Pequeñas heroicidades
La noche del lunes cayó
mucha nieve en National City, colapsando toda la ciudad y ocasionando
mucho caos. Lena, se despertó al percibir que el apartamento hacía un
frió horrendo, a pesar de haber dejado la calefacción algo más alta del
habitual. Reinaba una penetrante e inquietante oscuridad. Trató de
prender la luz, pero no se encendió.
Se levanto de la cama,
se dirigió a la ventana de la habitación. Levanto la persiana,
comprobando que la carencia de luz era general. La calle estaba medio
iluminada por un camión de bomberos que trataba de hacerse paso a través
de un enorme mantel de nieve, debía de medir unos 30 centímetros. Los
coches aparcados estaban cubiertos de nieve y no se podía distinguir los
límites de la calzada de la acera. Incluso le pareció ver un par de
coches accidentados que obstruían más la circulación.
Al menos parecía haber
terminado de nevar. Abrió la ventana con algo dificultad y un aire
glacial le corto la respiración. La cerró de inmediato. Lo primero que
le vino en la mente, fue las personas sin techo. Se estremeció. No podía
permanecer inerte en el piso. Localizo su móvil, lo encendió y con la
luz de la pantalla cogió una linterna frontal.
Se puso los calcetines
más calientes que tenía, dobles jerséis y encima el mono impermeable de
trabajo. Por suerte se había comprado unas buenas botas, preparadas por
todo tipo de inclemencias ambientales. Busco la bolsa más grande que
tenía y metió varias mantas y un saco de dormir. Se puso el abrigo y
salió el piso.
No le fue fácil salir
del edificio. La puerta estaba tapiada por la montaña de nieve. Se le
ocurrió tirarse por una ventana, pero tampoco debía de ser muy alejada
del suelo para no matarse. Miró la hora y por suerte eran las seis de la
madrugada. Pensó en una de sus vecinas, que vivía en la planta del
entresuelo y solía levantarse en aquella hora. Sin meditarlo subió hasta
su puerta y le dio suaves golpecitos.
Una mujer de unos
cincuenta años no tardo en abrirle la puerta. Aún iba con pijama y se
había puesto un batín de forma apresurada. La miró como si estuviera
loca, no disimulando que le había molestado que le hubiera sacado de la
comoda cama. Su mirada solía estar vacía y cada vez le costaba más
seguir con el devenir diario. Con mala gana le permitió acceder a su
piso y saltar por la ventana.
Hacía tiempo que no
pisaba nieve. En aquellas horas aún estaba blandita y sus pies se
hundían. Los bomberos que trataban de despejar la calzada para ir a
socorrer a alguien, le miraron y gritaron reprochándole su imprudencia.
Se les acerco y ofreció para ayudarles. Lena no pretendía ser una loca
heroína.
Aceptaron su
ofrecimiento. Un hombre algo mayor le ayudo a subir en la cabina del
conductor. Le contaron que debían de acudir a un piso dónde había un
problema de mala combustión del gas. Les acompañaría y después se
comprometieron en dejarla en algún punto de atención a la gente sin
techo, tipo hospital de campaña.
- Esta en el barrio Sud.- en escuchar su destino se le puso el corazón en un puño.
- Por favor puede especificar más.- no evito interrumpirle, rezando que no fuera el hogar de su hijo.
- Calle Hope, número 4. ¿Vive un allegado suyo?
Volvió a respirar de
nuevo y a un ritmo algo acelerado. Se trataba de la casa de la simpática
viejita que el viernes anterior le informó que los Danvers estaban a
Washington. El miedo le estaba carcomiendo por dentro y su mente le
dibujaba los peores escenarios.
- Trabajo en ese barrió y conozco a la señora que vive en esa casa.- le informa al final.
- ¿Vive sola?- se intereso el conductor del camión.
- Creó que sí, no he
visto nadie más por allí.- quiere preguntarles algo, pero le da pavor.-
¿Sabéis si hay fuego, o esta afectando a las casas colindantes?
- La situación por ahora
es algo confusa, pues el aviso es porque sus vecinos huelen a humo que
creen que procede de esa casa. Las comunicaciones están fallando.
National City no estaba preparada por esa inédita nevada.
Lena no insistió más. En
aquellos casos extremos de catástrofes naturales, a pesar de existir
protocolos, cada cual hacia lo humanamente podía. Y eran en aquellos
momentos que salía lo mejor de las almas humanas. Como también solía
aflorar las partes más negativas e insensibles. Era de hecho una gran
prueba para la sobrevivencia.
