JAMÁS VOLVERÁ A SER LO MISMO Capítulo 7 (parte 1) (Fanfic de Jasmin y Anni de Guten Zeien, Schlechte Zeiten)
Este capítulo esta divido en dos partes, la primera me voy submergiendo en lo que ira siendo la nueva vida de Jasmin. En la segunda, hablare de Anni.
Espero que os este gustando my fanfic. Vamos a intentar que haya momentos para todo. Ahí va...
(7)
Simplemente viviendo
El
apartamento de Marisa estaba en el barrio de la Eixample izquierda. Se lo había
reformado recientemente, imprimiendo su carácter fuerte (según hermano) y muy
moderno. Era bastante grande: tres habitaciones, un pequeño despacho, una
espaciosa salita-comedor, cocina americana (que se veía muy nueva, no debía
cocinar mucho) y un gran cuarto de baño con una bañera jacuzzi.
La
salita comedor estaba decorada de una forma muy minimalista, muy sencilla. Una
gran estantería con varios libros y DVDS. Una televisión grande, de 40 pulgadas
y buenos altavoces. Las paredes estaban pintadas de blanco y en un lateral
había dibujado el rostro de una mujer, como si fuera una silueta. El retrato
era de distintas tonalidades de blancos y negros. Era muy hermosa y artística.
-
¿Te gusta?- le preguntó Martín cuando se percató que Jasmin parecía hechizada
por aquella imagen.
-
Sí, mucho.- le sonríe.
-
Es una caricatura de mi hermana. Seria, pero lo es. De hecho, ella es muy seria
y tiene su particular humor.
-
Debe de ser muy bonita.- deduce por aquella pintura. Aunque tras haber
rastreado todo el piso, en plan turista, no había visto ninguna foto de ella,
ni de los dos hermanos.- ¿No tienes ninguna foto de ella?
-
No le gustan.- ser rió y añadió:- Mejor que la conozcas en persona.
Martín
cumplió su promesa de cuidarla, se esmeró mucho por ello. No le dejo hacer
nada. Le preparo la cama, la hizo acostar un rato y fue a comprar comida
mientras descansaba. Le gustaba cocinar y lo hacía muy bien. Y así fueron
pasaron los días.
Jasmin
pidió a su amigo, que llamase cada día al hospital del Mar para interesarse por
el estado de salud del vagabundo, que se llamaba Antonio. Se alegro mucho
cuando le informaron que ya estaba fuera de peligro y lo habían trasladado a
una habitación de planta.
-
¿Puede recibir visitas?- pregunto el arquitecto y le dijeron que sí.
-
Mañana podemos ir.- sugirió la ex modelo.- Aparte, debería de ir a la embajada
de Alemania para el tema de mi identificación... Fue una buena idea pedirles
ayuda. No me sentía con fuerzas para tanta gestiones.
-
Normal. Si te acompañare. ¿Por cierto, ya has informado a tu madre?
-
No.- su rostro es entristeció.
-
¿No se estará preocupando por ti?- Martín no pudo evitar ser paternal y
directivo.
-
Comprare un móvil y le diré algo- le prometió. Había desconectado de su antigua
vida y le había ido bastante bien. Aunque, por las noches, en la soledad,
pensaba mucho. Extrañaba a Katrin, a sus amigos y a Anni. No dejaba preguntarse
como estaría, si seguiría enfada con ella. Seguro que sí.
Al
día siguiente, visitaron a Antonio que les saludo y le agradeció haberle
salvado la vida con alemán. Jasmin se sorprendió que supiera su idioma. Se
sentó a su lado y le cogió la mano. Martín se sentó en otra silla, cerca de la
ventana.
Les
contó que de joven había vivido a Alemania, por motivos de trabajo. Le gustó
mucho Berlín. Hablaba con nostalgia de aquellos tiempos, muy distintos a su
realidad actual. Jasmin se pregunto como aquel hombre, que parecía un
entusiasta de la vida, había terminado malviviendo en las calles.
Antonio
debió de leer su subconsciente, empezó a contarle su vida. Había conseguido
tener su propio negocio y se casó con la mujer de su vida. Una chica de una familia adinerada,
acostumbrada a los lujos. Vivía siempre por ella. Trabajaba y trabajaba para
regalarle una buena vida. Pero se olvidó de compartir momentos con ella, ir al
cine, viajar… Pasiones que ambos les gustaba hacer.
Ocurrió
lo esperable. Su mujer, Olivia, se cansó de su soledad y tubo una aventura de
una noche. Antonio lo descubrió y enloqueció. Entro en una espiral de
destrucción y perdió el norte. Nada ya tenía sentido. Sin mujer el dinero no le
valía para nada y terminó en las calles.
