(6)
Renacer en medio de las cenizas
Suelen
decir que tras el caos viene la calma. Un huracán arrastra todo lo que
encuentra en su paso y cuando se desvanece sólo reina silencio. No hay nada que
palie el dolor. No puedes deshacer los pasos dados. Sólo resta aceptar tu
destino.
Una
bella durmiente, se despierta en una cama que no es la suya, en una habitación
luminosa y de paredes blancas. Sus ojos se vuelven a cerrar de forma
automática, como si hiciera mucho tiempo que estuviese viviendo en un oscuro túnel.
Se sentía muy pequeña y frágil. Se miraba su cuerpo, como si no fuera el suyo.
Una clara expresión de desconcierto domina su bello rostro. Se debería de
preguntar si todo aquello sería un mal sueño.
En
estos instantes, alguien abre la puerta. Aparece un chico alto, delgado, de
pelo rizado de color marrón claro, vestido con unos tejanos negros y un jersey
de punto de color verde pistacho. Los ojos de la bella durmiente se vuelven a
cerrar, empezando a deducir que aquella era su fatídica realidad.
-
Hola Jasmin.- le saludo aquel chico desconocido, con una voz suave y bonita.
Aunque,
su inconsciente evocó a otra persona. A una chica de mirada dulce y sonrisa
traviesa. Le estaba musitando: “Vamos reina del drama sígueme, tenemos que
hacer muchas cosas hoy. No será para tanto.”
Al que ella le respondió: “Si lesbiana, te sigo a donde deseas”.
Jasmin
volvió a abrir los ojos, topándose con unos ojos verdes. Se asusto. ¿Quién era
él? ¿Y qué hacía en aquel sitió? Fue cuestión de unos segundos breves de
amnesia, pues de inmediato recordó la agresión al vagabundo… ¿Cómo debería
estar el pobre hombre? Se lo pregunto a aquel desconocido, que parecía
inofensivo, con su mirada compasiva y dulce.
-
El hombre que has salvado esta fuera de peligro.- le informa aquella alma caritativa.-
Jasmin, te has convertido en una heroína. Nadie hubiera hecho lo que tú hiciste
la noche pasada.
-
¡Qué bien!- sonrió y le dolió la comisura del labio. Se toco el rostro con la
mano sin vía y detecto un moratón gran en la comisura del labio.- ¡Como duele!-
y era verdad, aparte al mover el brazo también sintió un fuerte pinchazo en el
tórax, al lado derecho. Era tremendo.
-
Llamo a una enfermera, me han dicho que cuando despertarás estarías magullada.-
se acerco a la cama y busco el timbre para avisar al personal sanitario.
-
No sé por qué estás aquí, pero agradezco su ayuda-Se sentía muy sola y
totalmente perdida.
-
¿No me conoces?- dijo con un atisbo de ironía. Sólo quería verla sonreír. Al ver
que su rostro bello seguía contraído se detuvo.- Soy Martín Cirera, nos
conocimos ayer en el avión, ¿lo recuerdas? La vida da cada giro inesperado,
¿no?
Jasmin
se lo quedo mirando incrédula. No lo había reconocido. En el viaje no presto
mucha atención a su físico. Aunque, su voz si se le hacía algo familiar y más
su forma de hablar. Si, se lo creyó. ¿Cómo había terminado aquel extraño
haciéndole compañía en aquella impersonal habitación de hospital?
-
¡Ah sí!- respondió secamente.- ¿Dónde estoy? ¿Y cómo has sabido que estoy
ingresada? ¡Espero que no haya salido a la prensa mi agresión!- en el fondo,
era lo que más le preocupaba.
-
Estas en el Hospital del Mar. Entre tus cosas sólo han hallado mi tárjeta. Tu móvil esta estropeado. Lo ocurrido se ha filtrado a la prensa local, aunque no han revelado tu identidad. Aunque, seguro que querrán
entrevistarte.
-
¡Por favor no!- su rostro manifestó un vivo pavor que aquello ocurriera. No tenía
alergia al mundo periodístico, pero ya no deseaba vender nada de su vida.
-
Jasmin, te tienes de sentir orgullosa de ello.- insistió el arquitecto.- ¡Has
sido una heroína! Es una buena forma de lanzarte al estrellato.
-
¡Es qué nadie me entiende! ¡Ya no quiero ser famosa! No deseo una vida
superficial, viviendo a costa de mí índice de fama.- fue muy contundente. Era
lo más claro tenía en aquellos momentos.- Te agradezco tu visita, pero si
vienes a darme lecciones, ¡vete!
