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LA BARRENDERA. (13) La herencia

(13) La herencia

La noche era muy oscura, incluso lejos de la ciudad
La noche era muy oscura, incluso lejos de la ciudad. El frió húmedo se le pegaba a la piel. Estaba muy excitada, llena de energía. Por eso, al ver una callejuela sin luz, accedió en ella y volvió a volar. Subió muy hacia arriba, hasta que la ciudad pareció una pequeña maqueta. A pesar, de estar muy lejos tenía bien controlado el ático de Lena. En aquel instante, dejo de estar iluminado. Se detuvo y sacó el móvil, para volverle a desear dulces sueños. Añadió que había llegado intacta a casa.
Lena: Gracias por decírmelo, descansaré mejor. Muaaa (2 am)
Kara: Muaaa. (2:01 am)
Lena: 💫💫 (2:01 am)
Kara: Buenas noches. 😘😘 (2:02 am)
Seguía sin apetecerle regresar a su hogar. Incremento más la velocidad y voló verticalmente. Traspaso la oscura neblina e incluso la atmosfera, hasta ver el espacio exterior. Las estrellas brillaban, cometas bailaban, fenómenos cósmicos... Era como una explosión de energía y vida. Dejo de volar y se quedó suspendida en medio de la nada. Localizó una constelación estelar que le pareció un dibujo del preciso rostro de Lena. Le gustaría que estuviera a su lado, para enseñarle aquella belleza insólita.
Minutos después, descendió y terminó aterrando a su casa de campo. Estaba tan entusiasmada por pasar el fin de semana junto a su novia, lejos del bullicio de la ciudad y sin tener de estar pendiente del tiempo, que haría todo lo posible para que fuera especial. Entró y empezó a limpiar. No solían ir mucho, aunque habían mantenido el mobiliario intacto. Los muebles eran viejos, la mayoría comprados por sus abuelos paternos y sus padres cuando se casaron. Habían cortado la luz y el agua, para recordar los gastos.
Tras quitar el polvo, reviso el armario de la habitación de sus padres para si había alguna manta y ropa para la cama. Hizo lo mismo en la cocina, limpiar e inventariar. Salió al exterior para mirar si en cobertizo había madera. Por suerte había suficiente para que no pasasen frió. Sólo dispondría de fuego de tierra en la sala comedor y una cocina de leña.
Lo último que hizo fue comprobar que la capsula con la cual había llegado, escondida debajo del cobertizo, estuviera intacta y la trampilla de acceso bien colocada. Hecho escombros por encima y se fue. Ya eran las cinco de la madrugada cuando llegó a su casa.
Entró por la claraboya, lo máximo silenciosa que pudo. Una voz masculina la sobresaltó nada más aterrizar. Se encendió la luz. Sus ojos se cruzaron con los de su padre, teñidos de un hondo reproche. Enmudeció. Se coloreó. Su actitud solía desarmar a Jeremías. Jamás tuvo ningún comportamiento rebelde, aunque a veces no compartía el afán de su familia de ocultar sus orígenes. En especial, ante la existencia de injusticias, la violencia de ciertos colectivos, los ataques terroristas que ocurrían indiscriminadamente por todas partes del planeta...
- ¿De dónde vienes a estas altas horas de la noche, usando tus poderes?
- He ido a la casa de campo, quiero llevar allí a Lena ese fin de semana.- respondió Kara.- No me ha visto nadie.
- Hija, entiendo que vuelves a estar enamorada y me alegro de verte feliz. Pero por favor, que el amor no te vuelva a nublar la razón.- le suplico, usando su tono de voz más severo.
- ¡Estoy harta de estar fingiendo siempre lo que no soy!- exclamó con un atisbo de ira.- Siempre teniendo de esconderme y negándome una parte importante de mi esencia. ¿Dime, qué peligro corro si vuelo? No hago daño a nadie. Me siento libre y sin miedos.