-
Me deprimí, me volví un alcohólico. Sólo por suponer que a Olivia sería feliz
rodeada de lujos. ¿Quina ironía, no? ¿Por qué no la escuche?- los tres se
quedaron sumergidos en un silencio doloroso.
Jasmin
se sintió un poco identificada con él. Quizás, sino hubiera insistido tanto a
Anni porque cantara no habrían tenido la crisis de pareja. ¿Por qué se metió al
sitio donde no debía? La conocía como era y que cantaba solo por ella, aún así
extrapolo que sería más feliz si el mundo admirase su gran talento y voz.
-
¿La sigues amando?- le preguntó Jasmin, aunque intuía la respuesta.
-
Sí, jamás dejaré de amarla.- sus ojos seguían húmedos, jamás la olvidaría.
-
¿Por qué no la buscas, y se lo dices?- intento animarle.
-
Demasiado tarde, ella se volvió a casar. Creo que es feliz. Hay historias que
son mejor dejarlas en el pasado.- hizo una pausa y le miro con sus ojos marrón
melancólicos.- ¿Tu también estás huyendo de alguien, no?
-
Ni ya lo sé, de mi misma y…- cerró los ojos, para contener tanto dolor.- Amo
mucho a una mujer y aún así he sido capaz de dejarla. ¿Y por qué? ¿Por haberse
besado con otra? En el fondo, por eso ya la he perdonado.
-
¿Entonces, por qué le has abandonado?- en este momento, fue Jasmin quién se
calló.
-
Sentí que la perdería, hiciera lo que hiciera.- empezó a llorar y hablaba
entrecortadamente. Martín se le acercó y le paso un brazo por la espalda.
Antonio le cogió fuertemente su mano derecha, dándole entereza por seguir
poniendo voz a su corazón.
-
Jasmin, me da la sensación que has padecido mucho en tu corta juventud- declaro
Antonio, con una mirada que le traspaso el alma.
-
No he parado de cagarla, una vez tras otra. Mi vida ha sido un completo
desastre. Y Anni, cuando se enfada, me lo recuerda constantemente.- deja de
mirar al hombre de que le salvo la vida.- Estoy vacía, no sé quién soy en
realidad. Jamás hubiera hecho feliz a Anni. ¡Somos tan distintas!
-
Jasmin, creo que Anni no te merece.- la interrumpió Martín, muy irritado por lo
que les acababa de contar.- Creo que se cree muy perfecta, para ir dando
lecciones de buen comportamiento.
-
¡No ella es noble! Siempre ha tenido razón conmigo.- salta la ex modelo de
inmediato, no tolerando que critiquen a su ex.- Yo la dañe en el pasado.
-
Anni no tiene la culpa. Puede que ella este atrapada en sus propios miedos e
inseguridades. Creo que el problema verdadero es que te tienes de querer más y
no eres feliz- declaró Antonio al final, que fue capaz de ver más allá de la
paja, de las emociones de flor de piel.- No debes de basar tu felicidad al simple
hecho de estar junto a alguien.
La
ex modelo se seco las lágrimas y le agradeció sus buenos consejos. Hizo que se
sintiera menos culpable por su decisión. A modo de agradecimiento le dio dos
besos sinceros.
-
¿Puedo visitarte otro día?
-
Por supuesto- le sonrió.- Eso si no te aburres con mi triste vida.
-
¿Quieres que te lleve algo?
-
Sólo que me cuentes como estas, en que has pensado invertir tu tiempo.
Necesitas hallar algo que te llene, sin pensar en los otros.
-
Si tener un proyecto de vida.- y se lo prometió.
Se
fueron del hospital. Jasmin se sentía más ligera y con más ilusión por su nueva
vida en Barcelona. Debía de buscar algo que ha hacer. Se encontraba mejor. A
parte, se habían cruzado con la doctora Lila que había insistido en examinarla.
La encontró bien y le dio permiso ya para retomar vida normal.
Martín
solicito y galán, la llevo de compras. Sólo compró lo necesario y un móvil. Y
al día siguiente, envió un mensaje a su madre y empezó a buscar trabajo de
mesera.
-
No hace falta que te apresures Jasmin, ni que busques hotel. Puedes seguir
viviendo aquí. Sé andas justa de dinero- le ofreció su nuevo amigo.
-
Gracias Martín, pero no quiero abusar más de ti- dijo de forma tajante. Estaba
muy complacida por su ayuda y su apoyo.- Aparte, dentro de poco vendrá tu
hermana, ¿recuerdas?
