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LA BARRENDERA. (3 ) La Universidad de la vid

La Universidad de la vida

A Lena le gustaba su rutina diaria
A Lena le gustaba su rutina diaria. Levantarse a la misma hora, barrer, llegar a la calle Hope y ver a Brian subiendo al bus de la escuela. A veces salía solo, o acompañado por alguno de sus padres. Era un niño alegre, extrovertido y afectuoso con sus progenitores. No volvió a interactuar con Elisa, su madre. Ni se atrevía a decirle nada. Intentaba no mirarlo tan directamente, para no incomodarlos más.
Joseph no le estaba tan encima. Había visto que era trabajadora y que sólo se hacía la remolona en la calle Hope. Como era mitad de ruta, creyó que era debido a la flaqueza femenina. No solían hablar. Cada cual iba encerrado en sí mismo.
La barrendera solía meditar sobre la vida y su trayectoria vital. No lamentaba todo lo vivido. Bueno, sólo cambiaría algo. Una decisión. Pero antes debía de responderse otras preguntas. ¿Había hecho lo necesario antes de escoger? ¿Era víctima del destino o de las malas elecciones previas? ¿Lo justificaba todo que fuera una hija rebelde? ¿Era sólo culpa de su entorno familiar?
Para muchos tuvo suerte en ser adoptada por una familia adinerada, cuando tenía 6 años. Recordaba algo vagamente el orfanato. Compartía habitación con otras niñas. El espacio era uniforme e impersonal. Los juguetes eran sencillos y se compartían. Los días se parecían, excepto los domingos. Al ser un centro regentado por monjas, estaban obligadas a asistir a la misa semanal. Se las vestía con su mejor vestido, que iban heredando de las niñas mayores.
Un día, la madre superiora la saco de clase y le pidió que luciera una generosa sonrisa, que la suerte había llegado a su vida. Unos padres amorosos estaban dispuestos a educarla y convertirla en una muchacha de bien. Lionel y Liliana le esperaban en su despacho. Traían consigo el último modelo de muñeca. Se las cogió de las manos, como si le hubiesen regalado un lingote de oro.
Ahora pensaba, que se había dejado seducir por los bienes materiales. Paso de los juguetes sencillos y el don de compartir los objetos, al poseer toda clase de artilugios para ella sola. Cuando se saciaba disponía de otras atracciones. A nivel afectivo, no noto mucho cambio. Pues su madre la trataba de forma muy fría, sólo le interesaba que fuera una señorita de pies a la cabeza. Si se ensuciaba le echaba bronca, a pesar de qué no era ella quién la tenía de limpiar. Sólo le importaba la buena imagen y las apariencias.
No todo era juego. A parte de acudir a unas de las mejores escuelas de Metrópolis, tuvo de asistir a clases privadas para alcanzar un mejor nivel académico. Incluso, se le impartieron lecciones de buenos modales, de etiqueta, idiomas... A veces, se la llevaban en actos sociales, dónde debía de comportarse como niña adulta.
El matrimonio tenía un hijo propio, Lex, tres años mayor que ella. Era el consentido de Liliana, al cual le perdonaba todas sus travesuras. Al principio, no se llevaban bien. Se metía mucho con ella, quitándole o rompiéndole juguetes, culpándole de sus faltas, siendo irrespetuoso... Con el tiempo se suavizo, fuera porque jamás se quejo de él o porque era muy bonita. En la adolescencia explosiono como mujer y no se le escapo como él y sus amigos babeaban por ella.
Su padre, quizás era el único que le mostro más afecto. No obstante, dedicaba más tiempo a sus negocios que a su propia familia. Solía incentivar a su primogénito para que le acompañara a sus oficinas y fabricas. Y la quiso también implicar en el negocio. Objetivo que no consiguió, porque al iniciar el instituto empezó a revelarse contra los mandatos de sus progenitores.
Barrer le daba serenidad. Le ayudaba a quitarse la negatividad de encima. Realizaba actividad física. Se beneficiaba de los rayos solares y aire, tonificando su sistema inmunológico. Y observaba el entorno, las rutinas de los ciudadanos anónimos. Había gente que si los veías a diario, te llegaban a saludar. Cuando eso ocurría, las calles eran menos frías.
La soledad había dejado de pesarle. Por mucho que viese parejas, grupos de amigos o familias felices ya no les envidiaba. La vida, que era una gran maestra, le había enseñado que la felicidad era una utopía. Es sólo un universo de personas insatisfechas, que viven anhelando lo que no se tiene. Tendrían épocas de oro y otras que sólo cosecharían carbón.
