(13) La herencia
La noche era muy oscura,
incluso lejos de la ciudad. El frió húmedo se le pegaba a la piel.
Estaba muy excitada, llena de energía. Por eso, al ver una callejuela
sin luz, accedió en ella y volvió a volar. Subió muy hacia arriba, hasta
que la ciudad pareció una pequeña maqueta. A pesar, de estar muy lejos
tenía bien controlado el ático de Lena. En aquel instante, dejo de estar
iluminado. Se detuvo y sacó el móvil, para volverle a desear dulces
sueños. Añadió que había llegado intacta a casa.
Lena: Gracias por decírmelo, descansaré mejor. Muaaa (2 am)
Kara: Muaaa. (2:01 am)
Lena: 💫💫 (2:01 am)
Kara: Buenas noches. 😘😘 (2:02 am)
Seguía sin apetecerle
regresar a su hogar. Incremento más la velocidad y voló verticalmente.
Traspaso la oscura neblina e incluso la atmosfera, hasta ver el espacio
exterior. Las estrellas brillaban, cometas bailaban, fenómenos
cósmicos... Era como una explosión de energía y vida. Dejo de volar y se
quedó suspendida en medio de la nada. Localizó una constelación estelar
que le pareció un dibujo del preciso rostro de Lena. Le gustaría que
estuviera a su lado, para enseñarle aquella belleza insólita.
Minutos después,
descendió y terminó aterrando a su casa de campo. Estaba tan
entusiasmada por pasar el fin de semana junto a su novia, lejos del
bullicio de la ciudad y sin tener de estar pendiente del tiempo, que
haría todo lo posible para que fuera especial. Entró y empezó a limpiar.
No solían ir mucho, aunque habían mantenido el mobiliario intacto. Los
muebles eran viejos, la mayoría comprados por sus abuelos paternos y sus
padres cuando se casaron. Habían cortado la luz y el agua, para
recordar los gastos.
Tras quitar el polvo,
reviso el armario de la habitación de sus padres para si había alguna
manta y ropa para la cama. Hizo lo mismo en la cocina, limpiar e
inventariar. Salió al exterior para mirar si en cobertizo había madera.
Por suerte había suficiente para que no pasasen frió. Sólo dispondría de
fuego de tierra en la sala comedor y una cocina de leña.
Lo último que hizo fue
comprobar que la capsula con la cual había llegado, escondida debajo del
cobertizo, estuviera intacta y la trampilla de acceso bien colocada.
Hecho escombros por encima y se fue. Ya eran las cinco de la madrugada
cuando llegó a su casa.
Entró por la claraboya,
lo máximo silenciosa que pudo. Una voz masculina la sobresaltó nada más
aterrizar. Se encendió la luz. Sus ojos se cruzaron con los de su padre,
teñidos de un hondo reproche. Enmudeció. Se coloreó. Su actitud solía
desarmar a Jeremías. Jamás tuvo ningún comportamiento rebelde, aunque a
veces no compartía el afán de su familia de ocultar sus orígenes. En
especial, ante la existencia de injusticias, la violencia de ciertos
colectivos, los ataques terroristas que ocurrían indiscriminadamente por
todas partes del planeta...
- ¿De dónde vienes a estas altas horas de la noche, usando tus poderes?
- He ido a la casa de campo, quiero llevar allí a Lena ese fin de semana.- respondió Kara.- No me ha visto nadie.
- Hija, entiendo que
vuelves a estar enamorada y me alegro de verte feliz. Pero por favor,
que el amor no te vuelva a nublar la razón.- le suplico, usando su tono
de voz más severo.
- ¡Estoy harta de estar
fingiendo siempre lo que no soy!- exclamó con un atisbo de ira.- Siempre
teniendo de esconderme y negándome una parte importante de mi esencia.
¿Dime, qué peligro corro si vuelo? No hago daño a nadie. Me siento libre
y sin miedos.
- ¡Ya basta! No son
paranoias mías. Hoy mismo, en las noticias ha salido que crecen las
sospechas de la feliz convivencia de extraterrestres entre los
humanos.-le informo muy serio, realmente estaba preocupado.- Ha habido
reacciones de todo tipo. Hay poca gente abierta de mente, dispuestas a
aceptarlo. Se habla de una hipotética invasión y que nos perjudicaría.
