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DOBLE JUEGO EN SOBERANO (IX)


LA MAÑANA DE LA TERCERA FIESTA: ¿Quién se levantará primero?

 

            Un intenso dolor de cabeza le dio los buenos días. Se desperezó, moviéndose inquietamente por la cama. Se levanto, algo zombi. Lo primero que observo fue su precioso rostro hecho añicos. Una mala noche y un amanecer prematuro. ¿Qué hora debía de ser?

 

M:- ¡Díos, tan solo son las ocho de la mañana!- regresó a la cama, tratando de conciliar el sueño de nuevo. No lo consiguió. No era por falta de silencio, ya que la torre como el pueblo en si eran como una lápida o un cementerio viviente. Que tranquilidad aparente se reinaba en Soberano.

 

            Al fin, optó por levantarse. Salió a la terraza con una bata. En esta ocasión no coincidió con Esther. Su corazón se entristeció. Nada había cambiado, peor aún seguía pensando con la sonrisa y preciosa mirada de su rival. ¿Debería de llamarla así? ¿Cómo podía extrañar a alguien que hacia poco que conocía? El recuerdo de Esther con aquel chico seguía haciendo añicos su corazón.

 

            Iba a salir, rechazando por enésima vez sus reciente sentimientos, cuando alguien salió a la terraza de los Montefiore. Se agarró a la baranda, aunque tuvo mala suerte. No era su reina. Era un hombre, alto y atractivo. ¿Quién debía de ser? Tampoco parecía ser el chico de ayer noche. No le había visto la cara, pero juraría que no tenía tanto pelo como aquel hombre. Además, su pelo era castaño claro y arrizado. Mientras su amante de turno era moreno y pelo cortado casi a cero.

 

M:- ¿Quién debe de ser?- una respuesta salió automática:- Seguro que es su prometido, el lord. ¡Vaya con la chica, ayer casi le fue infiel en sus propias narices!

 

            Maca, siguió agarrada a la baranda. Sintió una extraña punchada en el pecho. No podía permanecer indiferente ante los pretendientes de la italiana. Su mente seguía incapaz de ver con claridad. Otra cascada de interrogantes la invadieron.

 

El apuesto prometido, que también se había percatado de su imponente presencia, la saludo. Maca, le devolvió el gesto y huyo. Se metió directamente a la ducha, tratando de expulsar de su piel todo lo que le sobrepasaba. Evito salir a la terraza, espiar a los vecinos. Aunque de tentaciones no le faltaron. ¿Saldría Esther?

 

Sus amigas seguían durmiendo. No se había llevado trabajo, siguiendo algunos consejos de sus amigas. Estaba tremendamente aborrecida. Cogió una libretita de su bolso y empezó a hacer garabatos sin sentido. Si saber como empezó a escribir.

 

Esculpía, dibujaba su existencia hasta aquel entonces. Una vida vacía, persi- guiendo algo que no la llenaba del todo. Podría vivir como una reina, pero jamás fue con ella no hacer nada. Fue un reto para ella entrar en la sociedad Cristal. Una empresa donde dominaba el poder de los varones. Su padre se opuso a ello, no poniéndole las cosas fáciles. Incluso, que heredara la presidencia seguía siendo un misterio.

 

M:- ¿Quién soy yo, realmente?- le susurro al aire.

 

La respuesta era estremecedora. Una mujer fuerte, sí. Una mujer luchadora que no aceptaba un no como respuesta. Una mujer que creía poder controlar todo lo que le sucedía, por esto las traiciones la dolían en el más hondo de su ser. Hacia tiempo que había dejado de buscar el amor. Simplemente, se engañaba. Necesitaba a alguien que la amase más allá de su famoso apellido.

 

Era una serpiente que se mordía la cola. Le habían dañado vilmente el corazón. Su última pareja, Javier Cóctel, no tenia la culpa. Bueno, aunque él era como tantos otros… Ella había pretendido esquiar en los mismos mares, siempre esperando que su estrella cambiara. A cada espinazo se le endurecía el corazón, convirtiéndose en una persona superficial e intolerante. Siempre iba con las antenas puestas. Por todo ello se había ganado un apodo en la empresa, la Borde.

 

M:- Yo soy la borde, soberbia, tenaz y mimada hija del jefe.- vuelve a decir a media voz.- La que todo lo consigue, y ahora estoy indefensa, con el culo al aire. Tiene gracia la cosa. Aún así, lo más divertido es que en el fondo tampoco me describiría como una persona feliz. Ni me acuerdo de mis sueños infantiles…

 

L:- Tus sueños infantiles distaban de lo que te has convertido- termina la frase por ella su amiga psicóloga. Su habitación quedaba cerca de la salita donde meditaba. No había podido evitar escucharla.- Me acuerdo que jugamos con muñecas, Petunia, tu y yo. Tu papel predilecto era el de pediatra.- sonriendo con aquellos preciosos recuerdos.