- ¡Ya basta! No son paranoias mías. Hoy mismo, en las noticias ha salido que crecen las sospechas de la feliz convivencia de extraterrestres entre los humanos.-le informo muy serio, realmente estaba preocupado.- Ha habido reacciones de todo tipo. Hay poca gente abierta de mente, dispuestas a aceptarlo. Se habla de una hipotética invasión y que nos perjudicaría. Ha salido además Lex Luthor, anunciando abiertamente su lucha contra ellos. Está creando un imperio dispuesto a perseguir cualquier amenaza alienígena. Ha ganado apoyos al salir con la hija del presidente. Ha anunciado que abrirá una cede de su empresa a Nathional City, que seguramente será otro laboratorio de los suyos para investigar extraños fenómenos. Va siguiendo el rastro de Criptonita verde.
- Entiendo. No te preocupes, vigilare más.- le prometió. Lo abrazó para tranquilizarlo.
- Siento ser tan duro.- se disculpo.- Por cierto, me alegró de verte de nuevo feliz. Tengo ganas de tratar más a Lena.
- Por ahora es maravillosa.- le explicó Kara. Rompió el abrazó y le preguntó:- ¿Quieres que te prepare algo de comer?
- Vale. Un vaso de leche.
Minutos más tarde, se sentaron en la mesa de la cocina y le puso al día sobre su relación. Coincidió con ella que Lena parecía honesta. Hablando sobre todo, se les hizo las seis de la madrugada. Jeremías no se volvió a acostar, aprovecho para irse al despacho y avanzar en uno de sus proyectos. Se ofreció para despertar aquel día a Brian, así ella podría descansar unas horas más.
Kara se acostó. Estaba exhausta, pero feliz. Le había alterado un poco la información sobre Lex Luthor y sus paranoias, lo veía cómo algo lejano. No debía de temer, siempre había sido muy cauta. Alguna vez se imaginaba cómo sería su existencia si el mundo conociera su secreto. ¿La verían como una amenaza? ¿Podría llegar a ser una heroína como su primo Clark Kent? Aunque también tenía una doble vida, él usaba sus poderes para proteger a los humanos de Smallville y Metrópolis. No obstante, él prefirió que viviera una existencia lo máxima humana posible.
- Por ahora no te necesito. Me gusta pensar que tú si podrás tener una vida normal, enamorarte, salir con los amigos, estudiar una carrera y sin tener de recorrer a las mentiras para salvar a alguien... Es muy estresante.- aquel monologo sobre su libertad se lo hizo a los 18 años. Fue tan convincente que no se rebeló.
- Deseo ser útil por el mundo, igual que tú.- le recalcó. Incluso llego a pensar que su primo, su único familiar directo con vida, infravaloraba a las mujeres. Se lo llego a echar en cara.
- No es eso. Convivir con humanos, experimentar las distintas fases de su desarrollo a la madurez, te ayuda a comprenderlos mejor y respetarlos. Y hay épocas que son maravillosas, como son los primeros amores. Es un gozo vivirlo. Por el camino vas conociendo el rostro del bueno y malo de cada persona. No todo es blanco y negro.- Clark era sabio. El destino había cambiado sus destinos. Kara había de ser su guía y guardaespaldas. Pero resulto ser al revés, quedándose a la sombra de él.
Aquel día sus palabras le agradaron y trato de aprovechar lo máximo sus años estudiantiles. Se enamoró. Lucho por varias causas sociales y de ecología. A su modo quería salvar el planeta y construir un país mejor. Mientras, su primo salía en las noticias de Metrópolis, destacando todas sus heroicidades. Ayudaba a los bomberos en los incendios, a los sanitarios en los accidentes e interviniendo en cualquier amenaza contra la población. Lo envidiaba. Pero también, era cierto, no se creía tan fuerte como él.
Hacía días que no hablaban. Decidió llamarlo aquel mismo día. ¿Sería verdad que Lex Luthor quería abrir una filial de su empresa a Nathional City?
 ¿Sería verdad que Lex Luthor quería abrir una filial de su empresa a Nathional City?
