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DOBLE JUEGO EN SOBERANO (III)


Maca Orquídea, como no se lo esperaba, abrió los ojos como dos naranjas. Abrió la boca, y no salió ninguna palabra de ella. Seguro que pensaba: "No puede ser" .La ha había cogido con la guardia en los suelos.

 

M:- ¿Qué me has hecho?-atino decir al final. El café le ardía en su pecho. Su precioso vestido completamente manchado de la parte delantera. Se levanto y la miro amenazadoramente:- ¡Ahora seré yo la que te advierta!

 

Esther Violeta, viendo el peligro que se avecinaba, empezó a correr apartándose de su rival. La cual cogió el recipiente del agua, medio lleno y la siguió.

 

E:- ¡Eso si me atrapas!- le dijo riéndose.

 

Iban dando vueltas entorno la mesa rectangular. El resto de invitados se limitaron a observar aquel espectáculo gratuito. Algunos se levantaron de las mesitas del café, como el padre de Esther y Teresita.

 

Maca finalmente lanza el agua. Su mala puntería es tal, que moja a Teresita Paraguas en lugar de la Montefiore peligrosa. En fin, que todo hi su apodo, no le sirve para protegerse del agua y queda como una gata mojada. Se queda inmóvil, muy asustada y seguidamente habla.

 

Teresita:- ¡No hay derecho! ¡No hay derecho! ¡Lo de las fiestas son una mierda!- estaba muy enfadada. Pero su forma de expresar aquella emoción es tan divertida que causa un raudal de sonrisas.

 

 Maca Orquídea, dejo caer el recipiente de vidrio que contenía el agua. Se rompió en mil pedacitos. Estaba horrorizada por su torpeza.

 

Esther había seguido corriendo entorno de la mesa, con su graciosa forma de correr (A modo de pollito asustado) Hasta ponerse detrás de Maca. Aprovecha su aturdimiento, para vaciarle encima una botella de vino completamente llena. Los invitados, por lo que se veía, no les gustaba para nada el alcohol.

 

La víctima, en esta ocasión, reacciona más rápido. Sin pensarlo coge lo primero que se encuentra en la mesa. Era una tarta de fresa, casi al completo. Vaya la gente aparte de estenios, habían comido como pollitos. Dicho pastel termino encastado de lleno en la cara de la Montefiore. En fin, termino siendo la mona de la comida.

 

Maca Orquídea, no se detuvo aquí. ¡No, no! Aprovechando la confusión inicial de la monaira la remato con cava. La dosis también fue muy generosa. El resto de invitados se habían apartado del campo de batalla. Tenían mucho miedo de recibir una bala perdida, como la pobre anfitriona. La cual había entrado en el interior de su hogar para coger su súper paraguas. ¿Quizás con malévolas intenciones?

 

Petunia Arco trataba de esconderse al lado de una colección de flores. El padre de Esther Violeta, fue el único que intento poner paz. De hecho, entro en el campo de batalla para defender a su hija. Su gesto honorable fue beatificado por una estacada de paraguas.

 

La pobre Teresita, ciega de rabia, había empuñado su arma al primer que se le presto delante. El Sr. Montefiore cabreado se giro, sacando fuego por la boca. La pobre agresora esta apunto de caer exhausta entre los combatientes.

 

Sr. Montefiore:- Más vale que me de este objeto peligroso:- se lo quita sin resistencia alguna. Se lo lanza hacía el sector del jardín donde se esconde una miedosa Petunia.

 

El paraguas le impacta a la cabeza. Ve las estrellitas, pero también se da cuenta de que el objeto peligroso no lo es tanto, ya que esta constituido por chocolate. ¡Ñam..ñam..que bueno que esta! 

 

Se levanta y divisa unas tomateras en el huerto del anfitrión. Se dirige hacía allí, pensando: "¡Que huertito más providencial". Recolecta el máximo de tomates que puede. Esta muy contenta, pues están súper maduras y harán estragos. Con las manos llenas se dispone a entrar en la batalla. Montefiore -Wilson- Paraguas.

 

El primero de recibir la embestida tomate es Esther Violeta. Seguidamente su padre. Pero el resto de combatientes también recibieron su tomatazo.

 

M:- ¡Pero Petunia... si soy tu amiga! ¡A mi no, a ella!

 

P:- ¡Oh, perdona querida! Pero quien ríe el último ríe mejor y es el vencedor.

 

Fue el Mr. Paraguas quién terminó con aquella locura de guerra, sin ningún sentido. En la mesa casi no queda nada con vida. Incluso el bonito huertecillo peligraba por quedarse sin sus existencias, sin aquellos tomatitos tan rojos. Precisamente aquello hizo reaccionar al marido de Teresita.

 

Maca, no paraba de reírse. El ajetreo le había ayudado a disminuir el enfado. Aquello era realmente anti-estres. Petunia la imitaba. Mrs. Paraguas más de lo mismo. Esther, por lo contrario, estaba algo avergonzada. Nadie le hacía perder la cordura como la aquella engreída multimillonaria. No había sido nada de correcto lo que paso allí.

 

E:- ¡Lo siento Teresita!- se disculpo; y se puso a recoger lo que pudo.

 

Teresita:- ¡Déjalo, por favor! Todavía me llega mi pensionita para pagar a una sirvienta para que lo haga.-provocando más sonrisas.

 

Mapa:-¿Pero ya esta usted jubilada?

 

Teresita:- ¡No! Vivo del cuento- riéndose de si misma.

 

P:-¡Vaya suerte algunos!

 

Sr. Montefiore, muy serio pidió disculpas por los agravios sufridos en su familia. La música ambiental se volvió estridente. ¿Quién se rebajaría y se auto culparía de todo? ¿Para empezar, quién lo había empezado?

 

E:-No te preocupes papa, he metido la pata-declaro, puniendo la carne al asador-Soy yo que no aprendo de mis errores- a la vez que miraba a la imponente mujer que le había estado provocando des de ayer noche.

 

M:- La culpa es mía, llevo fuegos artificiales dentro mi cuerpo.- se sorprendió a si misma en darse cuenta de lo que decía.

 

Algo de raro, ya empezaba a asechar en su interior. Pero era todavía muy prematuro. No era de extrañar que terminara cediendo. Además, no se había esperado el gesto de su rival. Ella no seria menos. También sabía responder de sus actos vandálicos.

 

Teresita:- No niego que ha sido algo lamentable- demostrando que se había disgustado, pero era una mujer muy imprevisible:- Pero ha merecido la pena. Yo ya quería probar mi mega paraguas de chocolate, de defensa one line.

 

El único que puso cara de sorpresa fue el Sr. Montefiore. ¿De chocolate? ¡Pues vaya, el chocolate también mata! Pero ya se sabe, las cosas en exceso son perjudiciales.

 

Amor:- Lo que es un peligro-le advirtió. Quizás fueron las únicas que no les había hecho nada de gracia lo ocurrido. Aunque no lo pareció, porque rieron igual que los otros.

 

Sr. Montefiore:-Lo que esta hecho, hecho esta.-sentenció:- Será mejor que mi familia cogemos nuestros cuerpos serrano, antes de qué haya alguna perdida innecesaria. Sus palabras fueron a misa, santificadas. Dejando claro, que no habría ninguna cicatriz de rencor por su parte.

 

To be continued...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POR FIN TRANQUILIDAD

 

            Las dos amigas llegaron al anochecer a la torrecita de los Arco. Estaban cansadas, pero dispuestas por hablar de temas que habían pospuesto. Concretamente, Maca Orquídea estaba triste y dolida por su último fracaso amoroso. En apariencia no se le notaba nada, los aires de montaña le habían sentado bien. Aún así, cuando se adopto a la novedad y el cansancio de adueño de su ser, no pudo mantenerse firme y se desmorono.

