LA MAÑANA DE LA TERCERA FIESTA: ¿Quién se
levantará primero?
Un
intenso dolor de cabeza le dio los buenos días. Se desperezó, moviéndose
inquietamente por la cama. Se levanto, algo zombi. Lo primero que observo fue
su precioso rostro hecho añicos. Una mala noche y un amanecer prematuro. ¿Qué
hora debía de ser?
M:- ¡Díos, tan solo son las ocho de la mañana!-
regresó a la cama, tratando de conciliar el sueño de nuevo. No lo consiguió. No
era por falta de silencio, ya que la torre como el pueblo en si eran como una
lápida o un cementerio viviente. Que tranquilidad aparente se reinaba en
Soberano.
Al
fin, optó por levantarse. Salió a la terraza con una bata. En esta ocasión no
coincidió con Esther. Su corazón se entristeció. Nada había cambiado, peor aún
seguía pensando con la sonrisa y preciosa mirada de su rival. ¿Debería de
llamarla así? ¿Cómo podía extrañar a alguien que hacia poco que conocía? El
recuerdo de Esther con aquel chico seguía haciendo añicos su corazón.
Iba
a salir, rechazando por enésima vez sus reciente sentimientos, cuando alguien
salió a la terraza de los Montefiore. Se agarró a la baranda, aunque tuvo mala
suerte. No era su reina. Era un hombre, alto y atractivo. ¿Quién debía de ser?
Tampoco parecía ser el chico de ayer noche. No le había visto la cara, pero
juraría que no tenía tanto pelo como aquel hombre. Además, su pelo era castaño
claro y arrizado. Mientras su amante de turno era moreno y pelo cortado casi a
cero.
M:- ¿Quién debe de ser?- una respuesta salió
automática:- Seguro que es su prometido, el lord. ¡Vaya con la chica, ayer casi
le fue infiel en sus propias narices!
Maca,
siguió agarrada a la baranda. Sintió una extraña punchada en el pecho. No podía
permanecer indiferente ante los pretendientes de la italiana. Su mente seguía
incapaz de ver con claridad. Otra cascada de interrogantes la invadieron.
El apuesto prometido,
que también se había percatado de su imponente presencia, la saludo. Maca, le
devolvió el gesto y huyo. Se metió directamente a la ducha, tratando de expulsar
de su piel todo lo que le sobrepasaba. Evito salir a la terraza, espiar a los
vecinos. Aunque de tentaciones no le faltaron. ¿Saldría Esther?
Sus amigas seguían
durmiendo. No se había llevado trabajo, siguiendo algunos consejos de sus
amigas. Estaba tremendamente aborrecida. Cogió una libretita de su bolso y
empezó a hacer garabatos sin sentido. Si saber como empezó a escribir.
Esculpía, dibujaba su
existencia hasta aquel entonces. Una vida vacía, persi- guiendo algo que no la
llenaba del todo. Podría vivir como una reina, pero jamás fue con ella no hacer
nada. Fue un reto para ella entrar en la sociedad Cristal. Una empresa donde
dominaba el poder de los varones. Su padre se opuso a ello, no poniéndole las
cosas fáciles. Incluso, que heredara la presidencia seguía siendo un misterio.
M:- ¿Quién soy yo, realmente?- le susurro al aire.
La respuesta era
estremecedora. Una mujer fuerte, sí. Una mujer luchadora que no aceptaba un no
como respuesta. Una mujer que creía poder controlar todo lo que le sucedía, por
esto las traiciones la dolían en el más hondo de su ser. Hacia tiempo que había
dejado de buscar el amor. Simplemente, se engañaba. Necesitaba a alguien que la
amase más allá de su famoso apellido.
Era una serpiente que se
mordía la cola. Le habían dañado vilmente el corazón. Su última pareja, Javier
Cóctel, no tenia la culpa. Bueno, aunque él era como tantos otros… Ella había
pretendido esquiar en los mismos mares, siempre esperando que su estrella
cambiara. A cada espinazo se le endurecía el corazón, convirtiéndose en una
persona superficial e intolerante. Siempre iba con las antenas puestas. Por
todo ello se había ganado un apodo en la empresa, la Borde.
M:- Yo soy la borde, soberbia, tenaz y mimada hija
del jefe.- vuelve a decir a media voz.- La que todo lo consigue, y ahora estoy
indefensa, con el culo al aire. Tiene gracia la cosa. Aún así, lo más divertido
es que en el fondo tampoco me describiría como una persona feliz. Ni me acuerdo
de mis sueños infantiles…
L:- Tus sueños infantiles distaban de lo que te
has convertido- termina la frase por ella su amiga psicóloga. Su habitación
quedaba cerca de la salita donde meditaba. No había podido evitar escucharla.-
Me acuerdo que jugamos con muñecas, Petunia, tu y yo. Tu papel predilecto era el
de pediatra.- sonriendo con aquellos preciosos recuerdos.