Recordó que ellos dos se conocían, que habían sido incluso muy amigos. Empezó un verano que el heredero Luthor fue a pasar el verano a Smallville. Su relación fue muy intensa. Pero se terminó, a la misma vez que empezaron las paranoias de Lex respeto a los extraterrestres. ¿Qué debió de pasar entre ellos? Clark jamás le contó porque. Tampoco conoció al joven Luthor en persona.
Últimamente, sentía a su primo muy alejado de ella. No la llamaba tanto como antes y ella tampoco tenía la necesidad de estar en contacto con él. Se sentía más unida con su familia adoptiva. Gracias a ellos era quién era y se sentía infinitamente protegida.
A la nueve de la mañana, le despertó el móvil. Lo cogió y miró la pantalla. Se sorprendió en ver quién era. Quizás le había leído los pensamientos, o podía ser que ocurriera la apocalipsis porqué al final se atreviera a dar señales de estar vivo.
- Hola primo, los malos por fin te dan un respiro para que te acuerdes de mi.- ironizo Kara.
- Hola. Kara cielo, no te pongas así. Ya sabes que quiero mucho.- intentó ablandarla con su voz más dulce.
- Lo sé.- se rió. Se lo imagino con sus gafas y su rostro más adorable de niño bueno.- ¿Cómo está Lois?
- Bien, preocupada por el clima que hay en el país. Por eso te llamaba. ¿Tú no eres amiga de April Cesar?
La chica rubia enmudeció. Su primo sabía perfectamente de su orientación sexual. Y jamás le había ocultado su pareja. Aun así, él solía olvidarse de aquellos detalles. Le dolía que no le prestara atención. Temía que en el fondo no hubiera asumido su homosexualidad.
- ¡Éramos pareja Clark!- le remarcó con ira.
- ¡Es verdad que me lo dijiste el año pasado!- se disculpo. Fue una muestra de qué se habían distanciado.
- Vamos al grano, tú no pierdes el tiempo con sentimentalismos. ¿Por qué preguntas por April?- puntualizó la rubia, intentando aparcar su decepción. Su primo, por encima de todo, luchaba para salvar a la humanidad. Era capaz de poner sus intereses personales por encima de ello.
- Ahora no sé si pedírtelo...- y siempre solía mostrar una tardía empatía.- Me preocupa el poder que Lex va adquiriendo siendo el yerno perfecto del presidente. Cada vez tiene más seguidores, que le apoyan en sus paranoias sobre la invasión alienígena. Ya debes de estar informada que fundará una empresa en Nathional City. No sabemos que pretende con todo su despliegue de recursos. A parte, Lionel Luthor le ha cedido parte del control del clan, porque se rumorea que no está bien de salud. Hasta ahora lo ha estado controlando, pues no comparte sus locuras.
- Entiendo que estés preocupado. ¿Y bien qué quieres de mí?
- Pensaba que al ser próxima a April Cesar, nos podrías ayudar a averiguar que planea Lex Luthor.
- ¿Usarme de espía?- protestó Kara con rabia. Le pareció incluso muy triste. ¿La sangre justificaba que le pidieran pisotear sus principios?- ¡Eso nunca! Además, he terminando fatal con April. Estoy convencida de qué encontrarás otros medios para descubrir sus planes.
- Hay momentos en la vida, que uno debe de escoger entre los intereses personales y el bien común. Uno no se puede acomodar, mientras tu país esta convulso y se vulneran derechos humanos - volvió a aleccionarla, con un claro reproche a su postura.
- Lo acabas de decir, yo decido, por eso soy libre.- determinó la prima de Superman.- Seré cuidadosa, para no captar la atención cuando tu ex amigo venga. Si averiguo algo te informaré. Pero no pienso tratar más con nadie del clan Cesar. ¡Ya estoy harta de qué cada cual pretenda influir en mis elecciones!- estaba muy harta y no se doblegaría más por nadie.
- De acuerdo. Aún así, tarde o temprano deberás de escoger el bando con que quieres luchar.- le advirtió.- Hasta ahora te he puesto al margen, porque conocieras mejor los seres humanos. Ya habrás comprobado que no todos actúan con buena fe. Ya ha llegado tu momento, sólo depende de tú...