 

M:- Petunia, la verdad no puedo más.- sus ojos, por raro que pareciera, estaban húmedos.- Estoy harta de qué los pocos hombres que me han interesado de verdad, solo persigan lo mismo de mí. Siempre mi fortuna y el que represento…

 

P:- ¿No te acostumbras aún a ello?- intentando comprenderla. Conocía cada palmo de sus frustradas relaciones. Aunque, jamás la había visto tan hundida. Siempre tuvo sus rabietas por ello, pero se le pasaban enseguida. Además, en pocas ocasiones la había visto soltera y sin ningún rollo. Se moría por los huesos de los chicos y tenia éxito con ellos. Al contrario de ella.

 

M:- ¡No! Me encanto a su tiempo ser una abeja, yendo de flor a flor… Pero tampoco soy ninguna insensible, también necesito recibir amor aparte de dar. Al fin de cuentas no se puede vivir sin amor.- demostrando tener unas necesidades que parecían impropias de ella. Su independencia parecía ser algo muy alejando.

 

P:- Hablas así, porque te ha dejado aquel italiano… ¿Cómo se llamaba?

 

M:- ¿Aquel inmaduro? No. Terminamos hace tres meses. No, estoy así por culpa de Javier, un compañero del trabajo. Por primera vez me ilusione de verdad, era atento…

 

P:- (Moviendo la cabeza, alucinando la forma que tenia su amiga de cambiar de pareja como si se cambiase de ropa) ¿Y que ha ocurrido esta vez?

 

M:- Le escuche hablando con otra empleada de mí, me estaba dejando verde. Quedo claro que estaba conmigo por dinero.- mostrando su ira.- Pero a él, ya se la ha terminado todo. Al menos, de la sociedad Cristal no sacara nada más.

 

P:- ¡Me lo imagino!- siempre que le ocurría algo del estilo, se vengaba. No se podía jugar con ella. Podía ser, en apariencia, una ciega, pero para nada era una estúpida. Quien no la respetaba lo pagaba. A veces, daba escalofríos.

 

M:- Sé lo que piensas, de todo ello.- dijo de inmediato.- Por esto, he decidido pasar de ellos o usarlos como monigotes. Al fin y al cabo, no existe el hombre que me quiera por lo que soy.

 

P:- Quizás con el miedo que tienes de qué la gente se aproveche de ti, o tu pensar que todo el mundo es ambicioso como tu, hace que no confíes con nadie.- una hipótesis que era muy cierta.

 

M:- (con el rostro muy triste, desencajado) ¿Tu crees que soy muy engreída?- jamás le había importado ser de tal forma, pero se veía que las discusiones con Esther le habían afectado demasiado. Simplemente estaba rara, porque era una persona que siempre pensó que no se había de justificar su forma de ser.

 

P:- Tienes tu puntillo, porqué negarlo. Aún así, creó que te haces la fuerte. Pero tampoco te iría mal intentar ser algo más humilde.- en este instante sonó el teléfono. Lo cogió Petunia mismo:- ¿Diga? Hola Héctor.

 

Miro a Maca, la cual le vino de inmediato a la mente la imagen del chico de la perilla de la primera fiesta. El rostro se le ilumino por unos instantes. Era innegable que había hecho mella en su interior. Aunque, se lo quería negar. ¿Dónde se hallaban todas sus promesas de perder la cabeza por ningún otro hombre? Además, aquel era uno de los prohibidos. Malo.

 

P:- ¿Invitarme a una de tus fiestas privadas, mañana?- alucinando por lo que escuchaba. Era la primera vez que la invitaba. Siempre la consideraron poca cosa por asistir a aquella fiesta, tan solo por jóvenes ricos y de buen ver.- Nunca los has hecho. ¿Por qué ahora?

 

Maca se reía, le encantaba su amiga. Jamás, se callaba lo que pensaba. Tan directa y efectiva. Le dio una palmadita por la espalda.

 

H:- Siempre debe haber la primera. Por cierto, Maca Wilson también esta invitada.- remarco con vehemencia. Las dos supieron que era por ello que las habían invitado.

 

Petunia busco la mirada de Maca Orquídea, para decidir si ir o no. Maca, se negó a ir. ¿Por qué hacerlo, cuando sabía, a ciencia cierta que seria entrar a su juego? Aún así, Petunia no la escucho.

 

P:- Sí, por supuesto a las diez en tu casa. Hasta mañana. ¿Maca?- la volvió a mirar, se negó también a hablar con él.- Esta indispuesta. No seas impaciente, mañana ya la verás.- se despidieron y colgó. Sonreía la muy picara.

 

M:- ¿Por qué has hecho esto? Ya sabes perfectamente que busca Héctor de mí.- le recrimino.

 

P:- Sí, además tu juegas con aventaja, ¿no? ¡Vamos, que en el fondo te mueres por ir! –Las dos sabían que aquello era cierto.- Será divertido cuando le des las calabazas. ¿Por qué estas decidida a cambiar, y pasa de los chicos, no?

 

M:- Sí.- reconoce.- Prometo que ningún otro hombre se burlara a mi- recordó la película lo que el viento se llevó.

 

 

 

 

 

 

POR LA MAÑANA DE LA TERCERA FIESTA

 

Maca, por raro que pareciera, se levanto la primera. Realmente, era inusual con la dormilona que era. Siempre era Petunia quien se levantaba primera y la despertaba, a veces casi echándole agua para que dejase su amante cama.

 

Se vistió sin hacer ruido. Se sentía con mucha vitalidad y ganas de hacer algo distinto, como ir a escalar o andar por los entornos. Salió a la terracita, que daba delante de la fortaleza de los Montefiore. De hecho, podías divisar perfectamente la casa y su terraza.

 

 En ella vio a Esther, que iba con camisón. Su pelo bailaba al son del viento matinal. Se apoyo en la baranda negra, y sus miradas coincidieron. Fue un instante breve, pero raro. Maca se paralizó, no esperaba coincidir con uno de sus peores malos sueños de sus vacaciones tan pronto. Su rival debió sentir lo mismo, porqué no estuvo mucho tiempo mirándola y se fue.

 

Maca no evito reírse, aunque también le dolió que se fuera tan pronto. Aquello podía indicar que estaba herida. Mal día, pensó. Algo raro le sucedía, se repitió. No quiso hacerse mala sangre, porqué también se sentía muy bien aquella mañana. ¿Qué debía ser? Quizás los sabios consejos de Petunia, empezaban hacer su efecto. Estaba cambiando. ¿Pero así de rápido, y fácil? ¡Incomprensible! Preparo el desayuno y despertó a su amiga. La cual se enfado por ello.

 

P:- ¡Déjame, que estamos de vacaciones! ¡Pareces mi madre!- cogiendo la sabana con fuerza. Palabras que solía usar Maca días atrás, para negarse a levantarse. Al fin, consiguió que lo hiciera y desayunaron juntas.

 

M:- Hoy he visto a Esther Violeta en la terraza. Me ha visto y ha huido.- le informo sin más.- La discusión de ayer también le debió afectar. Nos pedimos perdón, pero hay palabras que no se las lleva el viento- mostrándose también dolida por ello. Aunque, también pareció algo raro y difuso.

 

P:- No me extraña, debe estar rabiosa con nosotras. Aún así, seguro que esta noche no lo parecerá.- su interlocutora pareció sorprendida.- ¡Ella estará a la fiesta Maca, no lo dudes! Héctor es su mejor amigo. – se rió, viendo la cara ponía su amiga. Pero su sonrisa se apago bruscamente, de repente sentía que faltaba algo. Se sentía como ligera de ropa. La impresión fue tal, que era incapaz de etiquetarlo. A veces, solía ocurrir y no le dio importancia.

 

M:- Me lo temía. Pero por favor, no hablamos más de ella. ¡No lo suporto! Salimos a pasear o vamos a escalar. ¡Qué raro, antes no me gustaba!- pendiendo cara de luna nueva.

 

P:- ¡Pero que dices, escalar! Es a mi que no me gusta ni atrae.- se quedaron miradas, extrañadas por sus comentarios. ¿Era aquello ninguna broma pesada? Las dos lo sentían de aquel modo.

