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LA BARRENDERA. (4) La lectora

Lena se levanto con energía, con el firme propósito de ver a su hijo marcharse para la escuela
LA LECTORA

Lena se levanto con energía, con el firme propósito de ver a su hijo marcharse para la escuela. Se vistió rápido, temblando por el frió que hacía. Por la noche dejaría la calefacción un poco más elevada. Por aquel día habían pronosticado que nevaría. Un hecho algo inaudito en la ciudad de National City, que según el chico del tiempo hacia diez años que no lo hacía.
Su padre le solía decir, en una de sus vacaciones en la montaña, que cuando nevaba debía de hacer buen tiempo, el día parecerte algo cálido. Por eso, cuando salió a la calle y tirito más por el frió no creyó que cayeran copos de nieve, a pesar de qué el cielo era muy gris.
Los lunes solían estar llenos de estrés. Todo el mundo parecía correr más de lo normal. Más de uno hubiera preferido restar más horas en la cama. Un día sin sol tampoco ayudaba a tener un buen estado anímico.
Llegó algo tarde a su sitio de trabajo. Sacó un carro y añadió en él más bolsas. Determinó que cuando terminaría el turno ya lo dejaría ya apunto, para no perder más tiempo el día siguiente.
Empezó a barrer con ahínco. Las calles tras dos días sin limpiar estaban muy sucias. El ayuntamiento, al ser un barrio periférico, habían optado por prescindir de los servicios de limpieza a los fines de semana y festivos. La maldita crisis. ¿No se daban cuenta que la gente solía ensuciar las calles igualmente? Se deberían de quejar, pensaba cada lunes.
Y aquel lunes aún estaba peor. La gente solía ser incívica por naturaleza. Tiraban las latas de bebidas a donde les daba la gana, cacas de perros en medio de la acera, chicles pegados al suelo, cascaras de frutos secos desparramadas alegremente, bolsas de basura al borde de la calle...
Pudo haber pasado y no haber hecho una limpieza tan a fondo, pero le gustaba hacer su trabajo bien. Pero tener un barrio limpió y reluciente, ayudaba a que los vecinos de la zona vivieran más a gusto en un ambiente más sano. Creía que el entorno físico ayudaba a tener un buen estado de ánimo. Y también le importaba Brian. Sabía que le encantaba jugar por la calle y en el parque. Por eso se esmeraba que ambos sitios estuvieran relucientes.
No evitaba mirar la hora y antes de llegar a la calle Hope, ya supo que aquel día ya no lo vería. El corazón le iba a mil por hora debido al gran esfuerzo realizado. Se detuvo. Cogió aire. Maldijo haber conocido a Nicolás cuando cumplió los 17 años. Un chico afroamericano, amigo de un chico de su nueva panda. Un año mayor que ella, ambiciosos, seguro de sí mismo, seductor, rebelde y con un gran ego. Le destruyo la vida. Irónicamente que fuera una Luthor le perjudico. Ningún casa fortunas se aprovecharía de ellos. A fin de cuentas, la víctima tan sólo fue ella.
Los ojos se le mojaron y se le hielan los ojos debido al intenso frió. El termómetro de la farmacia de la esquina indicaba que estaban a cuatro grados menos cero. Volvió a coger la escoba y a barrer. No quería mirar hacia atrás, pero la impotencia la carcomía por dentro. No dejaba de preguntarse: ¿Y sí hubiera obedecido a sus padres des de un principio? ¿Y si hubiese abortado? ¿Y sí...?
- ¡Y nada!- sentencio en voz alta. Debía de asumir su realidad. Conformarse en ver a Brian de forma esporádica. ¿Qué más podía hacer sino quería recuperar sus derechos como madre?
Entró en la calle Hope, a las nueve en punto. Enfrente de la casa de los Danvers, había una chica rubia, con el pelo liso y un poco recogido en una informal coleta, barriendo su acera. Llevaba un abrigo de lana de color marrón y una bufanda blanca. Era delgada y parecía tener unos veinte y pico años. Dedujo que debía de ser la hermana de Brian.