 

M:- Es verdad.- siendo una fuerte revelación.

 

L:- Sigue gustándote los niños.

 

M:- No se, no he tenido tiempo para pensar en todo ello- dice a modo de excusa. Sus dolores de cabeza eran otros. Su tristeza relucía, en su máxima esplendor, en su rostro.

 

L:- ¿Maca, que te ocurre?- no queriendo aplazar más las razones por las cuales la llamo. Aparte, había muchos temas por aclarar de la noche anterior.

 

M:- La verdad es: ¿Qué nos ocurre a Petunia y a mí?- la mira con ojos de perro apaleado.- ¿No te diste cuenta que Petunia se moría por los huesos de Héctor? ¿Des de cuando ella es heterosexual?

 

L:- Sí, me di cuenta. Me sorprendió soberanamente.- su mirada había un interrogante impreso: “¿Y qué?”- Las personas no somos una entidad firme. No es la primera vez que una lesbiana se enamora de un chico…- aquello enfado algo a Maca.

 

M:- ¡Ya, tan fácil!- dándose cuenta que su amiga no se había dado cuenta de sus recientes sentimientos por Esther. ¿Debía contárselo? Sí, porque de hecho estaba allí. Necesitaba confiar en alguien, no quería volverse loca.- Mira, aquí ocurre algo porque yo…- le narro todo, en excepción de quién se había enamorado.

 

            “Enamorado”, se remarco en su foro interior. Era algo prematuro. Mejor seria referirse a ello con otras palabras, como: atracción… etc. No reconoció la identidad de la otra parte, por vergüenza y porque no quería que se riesen de ella.

Esther, a los ojos de los demás, era despreciable. Aunque, por la noche anterior, era probable que la gente no la conociera como era en realidad. Asumir aquello era replantearse otras cosas. ¿Cómo era en realidad la italiana?

 

L:- No entiendo- descolocada total.- No puede ser. ¿No será el alcohol consumido anoche, que te nubla la mente?

 

M:- Laura, por favor. Te llame porque ya me notaba extraña des de ayer por la mañana.- volviendo a recitar lo mismo.- ¿Qué nos ocurre?

 

L:- Lo siento, estoy igualmente perdida.- mostrándose derrotada. Se la creía, porque se lo contaba muy segura. Maca jamás bromeaba, jamás la había visto tan insegura.- ¿Has hablado de ello con Petunia?

 

M:- No. Ella parece la mar de feliz, con su nueva condición de heterosexual.- mostrando una rabia punzante.- Aunque, a veces presumía de ser una lesbiana orgullosa…

 

L:- La verdad, tampoco no la entiendo. De todos modos, recuerda que le costo mucho asumir que era homosexual.- las dos callaron, conscientes de qué aquello era verdad.- Además, tu te lo tomaste fatal cuando confió en ti.

 

            Maca enmudeció. Era una espina clavada. Terminó por aceptarla. Pero tenía su parte homófona latente. Algunas cosas cambiaron en ella, y consiguió superar sus reservas. El comentario de la psicóloga despertó viejas cicatrices.

 

M:- Sí, tienes razón. De todos modos, yo no soy lesbiana. No lo quiero ser…

 

L:- Lo deberás de aceptar, igual que lo ha hecho ella.- realiza una pausa, tratando que la empresaria la comprendiera:- ¿Por qué no puede ser, que un día para otro te enamores de una mujer?

 

M:- ¡No puede ser! Yo nunca he sido lesbiana. ¿Por qué debo de aceptarlo? Vivo con una identidad que no me corresponde y, puede ser incluso, con unos sentimientos que no son los míos. Lo que ocurre no es normal… Quiero saber porque ha sucedido y llegar al fondo.- declaro muy firme.

 

            A Laura se le erizó la piel. Sabía que Maca no advertía en vano. Luchaba por conseguir sus objetivos. Seguía sin comprender nada, porque no le cabía a la cabeza que dos personas se cambiaran la identidad sexual y gustos. Aquello era imposible. ¿Habría perdido la razón Maca? Sus ojos seguían retándose. Mientras la tercera en discordia, las miraba silenciosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMIGAS ENFRONTADAS

 

            Petunia se había quedado enganchada, como un clavo, en la entrada. Las palabras contundentes de su mejor amiga le hirieron. Viejas heridas se reabrieron. Aunque, ella también se había extrañado por lo sucedido la noche anterior. Aún así, le encantada sentirse atraída, por fin, por un chico. Había sido la mejor noche de su vida.