Ha salido además Lex Luthor, anunciando abiertamente su lucha contra
ellos. Está creando un imperio dispuesto a perseguir cualquier amenaza
alienígena. Ha ganado apoyos al salir con la hija del presidente. Ha
anunciado que abrirá una cede de su empresa a Nathional City, que
seguramente será otro laboratorio de los suyos para investigar extraños
fenómenos. Va siguiendo el rastro de Criptonita verde.
- Entiendo. No te preocupes, vigilare más.- le prometió. Lo abrazó para tranquilizarlo.
- Siento ser tan duro.- se disculpo.- Por cierto, me alegró de verte de nuevo feliz. Tengo ganas de tratar más a Lena.
- Por ahora es maravillosa.- le explicó Kara. Rompió el abrazó y le preguntó:- ¿Quieres que te prepare algo de comer?
- Vale. Un vaso de leche.
Minutos más tarde, se
sentaron en la mesa de la cocina y le puso al día sobre su relación.
Coincidió con ella que Lena parecía honesta. Hablando sobre todo, se les
hizo las seis de la madrugada. Jeremías no se volvió a acostar,
aprovecho para irse al despacho y avanzar en uno de sus proyectos. Se
ofreció para despertar aquel día a Brian, así ella podría descansar unas
horas más.
Kara se acostó. Estaba
exhausta, pero feliz. Le había alterado un poco la información sobre Lex
Luthor y sus paranoias, lo veía cómo algo lejano. No debía de temer,
siempre había sido muy cauta. Alguna vez se imaginaba cómo sería su
existencia si el mundo conociera su secreto. ¿La verían como una
amenaza? ¿Podría llegar a ser una heroína como su primo Clark Kent?
Aunque también tenía una doble vida, él usaba sus poderes para proteger a
los humanos de Smallville y Metrópolis. No obstante, él prefirió que
viviera una existencia lo máxima humana posible.
- Por ahora no te
necesito. Me gusta pensar que tú si podrás tener una vida normal,
enamorarte, salir con los amigos, estudiar una carrera y sin tener de
recorrer a las mentiras para salvar a alguien... Es muy estresante.-
aquel monologo sobre su libertad se lo hizo a los 18 años. Fue tan
convincente que no se rebeló.
- Deseo ser útil por el
mundo, igual que tú.- le recalcó. Incluso llego a pensar que su primo,
su único familiar directo con vida, infravaloraba a las mujeres. Se lo
llego a echar en cara.
- No es eso. Convivir
con humanos, experimentar las distintas fases de su desarrollo a la
madurez, te ayuda a comprenderlos mejor y respetarlos. Y hay épocas que
son maravillosas, como son los primeros amores. Es un gozo vivirlo. Por
el camino vas conociendo el rostro del bueno y malo de cada persona. No
todo es blanco y negro.- Clark era sabio. El destino había cambiado sus
destinos. Kara había de ser su guía y guardaespaldas. Pero resulto ser
al revés, quedándose a la sombra de él.
Aquel día sus palabras
le agradaron y trato de aprovechar lo máximo sus años estudiantiles. Se
enamoró. Lucho por varias causas sociales y de ecología. A su modo
quería salvar el planeta y construir un país mejor. Mientras, su primo
salía en las noticias de Metrópolis, destacando todas sus heroicidades.
Ayudaba a los bomberos en los incendios, a los sanitarios en los
accidentes e interviniendo en cualquier amenaza contra la población. Lo
envidiaba. Pero también, era cierto, no se creía tan fuerte como él.
Hacía días que no
hablaban. Decidió llamarlo aquel mismo día. ¿Sería verdad que Lex Luthor
quería abrir una filial de su empresa a Nathional City?
Recordó que ellos dos se
conocían, que habían sido incluso muy amigos. Empezó un verano que el
heredero Luthor fue a pasar el verano a Smallville. Su relación fue muy
intensa. Pero se terminó, a la misma vez que empezaron las paranoias de
Lex respeto a los extraterrestres. ¿Qué debió de pasar entre ellos?