Martín
se la quedo mirando, helado por su fiereza. En el avión ya la sintió muy
frágil, pero había sido una apreciación algo floja. Jasmin estaba tocada y
hundida. Perdida en una existencia que no la llenaba.
-
Perdona. Realmente encuentro admirable tu gesta. Sería un buen ejemplo de
altruismo desinteresado, que por desgracia se está perdiendo.- en parte le era
sincero, pero siempre existe un pero. Era de los que opinaba que todas aquellas
experiencias se debían de contar, cómo forma de denuncia contra la violencia.
-
No te preocupes.- quitándole importancia. Seguro, que tiempo atrás ella había
aprovechado muy bien aquella circunstancia.
-
De todos modos, sin pretender ser pesado, no se trataría de beneficiarse
económicamente.- para tratar de corregir la imagen que había proyectado en ella.
Como respuesta sólo obtuvo una mirada asesina.- Hablaré con la enfermera y le
comunicare tu decisión. Les pediré que nadie te molestes.- determinó al final. Iba
a salir, cuando sintió la mirada penetrante de Jasmin encima de él. Se giro.-
¿Deseas algo más?
-
Por cierto, ¿han avisado a mi familia?
-
Se han puesto en contacto con la embajada alemana. Aunque, es probable que la policía
este investigándolo. Tu móvil se rompió, inservible.- sus ojos verdes estaban
algo apagados y serios.
-
Hoy voy abusar de ti- dijo con algo de humor rompiendo la tensión creada entre
ellos dos.- Comunícales que no hace falta localizar ningún familiar, ya lo haré
yo cuando salga del hospital. No quiero preocuparles. No ha sido nada.- su
ángel de la guardia se lo prometió, y se marcho.
Jasmin
se quedó mirando a la ventada. De golpe se sentía más fuerte, con más entereza.
¡Quizás los golpes arreglaron su mente estropeada!, ironizo. Debía de agradecer
poder contar aquella experiencia y poder redefinirse.
El
recuerdo de Anni la volvió a vampirizar. La amaba. ¿Por qué no la podía
perdonar? Sólo fueron unos besos. Pero su mirada llena de deseó hacia otra le
dolía al alma. Sintió que la estaba perdiendo. Se sentía tan inferior a su
lado, cómo si jamás satisfaría sus expectativas. Sí la encontraba atractiva,
irresistible... ¿Pero qué ocurría cuando el deseo se desvaneciera?
La
vería como en realidad es, una persona vacía y sin sustancia. Sin ningún
talento especial, una ordinaria mesera, una actriz mediocre… Sí, todo aquello
que Anni le acusó era cierto. Aunque, quizás no se lo dijo por mal y fruto de
sus discusiones, no quitaba que tuviera parte de razón.
La
puerta se volvió a abrir y entro Martín con una mujer joven, que le dijo que
era doctora. Muy amablemente, quiso asegurarse de que estaba segura de sus
peticiones. Seguidamente, la exploro e informo sobre su estado.
-
Tiene un par de costillas fracturadas, que por suerte no han perforado el
pulmón. Es normal que le duelan al respirar. Le administraremos calmantes para
paliar el dolor.
-
¿Y cuanto tiempo deberé estar ingresada?
-
Un par de días a lo sumo, o lo que necesite.- se detuvo un momento, se la quedó
mirando de forma compasiva.- ¿Está segura de no querer avisar a su familia? ¿O
tiene alguien qué le cuide estos días?
-
¡No! ¡Por favor no insista!- respondió siendo muy borde. Quería salir de aquel
bache ella sola.- Si es cierto, no tengo nada aquí. Pero no padezca iré en un
hotel.
-
Mire se lo digo porque debe de hacer reposo, necesita a alguien que le ayude
los primeros días para desenvolverse…- insiste, preocupada por ella.
-
Entiendo. Pero, no los quiero preocupar.- se mantiene firme. Piensa en su
madre, también le podría pedir que viniese. Pero no lo considera buena opción,
pues siempre era más importante su trabajo que su propia hija. Pensó en
Dominik, pero tampoco sería justo por él. Era feliz al lado de Elena. En
definitiva, no deseaba ser ninguna carga por nadie,
-
¡Como quiera!- se le acerco, le puso una mano en el hombro y añadió:- Aún así, permíteme
estudiar un modo de ayudarla. Lo que ha hecho usted no tiene nombre.- le sonrío
a modo de agradecimiento.