Una parte de Lena, algo impulsiva, le hubiese empujado a correr hacia ella e interrogarla. Lo obvio. La preciosa chica terminó de limpiar, recogió los escombros mediante una pala de jardín y los tiro en su propio contenedor de basura. Fue en este instante que la vio. Le sonrió y le saludó jovialmente. Solía ser extraño un comportamiento como el suyo. Se había perdido la educación y la sociedad era muy fría.
Le devolvió el gesto. La chica estuvo unos segundos observándola como barría y entro en su hogar. Lena se lamentó no haber escuchado su voz interior. Había perdido una oportunidad de conocer a la hermana de su hijo. Parecía una chica muy adorable.
Siguió con su tarea resignada. Cruzo la calle para barrer la acera contraria de los Danvers, pero cuando estuvo al otro lado, no evito girarse y contemplar su jardín. Se sorprendió en ver a la chica rubia sentada en el desván de debajo del gran sauce, leyendo como ni nada, a pesar del frió que hacía. No se resistió en aquella ocasión. Aparco bien su carro de barrendera y cruzó otra vez la calle.
La lectora no se percató de cómo la barrendera se acercaba al límite de su jardín y la observaba llena de curiosidad. Lena no se atrevía a romper el silencio. Des de lejos pudo leer el título del libro que leía, Lo que el viento se llevó. Le conmovió su historia, en cierta forma muy triste.
La chica rubia dejo de leer. Se sacó los lentes y con un pañuelo se seco sus ojos. Verla llorar le rompió el corazón. Se estremeció. Iba a girarse, pero algo le impidió huir. Era incapaz de ver a alguien padecer. Sin meditarlo accedió al jardín de los Danvers. Se le acercó y con su voz más dulce le hablo.
- Hola, muchas gracias por ayudarme.- la hermana de Brian levanta la cabeza y la mira algo sorprendida por su atrevimiento. Lena se pierde en sus preciosos ojos azules celestiales. Su tristeza que le traspasa el alma, como si alguien le hubiera disparado una flecha en el corazón.- Yo, sólo....- consigue decir, sintiéndose muy torpe.
- ¡Ah, por barrer un poco la calle!- exclama la chica rubia, quitándole importancia a la vez.- No cuesta nada. Es lamentable que el ayuntamiento recorte en la limpieza de nuestras calles. Estaba hecho un asco del fin de semana.- le volvió a sonreír, ocultando el profundo dolor que creyó leerle en sus ojos. ¿O quizás era una persona sensible y la historia de Scarlett O'Hara le afectaba hondamente?
- Sí es lamentable.- le apoya, sintiéndose aún muy cortada. Tras la muerte de Flora se había encerrado en sí misma, como ya lo estuvo antes de conocerla. No se relacionaba con nadie, no tenía amigos, y con los compañeros del trabajo lo mínimo. Por eso se había ganado la fama de ser algo antisocial, por su carácter huraño y responder siempre con monosílabos o con las palabras justas.- Deberían de quejarse.
- Ya lo hizo mi padre, pero no sirvió de nada.- admitió la chica, cerrando el tocho de libro que leía. Lena se fijo que no llevaba guantes y no parecía tener frió. Le impacto por su heroicidad y apariencia humilde.- Le admiró, barrer las calles con esas bajas temperaturas. ¿Quiere un café?
La barrendera enmudeció. Fue incapaz de dejar de mirar sus preciosos ojos celestiales. ¿De dónde había salido aquel ser tan luminoso? La lectora interpretó su silencio como un sí. Puso una señal en el libro y entró al interior de su casa.
- No hace falta, no se preocupe.- atinó a decir Lena cuando estuvo lejos y no la escucho.