Clark jamás le contó porque. Tampoco conoció al joven Luthor en persona.
Últimamente, sentía a su
primo muy alejado de ella. No la llamaba tanto como antes y ella
tampoco tenía la necesidad de estar en contacto con él. Se sentía más
unida con su familia adoptiva. Gracias a ellos era quién era y se sentía
infinitamente protegida.
A la nueve de la mañana,
le despertó el móvil. Lo cogió y miró la pantalla. Se sorprendió en ver
quién era. Quizás le había leído los pensamientos, o podía ser que
ocurriera la apocalipsis porqué al final se atreviera a dar señales de
estar vivo.
- Hola primo, los malos por fin te dan un respiro para que te acuerdes de mi.- ironizo Kara.
- Hola. Kara cielo, no te pongas así. Ya sabes que quiero mucho.- intentó ablandarla con su voz más dulce.
- Lo sé.- se rió. Se lo imagino con sus gafas y su rostro más adorable de niño bueno.- ¿Cómo está Lois?
- Bien, preocupada por el clima que hay en el país. Por eso te llamaba. ¿Tú no eres amiga de April Cesar?
La chica rubia
enmudeció. Su primo sabía perfectamente de su orientación sexual. Y
jamás le había ocultado su pareja. Aun así, él solía olvidarse de
aquellos detalles. Le dolía que no le prestara atención. Temía que en el
fondo no hubiera asumido su homosexualidad.
- ¡Éramos pareja Clark!- le remarcó con ira.
- ¡Es verdad que me lo dijiste el año pasado!- se disculpo. Fue una muestra de qué se habían distanciado.
- Vamos al grano, tú no
pierdes el tiempo con sentimentalismos. ¿Por qué preguntas por April?-
puntualizó la rubia, intentando aparcar su decepción. Su primo, por
encima de todo, luchaba para salvar a la humanidad. Era capaz de poner
sus intereses personales por encima de ello.
- Ahora no sé si
pedírtelo...- y siempre solía mostrar una tardía empatía.- Me preocupa
el poder que Lex va adquiriendo siendo el yerno perfecto del presidente.
Cada vez tiene más seguidores, que le apoyan en sus paranoias sobre la
invasión alienígena. Ya debes de estar informada que fundará una empresa
en Nathional City. No sabemos que pretende con todo su despliegue de
recursos. A parte, Lionel Luthor le ha cedido parte del control del
clan, porque se rumorea que no está bien de salud. Hasta ahora lo ha
estado controlando, pues no comparte sus locuras.
- Entiendo que estés preocupado. ¿Y bien qué quieres de mí?
- Pensaba que al ser próxima a April Cesar, nos podrías ayudar a averiguar que planea Lex Luthor.
- ¿Usarme de espía?-
protestó Kara con rabia. Le pareció incluso muy triste. ¿La sangre
justificaba que le pidieran pisotear sus principios?- ¡Eso nunca!
Además, he terminando fatal con April. Estoy convencida de qué
encontrarás otros medios para descubrir sus planes.
- Hay momentos en la
vida, que uno debe de escoger entre los intereses personales y el bien
común. Uno no se puede acomodar, mientras tu país esta convulso y se
vulneran derechos humanos - volvió a aleccionarla, con un claro reproche
a su postura.
- Lo acabas de decir, yo
decido, por eso soy libre.- determinó la prima de Superman.- Seré
cuidadosa, para no captar la atención cuando tu ex amigo venga. Si
averiguo algo te informaré. Pero no pienso tratar más con nadie del clan
Cesar. ¡Ya estoy harta de qué cada cual pretenda influir en mis
elecciones!- estaba muy harta y no se doblegaría más por nadie.
- De acuerdo. Aún así,
tarde o temprano deberás de escoger el bando con que quieres luchar.- le
advirtió.- Hasta ahora te he puesto al margen, porque conocieras mejor
los seres humanos. Ya habrás comprobado que no todos actúan con buena
fe. Ya ha llegado tu momento, sólo depende de tú...