M:- Es verdad.- siendo una fuerte revelación.
L:- Sigue gustándote los niños.
M:- No se, no he tenido tiempo para pensar en todo
ello- dice a modo de excusa. Sus dolores de cabeza eran otros. Su tristeza
relucía, en su máxima esplendor, en su rostro.
L:- ¿Maca, que te ocurre?- no queriendo aplazar
más las razones por las cuales la llamo. Aparte, había muchos temas por aclarar
de la noche anterior.
M:- La verdad es: ¿Qué nos ocurre a Petunia y a
mí?- la mira con ojos de perro apaleado.- ¿No te diste cuenta que Petunia se
moría por los huesos de Héctor? ¿Des de cuando ella es heterosexual?
L:- Sí, me di cuenta. Me sorprendió
soberanamente.- su mirada había un interrogante impreso: “¿Y qué?”- Las
personas no somos una entidad firme. No es la primera vez que una lesbiana se
enamora de un chico…- aquello enfado algo a Maca.
M:- ¡Ya, tan fácil!- dándose cuenta que su amiga
no se había dado cuenta de sus recientes sentimientos por Esther. ¿Debía contárselo?
Sí, porque de hecho estaba allí. Necesitaba confiar en alguien, no quería
volverse loca.- Mira, aquí ocurre algo porque yo…- le narro todo, en excepción
de quién se había enamorado.
“Enamorado”,
se remarco en su foro interior. Era algo prematuro. Mejor seria referirse a
ello con otras palabras, como: atracción… etc. No reconoció la identidad de la
otra parte, por vergüenza y porque no quería que se riesen de ella.
Esther, a los ojos de
los demás, era despreciable. Aunque, por la noche anterior, era probable que la
gente no la conociera como era en realidad. Asumir aquello era replantearse
otras cosas. ¿Cómo era en realidad la italiana?
L:- No entiendo- descolocada total.- No puede ser.
¿No será el alcohol consumido anoche, que te nubla la mente?
M:- Laura, por favor. Te llame porque ya me notaba
extraña des de ayer por la mañana.- volviendo a recitar lo mismo.- ¿Qué nos
ocurre?
L:- Lo siento, estoy igualmente perdida.-
mostrándose derrotada. Se la creía, porque se lo contaba muy segura. Maca jamás
bromeaba, jamás la había visto tan insegura.- ¿Has hablado de ello con Petunia?
M:- No. Ella parece la mar de feliz, con su nueva
condición de heterosexual.- mostrando una rabia punzante.- Aunque, a veces
presumía de ser una lesbiana orgullosa…
L:- La verdad, tampoco no la entiendo. De todos
modos, recuerda que le costo mucho asumir que era homosexual.- las dos
callaron, conscientes de qué aquello era verdad.- Además, tu te lo tomaste
fatal cuando confió en ti.
Maca
enmudeció. Era una espina clavada. Terminó por aceptarla. Pero tenía su parte
homófona latente. Algunas cosas cambiaron en ella, y consiguió superar sus
reservas. El comentario de la psicóloga despertó viejas cicatrices.
M:- Sí, tienes razón. De todos modos, yo no soy
lesbiana. No lo quiero ser…
L:- Lo deberás de aceptar, igual que lo ha hecho
ella.- realiza una pausa, tratando que la empresaria la comprendiera:- ¿Por qué
no puede ser, que un día para otro te enamores de una mujer?
M:- ¡No puede ser! Yo nunca he sido lesbiana. ¿Por
qué debo de aceptarlo? Vivo con una identidad que no me corresponde y, puede
ser incluso, con unos sentimientos que no son los míos. Lo que ocurre no es
normal… Quiero saber porque ha sucedido y llegar al fondo.- declaro muy firme.
A
Laura se le erizó la piel. Sabía que Maca no advertía en vano. Luchaba por
conseguir sus objetivos. Seguía sin comprender nada, porque no le cabía a la
cabeza que dos personas se cambiaran la identidad sexual y gustos. Aquello era
imposible. ¿Habría perdido la razón Maca? Sus ojos seguían retándose. Mientras
la tercera en discordia, las miraba silenciosa.