- ¡Por favor, no insistas! Te ayudaré a mi modo.- sentenció la chica rubia. Su primo capto su firmeza. Por primera vez, se dio cuenta que había crecido. Se despidieron secamente. Le hubiera encantado decirle que trabajaría por el principal diario de la ciudad. Kara estaba muy convencida de qué su trabajo le facilitaría las herramientas para desmantelar el pérfido plan de Lex Luthor.
 Kara estaba muy convencida de qué su trabajo le facilitaría las herramientas para desmantelar el pérfido plan de Lex Luthor
Con un regusto amargo se levantó de la cama. Estaba triste por la enorme brecha que había entre ella y su único familiar biológico. Le irritaba que no la tomase en serio y no la respetará. La vida podía ser agrio-dulce. April Cesar sería como una mancha negra en su vida. Siempre la perseguiría mediante sus recuerdos y siendo omnipresente en sus existencia por activa o pasiva.
Se ducho y desayuno con su madre. Jeremías no le había narrado su excursión nocturna por no preocuparla. Era una mujer muy sufrida y desde que tuvo el cáncer estaba muy sensible. Le había visto el rostro a la muerte y creía que restaba poco tiempo para asegurarse que su familia estuviera bien. Por eso era una madre sobreprotectora. Le comentó la petición de su primo y se sintió apoyada.
- April, aunque no se ha portado muy bien contigo, no se merece que la uses. No olvides que en el fondo es víctima de su familia. La han condenado a vivir de las apariencias.- opinó Elisa. Era admirable que fuera capaz de disculpar a la mayoría de las personas. Para ella la maldad extrema no existía.
- ¿De verdad lo crees? ¿No corresponde la decisión final a uno mismo?- discrepó Kara.
- El entorno en el cual crece un individuo legitima las conductas que ve y el sentido de lo correcto. April, ha sido una niña muy consentida desde su infancia. Y su familia es muy homofóbica, jamás entenderán que le gusten las mujeres. La han moldeado a su antojo y en una doble moral. No ha conocido nada más y puede que tenga pocos ejemplos que le muestren que otro tipo de existencia es posible.
- Madre, realmente eres sabia.- se le acercó y abrazó.
- Me ha gustado tu actitud con Clark. Hay que mantener los principios éticos y actuar con la razón.- miró la hora y se le iluminó el rostro. Ya eran las diez y media.
- Salgo al jardín. Lena debe de estar a punto de llegar.- En el momento que iba a salir, sonó el timbre de la puerta. Abrió y ante ella había un sonriente cartero.
- Buenos días. ¿Es usted la Señorita Kara Danvers?
- Buenos días. Sí.
- Tengo una carta certificada para usted.- le informó, a la misma vez que cogía un sobre de tamaño normal. Le indicó dónde debía de firmar para entregársela. Tras la burocracia pertinente se la entregó. La giró para saber quién se la había enviado. Había un cello de una notaria.- Que tenga un buen día.- se despidió el hombre algo mayor.
- Adiós y gracias.- se despidió la chica rubia.
Se concentro de nuevo en la notificación que había recibido. La abrió y leyó. Era un requerimiento notarial para comunicarle la herencia de Ane Mayer, su abuelita que le descubrió el maravilloso mundo de la lectura. Realmente estaba intrigada. ¿Con qué la sorprendería tras su ausencia? Se sentó debajo el sauce, con la mirada perdida a la casa del lado.
Recordó otra vez a la viejecita, que tanto extrañaba. Siempre salía a cuidar su jardín con independencia del tiempo que hacía. Tras perder a su única hija, su existencia se marchito pero supo seguir andando y tratando de alegrar la vida a sus vecinos. Apreciaba mucho a los Danvers, afecto que no ocultaba y materializaba sutilmente. Ellos sabían que podrían contar con su ayuda de forma incondicional. Y demostró con creces su lealtad, defendiendo a Brian ante los racistas del barrió y facilitando su integración en el seno familiar. Era capaz de normalizar lo inaudito y de abrir las puertas de su hogar sin ninguna clase de filtros.