 

M:- ¡Qué raro! Hoy rehuí una propuesta para ir a escalar y hoy la aceptaría. ¿Qué nos pasa Petunia?- realmente estaba muy asustada. Aún así, también alguien puede cambiar de opinión o tener más humor para probar nuevas experiencias.

 

P:- ¿A mi me lo preguntas? Estoy igual que tu, no cómputo nada.- mostrando su desconcierto. Pero no queriéndole dar excesiva importancia.- Mejor dejémoslo correr, a lo mejor nos rompemos la cabeza para nada. Quizás sigamos en medio de un sueño, porque yo me parece que soy la misma de siempre.- bien que había reconocido al espejo, ¿no?

 

Paseando…

 

Paseaban por un hermoso pase natural, con muchos árboles. Sin hablar, cosa muy rara entre ellas. Siempre había alguna cosa que decirse, ni que fueran estupideces. Cerca del paseo había las piscinas municipales. Ya habían cogido toallas para ir. Al primer día fueron, aún teniendo piscina privada. Preferían allí porque había más ambiente y estaban bien cuidadas.

 

Las dos seguían pensativas con lo ocurrido a primera hora. Las dos se sentían raras, sentían que había algo cambiado en su forma de sentir y actuar. Eran conscientes de los cambios y de lo que habían sido antes. Era una tortura horrible y las volvía locas tratando de comprenderlo. ¿Pero que había de comprender? Aún así, ninguna de las dos se atrevía a poner voz a sus temores o lo que empezaba a asomarse a la esquina.

 

M:- ¡Vamos ya en la piscina!- queriendo creer que el baño refrescaría sus ideas.

 

P:- Mejor.

 

Llegaron al recinto. El chico que vendía las entradas las miro. Parecía muy simpático. Era muy guapo. Era la primera vez que lo veían por allí. Cuando tuvieron las entradas Petunia alucino, y se harto de decir lo hermoso que era. Según sus palabras. “Un encanto”. Maca, por contrario, ni se inmuto ante aquella belleza romana escultural.

 

M:- Quizás no te acuerdas de lo acordado ayer. ¡Qué…!- empezó a decir cuando andaban hacia una zona para estirar sus toallas. No termino su frase porque choco con una mujer, que salía en aquel instante de dentro de la piscina.: ¡Oh, mierda  me ha mojado mi conjunto de seda!- no evito decir.

 

Chica:- ¡Perdone, no te había visto!

 

M:- ¡No pasa nada!- pareciendo que el enfadamiento inicial se hubiese difuminado. Era como si aquella desconocida la hubiese hipnotizado con su voz suave.

 

P:- Discúlpala- dijo al mismo tiempo, tratando de tapar la brusquedad de su amiga. No escucho ni vio lo que le ocurría realmente a Maca.

 

M:- La ropa igual, no debí ponerme lo que llevo.- sus ojos no podían apartarse de su bikini, de sus pechos sugerentes y generosos. Le gusto.

 

Chica:- Me parece que no, será mejor que se aparte del borde de la piscina, la mojaran bien mojada- en el fondo divertida por aquella pareja de amigas.

 

M:- Ja, ja…Gracias. Por cierto, me gusta su bikini, le favorece mucho.- la chica se turbo, pero sonrió de oreja a oreja. Petunia, algo avergonzada, se la llevo lejos de allí. Estiraron las toallas, lejos de la grande piscina. No hablaron de lo ocurrido.

 

Por la tarde, una visita inesperada ¿?

 

            Llegaron a la torre a las dos. Dora, la asistenta personal de Petunia, ya les tenía la comida preparada. Comieron en silencio, mirándose de reojo. Maca, estaba inquieta y preocupada por haberse excitado en chocar con aquella chica en la piscina. La piel se le erizo, y sintió los típicos síntomas que sentía cuando le atraía un chico. No quiso hacerse mala sangre. Después de comer, se fue a hacer la siesta, necesitaba reposar su mente. Petunia la imito. Durmieron hasta las seis de la tarde, hasta que la sirvienta las desierto.

 

P:- ¿Ocurre algo Dora?- algo molesta, poniendo un rostro de manzana podrida.

 

D:- Señorita Arco, termina de llegar una amiga suya.- le anuncio, extrañada por el mal humor de su jefa. Siempre, le pareció una chica agradable, cordial, considerada.

 

P:- No esperábamos a nadie. ¿Quién es?- levantándose.

 

D:- La Señorita Cuchara. La espera en la sala principal.- se marcho.

 

P:- ¿Laura por aquí?  ¡Qué extraño!- recordó que la habían invitado, pero no encontró ningún espacio en su apretada agenda para compartirlo con ellas.

 

En la habitación contigua, Maca se enteraba con alegría de la agradable visita. Se levanto con rapidez y fue al encuentro de su amiga. Laura estaba curioseando la decoración. Su pelo moreno y largo lo lucia libre y despreocupado.

 

M:- ¡Laura, por fin estás aquí!- se abrazaron.

 

L:- En el fondo, os echaba en falta.- dice, y se separa.- Me las he podido arreglar en la consulta.

 

M:- ¡Y yo a ti! Gracias por haber venido tan rápido.- le susurra cerca de la oreja antes de deshacer el abrazo.

 

L:- Me has alarmado. ¿Pero dime, que te ocurre Maca?- dijo usando un tono de voz normal.

 

P:- ¿Pasa algo?- pregunto Petunia. Terminaba de acceder a la habitación y les sobresalto. Se miraron. Maca le suplico a Laura que no dijera nada.

 

M:- No. Solo le empezaba a contarle, a nuestra querida psicóloga, mis novedades amorosas.

 

            Petunia quedo conforme y hecho leña a aquel asunto. Luciendo su mejor opinión sobre ella, que jamás se había enamorado de verdad. Estuvieron debatiéndolo durante algún tiempo.

 

P:- Francamente Maca, no entiendo que cambies tan deprisa de pareja… En el fondo, no sabes que es el amor.

 

M:- Petunia, no te pases- le advirtió. Conocía su opinión y la respetaba, pero no toleraba que se extralimitase y juzgase por su estilo de vida. Aunque en decir verdad, vació era.- No es mi culpa que los chicos persigan lo mismo de mi. Yo lo que no quiero ser es una ciega, que el amor sea una venda que me impida ver.

 

L:- ¡Chicas, ya basta!- intervino al final.- ¡Os veo muy nerviosas! – algo harta de sus discusiones. - ¿Qué me contáis de Soberano?

 

P:- ¡Nada en especial! Soberano es un tedió- confesó con hastió. Laura y Maca se miraron. Aquello era extraño, porqué fue Petunia quien les hacia propaganda para que fuesen. Especialmente, la Wilson había ido aquel verano por consejo de ella y de tanto escucharle lo mismo: “Que si la tranquilidad, que si la paz…”. ¿Dónde estaba aquella pasión?

 

M:- Es relajante si. Pero hemos estado divertidas con la vecina ayer.

 

P:- ¡Verás, Esther Violeta se parece mucho a nuestra queridísima multimillonaria!

 

L:- ¿Esther Violeta Montefiore?- preguntó de inmediato.- Es una compañera de la universidad de mi hermana Col. Bueno, cuando estuvo en Roma de Erasmo coincidieron en una clase.

 

M:-¿Ah, si?- picándole la curiosidad. No se imaginaba a Esther estudiando derecho, la carrera que hacia la hermana de Laura. De hecho, ya debía de ser abogada quizás.

 

P:- ¡Me imagino a que grupo debía de pertenecer, al de los pijos!- dijo algún atisbo de despreció.

 

L:- Según Col, era el centro del universo. Le gustaba guardar las formas, aparte era algo misteriosa. Famosa y reservada con sus cosas. Podía ser muy fría.

 

P:- ¡Pues esta noche tendrás la oportunidad de conocerla!- declaro, recordando la fiesta. Hasta aquel momento le había sido indiferente asistir, no veía ningún atractivo. Parecía la misma historia de siempre. Tampoco la perspectiva de ver de cerca a Esther cambiaba nada. ¿Qué le ocurría? Quizás, por fin empezaba a olvidarla.