¿Por qué Maca no suportaba sentir como lesbiana? Un aire fresco que le devolvió la vida, entrando en escena desafiante.

 

P:- Hola chicas- luciendo una sonrisa algo diabólica.- Por cierto, os he escuchado.

 

            Maca y Laura, se miraron. No hubieran querido que fuera de aquel modo. De todos modos, era mejor de aquella forma. Por fin, todas las partes implicadas encima de la mesa.

 

M:-¡Pues muy bien! ¿Y que tienes de decir respecto a este asunto?- usando su estilo directo e incisivo. - ¿No te habías dado cuenta de nada? Ayer parecías la mar de feliz.

 

P:- ¿Igual que tu no?- sacando su rabia oculta.- ¿No te gusta, a caso, tu nuevo estatus?

 

M:- Petunia, en parte te entiendo. Tienes motivos para odiarme, aún así algo nos ha ocurrido. No es normal, que un día para otro, cambies de identidad sexual.

 

P:- ¿Y por qué niegas que puede ocurrir? Quizás, no se trate de cambio de identidad. Puede que te hayas enamorado de una chica y te lo niegas. Es un camino fácil echar la culpa a otro, ¿no?

 

M:- ¡Dios Petunia, siempre sacando las cosas de quicio!- se puso las manos a la cabeza. No quería ver problemas a donde no los había, pero no era un imbécil. Su amiga estaba ciega y convertía aquello en su venganza particular. Su piel se estremeció. ¿Y si fuera así? Lo borro de inmediato de su piel.

 

L:- ¡Chicas, basta ya!- intervino al final, dándose cuenta del daño que se inflingían.- Yo estoy desconcertada… Ni se que pensar. Pero creó que lleva más razón Petunia. Maca, porque no puede suceder que te atraiga una chica. Al fin y al cabo, te has hartado de los chicos.

 

M:- Me parece una teoría barata.- no aceptando aquella simplicidad. Si aceptaba aquello, tampoco encajaba la heterosexualidad de la otra parte. ¿Todo casualidades?- Yo no soy lesbiana, no es algo mío. ¡No lo pienso aceptar jamás!- las desafió a las dos.

 

P:- Lo deberás de aceptar, como lo hice yo.

 

M:- ¡Jamás lo haré, porque aquí ocurre algo! ¿O es que no lo quieres ver?- la desafió otra vez. Busco el apoyo de Laura, pero no lo encontró. Se sintió sola e incomprendida. Era una perdida de tiempo. Un sueño horrible. Llena de ira, cogió la bolsa y se fue sin despedirse.

 

 

 

¡OVLIDAME!

 

            Maca, salió a la calle como si mil demonios la persiguieran. En los ojos de Petunia había leído tanto rencor. ¿Por qué revivir aquella pesadilla? ¿No le había pedido mil veces perdón? Aunque, por primera vez la entendía llenamente. Era duro darte cuenta que eras distinto a la mayoría. ¿En qué lo eras?, se repitió. Fue una gran revelación.

 

M:- De todos modos, yo no soy así. Pero si esta experiencia ha de servir por algo… Ya me he dado cuenta de mi error. ¿Debería de romperse el hechizo, no?- se detuvo, esperando que así fuera. No fue así. Desgraciadamente no era ningún cuento de hadas. Quién era el culpable de lo que le sucedía se estaba cubriendo de medallas.

 

            Caminaba velozmente, sin observar a su alrededor, ni escuchar como Teresita le desgastaba su nombre. Quería huir de lo que ya era inevitable. ¿Y todo para que? Para nada. No se puede borrar lo que siente tu piel, todo lo que se ha dicho aquella mañana. Todo por chocar contra alguien en un parque, como si hubiese chafado mierda. Nada más levantar la mirada, ignorando el dolor del golpe frontal, fue caer en una espiral de sentimientos. Unos ojos le vuelven a seducir. Aunque, su rabia no se había desvanecido.

 

E:- ¡Es que no mira cuando anda!- exclamo la italiana, no dándose cuenta con quien había chocado. Se le habían esparcido el contenido de sus bolsas y se había agachado para recogerlo.

 

M:- Perdona- atino a decir, no sabiendo si reírse o no. Pudo irse, girarse. Pero ya era demasiado tarde. Su preciosa italiana, por fin, la reconoció. Su enfadó desapareció en un soplo de aire.