Lena la halló pensativa, estando a la luna de valencia. Entró y se le acercó silenciosamente. Kara levanto la cabeza y se desmorono. La barrendera se sentó a su lado y la abrazó. Percibió su llanto y los espasmos de su cuerpo. Le acarició la espalda, le dio besos en el cuello y le removió su pelo rubio. Su respiración se fue enlenteciendo, hasta armonizarse y acompasarse con la de su pareja.
- Perdona, deberás de pensar que soy una llorona nata.- ironizó la periodista, a la vez que se separaba y la miro con sus ojos azules, enrojecidos por el llanto.
- ¡Pero qué dices! Me encantan las personas sensibles, demuestran que tienen corazón. Aunque la vida es muy dura y nos hace crecer púas y corazas. Nos educan para que escondamos nuestros sentimientos, como si fuera algo vergonzoso.- dijo de inmediato la hermana de Lex Luthor. En su subconsciente estaba su severa familia, que realmente consideraba una debilidad mostrar sus emociones y los afectos públicamente. Su madre se le reía a la cara cada vez que la hacía llorar o estaba triste. Le remarcaba: "Los Luthor son fuertes, jamás lloran en público." Aprendió a reprimirse y a llorar en su habitación, de forma silenciosa. Luego, la vida la endureció y se le terminaron las lágrimas. Su umbral al dolor aumento y se acostumbro al vacío existencial. Personas como Kara, tan humanas, le parecían excepcionales. Y una parte de ella, no evitaba compadecerla. El mundo estaba lleno de injusticias y personas malas, que pisoteaban a cualquiera por sus egoístas intereses.
- A veces desearía ser más fuerte. Sé que la muerte forma parte de la vida. Aún así, me cuesta decirle adiós a Ane. Ya desde pequeña conozco que es la desolación y el enorme vació de quedarte huérfana. Mis padres murieron cuando tenía casi ocho años. Sigue siendo una realidad que me cuesta digerir.- le confesó. Lena se impactó. A pesar de qué ella vivió parte de su niñez en un orfanato e ignoraba porqué estaba allí. ¿Habrían también fallecido sus padres? ¿Por qué la llevaron al mundo, para luego abandonarla? Antes de su propio drama, los odiaba por haberla condenado a vivir insulsamente y sin muchos afectos.
- Cariño, sentir sólo demuestra que hay vida en nuestro interior. Si llega el momento que nada nos afecte, será muy preocupante. Estaremos muertos o seremos unos robots. La vida perdería todos sus matices. Te tocaría como lo estoy haciendo ahora y no te estremecerías ni te arrancaría un suspiro.- dijo a la vez que le acariciaba suavemente su angelical rostro, con mucha delicadeza y ternura. Se le fue acercando, sus labios se rosaron y los movió hasta darle pequeños besos por la nariz y en sus pómulos.- Tu amor me hace despertar de mi ensoñación y haces brotar los colores más bellos de mi existencia tan hueca.
Kara como respuesta sólo le rodeo con sus fuertes brazos. Su aroma y su calidez la relajaban. Su filosofía le acarició el alma. Cada vez más el inmenso fondo de Lena le estaba atrapando. Se percato, que incluso era mucho más intenso que sus inicios con April. Lo suyo fue algo progresivo y repleto de dudas. Lena le hacía sentir tanto con un simple roce, con una simple sonrisa y con su voz, que la hacía acariciar el cielo y volar más allá del universo de las sensaciones.
- Te quiero.- le susurro a quema ropa sin previa meditación. Enmudeció. Lena se paralizó y no rompió el silencio. Su corazón incremento su ritmo, como única señal de qué sus palabras habían arelado en su interior. No había sido nada premeditado, no pretendía asustarla. Simplemente, habían salido solas. Algo se había detonado en sus entrañas y era tan revelador que fue incapaz de reprimirlo. La amaba, a pesar de qué hacía poco que la conocía y de qué intuía que existía una aureola de misterio en su vida.