 

M:- ¿Quieres decir Petunia que será buena idea? No se sí a Héctor Tránsito le hará gracia si nos presentamos con otra persona.- intentando ser razonable. Aunque pensándolo mejor que pensará lo que quisiera, al fin de cuentas era otro aprovechado.- ¡Olvídalo, nos lo vamos a pasar en grande! ¿A ver como estará Esther?- aquello realmente prometía.

 

            El tiempo transcurrió veloz como un rayó. Hablando y riendo el reloj marco las nueve. La fiesta era a las diez. Tuvieron de hacer turnos para ducharse. En un instante que Maca y Laura se quedaron solas…

 

M:- ¡Gracias otra vez por haber venido después de haberte llamado!- declaro.

 

L:- Por esto son las amigas. ¿Qué te pasa, me tienes intrigada con tanto misterio?

 

M:- Es algo complicado de explicar…- algo cortada, miro su entorno. Aquel no era el momento para confesiones. – Para serte sincera, ni lo se yo. ¡Estoy muy asustada!- sus ojos reflejaban mucho miedo y desconcierto. Aunque aquello solo era la punta del iceberg. Una bomba latía en la oscuridad, apunto de detonar… tic-tac

 

L:- Lo que no entiendo es porqué Petunia no puede saber nada.- insistió.- ¿Es algo sobre ello?

 

M:- ¡Dios Laura, hazme caso todavía no! A lo mejor me equivoco y no ocurre nada.- insistió, sintiéndose mal por haber molestado a su amiga a lo mejor por nada. Aún así, su intuición le decía que algo había pasado entre Petunia y ella. ¿Des de cuando su afilada intuición le fallaba?- Mira, dicen quien no ve un ojo lo ve otro… Solo necesito que seas mi ojo externo.

 

L:- De acuerdo, aunque no se muy bien porqué estas tan nerviosa ni preocupada…- pero no insiste, porque Petunia puede estar apunto de llegar.

 

TERCERA FIESTA.

 

            La noche era clara, la luna llena te guiñaba un ojo. Era 23 de junio, la verbena de San Juan. Héctor no hubiera podido escoger mejor día. Aunque la mayoría de los habitantes de Soberano, estaban desorientados ya que habían perdido la cuenta de la fecha del calendario y de cual día semanal se hallaban.  Para ellos todos los días podían ser motivo de celebración.

 

            Hay que les pasa realmente inadvertido ese día tan señalado. De todos modos, era difícil obviarlo ya que los niños alardeaban de poseer los mejores petardos del mercado. Había cosas que jamás cambiarían. Maca, se sobresalto con uno nada más salir de la torre.

 

M:- ¡Los petardos que peligro!- escapándosele la sonrisa, en cierta forma había disuelto parte de su tensión. Hacia tiempo que no se sentía tan desconcertada, perdida. Era como si el timón de su barca ya no le perteneciese.

 

L:- Hoy es la verbena, con tanto trabajo ya ni me acordaba.

 

P:- La noche más corta y mágica del año.- dijo muy jovial Petunia; parecía una abeja saltarina.

 

M:- ¡Ni que lo digas!- exclamo secamente, a la vez que miraba de reojo a Laura.

 

            Aquella conversación se quedó ahí. Maca estaba apática y sin ganas de hablar. No era que fuera una persona muy parlanchina, pero cuando salían de marcha era muy divertida, desinhibida. Realmente, debía de necesitar ayuda psicológica- pensó Laura Cuchara. Quizás, su última decepción con los hombres la habían tocado y hundido. Aunque, para hundirla necesitaban mucha dinamita.

 

La noche era estrellada y los petardos rompían aquella cándida armonía. Maca, no queriendo acariciar una depresión profunda, empezó a derramar alguna que otra broma. Recordando cuando era pequeña y su padre le permitía comprar los petardos que había en el mercado. Era un peligro andante. Por poco, ella y Petunia viajaron al país de nunca jamás.

 

P:- Recuerdo aquella vez que apunto estuvimos de qué unos vecinos míos nos demandaran por vandalismo- riéndose a carcajada viva.

 

M:- Lo recuerdo, se espanto tanto que salio con pijama y con una arma de fuego en mano.- jamás había tenido tan miedo, aunque jamás lo exteriorizo.

 

            Siguieron hablando de sus fechorías hasta que llegaron a la mansión de los Transito. Era muy semejante a la de los Arco. De hecho, su nivel económico era equiparable. Parte de la fiesta se celebraría al interior de la casa. Era algo extraño para los Soberaneases pasajeros, que les solía gustar comer al aire libre. La naturaleza la consideraban muy tonificante después de un invierno viviendo en medio de la contaminación. Aparte, les gustaba exhibirse. Aún así, a aquella fiesta de jóvenes se le daba un tono intimista y de puertas cerradas.

 

P:- Creó que lo hacen así por las vecinas, las hermanas Aristotil- Laura y Maca, la miraron con cara de incrédulas, no comprendiendo aquel motivo.- No soportan que Soberano este lleno de vicio y odian las fiestas.

 

M:- Me imagino por el ruido, son unas mujeres mayores y de sueño frágil- solidarizándose con ellas.

 

P:- Sí es molesto que la música subida de tono te despierte o no te deje soñar… No obstante, es por su actitud con ello por lo que Héctor dejo de hacer la fiesta en el jardín.

 

M:- ¿Qué hacían aquellas cuarentonas?- no se las podía imaginar perdiendo la compostura. En la fiesta de la Mrs. Paraguas se habían comportado de una forma muy comedida.

 

P:- Según cuentan de todo, hasta mojar a los invitados, llamando a la policía. Sí, es cierto. Pregunta a cualquiera de Soberano, los jóvenes las temen.- Laura se rió.

 

Maca, no fue la única de ello. De todos modos, no conseguía olvidarse de lo extraña que se sentía, de lo que sintió nada más contemplar aquel cuerpo femenino en la piscina. Nunca se había sentido atraída por ninguna mujer, ni morbo le suscitaba.

 

P:- ¡Chicas, no os extrañe que Esther Violeta reciba los invitados!- les advirtió. Aquella noche se sentía muy viva y ligera. Ningún nerviosismo le carcomía por dentro. Incluso, la impaciencia para ver la presumida Montefiore parecía estar de paseo. Era mejor de aquella forma. Lo creía firmemente porqué, en el fondo no sabía porque le atraía aquella chica. Parecía tan artificial y carente de personalidad a veces.

 

            A sus compañeras no les dio tiempo de responder, porque justo en este momento alcanzaban la puerta principal de los Transito. El pronóstico estaba apunto de ser comprobado, solo hacía falta llamar a la puerta. ¿La abriría Esther? La puerta, como si fuese una entidad con vida propia, se abrió.

 

Maca, que no esperaba que la puerta se abriera, se asusto por lo brusco e inesperado que fue. Primero, perdió el equilibrio. En segundo lugar, perdió la esencia del tiempo. Por último, sus ojos se clavaron a unos ojos marrones que la sedaron, deteniéndose para ella el tiempo.

 

(…)

 

Maca, que no esperaba que la puerta se abriera, se asusto por lo brusco e inesperado que fue. Primero, perdió el equilibrio. En segundo lugar, perdió la esencia del tiempo. Por último, sus ojos se clavaron a unos ojos marrones que la sedaron, deteniéndose para ella el tiempo. Era fácil imaginarse corazones ficticios rodeándola como una especie de aureola. Y sus ojos brillaban como una estrella preciosa y luminosa.

 

P:- ¡Hola Esther!- la saludo de inmediato, y al ver que tardaba en saludarla añadió:- ¡Ya veo, que te ha sorprendido mi presencia aquí! Querida, algún día debía de ser el primero.

 

            Laura la miro de reojo, se extrañaba por el comportamiento de su amiga. Nunca la había visto tan desenvuelta, ligera de lengua. Además, no vio ninguna señal en ella que le indicase que estaba enamorada de Esther. Aquello le sorprendió, porqué des hacia un tiempo que Petunia le llenaba la cabeza de sus sentimientos respeto a la italiana.