 

E:- ¡Maca!- se paralizó, no escondiendo la alegría de reencontrarse tan inesperadamente. Sus ojos había una chispa inconfundible. Sería fácil acariciar la luna.

 

M:- Hola.- atino a decir, sintiéndose la boca muy seca.- ¿A dónde vas tan cargada, en domingo?

 

E:- He ido a comprar tabaco…- rió.- Ya sabes, como las típicas películas americanas.

 

M:- De maridos que salen a comprar el tabaco y ya no regresan.- siguiendo su broma.

 

E:- Más o menos.- riéndose aún. Enmudeció, anonada por la risa franca y grácil de la Wilson. Ninguna de las dos, días anteriores se hubiesen imaginado hallarse en aquella situación tan natural. -. Simplemente, me he ofrecido voluntaria para comprar cosas que nos faltaban para la comida. Necesitaba salir de la realidad que me rodea.

 

M:- Paradójico. – ironizó, pero la comprendió:- Eso nunca lo puedes hacer. ¿Qué es la realidad? Continuamente se actualiza, anda enfrente de nosotros. Es lo que somos.

 

E:- Muy profundo, jamás te imagine así.- reconoce.- La realidad es el presente.

 

 

 

            Siguieron filosofando y terminaron sentadas en un banco cercano. A Maca, se le olvidaron los motivos que le llevaron a huir con desesperación. Había renegado contra lo que sentía por aquella chica. ¿Y donde había terminado? Habiendo olvidado, en apariencia, lo ocurrido.

 

E:- ¿Qué harías tu para deshacer todos los pasos dados?- le pregunto de repente, muy nostálgica.

 

            Maca, se la quedo mirando; tratando de descifrar sus sentimientos ocultos. Leyó, en sus ojos marrones preciosos, un dolor contenido. Le rompió el corazón. Una tristeza sofocante, fragilidad, timidez, sensibilidad… todo un colágeno estremecedor, capaz de derretir el iceberg más grande y poderoso.

 

M:- Todo esta dentro de uno mismo. Hay cosas que no se pueden cambiar, pero otras si. Tan solo es cuestión de nosotros, es deber y responsabilidad nuestra cada acto, cada decisión.- recito, muy convencida de ello. Aún así, lo que le estaba ocurriendo le quedaba demasiado ancho. Luchaba contra corriente, e iba perdiendo la batalla. Se termino sintiendo como una estafadora.

 

E:- ¡Ya! ¿Pero, como puedes evitar terminar con la soga en el cuello? No es cuestión de lo que haga mañana, el problema es lo que hice.- repite con hastió. ¿Alguien podía entenderla para variar? La miro suplicante.

 

M:- ¿Hablas de lo que hiciste ayer noche?- recordando su aventura. Quizás, se sentía mal por su infidelidad. Una pincelada de rabia, alimentada por los celos, le partió en dos su corazón. Trago saliva y añadió:- Te vi.

 

E:- ¿Ah, sí? ¿Y que viste?

 

M:- ¿No recuerdas lo que hiciste?- no encajando bien su pregunta, de inmaculada dama protegiéndose de sus pecados. No deseando perder más tiempo, fue muy directa:- Te vi muy bien acompañada, para ti el concepto de fidelidad es una pantomima.

 

E:- ¡Ya, como que es esto!- riendo.- ¿Y que te importa esto a ti?- la miro, abriendo los ojos. Tenía razón, ella no era nadie para juzgarla. Pero, aún así, le dolió mucho verla en brazos de aquel desconocido. No dijo nada, porqué no quería sentir nada.

 

M:- Nada.- carraspeo:- Bueno…, yo solo pretendía ayudar. Es evidente que no eres feliz.- se sintió algo incomoda y empezó a tener ganas de huir.

 

E:- Bueno Señora Wilson, ¿Qué puedo hacer al respeto?- retándola otra vez con su extraño juego.- ¿Qué puedes hacer tú, sobre el respeto?- la empresaria no supo que responder y no le dejo tiempo para reflexionar:- Hay cosas inmovibles. No se puede pedir a una flor que te cante una canción de amor, porque carece de voz. Solo te alegra la vista. Esta es la estricta verdad. ¿Duele no?

 

            Se quedaron mirando. Le había confesado su verdad metafóricamente. Aún así, Maca tubo la extraña convicción de qué la flor, a la que se refería, era ella. Sí, capto su indirecta, unos sentimientos que no tenía suficiente valor por recitar a todo pulmón. No le podía estar pasando aquello a ella.