-
No es abusar, lo hago encantado.- dijo luciendo su mirada más seductora.- Mira,
hagamos un trato sigue viviendo aquí hasta que encuentres trabajo. ¿Te motiva?
-
¿Puedo pensármelo? No quiero precipitarme más en mi vida.
-
¡Por supuesto que sí! Acéptalo, es lo más sensato.- insistió. Se miraron en los
ojos. Jasmin sabía que no se rendiría hasta que le dijera que sí.
-
Ahora de verdad Martín, ¿por qué te tomas tantas molestias conmigo? ¿Es sólo
por lo que me constate?
-
¿Hace falta dar tantas vueltas? Ya te lo dije en el hospital, yo no miento.
¿Por qué no vives más los momentos?
-
Sé que me deseas y no quiero darte falsas esperanzas. No estoy preparada por
una nueva relación.- decide sincerarse.
-
Lo sé. En el fondo, prefiero una buena amistad que una amante. Des de qué rompí
con el chico de mi vida, no he tenido ninguna otra relación seria. Te confieso,
que estoy mucho mejor teniendo aventuras, o una relación abierta. ¿Te parece
raro?
-
No.- reflexiono unos instantes, y no le pareció tan anormal.- A veces, las
emociones nublan la razón. Yo quizás me he dejado llevar por los cuentos de
hadas, y he sido muy posesiva. No se… ¿En realidad, con qué derecho me empecine
a que Anni se dedicara a la música?
-
¿Te das cuenta Jasmin, que siempre la estas justificando?- no pudo evitar
entrometerse y juzgar a su ex.- ¿Y por qué ella era dura contigo? Me parece que
ella no aceptaba, en el fondo, como eres.
En
aquella ocasión la hizo enmudecer. Si las dos se habían metido en la vida de la
otra, con el simple derecho de considerarse pareja. La confianza era una arma
de doble filo, que cuando se tiene no se para en pensar que se puede dañar a la
otra persona.
-
Me voy a seguir buscando trabajo.- determinó la alemana, huyendo de aquella
certeza. No quería discutir con Martín y necesitaba tiempo para reflexionar. Se
puso el abrigo y se dirigió hasta la puerta de salida.
-
Espera que acompaño- le pidió, casi suplicando el arquitecto. Pero como
respuesta obtuvo una mirada muy fría y contundente de Jasmin.
-
Gracias, pero necesito estar sola. ¿No debemos de estar tanto tiempo juntos, no
te parece?- y al instante lamentó haber sido tan borde.- Puedes aprovechar para
disfrutar más de tus vacaciones, visitar alguna amistad.
Martín
no pareció ofendido. Le sonrió. Busco algo en el mueble de la salita y saco un
manojo de llaves. Se le acercó y se las ofreció. Jasmin no las quería aceptar.
Pero no obtuvo ninguna otra opción.
Aquel
día tampoco tuvo suerte en su recerca de trabajo. Se paseo todo el paseo de
Gracia sin éxito. A todos los sitios que entró no necesitaban ninguna nueva
incorporación. Le decían que era época baja. Les dejaba su nuevo currículo y se
iba. Incluso, entro en tiendas de ropa. Nada.
En
plaza de Catalunya se le ocurrió probar suerte en los grandes centros
comerciales, le cogieron sus dados básicos y preguntaron por su nivel de inglés
y les fue bastante franca, no lo dominaba mucho. Como tampoco dominaba el
castellano ni el catalán fue obvio que no la llamarían.
Algo
desanimada ando hasta la plaza de la Universidad. Se sentía un poco cansada,
aún no estaba del todo restablecida. Descanso un rato y decidió volver al piso.
Por el trayecto de vuelta vio un banco y consulto su cuenta corriente. Se
horrorizo. Jamás había sabido ahorrar. No se podía permitir el lujo de irse en
un hotel, mientras buscaba alguna habitación para residir.
¿Qué
debería hacer? Le parecía muy egoísta por su parte aceptar sin más la oferta de
Martín. Estaba paseando por una calle, cuando vio a una mujer muy pija, de
treinta y cinco años, lanzar una bolsa grande de ropa en un contenedor. Y se
fue tan feliz como una perdiz.
Aquella
escena, sin saber porque, le dolió. Algo le condujo ir hasta aquel contenedor,
abrirlo para sacar aquella bolsa. Sin pudor sacó su contenido y alucino
totalmente. Ante ella aparecieron jerséis y pantalones nuevos de marca famosa,
jerséis de diseñador. Todo nuevecito e impoluto. Dinero lanzado inútilmente. No
lo pensó nada y se lo llevó.