AMIGAS ENFRONTADAS
Petunia
se había quedado enganchada, como un clavo, en la entrada. Las palabras
contundentes de su mejor amiga le hirieron. Viejas heridas se reabrieron.
Aunque, ella también se había extrañado por lo sucedido la noche anterior. Aún
así, le encantada sentirse atraída, por fin, por un chico. Había sido la mejor
noche de su vida.
¿Por qué Maca no suportaba sentir como lesbiana? Un
aire fresco que le devolvió la vida, entrando en escena desafiante.
P:- Hola chicas- luciendo una sonrisa algo
diabólica.- Por cierto, os he escuchado.
Maca
y Laura, se miraron. No hubieran querido que fuera de aquel modo. De todos
modos, era mejor de aquella forma. Por fin, todas las partes implicadas encima
de la mesa.
M:-¡Pues muy bien! ¿Y que tienes de decir respecto
a este asunto?- usando su estilo directo e incisivo. - ¿No te habías dado
cuenta de nada? Ayer parecías la mar de feliz.
P:- ¿Igual que tu no?- sacando su rabia oculta.- ¿No
te gusta, a caso, tu nuevo estatus?
M:- Petunia, en parte te entiendo. Tienes motivos
para odiarme, aún así algo nos ha ocurrido. No es normal, que un día para otro,
cambies de identidad sexual.
P:- ¿Y por qué niegas que puede ocurrir? Quizás,
no se trate de cambio de identidad. Puede que te hayas enamorado de una chica y
te lo niegas. Es un camino fácil echar la culpa a otro, ¿no?
M:- ¡Dios Petunia, siempre sacando las cosas de
quicio!- se puso las manos a la cabeza. No quería ver problemas a donde no los
había, pero no era un imbécil. Su amiga estaba ciega y convertía aquello en su
venganza particular. Su piel se estremeció. ¿Y si fuera así? Lo borro de
inmediato de su piel.
L:- ¡Chicas, basta ya!- intervino al final,
dándose cuenta del daño que se inflingían.- Yo estoy desconcertada… Ni se que
pensar. Pero creó que lleva más razón Petunia. Maca, porque no puede suceder
que te atraiga una chica. Al fin y al cabo, te has hartado de los chicos.
M:- Me parece una teoría barata.- no aceptando
aquella simplicidad. Si aceptaba aquello, tampoco encajaba la heterosexualidad
de la otra parte. ¿Todo casualidades?- Yo no soy lesbiana, no es algo mío. ¡No
lo pienso aceptar jamás!- las desafió a las dos.
P:- Lo deberás de aceptar, como lo hice yo.
M:- ¡Jamás lo haré, porque aquí ocurre algo! ¿O es
que no lo quieres ver?- la desafió otra vez. Busco el apoyo de Laura, pero no
lo encontró. Se sintió sola e incomprendida. Era una perdida de tiempo. Un
sueño horrible. Llena de ira, cogió la bolsa y se fue sin despedirse.
¡OVLIDAME!
Maca,
salió a la calle como si mil demonios la persiguieran. En los ojos de Petunia
había leído tanto rencor. ¿Por qué revivir aquella pesadilla? ¿No le había
pedido mil veces perdón? Aunque, por primera vez la entendía llenamente. Era
duro darte cuenta que eras distinto a la mayoría. ¿En qué lo eras?, se repitió.
Fue una gran revelación.
M:- De todos modos, yo no soy así. Pero si esta
experiencia ha de servir por algo… Ya me he dado cuenta de mi error. ¿Debería
de romperse el hechizo, no?- se detuvo, esperando que así fuera. No fue así.
Desgraciadamente no era ningún cuento de hadas. Quién era el culpable de lo que
le sucedía se estaba cubriendo de medallas.
Caminaba
velozmente, sin observar a su alrededor, ni escuchar como Teresita le
desgastaba su nombre. Quería huir de lo que ya era inevitable. ¿Y todo para
que? Para nada. No se puede borrar lo que siente tu piel, todo lo que se ha
dicho aquella mañana. Todo por chocar contra alguien en un parque, como si
hubiese chafado mierda. Nada más levantar la mirada, ignorando el dolor del
golpe frontal, fue caer en una espiral de sentimientos. Unos ojos le vuelven a
seducir. Aunque, su rabia no se había desvanecido.
E:- ¡Es que no mira cuando anda!- exclamo la
italiana, no dándose cuenta con quien había chocado. Se le habían esparcido el
contenido de sus bolsas y se había agachado para recogerlo.
M:- Perdona- atino a decir, no sabiendo si reírse
o no. Pudo irse, girarse. Pero ya era demasiado tarde. Su preciosa italiana,
por fin, la reconoció. Su enfadó desapareció en un soplo de aire.