            Terminó por depreciar sus ojos. Se sintió muy mareada. Su repulsa le despertó su carácter más agrió. Era un lince en su profesión, simplemente porqué sabía disfrazar, a la perfección, sus sentimientos. No se la podía doblegar en un chasquido de dedos. Incluso, algunos creían que era una insensible. Aún así, pocos sabían que era humana y lloraba mucho más que quisiera.

 

M:- No sé qué pretendes Esther, ni el porqué de tu monologo. No se, que buscas con tus juegos; como tampoco entiendo que me trates tan bien después de todo.

 

E:- ¿No lo entiendes o te haces la ciega?- replico, tratando de adentrarse a su interior. Aún así, ya era demasiado tarde. Maca se protegía detrás una poderosa fortificación.

 

M:- Mejor que no digas nada más. ¡Por favor!- le exigió antes de qué volviera a atacarla.- No se lo que buscas, que esperas al decirme todo esto. No soy moneda de cambio, no soy la salida de nada… Mejor, que me olvides. ¡Olvídame, por favor!

 

            Se levanto, sin importarle nada más. Dejo a Esther con la palabra a la boca. Ni vio como esta empezaba a llorar. Si saberlo añadió más aristas en su colección. Las personas somos: lo que nos queda tras restar las partes, de nosotros mismos, que vamos perdiendo a lo largo de la vida.

 

            Maca, lejos de allí también empezó a llorar. Hacía tiempo que no lloraba tanto y públicamente. Se cruzó, otra vez, con Teresita. La cual, al verla tan mal que la siguió, llamándola insistentemente.

 

T:- ¡Maca, por Díos detente, que no te puedo seguir! ¡Ah, que me caigo! ¡Macaaa…!

 

(…)

 

LA MATERNAL TERESITA

 

T:- ¡Maca, por Díos detente, que no te puedo seguir! ¡Ah, que caigo! ¡Maca!

 

            La Wilson no aludió el estridente grito de auxilio. Freno en seco y se giro. Vio como su amiga se caía a cuajo. No pudo evitar lo inevitable. Se le acerco y trato de ayudarla. Pero esta no le dejo.

 

T:- ¡Quita, quita que puedo solita! – imitando a una rebelde sin causa.  Lo intento y re- intento… Maca, soberbia, la miraba entre seria y pillina. – Bueno, me rindo… ¿Qué miras? ¡Ayúdame!

 

M:- ¿A ver, con que quedamos: la ayudo o no?- al principio muy seria, pero no pudo evitar reírse a corazón abierto. Terminando siendo una buena terapia por ella.

 

T:- ¿A ti que te parece? Me he caído, además, por tu culpa.

 

M:- ¡Vamos, antes que te quedes enganchada al suelo!- se le acerco y le cogió la mano, poniéndola otra vez de pie. – ¿Por cierto, has comido?-

 

T:- No. Ahora iba para casa… ¿Pero que te parece si nos olvidamos de nuestros mundos, y nos vamos de guateque?

 

M:-¿Y tu marido no se enfadará?

 

T:- Creó que las dos necesitamos un poco de alegría. Mi esposo prefiere su huerto en lugar de su preciosa mujer. Sin previo aviso la cogió del bracito, y como un huracán la arrastro a los confines de Soberano.

 

(…)

 

El restaurante que le condujo Teresita era algo cutre, de ambiente muy familiar. Los propietarios eran cubanos y exhibían una alegría muy contagiosa. Con música caribeña de fondo comieron.

 

- Gracias Teresita por animarme y ser tan comprensiva.-le agradeció con sinceridad.- Hoy me he sentido muy sola. ¿Tanto cuesta escuchar, simplemente?

 

- No. A veces, siempre estamos a la defensiva, pensando egoístamente en nuestros dolores de cabeza.- le cogió la mano y se la apretó fugazmente.- No me has contado de que huías…- tratando de ayudarla.

 

- De mi misma- respondió, decidiendo no compartir su problema con ella. Quizás, no se sorprendería. No obstante, no quería escuchar lo mismo que sus amigas.- Petunia y yo nos hemos discutido. Nada que no tenga solución.  A veces, no terminas de entender a la gente. Cuando piensas que el pasado es lo que es, resulta que no es así.

 

- Ya, es como ocurre en este pueblo.- ofreciéndole una oportunidad, para cambiar de tema radicalmente. – La gente no olvida. ¿Sabes por qué la gente no tolera a los Montefiore? Por pura envidia… Se cuenta…


Y aquí llega  el final de la historia

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