No tenía mucha fe en la
solidaridad de los conciudadanos de National City, como del resto de
poblaciones de los Estados Unidos. La sociedad cada vez era más
individualista y se preocupaba menos por el próximo. Partía de su propia
experiencia y la de otros.
Tardaron el doble de
tiempo en llegar a la calle Hope. Se relajó en no ver fuego. Tampoco
había luz en la calle, a pesar de que el jardín de los Danvers había un
poco de iluminación. Había un par de focos pegados a la pared de
separación del jardín y otro en la fachada de la casa. Se fijo de
inmediato de que se había sacado la nieve de su entrada y la de su
vecina. Y nada más llegar salió Kara del interior de la casa de la
afectada, cargando con el frágil cuerpo de la anciana.
Los bomberos bajaron
corriendo y los siguió, impresionada por la heroicidad de la hermana de
Brian. Le ayudaron a transportar el cuerpo inerte dentro de la casa de
los Danvers. La chica rubia se encargo de reanimarla, parecía que había
inhalado gas de butano y padecía patologia respiratoria. La barrendera
se agacho y trato de ayudarla. No parecía regresar.
Elisa puso una mano en
el hombro de su hija. Alguien lloraba de lejos, quizás era Brian que no
había podido permanecer cerrado en su habitación. Lena levanto la cabeza
y lo vio agarrado fuerte a su padre. Hubiera chillado que se lo
llevarán de allí. Aunque, tampoco era ningún crimen que a un niño se le
enseñara ya de pequeño que la muerta era parte inevitable de la vida. No
solían prepararnos para afrontarla con serenidad.
Kara no se rendía,
seguía haciendo el boca a boca a su vecina, quizás de toda la vida. Por
eso Lena siguió presionando su zona pectoral. Y ocurrió un milagro, la
mujer reacciono. Fue un instante mágico. Los ojos azules de Kara se
iluminaron y mojaron a la vez. Pareció que estaba saliendo el arcoíris
en el salón.
Lena no evitó acercarse y
abrazar a aquella heroína. Se había ganado su absoluta admiración y
respeto. La chica le permitió aquel gesto tan íntimo y le agarro con
fuerza. Su cuerpo, que antes parecía muy entero, estaba algo tembloroso.
Prefirió romper el contacto.
- La fuga de gas ya está
controlada. Hemos abierto las ventanas para ventilar la casa. La cual
no es segura. ¿Cómo está la Sra Meyer?- les informó el jefe de la
cuadrilla de bomberos.
- Esta más estable, pero parece que le sigue costando respirar.- les comenta Kara.
- La ambulancia no sé
cuanto tardaría en llegar, por eso la mejor solución es que nosotros la
trasladamos en el hospital más cercano. Me podrían facilitar el teléfono
de sus familiares.
- No tiene familia
directa. Su hija murió del año pasado de cáncer.- les comunicó Elisa.-
Puede ponernos a nosotros como contacto. ¿Les podría acompañar?
- No mejor que te quedes
tu con Brian, ya voy yo.- se ofreció su marido. Su mujer no protesto.
Los dos sabían que su hijo pequeño le podría necesitar más, a veces
solía tener pesadillas y sólo ella era capaz de tranquilizarlo.
- ¿Lena le dejamos en el
dispensario del barrió?- me comento el bombero, a la vez que cargan a
la anciana en una camilla plegable. La morena siente como toda la
familia Danvers la observa, como si antes no hubiesen reparado en su
presencia.
- ¿No seremos demasiados en el camión? La prioridad es la señora.
- No se preocupe, esta a
pocas cuadras.- informa el otro bombero.- A parte, he conseguido
contactar con los responsables del centro y están agradecidos de recibir
ayuda externa.
- ¿Puedo venir con
ustedes?- se ofreció Kara, sintiendo como su madre la miraba con una
mezcla de reproche y admiración.- Puedo ir agarrada detrás.
- No hace falta, os
llevo yo con mi todo terreno.- se ofreció papa Danvers.- Pondré las
cadenas, así no les haremos perder más el tiempo.-los bomberos se lo
agradecieron. Estaban recibiendo muchos avisos y estaban algo
colapsados.
Kara subió con su madre
para acompañar a su hermano a su habitación. Quisieran o no, el niño
estaba un poco transpuesto. Jeremías subió para coger las llaves del
coche. Lena se quedo unos minutos sola. En aquel hogar se respiraba un
halo de amor y recogimiento. Era tan distinta a su familia adoptiva, a
pesar de disponer de más lujos. Observó las fotografías de la sala de
estar. La mayoría de ellas eran de los tres hermanos.