- Kara, yo...- intentó hablar la barrendera, se la veía muy cortada. Se separo y agacho la cabeza. No quería ser tan torpe tras sus bonitas palabras y de tal magnitud. Pero su reacción fue tardía. Era incapaz a decirle aquellas sencillas palabras y prefería no mentirle.
- No te preocupes. Cómo diría mi abuelita Ane, no debes de forzarte en decir lo que no sientes. Debes dejar que tu corazón hable, que es mucho más sabio que nuestra razón.- le agarró mano y le sonrió. Su gestó le ayudo a serenarse.
- Eres un cielo. Kara, no quiero que pienses que no estoy bien contigo. Me encanta tu compañía y me gustas de verdad. Pero por ahora, no sé si siento lo mismo que tú. Soy consciente que te lo has pasado muy mal con tu ex y no te mereces que te prometa algo que no sé si seré capaz de cumplir. ¿Me entiendes?- le miró con sus ojos tan claros, brillantes por lágrimas contenidas.
- Sí. Me basta que sigas siendo honesta. Lo percibo y lo palpo, no te soy indiferente. Me conformó con lo que me ofreces.- le beso y arranco cualquier atisbo de preocupación.
Minutos más tarde, más tranquilas las dos, se tomaron su tradicional café de media mañana. Empezaron a compartir sus rutinas y planes. Lena aquella tarde no tenía tantas clases, pero quería ir a la biblioteca para empezar el trabajo planteado por Max Lord. Intuía que debía de esforzarse, porque sería muy exigente y lo miraría con lupa. Para variar Winn le había ofrecido su ayuda para elaborarlo.
- ¿Y no nos veremos más tarde? Ni que sea para tomar una bebida...- le insistió Kara, imitando a una niña consentida.
- Luego tengo que ir a comprar, ya sabes cómo esta mi nevera.- declaró Lena algo seria. La rubia estaba algo desconcertada, incapaz de leer si estaba jugando con ella o lo decía de verdad.- Invitada estás, eso si no te aburres haciendo turismo por las tiendas.- añadió con un tono irónico, a la vez que le hizo un sensual guiño.
- Iría contigo al fin del mundo.- sentenció su novia.
- ¿Y si te pidiera ir al infierno?- le reto, alucinando por la intensidad de sus sentimientos. El fantasma de Nicolás se oponía a su felicidad. Y su realismo lacerante le susurraba que lo suyo no podría terminar bien y seguramente, cuando supiera sus verdades, la abandonaría. Como podía ser plausible, que la dejase cuando advirtiera que no era nada especial. ¿Qué le podía aportar a aquella chica tan adorable, tan culta y buena?
- Mm, eso suena muy aterrador. ¿No sabes que soy difícil de espantar? No soy de las que se marcha ante el primer problema que surja. En lo bueno y malo me tendrás a mi lado.
- Perdona, yo si estoy algo aterrada.- reconoció por fin Lena. Kara era cómo un huracán, que arrasaba toda su estabilidad y convicciones. No sabía a dónde agarrarse, para mantener la cabeza fría y no sentirse otra vez frágil. Su pareja, fue comprensiva y la abrazó. La escucho sin juzgarla.
- ¡Pues no lo estés, jamás te haría daño conscientemente!- le susurró a quemarropa.- Quiero verte bien y fuerte. No pretendo robarte nada. Me encanta que seas un ser tan independiente y no deseo cambiarte.
- ¿Cómo lo haces para captar tan bien mi esencia?- estaba muy admirada por su ojo clínico y comprenderla tan bien.
- No tiene ningún misterio, tú también eres capaz de hacerlo. Es como si nos conociéramos desde tiempo.
Se miraron durante un tiempo indefinido, sin hablar. El viento soplaba, sin hacer excesivamente molesto. El perro del vecino de enfrente empezó a ladrar y algunos pájaros desplegaron sus alas para huir. Todo seguía su orden habitual, como un perfecto teatro muy bien elaborado.