 

E:- No, ya sabia que venías.- dijo secamente.- Ya sabes que Héctor es mi mejor amigo.

 

Maca seguía sin intervenir. No podía apartar los ojos de Esther. Estaba preciosa con una indumentaria no tan formal, pero sin dejar de ser elegante. Sus ojos marrones le parecieron más cálidos que la última vez. Incluso, la sonrisa que le dedico fugazmente al abrir la puerta, le pareció encantadora. Simplemente, se derritió sin más y con mucha intensidad. ¡Jamás, de los jamases, había sentido aquello tan intenso y demoledor!

 

La razón rompió a añicos aquellos novedosos sentimientos, y se revelo contra lo que acababa de experimentar. Aparto sus ojos con despreció. El impacto fue tal, tan demoledor, que sintió nauseas. ¡Ella nunca le habían gustado las chicas! ¡No era lesbiana! Y instintivamente dijo…

 

M:- Hola, ¿esta Héctor?- fingiendo mucha urgencia por ver aquel morenazo.

 

E:- Claro, entrad.- siendo muy diplomática. Su enfado parecía un proceso fantasma. Aún así, no pudo dejar ir una perlita:- ¡Niña que impaciente te veo! ¿A caso, te gusta mi amigo?- muy directa y atrevida. ¿Qué le importaba a ella? Pero no espero ninguna respuesta, porque finalmente reparo en la otra chica que les acompañaba:- ¿Y tu quién eres?

 

            Laura se sintió algo incomoda. A sus alocadas amigas se les había olvidado presentarla. La habían convencido para asistir a aquella fiesta sin estar invitada. Sintió la vergüenza de quién acude a un sitio donde no debe…

 

P:- ¡Ah, es Laura Cuchara! Seguro que te suena su apellido.- dijo provocativamente.

 

L:- Perdona si me presento a la fiesta sin avisar- dijo con educación, no queriendo que salieran a relucir pañuelos sucios sobre su hermana. Siempre había sido una persona muy prudente.

 

E:- ¿Col Cuchara, es tu hermana?- abrió brevemente la boca, y rió tímidamente:- El mundo es muy pequeño. Dale recuerdos de mi parte. Por cierto, vaya apellido tenéis chicas.- riendo con ganas.- esto molesto a Laura.

 

L:- Será mejor que me marche…- no queriendo amargarse la noche.

 

P:- ¡No, tu te quedas o nos marchamos todas!- intervino con vehemencia. Maca, se estaba mosqueando a la vez. La simple presencia de Esther, por mucho borde y cruel que parecía, la estaba derritiendo.

 

E:- ¡Qué dramáticas os ponéis chicas!- queriendo quitar polvo.- No quería ofenderte, lo siento. Aún así, para serte sincera encuentro gracioso tu apellido.

 

M:- De acuerdo, pero intenta medir más tus palabras. La gente tiene sensibilidad.- declaro al final, apoyando a su amiga.- ¿Laura puede asistir a la fiesta, sí o no?- su intervención fue tan contundente que dejo sin palabras al resto de chicas. Una aparición repentina de alguien más, puso puntos suspensivos a aquella disputa….

 

Héctor:- ¡Pues claro que sí!- dijo el chico, apareciendo en escena al momento preciso. De hecho, era el único que lo debía de autorizar.

 

Todas se le quedaron mirando con intensidad. Maca, que deseba verlo y sentir lo mismo que la primera vez que lo vio, descendió al mundo de los pozos vacíos. Era una estatua impasible. Laura, le fue indiferente. Petunia se quedo helada, convertida en estatua. Experimento los mismos síntomas que su mejor amiga. La impresión fue tan fuerte, que no pudo evitar decir:

 

P:- ¡Qué guapo eres! ¿Por qué será que antes no haya reparado en ti?- Laura y Maca se la quedaron mirando alucinando pepinillos. ¿Des de cuando Petunia le gustaban los chicos? Su comentario no era formal, estaba pintado de pasión y atracción latente.

 

            Héctor se ruborizó, pero no dijo nada respecto al cumplido. Formal, caballeroso y seductor innato las invito a entrar. Atendiendo y fijando la atención preferente a Maca Orquídea Wilson. La cual sabia sus oscuras intenciones, pero se dejo cortejar, porque debía volverle a gustar aquel Transito caído a la desgracia.

 

(…)

 

            Las tres amigas siguieron a Héctor hasta el interior de su torrecita. Bajaron a la planta baja, donde había un salón imitando el estilo general del resto de habitáculos. La iluminación era tenue, intimista y sugerente. Cantaba estridentemente que los chicos pretendían ir de pesca.

 

            Maca se dejaba llevar, pero ya de daba cuenta estrepitosamente, que por mucho que lo intentase, que Héctor no le atraía. Sus ojos, instintivamente, se dirigían hacia Esther. Héctor le hablaba, aún así no le escuchaba y le respondía con monosílabos. El chico se dio cuenta de qué no estaba al loro. El trayecto fue corto. Las condujo a la mesa presidencial, en ella solo había espacio para cuatro personas. Las sentaron allí.

 

            El azar quiso que las dos rivales se sentasen de lado. Petunia, atrevida y desmelenada, consiguió sentarse junto al apuesto joven. Iniciaron una acalorada conversación, donde Héctor se sentía el rey del mambo. Se sentía gusto con aquella chica que la conocía de vista, pero considerándola inferior no le había prestado jamás atención.

 

            Maca, al principio se sintió inquieta e incomoda. ¿Qué podrían decirse ellas dos? Suerte que tenía al otro lado a Laura. Aún así, esta alucinaba con el comportamiento de Petunia y estudiaba todos sus movimientos. Fue Esther, afable y cordial, quien rompió el hielo.

 

E:- Siento todo lo que te dije el otro día.- pareciendo muy sincera.- ¿Empecemos de nuevo?- le sonrío, espanto todos sus miedos y congojas.

 

M:- Por mi sí.- sintiéndose algo tímida.

 

E:- Creó que en el fondo somos algo iguales, por esto chocamos.

 

M:- ¿Tu crees?

 

E:- Sí, me atrevería decir que nuestras trayectorias, nuestra infancia son algo parecidas.- estuvieron debatiéndolo y efectivamente, hallaron puntos en común.

 

M:- Me ha dicho Laura que estudias derecho. Interesante.

 

E:- Ya soy abogada, este año he terminado.- dijo algo secamente, sin mucha ilusión. Aquello no paso desapercibido por Maca.

 

M:- No quiero meterme donde no debo- pidiéndole permiso para intrometerse en su vida:- ¿No te gusta derecho?

 

Esther Violeta, se la quedo mirando. Supo de inmediato que había dado en el clavo. No era feliz con su vida. Teresita tenía razón. Era duro admitir aquello. Cogió aire y lo retuvo durante un tiempo. No sabía si confiar o no con la Wilson. Se había acostumbrado tanto a vivir de aquella forma. Pero las dos se comprendieron sin hablar.

 

E:- Ser hija única te conlleva demasiadas obligaciones, ¿no te parece?- zanjando con ello el tema.- ¿Tu también lo eres no?

 

M:- Creó que sí.- y se le escapo una risita.- Aunque, no descarto tener algún hermanastro/a por algún rincón del planta, mi padre era muy don Juan…

 

Dejaron de lado su entorno personal y se embarcaron a conversaciones más cuotidianas. Maca se sentía infinitamente cercana a Esther, jamás había experimentado aquello. Le era imposible detener lo que empezaba a sentir. Para calmar aquel fuego abrasador, empezó a beber vino. Siempre le gustaba beber la justa medida, porqué odiaba perder el control de sus actos.

 

H:- ¡Chicas un brindis!- pidió, levantándose y captando toda su atención.- Esther, por favor dedícanos unas palabras, que te veo algo apagadita.