Observó que todos
adoraban a su hijo, por la forma que lo miraban y cogían. No evito
perderse en el rostro de la chica rubia, siempre con los ojos llenos de
alegría y ternura. El destello de tristeza del día anterior parecía ser
algo transitorio.
Regreso el jefe de
familia y se ofreció para ayudarlo a poner las cadenas, necesitaba
sentirse útil. El hombre acepto su propuesta. No era muy hablador,
aunque se sintió alguna vez asechado por sus ojos. Se estaba mordiendo
la lengua para no hacer un interrogatorio de tercer grado. Parecía un
ser muy protector.
Minutos más tarde,
consiguieron sacar el coche del garaje y ponerlo en circulación. Kara ya
había bajado del piso de las habitaciones de dormir. Iba cargada con
varias mantas, que colocaron detrás junto a las otras que se había
traído la barrendera. Se acomodo al asiento del copiloto y se giró para
hablar con ella.
- Muchas gracias por
ayudarme con la Sra. Meyer, era como mi abuela. No se merece morir de
esa forma. Su vida ha sido muy dura.- se justifico.- No hay peor
pesadilla para una madre perder a un hijo.
- Me lo imagino.- no
evito decir Lena. Por suerte la luz del interior del vehículo no era muy
intensa y disfrazo su estado de ánimo.
- Mi hija tiene un
corazón enorme, en muy sensible al padecimiento humano.- le sonríe, está
muy orgulloso de ella.- Cariño, Ane empieza a ser mayor y deberemos
prepararnos por su marcha.
- Lo sé padre. Es sólo
que aún no estoy preparada para decirle adiós.- su padre alarga su mano
derecha y le agarra fuerte sus manos.
- ¿Brian se ha quedado más tranquilo?- le pregunto Lena tras unos minutos de silencio.
- Sí. Más tarde le
sacaré para construir un muñeco de nieve y aprovechare para hablar con
él.- le informo Kara, que no dejaba de asombrarla. Una chica muy madura
por su edad.- Es un niño muy valiente. Su infancia fue algo dura, pero
lo educamos para que sea un chico fuerte y prepararlo para la vida. No
es sano endulzar una existencia.
- Educar para nosotros
es darles afecto y herramientas para dirigir su vida de forma libre,
teniendo conciencia de sus actos y respeto por el mundo que les rodea.-
le apoyo su padre.- No hay senderos perfectos, cada cual debe de
aprender mediante ensayo y error.
- Me parece una gran
filosofía.- se lo dijo sinceramente. Aquella noche le quedaron menos
dudas de su decisión de hacia solo dos años. No evitaba que le doliese y
el sentimiento de haber sido una mala madre siempre le acompañaría.
Cayeron en un lánguido
silencio. La barrendera miraba hacia la calzada. Los faros grandes del
todo caminos hacían brillar la nieve, parecía que fuera oro blanco.
Mientras los laterales, parecían el oscuro del infierno. Se perdió en
sus pensamientos, que se iban repitiendo como una cinta atascada. La
piel disponía incluso de memoria y fue capaz de reproducir todo lo que
sintió siendo una vagabunda.
Era duro vivir en la
intemperie, resguardarse de la lluvia dentro de un caja de papel, o
debajo de un banco de madera o agujerado... Incluso, en Nova York sufrió
una terrible nevada. Terminó ingresada en un hospital por hipertermia.
Algunas veces pensaba que hubiera sido mejor morirse aquel día.
Kara la observaba a
través del espejo del para rayos de su lado. Había captado su tristeza,
la nostalgia corrosiva que reflejaba su ser. Le parecía una preciosa
flor marchita. Un ser que escondía dentro de su caparazón como los
caracoles. Y cada vez que la veía, más le intrigaba.
Verla aparecer en su
casa, junto a los bomberos, le impresiono. Había leído en sus ojos
hipnóticos una preocupación sincera por su abuela adoptiva. Quién el día
anterior le había hablado maravillas sobre la barrendera. Se sentía muy
agradecida con ella, sólo porque le ayudo a regar su jardín.
Supo en aquel instante,
de un silencio compartido, que le gustaba Lena. Era prematuro, o quizás
un alumbramiento, pero aquella chica misteriosa le había acariciado el
corazón en sólo 24 horas. Y eso consistía el enamoramiento, encandilarte
de otra persona en un abrir y cerrar de los ojos. Jamás había garantías
que aquello se convirtiera en algo serio y llegase a amarla.
Querer a alguien para
ella era una palabra mayor, que se ganaba con el paso del tiempo. No
estaba sujeto a una simple atracción física. Era mucho más, a veces
indescriptible en palabras. Era sentir que la otra persona fuese tu
hogar, aquel que siempre regresarías, donde podrías ser siempre tu misma
y muy respetada.