-
Bueno, yo tengo la solución doctora.- dijo Martín rompiendo el silencio que se
había antepuesto por no querer ser un metiche.- Si a nuestra heroína le parece
bien, por supuesto. Ahora mismo dispongo de un piso libre para acogerla
mientras se recupera, aparte estoy de vacaciones… por tanto, puedo cuidarla.
¿Qué te parece?
Jasmin
se le quedó mirando, algo perpleja. Le parecía extraño que aquel desconocido le
abriera, así como así, las puertas de su hogar. Aunque, le parecía amable
tampoco lo conocía. Aparte, le molestó que le animara a aprovecharse de su heroicidad.
-
¡Sería una buena opción! Ya me dirás algo, decidas lo que decidas- le sonrió y
se fue. Parecía una doctora maja.
-
¿Y bien que dices a mi propuesta?- insistió el arquitecto.
-
Muy generosa por tu parte.- admite, aún sin saber que creer.- Aún así, porque
te estás comprometiendo tanto conmigo. ¿Esperas algo a cambio?- Martín se sentó
en una cilla cercana en la cama, dispuesto a conquistar su confianza.
-
Jasmin, lo admito me atraes.- siéndole totalmente sincero:- Te reconocí nada
más sentarme a tu lado. Quizás, sea tu fan número uno. Me sentí muy afortunado
poder compartir una parte de tiempo contigo. Me pareces una persona muy
especial.
-
¡Por favor, no exageres! En el fondo no me conoces.- le corto al final,
hastiada de ser un sex simbol entre los hombres.
-
Quizás no, pero soy una persona perceptiva. Siempre intuí que debajo de tu imagen
de barbie hay una mujer sensible, frágil… Y al verte en el avión, algunas de
mis tesis se confirmaron. Te vi tan triste, tan desolada que me rompiste el
corazón, ¡de verdad!
-
¿Y quisiste aprovecharte de mi debilidad?- fue algo cruel, pero sin querer le
evoco recuerdos dolorosos vividos con Anni. Todas sus disputas del principio.
Seguía odiando aquella faceta de su vida.
-
¡No!- respondió rápidamente.- Tengo principios, entre ellos no me gusta ver sufrir
a las mujeres. Aparte, me sentí muy identificado contigo pues hace unos años
viví una experiencia similar. Sentí que todo lo que creía era polvo, estaba muy
enamorado de un chico que me decepciono, me traiciono y me hizo sentir como un
despojo humano. Sentí que nadie era capaz de amarme tal como era… Por suerte,
reaccione a tiempo.- Jasmin le cogió la mano y se le apretó. Se lo creyó. Sus
emociones se armonizaron.
-
¿Cómo saliste del túnel?- quiso saber ebria de esperanza.
-
Reencontrándome conmigo mismo. Fue un camino arduo. Me cerré en mi mismo, como
te está ocurriendo ahora mismo. No quería saber nada de mis amistades, de la
familia… Me creía responsable de la rotura. Alguien me aconsejó que hiciera el
camino de Santiago y le hice caso. Fue
mágico, milagroso, revitalizador… El paisaje, los silencios, la gente me
ayudaron a poner la mente en blanco, en perspectiva… hasta que escuche mi autentico yo.
-
Precioso.- le sonrió amargamente. Los ojos se le humedecieron. Empezó a
contarle su vida, su historia de amor con Anni y cómo determino romper con
ella. Algo que lamentaba profundamente.- ¡Fui una cobarde!
Martín
se agacho y la tomo entre sus brazos, la meso como su fuera una niña pequeña.
Sus brazos fuertes la confortaron. Y seguidamente, su ángel le dijo algo que
siempre le quedo gravado en la mente:- ¡Ya verás que renacerás en medio de esas
cenizas! Quizás no recuperes lo perdido, pero el día de mañana será mucho
mejor. Mil veces nos caeremos, pero debemos seguir levantándonos para
intentarlo de nuevo.
Y
al final acepto su oferta de recuperarse a su lado. Necesitaba compañía y con
Martín se sentía más cercana a su yo autentico. Sentía que empezaba a explosionar
como ser humano, a abrirse a un nuevo mundo que llenaría.
-
Estoy sintiendo que hay muchas cosas a hacer por los otros. No se me saca de la
cabeza el pobre vagabundo que agredieron. Además, vi a muchos en mi paseo por
la ciudad. ¡Qué triste!
-
La verdad que sí.- reconoce Martín y le narra que la crisis está siendo muy
dura por España. Mucho paro, desnutrición, desahucios de familias desvalidas…
-
¡Se debe de hacer algo!- declara muy convencida de ello.
-
Yo trabajo de voluntario en una asociación, puedes añadirte. Siempre van bien
voluntarios.