 

E:- ¿Yo?- dijo algo secamente, pero sin ser ofensiva.- Solo diré dos cosas. La primera, bienvenidas Laura, Petunia y Maca, espero que esto se repita más veces. Y por último, que la fiesta, este año, termine bien.

 

H:- Espero que sí.- exclamo el chico, cruzando los dedos. Las hermanas Aristotil eran tremendas. De hecho, por su culpa la fiesta era claustrofóbica.

 

(…)

 

            La cena llego al trayecto final, la gente empezaba a dispersarse y estar ya alcoholizada. Esther, se levanto y se fue a los servicios. Petunia seguía hablando por los codos con Héctor. Este parecía encantado con ello, aunque también presto atención a Maca. Se le notaba algo rallado. Sus planes se estaban quemando a la hoguera, aún así se resistía a que todo se quemase. Así que aprovecho la ausencia de su imprevisible amiga. Se levanto y se sentó al lado de Maca.

 

H:- Veo que habéis hecho las paces con Esther. Me alegro, es una gran chica.

 

La Wilson se limito a afirmarlo con la barbilla. Estaba a la expectativa. Seguía esperando que todo volviera a la normalidad, pero no era así. El señoriíto Transito no le suscitaba nada, no le hacía latir el corazón. En cambio, Esther parecía haberle despertado de una letárgica ensoñación.

 

¿Cómo podía alguien, de la noche a la mañana, dejarte de ser indiferente? Solo había curiosidad por la novedad. ¿Cuándo ella se había sentido atraída por una mujer? ¿Cuándo ella se había sentido tan bien al lado de alguien, sin importarle nada más?

 Su dinero no le pesaba… Se había dejado ir por el tobogán con mucha facilidad, sin tener la sensación de hacerse daño. Esther era tierna, afable con ella reluciendo algo que creía impensable en ella.

 

Héctor le seguía hablando, pero ella no lo escuchaba. Ya echaba en falta la grata compañía de la italiana. Toda aquella certeza, aquel torrente de emociones, la mareo. ¡Ella no era lesbiana! Podía separar, a la perfección, completamente su vida de aquel episodio irreal… Ella jamás había sentido lo que sentía, ni mucho menos por una mujer. Era llenamente consciente de lo que sintió por sus novios. Pero, era una locura aquello. Estaba, casi al cien por cien segura de estar experimentando los sentimientos de Petunia. Por ello, se negaba a sentir todo aquello… No era para ella.

 

H:- Eres muy hermosa, seguro que ya debes estar acostumbrada a que te lo digan.- se detuvo, consciente que lo ignoraba. Pero aquel piropo si lo escucho. No pudo evitar mirarle inquisitivamente. – Una preciosa Orquídea, silvestre…

 

M:- ¡Ya te digo!- sin demasiada pasión y secamente. Aún así, no quería ser demasiado expeditiva. Sabia que solo hacia falta mover un dedo para conseguir sus favores. Pero no se quería engañar.- ¿A que te dedicas, Héctor?

 

H:- Soy todavía estudiante universitario- dijo con orgullo. ¿Cuántos años tenía? ¿30 años? Maca, se rió.- ¿Qué pasa? – y supuso sus pensamientos:- Sí tengo 28 años. Ya tengo tiempo de trabajar y ser como el resto de los mortales.

 

M:- No pasa nada, cada cual hace lo que quiera con su vida. Esto si te puedes permitir el lujo de vivir el cuento a tu edad.- no pudo evitar recriminarle. Aunque, ella en el fondo si podría si quisiera. Aún así, su padre también le enseño que la sociedad Cristal no se había creado de la nada.

 

H:- ¿Y tu trabajas, no? –lo sabia perfectamente por medio de Esther.- En la empresa de tu padre. ¡Menuda proeza!- aquel comentario la hirió, pero no pudo defenderse porque la italiana regreso de los servicios.

 

E:- Héctor, me devuelves mi sitió.- el la obedeció sin rechistar. Le sonrió y el se fue, resignado. Esther ejercía mucho poder sobre él. ¿Se debería a algo?- Perdónalo, puede ser muy pesado. No es mala persona, pero le falta madurar algo.

 

            Maca, se la quedo mirando, absorta. Sus ojos eran de un color marrón, que le brillaban cuando sonreía. Su ser destilaba mucha sensibilidad y candidez. Le despertó incluso ternura. No parecía la estúpida persona que pretendió venderle Petunia. Aquello también era extrañó. ¿Por qué dejaba verde a Esther, si en el fondo la amaba?

 

E:- Maca, ¿te encuentras bien? Estas muy callada- realmente preocupada. Se acerco, y le puso una mano en la cara. Su mano fría la estremeció.

 

M:- Sí, sí.- dijo de inmediato, apartándose de ella. Negando así lo que sentía.- Debe de ser el vino, no estoy acostumbrada a beber tanto.

E:- ¡Ven conmigo!- le invito a levantarse, cogiéndole la mano.

 

M:-¿A dónde?- protestó.

 

E:- A la cocina, a ver si encuentro algo para que se te pase el efecto del vino.- dijo con reservas. ¿Qué estaba pasando por su cabecita? No era una persona transparente.

 

Maca se dejo raptar, teniendo un corazón saltarín. Quería y rehuía su cercanía. Era una como una tela de araña que la atrapaba en contra de su voluntad. Aparto los ojos de Esther, y busco la protección de Laura. Quisiera haberle susurrado telepáticamente, alguna artimaña para detenerlas. Ella no tenía voluntad para hacerlo. Aún así, cuando tuviese la ocasión hablaría con ella. Al menos, se habría percatado de lo que ocurría.

(…)

 

            Esther no le dejo la mano hasta que llegaron a la cocina. Maca, sintiéndose muy tímida se sentó en una silla, observando sus movimientos. Su remedio era mezclar café con coca cola. Se rió cuando vio lo que hacía. Dejo el brebaje encima de la mesa. Se sentó también, tras haberse preparado otro café para ella.

 

M:- ¡Qué extraño tu y yo, después de todo, sentadas como si nada!- ironizo.

 

E:- ¿Por qué debería de ser otro modo?- dijo, riéndose por su comentario.- ¡Ya te digo, somos almas gemelas!

 

Maca, prefirió aludir aquel comentario. ¿Por qué se mostraba tan dócil? ¿Por qué se había dejado secuestrar por ella? Únicamente, porqué aquella situación podía más que su voluntad.

 

M:- ¡Vamos a probar tu remedio!- dijo, aunque estaba algo reacia a tomárselo. No paso su asco desapercibido.

 

E:- Parece asqueroso, pero no esta del todo mal- se le acerco y le acaricio los brazos brevemente, tratando de animarla. No la conocía mucho, pero parecía impropia la tristeza que le leía en los ojos. Incluso, la seguridad que relucía todo su ser en sus anteriores encuentros parecía humo.- A mi me va muy bien. Debido de quien soy hija, me toca mucho tomarme estas cositas.

 

M:- ¿No me querrás envenenar?- pregunto algo seria. ¿Por qué tanto empeño para que se bebiese aquello? Simplemente, le sorprendía su afecto, para ella fuera de sitio.

 

E:- ¿Tu que crees?- retándola con la mirada.

 

Maca acepto aquel desafió, atreviéndose a mantener la mirada. Aquellos ojos marrones le seguían encandilando. Era algo, además, que parecía ir en incrementando. No pudo decir nada más, en la garganta tenia un nudo. Esther, tampoco rompió el silencio. El juego verbal se había convertido en algo indescriptible.

M:- Tendrías motivos…- consigue hablar, decidiendo probar aquel remedio domestico. La deja de mirar. Siente que su corazón le esta saliendo por la boca. Quisiera huir, pero tampoco puede.

 

E:- Aparentemente sí- admite, sonriendo. No esta molesta por su pregunta.- ¿De qué tienes miedo?

 

Su perspicacia supero a la Wilson. ¡Vaya pregunta! ¿De qué tenia miedo? ¿Había de tener? ¿Tanto se le notaba que estaba descolocada? Jamás, creyó ser un libro abierto. Le sonrió, pensando rápidamente que responderle. Si esquivaba la pregunta podría darle pie a pensar mal.