No extrañaba tener novio y era lo último en su escala de prioridades. Sólo una vez se había enamorado. El amor duele, pero había otra cosa mucho peor para una mujer. Algo que jamás se perdonaría. Ahora sólo tenía sus rutinas y pasearse por la calle Hope, siendo una barrendera más de la ciudad.
- Lena, la semana que viene empezaré a trabajar en mi barrió.- le informó Joseph el viernes. Estaba muy feliz por el traslado.
- ¡Pues muy bien, me alegro por ti!- exclama la barrendera, siéndole sincera.- ¿Sabes quién te sustituirá?
- Nadie creo.- le responde secamente.- ¡Ya les vale!
- No te preocupes, sobreviré.- le quita importancia, aunque por dentro eso le jode un poco. Más que nada, porque teme no ser a las 8 horas en la calle Hope, para ver a Brian irse a la escuela.- Espero que te vaya bien cerca de casa, seguro que estarás más relajado.
- Sí y podre ahorrar más, el año que viene mi hija empieza en la universidad.
- Me lo imagino, la vida actualmente está muy cara. La enseñanza debería de ser gratuita.
- Gracias Lena. Un pequeño consejo, vaya a quejarse en la central. Es injusto que tenga de barrer sola el barrio Sud. Hay mucho trabajo para una sola persona.- la chica se lo agradece.- ¿Me permite una pregunta indiscreta?
- Adelante.
- ¿Por qué es barrendera? Una chica tan hermosa como usted e inteligente podría realizar otro trabajo.
- Sólo quiero tener trabajo y no me importa que hacer.- suele responder siempre lo mismo. Son muchos los que se lo cuestionan, y de formas menos directas. Su labor le recordaba lo bajo que había caído y todo lo que había aprendido.
Minutos más tarde le llamó su superior y la sito en la sede del servicio de limpieza. Le anunciaron lo que Joseph le había adelantado.
- Señora Serenety lamento que por ahora no podemos emplear a otra persona en su zona.- a pesar de qué hacía tiempo que usaba ese apellido le parecía aún extraño.
Su verdadera identidad hubiera sido muy llamativa. ¿Una Luthor ejerciendo de barrendera? No se lo cambio por no ensuciar a su familia. Le importaba un pepino dañar su impoluta imagen. Más que nada no deseaba que su sombra la alcanzara. Las dos partes habían de ser consecuentes con sus sendas decisiones.
El turno se terminó. El día era algo agrio. No había visto a Brian y le fastidiaba tener de barrer sola aquel barrió. ¿Cómo lo haría el lunes siguiente?
Flora le diría: "Si una puerta se cierra otra se abre. Relájate, párate y no tardarás de ver la salida. Pocos problemas no tienen solución. Siempre hay alternativas, sea escoger otro sendero o realizar la tarea de otro modo. Aprovecha las dificultades de la vida para aprender y ser más sabia."
Su amiga solía tener razón y sus consejos le ayudaban a no rendirse. De un modo u otro hallaría la forma de estar cerca de Brian, su hijo, la persona que más quería en su absurdo mundo. En su momento debió de renunciar a él, por su mejor bienestar. Ahora podría mover los hilos para mirar de recuperarlo, pero le sabía mal sacarlo de su nueva familia. Ya hacía cuatro años que los Danvers lo habían adoptado y se veía feliz viviendo con ellos. Por encima de todo, le importaba su estabilidad emocional.
Sólo le bastaba ser una sombra omnipresente en su vida, para verlo crecer y convertirse en un príncipe. A pesar de todo, le sabia a poco verlo unos minutos cada mañana, o por las tardes en alguno de sus paseos por donde residía. Y no verlo aquel viernes le fastidiaba y le tenía algo transpuesta. ¿Y si estuviera mal?
Por eso, aquel día paso de ir a la Universidad y se paseo por el barrió Sud. En el parque central no lo vio. Se dirigió a la Calle Hope. La casa de los Danvers no había ningún movimiento y se fijó en algo que no había reparado aquella mañana. Las persianas de la mayoría de las ventanas estaban bajadas. ¿A dónde se habrían ido?
Retorno al parque y se sentó en un banco y no evito obsesionarse con el paradero de su hijo. No perdía detalle de cada coche que circulaba por la zona. Pero los Danvers seguían sin aparecer. A las ocho de la noche regresó a la calle Hope, número 3. Nada había cambiado en aquella casa. Se escucho el sonido de una puerta de jardín de los vecinos del lado derecho. Una mujer de pelo blanco, de unos 65 años se le acerco.
- Hola, usted me suena mucho.- le saluda la amable viejecita.
- Buenas, soy la barrendera del barrió. Seguramente me debe de ver cada mañana, de lunes a viernes.- Lena le sonríe. Había conocido a muchas mujeres como ella, amas de casa de toda la vida y hacían del cotilleo un arte. En cierta forma, les ayudaba poner salsa a la monotonía que se convertía su existencia.
- ¡Ah, sí! Hace poco que está en el barrio. No veo muy bien hija, la edad no perdona. Vi como Elisa la increpaba. No le haga caso. Son buena gente, pero están paranoicos con su hijo.
- No se preocupe, es normal. A pesar de estar en pleno siglo XXI sigue existiendo el racismo.- se muerde la lengua, tampoco le convenía enemistarse con la vecina de los padres adoptivos de su hijo.
- ¿Quería algo de los Danvers?
- He perdido un pendiente y creo que me ha caído en su jardín.- la única justificación que se le ocurre por disimular. La mujer mayor, ante su sorpresa, saca una llave y la usa para acceder en él.
- Esta de suerte, tengo de regar las flores y puede aprovechar para mirar.
Lena accede algo cohibida. Mira la zona cercana a la calle. La anciana coge una regadera grande, la pone en el grifo y la llena completamente. Al ver que pesaba y le costaba algo transportarla se le acerca y le ayuda a carretearla. Termina regando las flores.
- ¿Por cierto, a dónde están los dueños de la casa? Se me hace raro ver esa casa tan vacía...
- Se han ido a Washington a buscar a su segunda hija, la primera que adoptaron. Regresa definitivamente a la ciudad.- la mujer habla por los codos y la barrendera no la corta. Le gustaba saber cosas sobre la familia adoptiva de Brian.- Elisa, al tenerla a casa estará más tranquila. Una madre no deja nunca de preocuparse por sus hijos, ¿verdad?
- Sí. Ellos son los más importantes, para una madre, siempre.- remarca con vehemencia la chica morena y de ojos azul-verde marino.
- Los Danvers tienen un corazón de oro, Kara y Brian ha tenido suerte de tenerlos de padres.-Salen del jardín y en la calle se despiden.- Gracias por ayudarme hija. ¿Por cierto cómo te llamas?
- Lena Serenety, para servirla. De nada, si algún día necesita ayuda por algo ya lo sabe.- se lo decía de forma honesta, no con doble intención. Parecía una vieja también solitaria como ella, a pesar que debía de tener hijos. Era ley de vida que los pollitos se fueran del nido, pero era triste terminar sola cuando habías hecho tanto por ellos.
Se fue para su humilde palacete, mucho más tranquila. El sábado se consumió lentamente sin trabajar. Lo dedico a limpiar su hogar, a pasear por su zona, fue al cine para desconectar, y trato de avanzar con los estudios. Le costaba recuperar el hábito de estudiar. Muchas veces terminaba durmiéndose, o distraída mirando la televisión o escuchando la radio.
Los domingos solía permitirse el lujo de dormir hasta media mañana o el mediodía
Los domingos solía permitirse el lujo de dormir hasta media mañana o el mediodía. También era el único día semanal que iba a comer de restaurante. Se había de dar un poco de color a la vida y permitirse algún que otro caprichito. Aquel día no fue distinto. Pero por la tarde no reprimió el impulso de dirigirse a la calle Hope, número 3. Y el destino le premió con una agradable coincidencia.
Nada más llegar el coche familiar de los Danvers apareció. De él bajo un alegre Brian, seguido de una chica rubia, con el pelo recogido, que le cogió de la mano. Entraron al jardín y empezaron a jugar. No se les acercó, para no alarmarles. Con el corazón en un puño se giró y se alejo. La mañana siguiente sería otro día, mejor o peor que más daba.
....... Nota de la autora.........
Espero que os haya gustado el capitulo. Poco a poco iremos sabiendo la vida de Lena. Queda poco para que Lena y Kara se conozcan. Será en el proximo capitulo, La Lectora.
¿Qué os va pareciendo la trama?
Gracias por vuestros votos y comentarios. Esa semana no se si habrá más entregas. La semana que viene seguro que no porqué estaré de viaje.
Hasta pronto :)

 

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