- ¡Por favor, no
insistas! Te ayudaré a mi modo.- sentenció la chica rubia. Su primo
capto su firmeza. Por primera vez, se dio cuenta que había crecido. Se
despidieron secamente. Le hubiera encantado decirle que trabajaría por
el principal diario de la ciudad. Kara estaba muy convencida de qué su
trabajo le facilitaría las herramientas para desmantelar el pérfido plan
de Lex Luthor.
Con un regusto amargo se
levantó de la cama. Estaba triste por la enorme brecha que había entre
ella y su único familiar biológico. Le irritaba que no la tomase en
serio y no la respetará. La vida podía ser agrio-dulce. April Cesar
sería como una mancha negra en su vida. Siempre la perseguiría mediante
sus recuerdos y siendo omnipresente en sus existencia por activa o
pasiva.
Se ducho y desayuno con
su madre. Jeremías no le había narrado su excursión nocturna por no
preocuparla. Era una mujer muy sufrida y desde que tuvo el cáncer estaba
muy sensible. Le había visto el rostro a la muerte y creía que restaba
poco tiempo para asegurarse que su familia estuviera bien. Por eso era
una madre sobreprotectora. Le comentó la petición de su primo y se
sintió apoyada.
- April, aunque no se ha
portado muy bien contigo, no se merece que la uses. No olvides que en
el fondo es víctima de su familia. La han condenado a vivir de las
apariencias.- opinó Elisa. Era admirable que fuera capaz de disculpar a
la mayoría de las personas. Para ella la maldad extrema no existía.
- ¿De verdad lo crees? ¿No corresponde la decisión final a uno mismo?- discrepó Kara.
- El entorno en el cual
crece un individuo legitima las conductas que ve y el sentido de lo
correcto. April, ha sido una niña muy consentida desde su infancia. Y su
familia es muy homofóbica, jamás entenderán que le gusten las mujeres.
La han moldeado a su antojo y en una doble moral. No ha conocido nada
más y puede que tenga pocos ejemplos que le muestren que otro tipo de
existencia es posible.
- Madre, realmente eres sabia.- se le acercó y abrazó.
- Me ha gustado tu
actitud con Clark. Hay que mantener los principios éticos y actuar con
la razón.- miró la hora y se le iluminó el rostro. Ya eran las diez y
media.
- Salgo al jardín. Lena
debe de estar a punto de llegar.- En el momento que iba a salir, sonó el
timbre de la puerta. Abrió y ante ella había un sonriente cartero.
- Buenos días. ¿Es usted la Señorita Kara Danvers?
- Buenos días. Sí.
- Tengo una carta
certificada para usted.- le informó, a la misma vez que cogía un sobre
de tamaño normal. Le indicó dónde debía de firmar para entregársela.
Tras la burocracia pertinente se la entregó. La giró para saber quién se
la había enviado. Había un cello de una notaria.- Que tenga un buen
día.- se despidió el hombre algo mayor.
- Adiós y gracias.- se despidió la chica rubia.
Se concentro de nuevo en
la notificación que había recibido. La abrió y leyó. Era un
requerimiento notarial para comunicarle la herencia de Ane Mayer, su
abuelita que le descubrió el maravilloso mundo de la lectura. Realmente
estaba intrigada. ¿Con qué la sorprendería tras su ausencia? Se sentó
debajo el sauce, con la mirada perdida a la casa del lado.
Recordó otra vez a la
viejecita, que tanto extrañaba. Siempre salía a cuidar su jardín con
independencia del tiempo que hacía. Tras perder a su única hija, su
existencia se marchito pero supo seguir andando y tratando de alegrar la
vida a sus vecinos. Apreciaba mucho a los Danvers, afecto que no
ocultaba y materializaba sutilmente. Ellos sabían que podrían contar con
su ayuda de forma incondicional. Y demostró con creces su lealtad,
defendiendo a Brian ante los racistas del barrió y facilitando su
integración en el seno familiar. Era capaz de normalizar lo inaudito y
de abrir las puertas de su hogar sin ninguna clase de filtros.