Deberían de compartir un
proyecto de futuro y unos valores consistentes. No podría estar jamás
con personas que se riesen de otros, insensibles con las personas
distintas o necesitadas... Por eso, en cierta forma Lena le había
acariciado el alma en salir de su hogar aquella noche sólo para ayudar.
Le encantaban las personas comprometidas con los valores o la sociedad,
cada vez más individualista.
Un cuarto más tarde
llegaron al centro parroquial del barrio, el cual se había habilitado
para atender a los vagabundos de la zona y a familias con bajos recursos
económicos. Jeremías les ayudó a descargar as mantas y a entrarlas
dentro del edificio. Había pocos voluntarios y el párroco les agradeció
su gesto. Lena que había vivido a primera mano aquella situación,
estando al otro lado, tomo la iniciativa. Kara se limito a obedecer
órdenes y a imitarla.
Kara a las nueve, se fue
para la cocina para elaborar un caldo con los restos de comida
proporcionados por los vecinos. Lena recibió una llamada de su superior
más inmediato para que se incorporara al trabajo, en el barrió Sud. En
esa ocasión se asignaron más recursos. Antes de irse, subió a la cocina
para despedirse de su nueva amiga.
- Me tengo que ir al trabajo, hay que despejar las aceras y tirar sal. Las temperaturas por ahora no subirán.
- Tiene merito tu
trabajo, los ciudadanos no valoramos suficientemente vuestra tarea.-
hizo colorear a la tímida barrendera. Jamás había tenido tanto poder
sobre una mujer. Aquello le enternecía y le empezaba a confundir un
poco. Algunas veces le había atrapado mirándola de reojo. Su madre creía
que era heterosexual, pero ella lo dudaba.
Kara no pudo evitar
acercársele mas, lo hizo sin meditar ni buscando segundas intenciones.
Aquel día le estaba resultando muy duro y necesitaba de calor humano. Le
abrazó de forma suave, esperando su reacción. Cuando sintió sus fuertes
brazos, curtidos por el trabajo intenso de barrendera, entornó de su
cuerpo incremento algo la intensidad.
- Otra vez gracias por
ayudarme a reanimar mi abuelita.- le susurro cerca a su oreja derecha.
Sus labios le rozaron la piel y no evito regalarle un breve beso.
Percibió que con aquel simple contacto se estremecía. Como intuía
aquella flor marchita necesitaba de mucho afecto.
- Ya verás que saldrá de
esta y seguirá velando por vosotros.- le deseo antes de separarse e
imponer una gran distancia entre ellas. Le sonrió y la dejo volar.
Cuando estuvo cerca de la puerta de salida no evito llamarla y
proponerle verse al medio día.- Me escaparé a casa, para jugar con
Brian. ¿Te pasarás?
Tardó algo en
responderle. En sus ojos estaba impresa una duda razonable. Aquello le
había generado unos sentimientos algo contradictorios. Al final, sólo le
ofreció una respuesta demasiado formal. Dependía del trabajo. A pesar
de ser algo lógico, presintió que una parte de ella la estaba
rechazando.
Sus apreciaciones no
estaban lejos de la realidad. Lena se sentía muy vil por ir alimentando
su amistad. Era buena chica y no se merecía que se aprovechará de su
buena fe. Cuando salió a la calle, cada vez más despejada de nieve y más
controlada, se prometió que se alejaría de la familia Danvers. Hacía
dos años que había renunciado a reclamar a su hijo, era el margen que la
ley que determinaba para poder recuperar sus derechos como madre. Debía
de ser fiel a sí misma y no interferir más en su vida. Quisiera o no,
todos sus actos tenían efectos secundarios. No era ningún fantasma.
.... Nota de la escritora....
Gracias por vuestras
votaciones. Hecho en falta vuestros comentarios sobre la historia. Pero
bueno, tampoco me gusta exigir nada. Si me regalais estrellitas ya me
doy por satisfecha, como a señal que os esta gustando la historia.
Por ahora, es algo que
se va cociendo lento. Bueno, en parte es una lucha interna de Lena. Le
ha caido muy bien Kara y no se quiere aprovechar de ella. Por el otro
lado, sufre por sus elecciones pasadas y se siente muy culpable por
haber tenido de dejar a Brian en adopción.
Ese capítulo es
totalmente inedito, en mi historia original no estaba previsto esa gran
nevada. Pero lo he creado por aligerar algo su historia. Admito que me
gusta forjar las historias a fuego lento.
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