Se sentó algo resignada en el diván. Cogió aquella obra clásica y la abrió. En la primera página vio una dedicatoria. No evito leerla, a pesar de saber que era privado:
"No quiero que el viento se lleve lo nuestro, como le ocurre a la protagonista. AC"
Cerró el libro y lo devolvió a su sitió. Algunos interrogantes brotaron en su interior. Puede que su tristeza se debiera a lo que significaba aquella historia en su vida. Sólo deseaba que nadie le hubiese roto el corazón. No la conocía, pero le parecía un ángel. Expulsó sus inauditos pensamientos. La situación era algo hilarante o rara. Y se planteo aprovecharse de la amigabilidad de la hermana de su hijo. Sería fácil hacerse amiga de ella. Gustase o no, podía ser la única forma de estar más cerca de él. Expulsó de su mente sus alocadas ideas. No sería justo por la pobre chica, que a pesar de tener unos 23 años se le veía algo inocente e ingenua.
No tardó en llegarse el aroma de café recién hecho. Apareció la chica rubia con una bandeja de color rojo, cargada con dos tazas de café, una jarra de leche y plato con galletas marca Dinamarca. Lena se levanto y trato de ayudarla, sus ojos se cruzaron.
La chica se despisto y al bajar jardín pone mal un pie y pierde el equilibrio. No cayó al suelo gracias a que la barrendera la sujeto a tiempo. Las bebidas se derramaron por la bandeja y la comida se fugo de su sitio e incluso algunas galletas acariciaron el suelo. La rubia se coloreo. Lena primero se rió un poco y al ver su sonrojo se mordió la sonrisa.
- No pasa nada.- dice de inmediato, a la vez que le coge la bandeja y la pone en la mesita de jardín de debajo del sauce.- ¿Por cierto, se ha hecho daño?- no evita tratarla de usted. La hermana de Brian sigue roja como un tomate y sin decir nada.
- Por favor, tutéame. Me haces sentir mucho mayor de lo que soy.- se ríe por primera vez e ilumina aquel día tan oscuro.- Estoy bien, no te preocupes.- mira la bandeja que parece una pintura modernista con lo derramado.- Iré a por otros cafés.
- No hace falta.- se avanza Lena, a la vez que coge la tasa más vacía y un par de galletitas mojadas.- No hará falta que las moje con la leche.- y le vuelve a hacer reír.- Vamos siéntate, disfrutamos de desayuno.-La anfitriona le obedece. Coge su tasa y se bebe un pequeño sorbete.- Un brindis para nosotras.
- No sé si será buena idea, ¿no trae mala suerte hacerlo sin alcohol?
- Leyendas urbanas.- quita importancia Lena, a la vez que toma la iniciativa y chocan sus tasas. Le hace reír de nuevo y le sigue sabiendo a gloria.- Por cierto, me llamo Lena Serenety.
- Yo Kara Danvers, para servirte y hacerte la tarea de barrendera más agradable. Ya sabes, siempre podrás disponer de un café recién hecho cuando pases por aquí.- le sugirió la chica tan adorable y se volvió a sonrojar. Le pareció, en aquella ocasión algo tímida. No entendía tanta generosidad respeto a ella, a fin de cuentas eran dos extrañas compartiendo un desayuno de diamantes.
- ¡Oh, no hace falta! Muchas gracias por tu invitación, con ese frió me ha sentado de mi maravillas.
- Me alegra. Presiento que hoy será el inició de una amistad.- y volvió a sonreírle, siendo algo seductora. Lena expulsó sus malos pensamientos de la cabeza. Kara sólo estaba siendo simpática.
Se levantó y se despidió. Salió a la calle, sintiendo como su nueva amiga le seguía observándola. Antes de retomar su ardua tarea, se giró y la vio de nuevo concentrada en su libro. Sonrió feliz por aquel encuentro. Sí, debía de mimar aquella reciente relación. Sólo cuando estuvo lejos de la calle Hope, le invadió el peso de la culpabilidad. No quería ser tan interesada. Pero le resultaba tremendamente fácil tratar a la hermana de su hijo y le era imposible frenarlo. Determinó que todo fluyera naturalmente, sin forzarlo.