Lena la halló pensativa,
estando a la luna de valencia. Entró y se le acercó silenciosamente.
Kara levanto la cabeza y se desmorono. La barrendera se sentó a su lado y
la abrazó. Percibió su llanto y los espasmos de su cuerpo. Le acarició
la espalda, le dio besos en el cuello y le removió su pelo rubio. Su
respiración se fue enlenteciendo, hasta armonizarse y acompasarse con la
de su pareja.
- Perdona, deberás de
pensar que soy una llorona nata.- ironizó la periodista, a la vez que se
separaba y la miro con sus ojos azules, enrojecidos por el llanto.
- ¡Pero qué dices! Me
encantan las personas sensibles, demuestran que tienen corazón. Aunque
la vida es muy dura y nos hace crecer púas y corazas. Nos educan para
que escondamos nuestros sentimientos, como si fuera algo vergonzoso.-
dijo de inmediato la hermana de Lex Luthor. En su subconsciente estaba
su severa familia, que realmente consideraba una debilidad mostrar sus
emociones y los afectos públicamente. Su madre se le reía a la cara cada
vez que la hacía llorar o estaba triste. Le remarcaba: "Los Luthor son fuertes, jamás lloran en público."
Aprendió a reprimirse y a llorar en su habitación, de forma silenciosa.
Luego, la vida la endureció y se le terminaron las lágrimas. Su umbral
al dolor aumento y se acostumbro al vacío existencial. Personas como
Kara, tan humanas, le parecían excepcionales. Y una parte de ella, no
evitaba compadecerla. El mundo estaba lleno de injusticias y personas
malas, que pisoteaban a cualquiera por sus egoístas intereses.
- A veces desearía ser
más fuerte. Sé que la muerte forma parte de la vida. Aún así, me cuesta
decirle adiós a Ane. Ya desde pequeña conozco que es la desolación y el
enorme vació de quedarte huérfana. Mis padres murieron cuando tenía casi
ocho años. Sigue siendo una realidad que me cuesta digerir.- le
confesó. Lena se impactó. A pesar de qué ella vivió parte de su niñez en
un orfanato e ignoraba porqué estaba allí. ¿Habrían también fallecido
sus padres? ¿Por qué la llevaron al mundo, para luego abandonarla? Antes
de su propio drama, los odiaba por haberla condenado a vivir
insulsamente y sin muchos afectos.
- Cariño, sentir sólo
demuestra que hay vida en nuestro interior. Si llega el momento que nada
nos afecte, será muy preocupante. Estaremos muertos o seremos unos
robots. La vida perdería todos sus matices. Te tocaría como lo estoy
haciendo ahora y no te estremecerías ni te arrancaría un suspiro.- dijo a
la vez que le acariciaba suavemente su angelical rostro, con mucha
delicadeza y ternura. Se le fue acercando, sus labios se rosaron y los
movió hasta darle pequeños besos por la nariz y en sus pómulos.- Tu amor
me hace despertar de mi ensoñación y haces brotar los colores más
bellos de mi existencia tan hueca.
Kara como respuesta sólo
le rodeo con sus fuertes brazos. Su aroma y su calidez la relajaban. Su
filosofía le acarició el alma. Cada vez más el inmenso fondo de Lena le
estaba atrapando. Se percato, que incluso era mucho más intenso que sus
inicios con April. Lo suyo fue algo progresivo y repleto de dudas. Lena
le hacía sentir tanto con un simple roce, con una simple sonrisa y con
su voz, que la hacía acariciar el cielo y volar más allá del universo de
las sensaciones.
- Te quiero.- le susurro
a quema ropa sin previa meditación. Enmudeció. Lena se paralizó y no
rompió el silencio. Su corazón incremento su ritmo, como única señal de
qué sus palabras habían arelado en su interior. No había sido nada
premeditado, no pretendía asustarla. Simplemente, habían salido solas.
Algo se había detonado en sus entrañas y era tan revelador que fue
incapaz de reprimirlo. La amaba, a pesar de qué hacía poco que la
conocía y de qué intuía que existía una aureola de misterio en su vida.