- Cambiando de tema, aún no me has contado qué te tiene tan triste.- se intereso la barrendera, no queriendo profundizar en los misterios del amor. La chica rubia sólo le enseño la notificación del notario.
- Si Ane me dejo algo, no pienso aceptarlo.- concluyó.- Sólo me quedaría con algún objeto suyo, para que su recuerdo no desvaneciera en mi almanaque de tesoros.
- ¿Y por qué no? Piensa que ella lo destinó así, ¿por qué rechazar su deseo?
- Lena, no sería ético. Sé que ella disponía de una sobrina lejana. No se relacionaban y no se porto muy bien con ella. Aún así es más lógico que sea su heredera.- remarcó con vehemencia.
- Sigo pensando que deberías aceptarla, es su forma de agradecerte todo tu afecto. Y sé que este no tiene precio, pero hay que saber recibir lo positivo que la vida nos regala.- volvió a mostrarle su sabiduría. En esa ocasión, hablaba por experiencia propia. Ella misma se había encontrado con la misma encrucijada, cuando Flora antes de morir le comunico que deseaba hacerla su heredera oficial. Fue una apuesta riesgosa, porque su amiga si disponía de familiares directos, unos auténticos tiburones sedientos de su dinero.
Los Serenety de Nova York habían sido un famoso clan, de raíces aristócratas y pioneras en la conquista de las Américas
Los Serenety de Nova York habían sido un famoso clan, de raíces aristócratas y pioneras en la conquista de las Américas. Sobrevivieron a las varias crisis reinventándose constantemente. Su maldición fue su último heredero, que sólo engendro a niñas. Florence era la hija mayor y a la cual educaron como si fuera un chico. Su decisión les costó cara, porque pronto manifestó un interés peligroso por otras chicas. Su lesbianismo desagradó a sus progenitores y empezaron una fuerte represión sobre su carácter fuerte. Ganaron ellos la batalla, pero pudo evitar que le obligasen a contraer matrimonio con nadie.
Vivió reprimida, dirigiendo las importantes y exitosas empresas Serenety hasta que sus padres murieron. Los años habían transcurrido veloces, con una colección inmensa de éxitos y posesiones que no le hacían sentir realizada. A los cuarenta años, se admitió que no era feliz. Flora también sabía que era sentirse rodeada de puras interesadas, que sólo perseguían su dinero.
Lo dejo todo para vivir sin dinero, con lo que llevaba encima. Sus hermanas, sedientas de poder, trataron de invalidarla y quedarse con todas sus posesiones. Jamás se doblego. Busco una gestoría que le administraba el dinero, lo invirtiera en proyectos sociales y supervisara algunas de sus empresas. Las otras se las dio a sus sobrinos preferidos, que le mostraron más respeto y responsabilidad.
Lena le costó aceptar su propuesta. No quería que el dinero la corrompiera. Ya había dado por perdida la custodia de su hijo. Flora insistió y le hizo ver que era su modo de agradecerle que estuviera a su lado, en unos momentos tan difíciles. El cáncer estaba terminando rápidamente con su vitalidad y entusiasmo por la vida. Siempre la trato como la hija que jamás tuvo.
- Siempre puedes invertir su dinero en fundaciones humanitarias.- fue lo que hizo ella tras recibir su herencia. Sólo se quedo con el dinero necesario para comprarse su humilde ático y poder sobrevivir los primeros meses en Nathional City sin trabajo. Aún disponía de un poco de cojín. Necesitaba poco para su día a día. Siempre le debería mucho a Flora, por todo lo que le enseño, le dio afecto y un apellido legal. Una seguridad que le facilito más el anonimato y volver a Nathional City. A su pareja sólo le conto la versión simplificada. Sólo le oculto un detalle insignificante, para no que pensara mal y no se sintiera insegura.
- Te prometo que me lo pensaré.- le agradeció.- Este viernes asistiré a la cita con el notario.
- Genial. Me tengo que ir, a seguir barriendo.- le anunció Lena, le daba un poco de pereza. Pero no quería despistarse con sus obligaciones. Se besaron brevemente y quedaron a las sietes de la tarde a su universidad.
