir el resto de nuestra existencia.
Nadie tiene la licencia
por dirigir nuestros actos ni juzgarnos por lo que somos y como
sentimos. Toma las riendas te tu vida, sin miedos y vívela con
intensidad.
La misión en Villa
Ruiseñor me marcó. Admiré a María Elsa que lucho porque nadie la
cambiara, por la justicia, por el amor y la verdad. Bárbara fue un gran
ejemplo de perseverancia, de entrega completa a la mujer que amaba, una
poeta y una romántica empedernida. Mercedes, la chica que el amor hizo
crecer de golpe, se empodero, dejándose ser la monigote de su familia,
que tuvo más ovarios que sus hermanos... Siempre serían mis reinas, a
las cuales evocaría cuando tuviera de sortear cualquier obstáculo. Nada
era imposible.
Y también descubrí el
lado justo y humano de Lena. Había perdonado la vida a la agente Román y
lo volvió a hacer. Demostrándome que si quería, podía ser una persona
justa. La mire de reojo en la fiesta de despedida. La atrape observando,
algo triste, a Bárbara. ¿Y si estuvo enamorada de ella? Me invadió la
tristeza. No había olvidado que escogió a María Elsa para besarla.
Winn estaba pletórico.
Iba un poco borracho. Volví a extrañar todo lo que había perdido. El
amor de Barcedes me seguía susurrando que estaba anémica de amor. Salí
de la hospedería, que regentaría la Quiroga. Debía de velar por la
seguridad de sus hijos. En cierta forma se había resignado a su destino.
Mientras Bárbara y Mercedes viajarían a Europa, donde crearían su
propia escuela. Querían empezar lejos de los malos recuerdos.
Ande sin destino.
Terminé en el pequeño parque de la salida del pueblo. Me senté en un
banco y contemple la bonita puesta de sol. Alguien, que me había seguido
en silencio, se acomodo a mi lado. Me cogió de la mano. Por su tacto y
el color de voz tuve una pequeña decepción. Me voltee y sonreí a Elsita,
la gran reina de esa historia. Quién había actuado de forma valiente y
desinteresada.
- Estás enamorada
profundamente de Lena.- Puso música en mi corazón. Una cruda verdad.-
Creo que cuando me besaba, estaba pensando en ti.- Se lo negué. Me quito
el pelo revuelto de la cara, con tacto e infinita dulzura. No evite
perderme en sus ojos serenos, en sus labios que me acariciaron con
ternura.- Sabes, has sido la primera mujer que besaba.
- ¿Te gusto?- no evite preguntarle.
- Mm... No sé. Es
distinto.- Me agarro la cabeza con sus dos manos y me robo un beso. Me
perdí en su sabor. Fuimos intrépidas y atrevidas. Una de mis manos
descendió, de forma instintiva hasta sus pechos. Me detuve, en presentir
como alguien nos observaba desde lejos. Mientras varias voces
conocidas inundaron la paz del atardecer.
Nos giramos y nos
cruzamos con la mirada triste de Lena. Fue como un rápido destello.
Bárbara y Mercedes no tardaron en alcanzarla. Se juntaron con nostras,
disfrutando de la magia del momento. Deje de preocuparme por lo que pudo
haber sentido mi superiora. Me perdí en la maravillosa conversación,
en el amor que desprendían Barcedes. Por fin, una gran historia de amor
tenía un final feliz.
** Nota de la autora**
Ese es mi útimo capitulo
dedicado a Barcedes. Me he decanado por contar otra versión de los
últimos sucesos de la serie. Soy consciente de que no esta a la altura
de la pareja. Pero debía también de mantener el hilo argumental de mi
fanfic.
A través de Kara, he
tratado de meterme en la piel de los personajes y su situación. Su amor
te hace soñar, romper fronteras... Espero como mínimo que hayais
disfrutando algo leyéndolo.
A veces, tengo la sensación de quedarme a medio camino de lo que pretendía narrar.
Ahora, me centraré en mi otro proyecto, en La barrendera. Lo debo a mis fans :)
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