 

M:- No quiero ser pesada. Pero lo siento, me pareces una persona completamente distinta a la de los otros días.- hizo una breve pausa:- La experiencia me dice, que me vaya con cuidado.

 

E:- Dicen: no hay que juzgar las apariencias. Aún así mucha gente, por no decir la mayoría, se deja llevar por ellas. Tú no eres una excepción. Tú también me pareces distinta… Aunque, no se cual de las dos me gusta más. De hecho, falta algo. ¿Qué? No lo se.

 

            Maca, casi se colorea. ¿Había percibido quizás su problema? ¿Tanto había cambiado de la última vez? Se sintió frágil y vulnerable. El rostro de Esther, afable, no denotaba ninguna ironía o segunda intención. Aquello le relajo, las dos se habían quizás redescubierto. Termino por reírse.

 

E:- ¡No me hagas caso!- dijo a la vez que se levantaba y se le acercaba peligrosamente. Le dio unos golpecitos en la espalda y se quedo muy cerca de ella. ¡Demasiado por el gusto de Maca!- Me encantas, ¿sabes? Nadie se había atrevido a llevarme la contraria, como lo has hecho tú.

 

M:- ¡Ya me di cuenta!- exclama.- Por esto quieres convencerme para que me cambie de partido.- no fiándose de sus intenciones y sorprendentes palabras.- Yo también te he observado… Te gusta estar al epicentro de todos.

 

E:- Me gustas. ¡Dura la chica! Pareces un diamante en bruto- no afectada por sus comentarios algo agrios. Detecto otra vez la barrera que las separaba. ¿Qué había hecho para que la volviera a tratar con frialdad?- se pregunto la chica. Otra vez, su realidad era el telón que ponía final a la ficción.

 

M:- Lo siento, suelo ser así de directa.- sintiéndose algo cruel. Además, era incapaz de odiarla. Ni enfado por lo vivido le restaba.- A mi, también me gustaba ser el epicentro del universo.

 

E:- Lo dices en pasado.- señaló- No es cuestión de gustar, en parte. A veces, es miedo al rechazo, miedo a estar sumergida en la oscuridad, en la ignorancia o invisibilidad. – parecía algo nostálgica. ¿La tristeza era algo altamente contaminante?- ¿Tu no tienes ningún miedo?

M:- En perder el control de mi vida.- suavizándose, su calidez la envolvía y se sentía despojada de condicionantes. Incluso, por unos minutos, se olvido de su reciente lesbianismo.

 

E:- Relájate, queriendo dominarlo todo terminas por no palpar la vida en su esplendor. Hay pocas cosas que controlamos.- Esther acerco su silla más a su lado. Estaban tan cerca que sus brazos se rozaban. Maca, no movió ningún músculo.

 

M:- Gracias por tus consejos, pero también intento disfrutar de la vida- dice, negándose a aceptar que una buena parte de razón tenía. Por culpa de sus desengaños, el miedo de que le engañasen, no conseguía ser feliz con ninguna pareja.

 

            Otro silencio se extendió entre ellas. Esther jugueteaba con el papel. Lo doblegaba y lo iba cortando a trozos uniformes. Maca, seguía meditando en todo lo dicho. Jamás, había pensado tanto en su forma de ser. Siempre había tenido claro hacia donde iba, donde quería estar. Siempre lucho por ello. Siendo recta, perseverante había conseguido lo que se había planeado.

 

La música que empezó a sonar rompió la armonía. Ya empezaba la fiesta loca, tan aludida por Héctor. Las dos se miraron y se rieron. Aún así, ninguna de las dos manifestó interés para abandonar la cocina. Maca, ya no quería huir. En cierta forma, era hedonista. Pocas personas la entendían tan bien. Esther había conseguido entrar en su férreo interior y comprenderla.

 

E:- ¿Quieres bailar conmigo?- le sugirió de improviso. Se levanto, y como si fuera un caballero andante, se levanto y extendió la mano. Maca, se hizo rogar… pero al final, se levanto. Pero al poco se termino la canción y empezó una canción lenta.- ¡Que preciosa es esta canción!

 

M:- ¿Es de la película el Guardaespaldas, no?- se detuvo, algo nerviosa. No quería bailar aquella balada. Su corazón ya estaba suficientemente desbocado.

 

E:- Sí, correcto. ¿Por qué te paras, no quieres seguir bailando conmigo?- dijo, poniendo los brazos alrededor de su cuello. Busco su mirada, y le sonrió.

 

Fue su gesto, su fácil sonrisa grácil y franca, quien la sedujo aún más. La entorno entre sus brazos, tan suave y delicadamente… Se fueron acercando, mientras sus pies se movían en lentitud. El suave perfume de Esther Violeta la embriago aún más, que necesito aferrarse a su cuerpo con todas sus fuerzas.

 

Esther, pareciendo percibir sus pensamientos, hace lo mismo que ella, abrazarla. Sus manos empezaron a acariciarle la espalda. Su rostro estaba iluminado por una complacencia difícil de describir. Maca apoya la cabeza en su espalda, con los ojos entrecerrados  Se sentía protegida y cómoda… No importaba nada más. Estaban dentro de una burbuja mágica, ninguna de las dos querían huir. Y de repente…

 

 

            Y de repente, la música se detuvo y la oscuridad las envolvió. Siguieron abrazadas. Las manos de Esther, sin saber como, habían ido a parar al rostro de Maca. Sentía su aliento a quemarropa. Maca se derretía, inundada por aquel torrente de emociones. En su interior se volvió a despertar una lucha feroz, que la mareaba. Una voz le susurraba que se dejase llevar por lo que sentía. Mientras, por otra parte no podía evitar estar algo mareada.

 

            El resto de gente no estaba a las nubes como este par de tortolitos. Al contrario, se empezaron a alborotar. Había chillidos, quejas, risas y un nombre se gritaba con histerismo. “¡Malditas hermanas Aristotil!”  Héctor, como responsable de la fiesta y de la torre de sus padres intento poner paz. Lo primero que hizo es ir a mirar si seria cuestión de levantar el diferencial de la luz. A lo mejor había saltado por una sobrecarga de electricidad o algo con mala conexión. Esperaba que no fuera obra de sus repelentes vecinas.

 

            Petunia, incapaz de separarse por unos minutos de él, se presto por ayudarle. Los dos juntos, mano a mano, se dirigieron hacía el punto de la casa donde había la caja de la luz. Su primera misión era hacerse con una pila o algo que les iluminase el camino.

 

H:- Creó que en la cocina hay una.- declaro el chico.

 

(…)

 

            Maca y Esther seguian abrazadas. Esther estaba apunto de acariciar los preciosos labios de la Wilson. Por su mente pasan los días anteriores como un rayó. Tiene una espinilla clavada en su garganta. Sabe que aquello no debería de estar ocurriendo. Pero sus instintos superan su razón. No obstante, sienten unos ruidos muy cerca de ellas que rompen la magia de aquel instante. Seguidamente, algo se cae… Las dos se alarman.

 

M:- Aquí hay alguien Esther.- conteniéndose su miedo.- La luz no ha vuelto. Algo debe estar sucediendo.- habla flojo, para que si hay alguien no las oiga. ¿Quién podría ser, un ladrón?

 

            Esther, por el contrarió el corazón le late de miedo. Esta nerviosa y se echaría a correr. Le coge el brazo a Maca. Esta siente que este simple contacto le quema. Permanecen calladas, en alerta. Siguen escuchando los movimientos de alguien trastear muy de cerca. Unos pasos se escuchan… Maca, le coge la mano a Esther e intenta coger algo para defenderse si es necesario.