- Kara, yo...- intentó
hablar la barrendera, se la veía muy cortada. Se separo y agacho la
cabeza. No quería ser tan torpe tras sus bonitas palabras y de tal
magnitud. Pero su reacción fue tardía. Era incapaz a decirle aquellas
sencillas palabras y prefería no mentirle.
- No te preocupes. Cómo
diría mi abuelita Ane, no debes de forzarte en decir lo que no sientes.
Debes dejar que tu corazón hable, que es mucho más sabio que nuestra
razón.- le agarró mano y le sonrió. Su gestó le ayudo a serenarse.
- Eres un cielo. Kara,
no quiero que pienses que no estoy bien contigo. Me encanta tu compañía y
me gustas de verdad. Pero por ahora, no sé si siento lo mismo que tú.
Soy consciente que te lo has pasado muy mal con tu ex y no te mereces
que te prometa algo que no sé si seré capaz de cumplir. ¿Me entiendes?-
le miró con sus ojos tan claros, brillantes por lágrimas contenidas.
- Sí. Me basta que sigas
siendo honesta. Lo percibo y lo palpo, no te soy indiferente. Me
conformó con lo que me ofreces.- le beso y arranco cualquier atisbo de
preocupación.
Minutos más tarde, más
tranquilas las dos, se tomaron su tradicional café de media mañana.
Empezaron a compartir sus rutinas y planes. Lena aquella tarde no tenía
tantas clases, pero quería ir a la biblioteca para empezar el trabajo
planteado por Max Lord. Intuía que debía de esforzarse, porque sería muy
exigente y lo miraría con lupa. Para variar Winn le había ofrecido su
ayuda para elaborarlo.
- ¿Y no nos veremos más tarde? Ni que sea para tomar una bebida...- le insistió Kara, imitando a una niña consentida.
- Luego tengo que ir a
comprar, ya sabes cómo esta mi nevera.- declaró Lena algo seria. La
rubia estaba algo desconcertada, incapaz de leer si estaba jugando con
ella o lo decía de verdad.- Invitada estás, eso si no te aburres
haciendo turismo por las tiendas.- añadió con un tono irónico, a la vez
que le hizo un sensual guiño.
- Iría contigo al fin del mundo.- sentenció su novia.
- ¿Y si te pidiera ir al
infierno?- le reto, alucinando por la intensidad de sus sentimientos.
El fantasma de Nicolás se oponía a su felicidad. Y su realismo lacerante
le susurraba que lo suyo no podría terminar bien y seguramente, cuando
supiera sus verdades, la abandonaría. Como podía ser plausible, que la
dejase cuando advirtiera que no era nada especial. ¿Qué le podía aportar
a aquella chica tan adorable, tan culta y buena?
- Mm, eso suena muy
aterrador. ¿No sabes que soy difícil de espantar? No soy de las que se
marcha ante el primer problema que surja. En lo bueno y malo me tendrás a
mi lado.
- Perdona, yo si estoy
algo aterrada.- reconoció por fin Lena. Kara era cómo un huracán, que
arrasaba toda su estabilidad y convicciones. No sabía a dónde agarrarse,
para mantener la cabeza fría y no sentirse otra vez frágil. Su pareja,
fue comprensiva y la abrazó. La escucho sin juzgarla.
- ¡Pues no lo estés,
jamás te haría daño conscientemente!- le susurró a quemarropa.- Quiero
verte bien y fuerte. No pretendo robarte nada. Me encanta que seas un
ser tan independiente y no deseo cambiarte.
- ¿Cómo lo haces para captar tan bien mi esencia?- estaba muy admirada por su ojo clínico y comprenderla tan bien.
- No tiene ningún misterio, tú también eres capaz de hacerlo. Es como si nos conociéramos desde tiempo.
Se miraron durante un
tiempo indefinido, sin hablar. El viento soplaba, sin hacer
excesivamente molesto. El perro del vecino de enfrente empezó a ladrar y
algunos pájaros desplegaron sus alas para huir. Todo seguía su orden
habitual, como un perfecto teatro muy bien elaborado.