-
¡Hecho!
Martín
se fue con la promesa de venir todos los días a hacerle compañía. Cuando se fue
llegaron dos policías para interrogarla. Les conto todo lo recordaba de la
agresión y de los agresores. Se lo agradecieron. Le pidieron un número de
contacto de ella, pero al no tener móvil les dio el de su nuevo amigo.
-
Por cierto, no hemos hallado su maleta. Seguramente, alguien se la ha quedado. Lo
sentimos mucho.- no lo lamento mucho.
En cierta forma, era como abandonar metafóricamente
su anterior vida. Adiós a la Jasmin apegada a la ropa, seducida por las últimas
tendencias y a su afán de estar divina. Todo era accesorio.
Lo único que le dolió era haber perdido la única
foto que se había llevado de Anni. En ella estaba tocando su guitarra, cantándole
la canción que compuso por ella, declarándole su sus sentimientos. En el
momento que le tiró la foto la estaba mirándola con los ojos llenos de amor.
-
¡Sólo era una fotografía! Siempre llevaré a Anni en mi corazón.
Días
más tarde, le dieron la alta médica. Martín le vino a recoger. Le regalo un
vestido formal, de color negro y blanco, de un diseñador muy famoso. Le supo
mal que se hubiera gastado tanto dinero en él.
-
No te preocupes, se lo he robado a mi hermana- dijo con sorna.- Lo sabía,
tenéis la misma talla.
-
¡Muy malo por tu parte!- era hermoso, pero no sabía sí aceptar. La doctora que
insistió en que necesitaba que la cuidasen, también le había regalado ropa.-
Creo que no debo.
-
No mujer. Seguro que Marisa no se percata que le falta un vestido. Tiene
muchos, de hecho se los regalan en sus campañas publicitarias.
-
Mejor que no. Me pongo los tejanos y el jersey que la doctora Lila me ha regalado.-
determino al final- Por
cierto, ¿aún está ingresado el hombre que agredieron? Desearía verlo.
- Lo preguntamos a la
salir, en el punto de control.- se dirigieron allí, pero en aquella planta no
estaba ingresado. Llamarón a admisión y les dijeron que estaba en la Unidad de
Cuidados Intensivos. En aquella hora no podía recibir visitas.
- ¿Pregúntales si puede
recibir visitas o hacer algo por él?- le pidió a Martín.
Minutos más tarde, le
informaba de los horarios de visita y que podían ir llamar para saber cómo
estaba. No habían localizado a ningún familiar y los asistentes sociales
estaban tratando de localizar a alguien. Jasmin se entristeció. Fue capaz de
sentir aún como su mano fuerte, llena de callos y durezas, cogió con fuerza la
suya. La hizo sentir muy viva y mucha fuerza interior.
¿Qué había llevado a
aquel pobre hombre a vivir a la calle, con pocos recursos? ¿a andar por las
callejuelas sin rumbo, viviendo de lo que podía? ¿Había sido alguna vez feliz?
¿Lo era viviendo de aquel modo, pasando frió y mojándose con la lluvia?
¿Por qué una persona
humana se puede conformar con tan poco? Preguntas que se iban amontonando a su
interior.
El
piso que la llevó resulto ser de su hermana gemela, Marisa. Se lo contó durante
el trayecto. Él viajaba mucho por motivos de trabajo y no tenia piso. Estuvo
una temporada compartiendo piso con su hermana, pero se ve que no funciono.
-
Y eso que nos llevamos genial- le contó- Pero supongo que con el tiempo, te
gusta tener tu propio espacio, más intimidad. Mi hermana suele tener sus
escarceos amorosos clandestinos. ¡Es más pendeja que yo!- ironizó.
-
¡Seguro que sí!- le siguió la broma Jasmin.- Me parece que sois tal para cual.
-
Algo nos parecemos es verdad.
-
¿Por cierto, no le molestará que me lleves a su casa? Si es tan recelosa de su
intimidad…
-
Esta a Nueva York, regresa dentro un mes y medio. No es para presumir, mi
hermana empieza a ser famosa.
-
¡Vaya, una auténtica top modelo!
-
Sí. Se lo ha ganado- mostrándose orgulloso en el fondo.- Aunque, no me gusta su
mundo, me alegro de qué sus esfuerzos sean recompensados.
-
De todos modos, ¿se lo has dicho?
-
Se lo diré no te preocupes.- le sonrió, tratando de qué no padeciera por ello.
Seguro que a Marisa no le haría nada de gracia, pero a pesar de su cinismo aún
conservaba un corazón noble.
(7)
Simplemente viviendo
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