E:- ¡Maca!- se paralizó, no escondiendo la alegría
de reencontrarse tan inesperadamente. Sus ojos había una chispa inconfundible.
Sería fácil acariciar la luna.
M:- Hola.- atino a decir, sintiéndose la boca muy
seca.- ¿A dónde vas tan cargada, en domingo?
E:- He ido a comprar tabaco…- rió.- Ya sabes, como
las típicas películas americanas.
M:- De maridos que salen a comprar el tabaco y ya
no regresan.- siguiendo su broma.
E:- Más o menos.- riéndose aún. Enmudeció, anonada
por la risa franca y grácil de la Wilson. Ninguna de las dos, días anteriores
se hubiesen imaginado hallarse en aquella situación tan natural. -.
Simplemente, me he ofrecido voluntaria para comprar cosas que nos faltaban para
la comida. Necesitaba salir de la realidad que me rodea.
M:- Paradójico. – ironizó, pero la comprendió:-
Eso nunca lo puedes hacer. ¿Qué es la realidad? Continuamente se actualiza,
anda enfrente de nosotros. Es lo que somos.
E:- Muy profundo, jamás te imagine así.-
reconoce.- La realidad es el presente.
Siguieron
filosofando y terminaron sentadas en un banco cercano. A Maca, se le olvidaron
los motivos que le llevaron a huir con desesperación. Había renegado contra lo
que sentía por aquella chica. ¿Y donde había terminado? Habiendo olvidado, en
apariencia, lo ocurrido.
E:- ¿Qué harías tu para deshacer todos los pasos
dados?- le pregunto de repente, muy nostálgica.
Maca,
se la quedo mirando; tratando de descifrar sus sentimientos ocultos. Leyó, en
sus ojos marrones preciosos, un dolor contenido. Le rompió el corazón. Una
tristeza sofocante, fragilidad, timidez, sensibilidad… todo un colágeno
estremecedor, capaz de derretir el iceberg más grande y poderoso.
M:- Todo esta dentro de uno mismo. Hay cosas que
no se pueden cambiar, pero otras si. Tan solo es cuestión de nosotros, es deber
y responsabilidad nuestra cada acto, cada decisión.- recito, muy convencida de
ello. Aún así, lo que le estaba ocurriendo le quedaba demasiado ancho. Luchaba
contra corriente, e iba perdiendo la batalla. Se termino sintiendo como una
estafadora.
E:- ¡Ya! ¿Pero, como puedes evitar terminar con la
soga en el cuello? No es cuestión de lo que haga mañana, el problema es lo que
hice.- repite con hastió. ¿Alguien podía entenderla para variar? La miro
suplicante.
M:- ¿Hablas de lo que hiciste ayer noche?-
recordando su aventura. Quizás, se sentía mal por su infidelidad. Una pincelada
de rabia, alimentada por los celos, le partió en dos su corazón. Trago saliva y
añadió:- Te vi.
E:- ¿Ah, sí? ¿Y que viste?
M:- ¿No recuerdas lo que hiciste?- no encajando
bien su pregunta, de inmaculada dama protegiéndose de sus pecados. No deseando
perder más tiempo, fue muy directa:- Te vi muy bien acompañada, para ti el
concepto de fidelidad es una pantomima.
E:- ¡Ya, como que es esto!- riendo.- ¿Y que te
importa esto a ti?- la miro, abriendo los ojos. Tenía razón, ella no era nadie
para juzgarla. Pero, aún así, le dolió mucho verla en brazos de aquel
desconocido. No dijo nada, porqué no quería sentir nada.
M:- Nada.- carraspeo:- Bueno…, yo solo pretendía
ayudar. Es evidente que no eres feliz.- se sintió algo incomoda y empezó a
tener ganas de huir.
E:- Bueno Señora Wilson, ¿Qué puedo hacer al
respeto?- retándola otra vez con su extraño juego.- ¿Qué puedes hacer tú, sobre
el respeto?- la empresaria no supo que responder y no le dejo tiempo para
reflexionar:- Hay cosas inmovibles. No se puede pedir a una flor que te cante
una canción de amor, porque carece de voz. Solo te alegra la vista. Esta es la
estricta verdad. ¿Duele no?
Se
quedaron mirando. Le había confesado su verdad metafóricamente. Aún así, Maca
tubo la extraña convicción de qué la flor, a la que se refería, era ella. Sí,
capto su indirecta, unos sentimientos que no tenía suficiente valor por recitar
a todo pulmón. No le podía estar pasando aquello a ella.