Lo
llevó a la asociación que colaboraba Martín, situada en el barrio Gótico. Bueno
más bien era un centro de día, que acogía a personas mayores sin pocos recursos
y algún transeúnte.
Era
una casa vieja, necesitada de reformas. Era un poco lúgubre, con poca luz.
Quizás, lo más hermoso era la terracita que había en planta superior. La
directora del centro se extraño al verla sola sin Martín. Le preguntó de
inmediato por él.
-
Dale recuerdos, es una gran persona. Aunque, le encanta aparentar de ser
insensible y un frívolo- le conto que hacía tiempo que se conocían.- La vida
hace que te cubres de espinas a veces.
-
Se los daré.- observo su entorno, algunas cuidadoras repartían comida a varias
personas mayores en aquellos instantes. Sus miradas eran tristes, algunas
ausentes. Algunas chicas les hablaban, tratando de alegrarles algo la vida.-
¿Puedo quedarme un rato y ayudarles?
-¡Por
supuesto!- le pidió que ayudara a repartir la merienda.
-
Muchas gracias- le agradeció Jasmin.- Necesito sentirme útil. ¿Por cierto, le
importa que vaya viendo cada día? Se arreglar ropa y no tengo reparo en hacer
otras cosas.
-
¿Estás segura?- la desafió con la mirada.
-
¿Sí, porqué? – algo molesta por su pregunta, sentía que su oferta le había
salido del alma, sin ninguna doblez.
-
Primero, porque no te podre pagar nada por tus servicios. Aparte, si te
comprometes a ser voluntaria debes de ser regular. Las personas con las que
tratamos les cuesta confiar con la gente y la constancia les ayuda.
-
Entiendo. Con eso no se preocupe. Si puede ser solo un parte del día, por
ejemplo por las mañanas, para mí perfecto. Estoy buscando trabajo, pero le doy
la palabra de ello.
Regreso
al piso y se encontró con una nota de Martín. Le pedía perdón por haber sido
tan pesado e invasivo con su vida. A la vez, le informaba que no le esperase a
cenar, pues había quedado con un amigo especial. Se rió, ya sabía que el chico
era un seductor nato.
Se
preparo la cena mientras veía una película de la colección de la hermana de su anfitrión.
Las Vampiras, de un director español de los años setenta. Se perdió en el hilo
argumental, pero la actriz morena la subyago en sus movimientos felinos y
mirada penetrante. Literalmente, la vampirizo. Aquellos ojos marrones, aquella
mirada perdida en la nada. La trama lenta y sin sentido… Termino durmiéndose,
en el sofá, sintiendo aquellos ojos penetrantes de la vampira robándole el
alma.
En
su sueño estaba en una hamaca estirada, con un conjunto muy sexy de color rojo
sangre. Sonaba una melodía suave, melancólica. La ventana estaba abierta, la
había dejado de aquella forma para que accediera Anni y la
mordiera para ser eternamente suya. ¡Qué bien sonaba aquel vocablo!
De
repente, se abrió una puerta. Se escucharon unos repiqueos de talones. El corazón
de Jasmin se embraveció, desenado ver a su lesbiana ni que fuera en sueños. Se
escuchan las voces y sonrisas de dos mujeres. Paso de la alegría a una furia
corrosiva. No tardo en escuchar como Anni se estaba besando con otra de sus
amantes de turno. Quiere levantarse y gritarle que la odiaba…
En
este momento la luz de la sala se abre y se termina de despertar de su simple
sueño. El sonido de una pareja de chicas tonteando sigue oyéndose. Abre los
ojos y las ve de inmediato. No se trataba de un sueño ni era su Anni besándose
con otra.
Las
dos amantes son hermosas. Una es rubia de pelo corto y la otra era más alta y
de pelo castaño muy largo. En aquella ocasión le daba la espalda, la que era
más masculina tenía los ojos cerrados, por tanto, tampoco se percato de su
presencia.
Jasmin
no sabiendo que hacer, se levantó. En ver que seguían en el paraíso sáfico,
intento salirse de escena para no romper el hechizó. En estas estaba, cuando la
rubia abrió los ojos como dos naranjas y chillo histéricamente.
-
¿Pero Marisa, quién es esa chica?-se separo de su probable ligue de una noche y
la miró de una forma muy asesina:- ¿No me dijiste que no tenías pareja?
La
top modelo no tardo en girarse con los ojos chispeantes de ira. La reacción de
la rubia la habían descolocado completamente. Sus ojos negros como el carbón,
profundos y bien maquillados le cortaron la respiración a Jasmin. Sintió como
si le aspiraban y la trasladaban en una dimensión más allá del mundo terrenal.
Continuará…
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