Salió a la calle, se giró y le envió un beso
Salió a la calle, se giró y le envió un beso. A medida que se alejaba, sintió que ya la extrañaba. Aunque le gustaba estar con Kara, temía depender tanto de ella y volver a perder el norte por alguien. Pero la tristeza en su mirada azul, tras insinuarle de no verse más aquel día, hizo derribar sus reticencias. El timón del barco ya no era suyo, se lo había apoderado una chica arrolladora.
Kara volvió quedarse pensativa, reflexionando con la intensa y reveladora conversación con Lena. Le quedo por comentarle su otro motivo de su infelicidad, su distanciamiento con su primo. Únicamente lo hizo, por no tenerle de mentirle descaradamente. Ellos dos eran unos profesionales teniendo una doble vida. De todos modos, algún día le preguntaría que pensaba sobre la existencia de los extraterrestres.
Los días pasaron veloces, compartiendo momentos y charlas interminables. Kara trataba de frenarse, para no agobiala más. Ya no tenía dudas sobre su pareja y April había dejado de ser su pesadilla. Respeto a la posible herencia de la Señora Meyer seguía perdida. Sus padres le dieron total libertad de maniobra. Intuía que cuando estuviera ante el notario su corazón hablaría. Así ocurrió. El notario, un hombre algo mayor y con el pelo canoso, le leyó la carta con las últimas voluntades de Ane.
"Querida Kara,
Eres la nieta que siempre hubiera querido tener. Gracias por tú afecto y compañía. Me ha encantado enseñarte el maravilloso mundo de los libros. Sumergirte en la lectura te ayuda a evadirte de tu realidad, no siempre apetecible, viajar gratis en otros parajes inéditos e idílicos, y vivir otras vidas. Puede que te ayuden a valorar lo que dispones y afrontar episodios duros que el destino te repare.
Los libros serán tu refugio en las tormentas y tus leales amigos. Aún así, no te olvides que tienes una vida para escribir y poder leer a tus descendientes. No tengas miedo a andar, a amar y a sentir. Eres un ser muy especial, lleno de luz. No temas de mostrarte tal como eres, sin ninguna clase de filtros. Quien te ame, te mirara a los ojos y sabrá lo especial que eres.
Soy una mujer pobre, sólo dispongo de mi casa, de un pequeño rincón de dinero y de muchos libros. Te lo doy todo, porque sé que tú lo sabrás valorar y cuidarás de mis tesoros. Tengo varias primeras ediciones, que si algún día necesitas dinero puedes vender. A parte, se que te gusta proteger a tu familia y te costará volar de su lado. Por eso, creó que si aceptas mi legado, podrás vivir a su lado para cuidarlos y tener tú propia independencia y espacio.
Te mereces ser feliz y encontrar alguien bueno para compartir el devenir diario. Te quiero mucho.
Ane Meyer"
Lloró y se puso la carta el pecho. Aquellas palabras, eran como una bendición de Dios. Cerró los ojos y se le apareció Lena. Se la imagino conviviendo con ella en la calle Hope, número 5. Aumentaría su biblioteca, le aconsejaría libros a su pareja y luego los comentarían juntas. Establecerían su habitación debajo del tejado. La claraboya sería muy grande, para perderse en la inmensidad del firmamento. Incluso, empezaron a corretear niños por toda la casa, llenándola de alegría. La vida brotaba en su futura casa y el amor se podía acariciar.
Firmó y corrió para preparar su maravilloso fin de semana junto a Lena, en su pequeño rincón del mundo. Allí la naturaleza era salvaje y la belleza era puro éxtasis.
*** Nota ***
*** Nota ***
Espero que os siga gustando mi historia. El lobo va enseñando su patita. Al final he decidido desdoblar en dos ese capítulo. La siguiente entrega será: El éxtasis de lanaturaleza.
Poco a poco, voy abriendo subtramas o hechos que tarde o temprano marcaran a Kara y Lena. Se aceptan sugerencias. Gracias por vuestros votos y ser los motores de esta historia.


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