Horas más tarde
Horas más tarde...
Terminó de barrer a la una y media del medio día. Se sentía muy cansada. El sol seguía sin salir. Decidió volver al inició de la ruta pasando por la calle Hope. Al pasar por casa número 3, se sorprendió en ver aún a Kara sentada en el diván, leyendo el mismo libro. No evito detenerse y contemplar su precioso rostro tan concentrado en la lectura.
- ¿No tienes frió?- le pregunto al final. La rubia dejo de leer, la miró y le sonrió.
- No. Me encantan las bajas temperaturas, van bien para tonificar el sistema inmune.- se levantó y se le acerco. Apoyo los brazos en el borde de la pared que separaba el jardín de la calle.- ¿Y cómo llevas tu el frió? Tienes la nariz roja y los labios partidos. ¿No te duelen?- su rostro refleja la angustia que le provoca ver su maltratada piel.- Tengo algo que te ira genial. Eres muy guapa y debes de cuidar más de tu piel.
- No te preocupes.- dice Lena, avergonzada y algo sonrojada. Vivía sin prestar atención a su físico y estado de cutis. Tampoco estaba acostumbrada que nadie se interesase por ella.
- ¿Me esperas? No te vayas por favor.- le suplico Kara. Entro en su hogar corriendo.
La barrendera, algo incomoda, se impaciento un poco. Miro el reloj, faltaban diez minutos para las dos. Si quería ir a la universidad no se podía demorar más. Y aparte aquella chica tan angelical le trastocaba, la hacía sentir frágil y cohibida. Exploró el jardín de los Danvers para relajarse, no debía alarmarse. La hermana de su hijo parecía buena chica, le había invitado a un buen desayuno sin conocerla de nada y sólo se interesaba por la salud de su piel. Había poca gente como ella.
Vio como la cortina de una ventana de la izquierda se cerraba. Alguien la había estado observando sin que se percatara. Supuso que era mama Danvers. Se sintió algo incomoda. Le importaba mucho la opinión que pudiera tener de ella. Debía de ser consciente que las clases sociales podían siguiendo un obstáculo según qué personas. Era el miedo que le estaba hablando su consciencia. Hubiera podido irse y dejar en paz a Kara. No estaba bien que se aprovechará de sus buenas intenciones.
Se giró, cuando su ángel salió del interior de la casa. Consigo llevaba un bote de crema de cacao y otro de crema hidratante facial. Le mantuvo la mirada y le sonrió para agradecerle el gesto. Le paso primero el remedio por sus labios cortados. Se unto dos dedos y se la paso bien por sus labios. La chica rubia desvió los ojos hasta el lado del seto del jardín. Como si le perturbase mirarla.
- Lleva un poco de miel.- no evito comentar la barrendera, tras friccionar los dos labios y repartir mejor el ungüento.- Gracias.- le devuelve el bote.
- Sí, es muy natural. Te lo regalo.- rechazándole.- Ahora sólo te falta hidratarte esa nariz quemada por el frio.- pero al notarla algo perpleja, como paralizada, es ella quién le termina por aplicarle la crema. Siente que con su breve y sutil contacto se extrémese. Se aparta rápidamente.
- No entiendo, porque eres tan buena conmigo.- declara Lena, muy ruborizada.
- ¿Y por qué no debería hacerlo?- le reta Kara, sin dejar de mirar sus ojos verdes-azules. Le conmovía aquella chica, quizás un par de años mayor que ella, que le pareció una gatita salvaje y arisca. Como si le faltase mucho afecto en su vida. No le conocía de nada, pero en su alma no leía ni una gota de maldad.