 

            Una puerta se abre, mientras otras voces se escuchan de fondo. Un atisbo de luz, una especie de ratón, o láser luminoso, se filtra a través de la ranura de la puerta. Maca agarra lo primero que halla. Un par de sombras se perciben por la luz lunar que se filtra a través de una ventana. La puerta se abre, y se escuchan dos voces femeninas…

 

Voz 1:- Des de luego estos jovencitos viven muy felices, mira que no cerrar la puerta de la casa. Si quisiéramos robar, que fácil lo tendríamos…

 

Voz 2:- Tienes razón Mapa. Aunque, entrando así podríamos terminar en la prisión.

 

 

            Ninguna de las dos chicas no dudaron de qué se trataba de las entrañables y temibles hermanas Aristotil. Maca, se hecho a reír histéricamente. Las dos intrusas se sobresaltaron, no las habían visto. ¿Qué debían de hacer?- pensó Maca, que no podía parar de reírse.

 

M:- ¿Esther, llamamos a las policía? – declaro, pretendiendo asustarlas.

 

E:- Sí.- cogiendo al vuelo su idea.

 

Mapa:- ¡No por favor!- exclamo de inmediato la grande de las hermanas. La otra más tranquila, ilumino a las dos chicas, que permanecían aún muy juntas. Ninguna de las dos llevaba ningún móvil encima. Maca, solo tenia en su mano derecha un vaso.

 

Amor:- ¡Dudo que lo hagan, tranquila! Las pobres se han aterrado.- demostrando tener más sangre fría.

 

M:- ¿Miedo?- puso en duda.- ¡No! Me ha hecho mucha gracia. Pero bueno, será mejor que la fiesta termine en paz.- cambiando de opinión. Se compadeció de aquellas hermanas alocadas y algo chifladas.

 

E:- Es lo más sensato que he escuchado hasta ahora.- declara la italiana, dejando ir el aire contenido. Aquellas bromas pesadas ya le empezaban a hartar. De hecho eran absurdas.

 

            Otra pareja irrumpió en escena. Las cogió desprevenidas. Se trataba de Héctor y Petunia. El chico no fue tan comprensivo con ellas. Al reconocer sus voces, porque tampoco se podía reconocer sus rostros encapuchados, no dudo en vengarse de todos los agravios sufridos en sus fiestas. Las cogió, y las saco al exterior todo hi las protestas de las chicas. La otra gente también salió a trancas y barrancas de la torre para ser testimonios de la venganza.

 

            Héctor, no escuchando las quejas de Maca y Esther, tiro las dos hermanas en la piscina. Las dos mujeres salieron del agua pareciendo dos polluelos mojados y asustados. Siendo la comidilla de la noche.

 

Maca sintió lástima por ellas, aunque también era infantil lo que ellas hacían. ¡Qué extraña que era la gente de Soberano!-pensó. Aunque, en algo les dio las gracias silenciosamente. Si no hubiera sido por su jugarreta hubiera ocurrido lo que no quería con Esther. El recuerdo de aquel abrazo, de su embriagador aroma le mareó otra vez. Inconscientemente, busco a Héctor. Le sonrió. Él le devolvió el gesto.

 

H:- Hola princesa, espero que bailes un baile conmigo.- le invitó, cuando llego a su altura. Pasando de su pretendiente número one. Maca, no se percato de nada. Quería estar ciega, quería arrancar de su piel un perfume. No le importo lanzarse al pantano.

 

(…)

 

            Bailaron un par de piezas, las dos baladas. Estaba cantado que el anfitrión se lo había hecho venir bien. Entre sus brazos fuertes siguió sin sentir absolutamente nada. Una persona estaba clavada en su mente. No podía escapar de aquello. Sus ojos evitaban seguir sus instintos. Pero un par de miradas le helaron el ánima, siendo algo que le devolvió la razón. Al tercer baile, se disculpo y se reunió con Laura y Petunia, las dos estaban algo misteriosas.

 

P:- Hola, ya era hora que nos prestases atención- le escupe, luciendo unos celos impropios de ella. Bonito regalito por la confundida Wilson. Le devuelve la mirada. No quería sentirse culpable por estar tonteando con Héctor.

 

M:- ¿Qué mal hago? – quería añadir algo, pero Laura las interrumpió.

 

L:- Por favor, no es el momento de discutir.- las miro severamente, no conociéndolas.

 

M:- ¡Tienes razón!- admite, sabiendo que había mucho por aclarar. Aún así, no puede evitar de señalar:- Petunia, relájate. Si quieres tener Héctor para ti solita ya lo tienes. ¡A qué esperas!- casi la obliga a irse. No lo pudo evitar. Estaba incomoda ante su desconocida amiga. Laura la miro desaprobando su berrinche.

 

L:- ¿Qué os pasa a tu y Petunia? ¡Jamás no os he visto así! Además, des de cuando Petunia esta loca por un chico… No la había visto tan celosa como hoy, por ti.

 

M:- Es parte del problema Laura. Pero como bien lo has dicho, será mejor hablarlo en otro lugar y momento- sentencia. Sigue estando mareada y confusa. Por lo que le había contado su amiga psicóloga, parecía no haberse percatado de lo que le ocurría a ella.

 

L:- ¿Una pregunta, de verdad que Héctor no te gusta ni un pelo?- mirándola con atención.- Yo hubiera jurado que era tu tipo.

 

M:- No.- responde rotundamente, sin dar espacio a otros interrogantes.- Me acompañas a coger algo para beber.

 

            Laura asintió. Se pidió un cubata y otros dos más. Quería ahogar todo lo que había sentido aquella noche. Suerte que Esther Violeta parecía haber desaparecido del mapa. Aunque mentiría si dijera que no la busco entre la gente que bailaba, cada vez más alcoholizados.

 

            Laura, evito que bebiera más. Jamás, la había visto consumir tanto. Pasó algo inevitable, termino muy mareada. Su amiga la tuvo que acompañar, cogiéndola para que no se cayese, a los servicios. En la puerta del lavabo había una pareja dando rienda suelta a su pasión. El chico aprisionaba a la chica contra la pared, en una embestida salvaje de deseo.

 

            Maca, aún su grado de alcohol, no le paso de alto aquella pareja. Todo su ser se paralizo en reconocer a la mujer que se rendía a la pasión. Sus ojos, de hecho, se cruzaron brevemente. Su corazón se rompió en añicos.

No le debería de importar que Esther le fuera infiel a su prometido, quizás con un desconocido. Pero le dolió en el más hondo de su ser. Esther, la ignoro. Dejo de mirarla y siguió besando a aquel chico. Laura capto su extraño comportamiento y le obligo a entrar a los servicios. A dentro, ayudo a su amiga a vomitar lo innombrable.

 

Maca, sintiéndose mejor, se mojo el rostro para eliminar cualquier atisbo de borrachera. Odiaba perder el control de sus actos, y aquel día había ocurrido el peor de sus malos sueños. ¿Quién era el culpable? Debería haber uno para calmar su atormentado, desencajado ser. ¿Esther tenia la culpa? Sabia que era lo que temía, e incluso debía intuir lo que su corazón empezaba a albergar.

 

Todo se iba conjurando en su interior, como un plan de venganza muy planificado. Era descabellado y alocado. ¿Pero por qué no? También se le cruzaba la imagen de Esther besuqueándose y dejándose toquetear por aquel extraño. La punzada que sentía era de celos. ¿Qué le dolía más en el fondo? Estaba muy confundida y todo aquello le quedaba enormemente grande.

 

L:- ¿Te encuentras mejor?

 

M:- Sí.- suspira y decide compartir parte de sus pensamientos con ella.- ¡Qué fuerte! ¿La has visto? – la psicóloga pareció que no la comprendía. – A Esther. Menuda chica, estando prometida y liándose con el primero que se le insinúa.

 

L:- La verdad que sí. Ya me dijo Col que es muy suelta… Si esta claro que se casa por interés. – las dos salen, dejando aquel tema aparcado. La persona difuminada ya no esta allí. Aquello relaja a la Wilson.

 

            Petunia sigue bailando con Héctor. Laura y Maca se miran. No desean quedarse allí, están cansadas y Maca no termina de encontrarse bien. No quieren ser aguafiestas, por esto le piden la llave a Petunia y se marchan de la fiesta. No ven más a Esther. