La Universidad de la vida
A Lena le gustaba su
rutina diaria. Levantarse a la misma hora, barrer, llegar a la calle
Hope y ver a Brian subiendo al bus de la escuela. A veces salía solo, o
acompañado por alguno de sus padres. Era un niño alegre, extrovertido y
afectuoso con sus progenitores. No volvió a interactuar con Elisa, su
madre. Ni se atrevía a decirle nada. Intentaba no mirarlo tan
directamente, para no incomodarlos más.
Joseph no le estaba tan
encima. Había visto que era trabajadora y que sólo se hacía la remolona
en la calle Hope. Como era mitad de ruta, creyó que era debido a la
flaqueza femenina. No solían hablar. Cada cual iba encerrado en sí
mismo.
La barrendera solía
meditar sobre la vida y su trayectoria vital. No lamentaba todo lo
vivido. Bueno, sólo cambiaría algo. Una decisión. Pero antes debía de
responderse otras preguntas. ¿Había hecho lo necesario antes de escoger?
¿Era víctima del destino o de las malas elecciones previas? ¿Lo
justificaba todo que fuera una hija rebelde? ¿Era sólo culpa de su
entorno familiar?
Para muchos tuvo suerte
en ser adoptada por una familia adinerada, cuando tenía 6 años.
Recordaba algo vagamente el orfanato. Compartía habitación con otras
niñas. El espacio era uniforme e impersonal. Los juguetes eran sencillos
y se compartían. Los días se parecían, excepto los domingos. Al ser un
centro regentado por monjas, estaban obligadas a asistir a la misa
semanal. Se las vestía con su mejor vestido, que iban heredando de las
niñas mayores.
Un día, la madre
superiora la saco de clase y le pidió que luciera una generosa sonrisa,
que la suerte había llegado a su vida. Unos padres amorosos estaban
dispuestos a educarla y convertirla en una muchacha de bien. Lionel y
Liliana le esperaban en su despacho. Traían consigo el último modelo de
muñeca. Se las cogió de las manos, como si le hubiesen regalado un
lingote de oro.
Ahora pensaba, que se
había dejado seducir por los bienes materiales. Paso de los juguetes
sencillos y el don de compartir los objetos, al poseer toda clase de
artilugios para ella sola. Cuando se saciaba disponía de otras
atracciones. A nivel afectivo, no noto mucho cambio. Pues su madre la
trataba de forma muy fría, sólo le interesaba que fuera una señorita de
pies a la cabeza. Si se ensuciaba le echaba bronca, a pesar de qué no
era ella quién la tenía de limpiar. Sólo le importaba la buena imagen y
las apariencias.
No todo era juego. A
parte de acudir a unas de las mejores escuelas de Metrópolis, tuvo de
asistir a clases privadas para alcanzar un mejor nivel académico.
Incluso, se le impartieron lecciones de buenos modales, de etiqueta,
idiomas... A veces, se la llevaban en actos sociales, dónde debía de
comportarse como niña adulta.
El matrimonio tenía un
hijo propio, Lex, tres años mayor que ella. Era el consentido de
Liliana, al cual le perdonaba todas sus travesuras. Al principio, no se
llevaban bien. Se metía mucho con ella, quitándole o rompiéndole
juguetes, culpándole de sus faltas, siendo irrespetuoso... Con el tiempo
se suavizo, fuera porque jamás se quejo de él o porque era muy bonita.
En la adolescencia explosiono como mujer y no se le escapo como él y sus
amigos babeaban por ella.
Su padre, quizás era el
único que le mostro más afecto. No obstante, dedicaba más tiempo a sus
negocios que a su propia familia. Solía incentivar a su primogénito para
que le acompañara a sus oficinas y fabricas. Y la quiso también
implicar en el negocio. Objetivo que no consiguió, porque al iniciar el
instituto empezó a revelarse contra los mandatos de sus progenitores.
Barrer le daba
serenidad. Le ayudaba a quitarse la negatividad de encima. Realizaba
actividad física. Se beneficiaba de los rayos solares y aire,
tonificando su sistema inmunológico. Y observaba el entorno, las rutinas
de los ciudadanos anónimos. Había gente que si los veías a diario, te
llegaban a saludar. Cuando eso ocurría, las calles eran menos frías.
La soledad había dejado
de pesarle. Por mucho que viese parejas, grupos de amigos o familias
felices ya no les envidiaba. La vida, que era una gran maestra, le había
enseñado que la felicidad era una utopía. Es sólo un universo de
personas insatisfechas, que viven anhelando lo que no se tiene. Tendrían
épocas de oro y otras que sólo cosecharían carbón.
No extrañaba tener novio
y era lo último en su escala de prioridades. Sólo una vez se había
enamorado. El amor duele, pero había otra cosa mucho peor para una
mujer. Algo que jamás se perdonaría. Ahora sólo tenía sus rutinas y
pasearse por la calle Hope, siendo una barrendera más de la ciudad.
- Lena, la semana que viene empezaré a trabajar en mi barrió.- le informó Joseph el viernes. Estaba muy feliz por el traslado.
- ¡Pues muy bien, me alegro por ti!- exclama la barrendera, siéndole sincera.- ¿Sabes quién te sustituirá?
- Nadie creo.- le responde secamente.- ¡Ya les vale!
- No te preocupes,
sobreviré.- le quita importancia, aunque por dentro eso le jode un poco.
Más que nada, porque teme no ser a las 8 horas en la calle Hope, para
ver a Brian irse a la escuela.- Espero que te vaya bien cerca de casa,
seguro que estarás más relajado.
- Sí y podre ahorrar más, el año que viene mi hija empieza en la universidad.
- Me lo imagino, la vida actualmente está muy cara. La enseñanza debería de ser gratuita.
- Gracias Lena. Un
pequeño consejo, vaya a quejarse en la central. Es injusto que tenga de
barrer sola el barrio Sud. Hay mucho trabajo para una sola persona.- la
chica se lo agradece.- ¿Me permite una pregunta indiscreta?
- Adelante.
- ¿Por qué es barrendera? Una chica tan hermosa como usted e inteligente podría realizar otro trabajo.
- Sólo quiero tener
trabajo y no me importa que hacer.- suele responder siempre lo mismo.
Son muchos los que se lo cuestionan, y de formas menos directas. Su
labor le recordaba lo bajo que había caído y todo lo que había
aprendido.
Minutos más tarde le
llamó su superior y la sito en la sede del servicio de limpieza. Le
anunciaron lo que Joseph le había adelantado.
- Señora Serenety
lamento que por ahora no podemos emplear a otra persona en su zona.- a
pesar de qué hacía tiempo que usaba ese apellido le parecía aún extraño.
Su verdadera identidad
hubiera sido muy llamativa. ¿Una Luthor ejerciendo de barrendera? No se
lo cambio por no ensuciar a su familia. Le importaba un pepino dañar su
impoluta imagen. Más que nada no deseaba que su sombra la alcanzara. Las
dos partes habían de ser consecuentes con sus sendas decisiones.
El turno se terminó. El
día era algo agrio. No había visto a Brian y le fastidiaba tener de
barrer sola aquel barrió. ¿Cómo lo haría el lunes siguiente?
Flora le diría: "Si
una puerta se cierra otra se abre. Relájate, párate y no tardarás de ver
la salida. Pocos problemas no tienen solución. Siempre hay
alternativas, sea escoger otro sendero o realizar la tarea de otro modo.
Aprovecha las dificultades de la vida para aprender y ser más sabia."
Su amiga solía tener
razón y sus consejos le ayudaban a no rendirse. De un modo u otro
hallaría la forma de estar cerca de Brian, su hijo, la persona que más
quería en su absurdo mundo. En su momento debió de renunciar a él, por
su mejor bienestar. Ahora podría mover los hilos para mirar de
recuperarlo, pero le sabía mal sacarlo de su nueva familia. Ya hacía
cuatro años que los Danvers lo habían adoptado y se veía feliz viviendo
con ellos. Por encima de todo, le importaba su estabilidad emocional.
Sólo le bastaba ser una
sombra omnipresente en su vida, para verlo crecer y convertirse en un
príncipe. A pesar de todo, le sabia a poco verlo unos minutos cada
mañana, o por las tardes en alguno de sus paseos por donde residía. Y no
verlo aquel viernes le fastidiaba y le tenía algo transpuesta. ¿Y si
estuviera mal?
Por eso, aquel día paso
de ir a la Universidad y se paseo por el barrió Sud. En el parque
central no lo vio. Se dirigió a la Calle Hope. La casa de los Danvers no
había ningún movimiento y se fijó en algo que no había reparado aquella
mañana. Las persianas de la mayoría de las ventanas estaban bajadas. ¿A
dónde se habrían ido?
Retorno al parque y se
sentó en un banco y no evito obsesionarse con el paradero de su hijo. No
perdía detalle de cada coche que circulaba por la zona. Pero los
Danvers seguían sin aparecer. A las ocho de la noche regresó a la calle
Hope, número 3. Nada había cambiado en aquella casa. Se escucho el
sonido de una puerta de jardín de los vecinos del lado derecho. Una
mujer de pelo blanco, de unos 65 años se le acerco.
- Hola, usted me suena mucho.- le saluda la amable viejecita.
- Buenas, soy la
barrendera del barrió. Seguramente me debe de ver cada mañana, de lunes a
viernes.- Lena le sonríe. Había conocido a muchas mujeres como ella,
amas de casa de toda la vida y hacían del cotilleo un arte. En cierta
forma, les ayudaba poner salsa a la monotonía que se convertía su
existencia.
- ¡Ah, sí! Hace poco que
está en el barrio. No veo muy bien hija, la edad no perdona. Vi como
Elisa la increpaba. No le haga caso. Son buena gente, pero están
paranoicos con su hijo.
- No se preocupe, es
normal. A pesar de estar en pleno siglo XXI sigue existiendo el
racismo.- se muerde la lengua, tampoco le convenía enemistarse con la
vecina de los padres adoptivos de su hijo.
- ¿Quería algo de los Danvers?
- He perdido un
pendiente y creo que me ha caído en su jardín.- la única justificación
que se le ocurre por disimular. La mujer mayor, ante su sorpresa, saca
una llave y la usa para acceder en él.
- Esta de suerte, tengo de regar las flores y puede aprovechar para mirar.
Lena accede algo
cohibida. Mira la zona cercana a la calle. La anciana coge una regadera
grande, la pone en el grifo y la llena completamente. Al ver que pesaba y
le costaba algo transportarla se le acerca y le ayuda a carretearla.
Termina regando las flores.
- ¿Por cierto, a dónde están los dueños de la casa? Se me hace raro ver esa casa tan vacía...
- Se han ido a
Washington a buscar a su segunda hija, la primera que adoptaron. Regresa
definitivamente a la ciudad.- la mujer habla por los codos y la
barrendera no la corta. Le gustaba saber cosas sobre la familia adoptiva
de Brian.- Elisa, al tenerla a casa estará más tranquila. Una madre no
deja nunca de preocuparse por sus hijos, ¿verdad?
- Sí. Ellos son los más
importantes, para una madre, siempre.- remarca con vehemencia la chica
morena y de ojos azul-verde marino.
- Los Danvers tienen un
corazón de oro, Kara y Brian ha tenido suerte de tenerlos de
padres.-Salen del jardín y en la calle se despiden.- Gracias por
ayudarme hija. ¿Por cierto cómo te llamas?
- Lena Serenety, para
servirla. De nada, si algún día necesita ayuda por algo ya lo sabe.- se
lo decía de forma honesta, no con doble intención. Parecía una vieja
también solitaria como ella, a pesar que debía de tener hijos. Era ley
de vida que los pollitos se fueran del nido, pero era triste terminar
sola cuando habías hecho tanto por ellos.
Se fue para su humilde
palacete, mucho más tranquila. El sábado se consumió lentamente sin
trabajar. Lo dedico a limpiar su hogar, a pasear por su zona, fue al
cine para desconectar, y trato de avanzar con los estudios. Le costaba
recuperar el hábito de estudiar. Muchas veces terminaba durmiéndose, o
distraída mirando la televisión o escuchando la radio.
Los domingos solía
permitirse el lujo de dormir hasta media mañana o el mediodía. También
era el único día semanal que iba a comer de restaurante. Se había de dar
un poco de color a la vida y permitirse algún que otro caprichito.
Aquel día no fue distinto. Pero por la tarde no reprimió el impulso de
dirigirse a la calle Hope, número 3. Y el destino le premió con una
agradable coincidencia.
Nada más llegar el coche
familiar de los Danvers apareció. De él bajo un alegre Brian, seguido
de una chica rubia, con el pelo recogido, que le cogió de la mano.
Entraron al jardín y empezaron a jugar. No se les acercó, para no
alarmarles. Con el corazón en un puño se giró y se alejo. La mañana
siguiente sería otro día, mejor o peor que más daba.
....... Nota de la autora.........
Espero que os haya
gustado el capitulo. Poco a poco iremos sabiendo la vida de Lena. Queda
poco para que Lena y Kara se conozcan. Será en el proximo capitulo, La
Lectora.
¿Qué os va pareciendo la trama?
Gracias por vuestros
votos y comentarios. Esa semana no se si habrá más entregas. La semana
que viene seguro que no porqué estaré de viaje.
Hasta pronto :)
Comentarios
Publicar un comentario