Terminó
por depreciar sus ojos. Se sintió muy mareada. Su repulsa le despertó su
carácter más agrió. Era un lince en su profesión, simplemente porqué sabía
disfrazar, a la perfección, sus sentimientos. No se la podía doblegar en un
chasquido de dedos. Incluso, algunos creían que era una insensible. Aún así,
pocos sabían que era humana y lloraba mucho más que quisiera.
M:- No sé qué pretendes Esther, ni el porqué de tu
monologo. No se, que buscas con tus juegos; como tampoco entiendo que me trates
tan bien después de todo.
E:- ¿No lo entiendes o te haces la ciega?-
replico, tratando de adentrarse a su interior. Aún así, ya era demasiado tarde.
Maca se protegía detrás una poderosa fortificación.
M:- Mejor que no digas nada más. ¡Por favor!- le
exigió antes de qué volviera a atacarla.- No se lo que buscas, que esperas al
decirme todo esto. No soy moneda de cambio, no soy la salida de nada… Mejor,
que me olvides. ¡Olvídame, por favor!
Se
levanto, sin importarle nada más. Dejo a Esther con la palabra a la boca. Ni
vio como esta empezaba a llorar. Si saberlo añadió más aristas en su colección.
Las personas somos: lo que nos queda tras restar las partes, de nosotros
mismos, que vamos perdiendo a lo largo de la vida.
Maca,
lejos de allí también empezó a llorar. Hacía tiempo que no lloraba tanto y
públicamente. Se cruzó, otra vez, con Teresita. La cual, al verla tan mal que
la siguió, llamándola insistentemente.
T:- ¡Maca, por Díos detente, que no te puedo
seguir! ¡Ah, que me caigo! ¡Macaaa…!
(…)
LA MATERNAL TERESITA
T:- ¡Maca, por Díos detente, que no te puedo
seguir! ¡Ah, que caigo! ¡Maca!
La
Wilson no aludió el estridente grito de auxilio. Freno en seco y se giro. Vio como
su amiga se caía a cuajo. No pudo evitar lo inevitable. Se le acerco y trato de
ayudarla. Pero esta no le dejo.
T:- ¡Quita, quita que puedo solita! – imitando a
una rebelde sin causa. Lo intento y re-
intento… Maca, soberbia, la miraba entre seria y pillina. – Bueno, me rindo…
¿Qué miras? ¡Ayúdame!
M:- ¿A ver, con que quedamos: la ayudo o no?- al
principio muy seria, pero no pudo evitar reírse a corazón abierto. Terminando
siendo una buena terapia por ella.
T:- ¿A ti que te parece? Me he caído, además, por
tu culpa.
M:- ¡Vamos, antes que te quedes enganchada al
suelo!- se le acerco y le cogió la mano, poniéndola otra vez de pie. – ¿Por
cierto, has comido?-
T:- No. Ahora iba para casa… ¿Pero que te parece
si nos olvidamos de nuestros mundos, y nos vamos de guateque?
M:-¿Y tu marido no se enfadará?
T:- Creó que las dos necesitamos un poco de
alegría. Mi esposo prefiere su huerto en lugar de su preciosa mujer. Sin previo
aviso la cogió del bracito, y como un huracán la arrastro a los confines de Soberano.
(…)
El restaurante que le condujo Teresita era algo
cutre, de ambiente muy familiar. Los propietarios eran cubanos y exhibían una
alegría muy contagiosa. Con música caribeña de fondo comieron.
- Gracias Teresita por animarme y ser tan
comprensiva.-le agradeció con sinceridad.- Hoy me he sentido muy sola. ¿Tanto
cuesta escuchar, simplemente?
- No. A veces, siempre estamos a la defensiva,
pensando egoístamente en nuestros dolores de cabeza.- le cogió la mano y se la
apretó fugazmente.- No me has contado de que huías…- tratando de ayudarla.
- De mi misma- respondió, decidiendo no compartir
su problema con ella. Quizás, no se sorprendería. No obstante, no quería
escuchar lo mismo que sus amigas.- Petunia y yo nos hemos discutido. Nada que
no tenga solución. A veces, no terminas
de entender a la gente. Cuando piensas que el pasado es lo que es, resulta que
no es así.
- Ya, es como ocurre en este pueblo.- ofreciéndole
una oportunidad, para cambiar de tema radicalmente. – La gente no olvida. ¿Sabes
por qué la gente no tolera a los Montefiore? Por pura envidia… Se cuenta…
Y aquí llega el final de la historia
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