- Cambiando de tema, aún
no me has contado qué te tiene tan triste.- se intereso la barrendera,
no queriendo profundizar en los misterios del amor. La chica rubia sólo
le enseño la notificación del notario.
- Si Ane me dejo algo,
no pienso aceptarlo.- concluyó.- Sólo me quedaría con algún objeto suyo,
para que su recuerdo no desvaneciera en mi almanaque de tesoros.
- ¿Y por qué no? Piensa que ella lo destinó así, ¿por qué rechazar su deseo?
- Lena, no sería ético.
Sé que ella disponía de una sobrina lejana. No se relacionaban y no se
porto muy bien con ella. Aún así es más lógico que sea su heredera.-
remarcó con vehemencia.
- Sigo pensando que
deberías aceptarla, es su forma de agradecerte todo tu afecto. Y sé que
este no tiene precio, pero hay que saber recibir lo positivo que la vida
nos regala.- volvió a mostrarle su sabiduría. En esa ocasión, hablaba
por experiencia propia. Ella misma se había encontrado con la misma
encrucijada, cuando Flora antes de morir le comunico que deseaba hacerla
su heredera oficial. Fue una apuesta riesgosa, porque su amiga si
disponía de familiares directos, unos auténticos tiburones sedientos de
su dinero.
Los Serenety de Nova
York habían sido un famoso clan, de raíces aristócratas y pioneras en la
conquista de las Américas. Sobrevivieron a las varias crisis
reinventándose constantemente. Su maldición fue su último heredero, que
sólo engendro a niñas. Florence era la hija mayor y a la cual educaron
como si fuera un chico. Su decisión les costó cara, porque pronto
manifestó un interés peligroso por otras chicas. Su lesbianismo
desagradó a sus progenitores y empezaron una fuerte represión sobre su
carácter fuerte. Ganaron ellos la batalla, pero pudo evitar que le
obligasen a contraer matrimonio con nadie.
Vivió reprimida,
dirigiendo las importantes y exitosas empresas Serenety hasta que sus
padres murieron. Los años habían transcurrido veloces, con una colección
inmensa de éxitos y posesiones que no le hacían sentir realizada. A los
cuarenta años, se admitió que no era feliz. Flora también sabía que era
sentirse rodeada de puras interesadas, que sólo perseguían su dinero.
Lo dejo todo para vivir
sin dinero, con lo que llevaba encima. Sus hermanas, sedientas de poder,
trataron de invalidarla y quedarse con todas sus posesiones. Jamás se
doblego. Busco una gestoría que le administraba el dinero, lo invirtiera
en proyectos sociales y supervisara algunas de sus empresas. Las otras
se las dio a sus sobrinos preferidos, que le mostraron más respeto y
responsabilidad.
Lena le costó aceptar su
propuesta. No quería que el dinero la corrompiera. Ya había dado por
perdida la custodia de su hijo. Flora insistió y le hizo ver que era su
modo de agradecerle que estuviera a su lado, en unos momentos tan
difíciles. El cáncer estaba terminando rápidamente con su vitalidad y
entusiasmo por la vida. Siempre la trato como la hija que jamás tuvo.
- Siempre puedes
invertir su dinero en fundaciones humanitarias.- fue lo que hizo ella
tras recibir su herencia. Sólo se quedo con el dinero necesario para
comprarse su humilde ático y poder sobrevivir los primeros meses en
Nathional City sin trabajo. Aún disponía de un poco de cojín. Necesitaba
poco para su día a día. Siempre le debería mucho a Flora, por todo lo
que le enseño, le dio afecto y un apellido legal. Una seguridad que le
facilito más el anonimato y volver a Nathional City. A su pareja sólo le
conto la versión simplificada. Sólo le oculto un detalle
insignificante, para no que pensara mal y no se sintiera insegura.
- Te prometo que me lo pensaré.- le agradeció.- Este viernes asistiré a la cita con el notario.
- Genial. Me tengo que
ir, a seguir barriendo.- le anunció Lena, le daba un poco de pereza.
Pero no quería despistarse con sus obligaciones. Se besaron brevemente y
quedaron a las sietes de la tarde a su universidad.
Salió a la calle, se
giró y le envió un beso. A medida que se alejaba, sintió que ya la
extrañaba. Aunque le gustaba estar con Kara, temía depender tanto de
ella y volver a perder el norte por alguien. Pero la tristeza en su
mirada azul, tras insinuarle de no verse más aquel día, hizo derribar
sus reticencias. El timón del barco ya no era suyo, se lo había
apoderado una chica arrolladora.
Kara volvió quedarse
pensativa, reflexionando con la intensa y reveladora conversación con
Lena. Le quedo por comentarle su otro motivo de su infelicidad, su
distanciamiento con su primo. Únicamente lo hizo, por no tenerle de
mentirle descaradamente. Ellos dos eran unos profesionales teniendo una
doble vida. De todos modos, algún día le preguntaría que pensaba sobre
la existencia de los extraterrestres.
Los días pasaron
veloces, compartiendo momentos y charlas interminables. Kara trataba de
frenarse, para no agobiala más. Ya no tenía dudas sobre su pareja y
April había dejado de ser su pesadilla. Respeto a la posible herencia de
la Señora Meyer seguía perdida. Sus padres le dieron total libertad de
maniobra. Intuía que cuando estuviera ante el notario su corazón
hablaría. Así ocurrió. El notario, un hombre algo mayor y con el pelo
canoso, le leyó la carta con las últimas voluntades de Ane.
"Querida Kara,
Eres la nieta que
siempre hubiera querido tener. Gracias por tú afecto y compañía. Me ha
encantado enseñarte el maravilloso mundo de los libros. Sumergirte en la
lectura te ayuda a evadirte de tu realidad, no siempre apetecible,
viajar gratis en otros parajes inéditos e idílicos, y vivir otras vidas.
Puede que te ayuden a valorar lo que dispones y afrontar episodios
duros que el destino te repare.
Los libros serán tu
refugio en las tormentas y tus leales amigos. Aún así, no te olvides que
tienes una vida para escribir y poder leer a tus descendientes. No
tengas miedo a andar, a amar y a sentir. Eres un ser muy especial, lleno
de luz. No temas de mostrarte tal como eres, sin ninguna clase de
filtros. Quien te ame, te mirara a los ojos y sabrá lo especial que
eres.
Soy una mujer pobre,
sólo dispongo de mi casa, de un pequeño rincón de dinero y de muchos
libros. Te lo doy todo, porque sé que tú lo sabrás valorar y cuidarás de
mis tesoros. Tengo varias primeras ediciones, que si algún día
necesitas dinero puedes vender. A parte, se que te gusta proteger a tu
familia y te costará volar de su lado. Por eso, creó que si aceptas mi
legado, podrás vivir a su lado para cuidarlos y tener tú propia
independencia y espacio.
Te mereces ser feliz y encontrar alguien bueno para compartir el devenir diario. Te quiero mucho.
Ane Meyer"
Lloró y se puso la carta
el pecho. Aquellas palabras, eran como una bendición de Dios. Cerró los
ojos y se le apareció Lena. Se la imagino conviviendo con ella en la
calle Hope, número 5. Aumentaría su biblioteca, le aconsejaría libros a
su pareja y luego los comentarían juntas. Establecerían su habitación
debajo del tejado. La claraboya sería muy grande, para perderse en la
inmensidad del firmamento. Incluso, empezaron a corretear niños por toda
la casa, llenándola de alegría. La vida brotaba en su futura casa y el
amor se podía acariciar.
Firmó y corrió para
preparar su maravilloso fin de semana junto a Lena, en su pequeño rincón
del mundo. Allí la naturaleza era salvaje y la belleza era puro
éxtasis.
*** Nota ***
Espero que os siga
gustando mi historia. El lobo va enseñando su patita. Al final he
decidido desdoblar en dos ese capítulo. La siguiente entrega será: El
éxtasis de lanaturaleza.
Poco a poco, voy
abriendo subtramas o hechos que tarde o temprano marcaran a Kara y Lena.
Se aceptan sugerencias. Gracias por vuestros votos y ser los motores de
esta historia.
Comentarios
Publicar un comentario