- Quizás me tiene lastima por mi profesión.- se sincera Lena, porque a veces sucedía. La gente solía tener lastima por ella, creyendo que trabajaba de barrendera por pura necesidad.
- ¡Oh, así que es eso! No suelo juzgar a las personas en función de lo que se dedican.- le remarca con intensidad. Jamás se había considerado una chica superficial. Sus padres le habían educado con valores y al adoptar a Brian le habían ofrecido un gran ejemplo de principios.- Discúlpame no pretendía ofenderte.
- No, no perdóname tú a mí. Te hecho pagar los desprecios de otros.- dijo de inmediato Lena, sintiéndose algo cruel por haber supuesto tanto. Odiaba ver la caridad en los demás. Flora le diría que era producto de haber vivido tanto tiempo en la calle, te curte y te convierte en un ser desconfiado.
- ¿Firmemos la pipa de la paz?- le sugirió la chica rubia, a la vez que le ofreció la mano derecha. Se la cogió y agarro con tacto. Fue un contacto intenso y breve.- Y si te sientes mejor, me compras una crema labial nueva. Pero esos labios..., se tienen de cuidar.- lo dijo de una forma tan tierna, dulce y con un poco de tartamudeo que le pareció el ser más adorable que existía en la faz de la tierra.
- Me parece un buen trato.- admite Lena de inmediato. ¿Por qué debía de ser tan orgullosa? No todo el mundo se quería reír de ella.- Otra vez, gracias por todo.
- ¡Ah, con la mujer! No sé merecen. ¿Qué sería de la humanidad si no nos preocupásemos por las otras personas?
- Navegaríamos a la deriva y podría ser el fin de la humanidad. A veces, también me pregunto cuántos años le queda al ser humano en una sociedad cada vez más fría.- siguiendo su hilo filosofal. Miró otra vez la hora, ya eran las dos y cuarto. Una parte de ella no quería irse, pero no debía de abusar.- Me tengo de ir, debo de asistir a clases.
- Muy bien. ¿Y qué estudias?- se intereso Kara.
- Ciencias empresariales y económicas.- le hubiera gustado presumir de otra carrera de matiz humanitario, para impresionar a la rubia. Pero no realizó ningún comentario sobre ello.
- Nunca es tarde por estudiar. Yo soy periodista, en busca de trabajo. Se lo digo, por si sabe de algo...
- Tomo nota.- Lena le sonrió y consiguió que le volvieran a iluminar sus ojos azules, algo melancólicos. Y no pudo evitar darle un consejo, algo riesgoso sin haberse tratado previamente.- A veces duele que el viento se lleve consigo vivencias, quizás no vuelva a ser como antaño pero no se olvide de seguir andando, con lo que una ya dispone. Puede que el viento despeje nuestro horizonte y veas quién siempre permanecerá a tu lado sin condiciones.
Kara se paralizo y enmudeció con su declaración, le había impactado. Le acarició el alma. Necesitaba escuchar aquellas palabras de aliento, que le daban esperanza y ayudaban a mantener su decisión. April le había hecho prometer que se replantearía lo suyo.
El haberse cruzado con aquella hermosa barrendera, que había sido capaz leer su alma y aliviarla con un simple gesto, era una gran revelación para la chica rubia. Un ser bueno, que la amase de corazón, no la haría sufrir tanto. Intentaría hacer caso de su consejo, no mirar más hacia atrás.
Lena se fue y se la quedo mirando cómo andaba rápido calle hacia abajo. En ese instante, su madre la llamo para comer. Su padre aquel día no vendría, pues tenía una reunión en su empresa de publicidad. No era muy popular, pero tenía suficiente cartera para vivir holgadamente.
- He visto que has conocido a la nueva barrendera del barrio.- le comento su madre cuando comían.- Ha generado mucho revuelo.
- ¿Y eso?
- Las vecinas les extrañan que una mujer tan bella se dedique a eso. Alice, teme que su marido se prenda de ella. ¡Por dios esta paranoica!- se refería a su mejor amiga, con la cual parecían perro y gato. A pesar de todo, se adoraban mutuamente.
- ¡Es una profesión cualquiera!- añade Kara, quitándole importancia.
- Sí tienes razón. Pero ya sabes cómo suele ser la gente.- le sonríe, sintiéndose muy orgullosa de ella.- Por cierto, a ti también te ha gustado... ¡Eh, picará! Por eso había dos tasitas de café en la cocina y te he visto como le aplicabas la cremita en la cara.- le dio una palmadita en el brazo, divertida en verla ruborizarse completamente. Su hija menor siempre sería un libro abierta para ella.- Me alegro que dejes de pensar en la interesada de April y valores nuevos planetas.
- Poco a poco, ya sabes que tampoco se deja de amar a alguien de un día para otro.- dice Kara, algo triste.
- Cierto. De todos modos, vigila con la barrendera.
- Se llama Lena.- le interrumpe, no le gustaba referirse a ella con aquel apodo. Y añade lo que le solía decir su madre:- Nunca hay que precipitarse.
- Eso. Yo no tengo radar, pero diría que no tiene pinta de ser lesbiana.
- ¡Ah, yo tampoco tengo pluma!- ironiza Kara.- Ni Álex la tiene.
- No me recuerdes que par de hijas me ha dado Dios. Puede que no tengáis, pero os he educado a las dos y veía como mirabais a los chicos y a las chicas.- hizo reírse a su hija y debatieron otros temas.
Entendió a su madre, no debería de ilusionarse tan ligeramente de las personas. Lena era una chica bonita, algo silvestre y misteriosa que le había encantado conocer. Aquello no era garantía de nada. Tampoco se sentía preparada por iniciar otra relación, antes debía de olvidar completamente a April. Por desgracia, el viento no se había llevado todos los escollos de su historia. Y aquel atardecer, recordó todo lo bueno que habían compartido.
Tras ayudar a su madre a recoger la cocina y limpiar la casa, regresó al jardín. Cogió el mítico libro y abrió la primera página. Allí encontró la dedicatoria de su ex. Le regalo aquel libro a raíz de su primera crisis de pareja. Se estaba cansando de sus idas y vueltas. Quería que se comprometiera seriamente con ella. Y a raíz de ello, se fueron a vivir juntas. Lo que el viento se llevó, pretendía de ser un adiós a la anterior época. Dedujo que Lena debería haber leído lo que le escribió Abril, por eso le aconsejo. Aún así había sido capaz de captar su tristeza, que trataba de ocultar a su familia para que no padecieran por ella.
La barrendera le había impactado. En sus ojos claros había visto un inmenso vació y melancolía. Cuando derramo el café, la vio por primera vez reírse de algo. En cierta forma, parecía que hacía tiempo que no se reía. También se percato que sus modales habían sido muy finos, por su forma de coger la tasa y el modo de estar sentada. Le recordó a su ex, tenía un porte muy de señorita de alta sociedad. Su vocabulario tampoco era barrio bajero.
Dejo de cavilar sobre ello. A fin de cuentas, un barrendero no debería de pertenecer a una clase social con bajos recursos económicos. Podría ser una profesión vocacional perfectamente. O un simple trabajo. Y Lena debía de querer progresar al estudiar empresariales.
Quizás si seguía tratándola descubriría sus secretos, quién sabe. Determinó que lo mejor sería que todo fluyera de forma natural. Como le encantaba leer al aire libre, seguiría haciéndolo. Si a la barrendera le apetecía hablar lo harían. Si pasaba de ella, sólo disfrutaría de su belleza silvestre.
..... Nota de la autora....
Espero que os siga gustando la historia. Y sino me lo decis. Puede que en esa historia no publique tan seguido. Ya veremos sobre la marcha.
Gracias por vuestras votaciones y dejar vuestro comentario.
Próxima parte será:
¿Sigue siendo tú sueño?

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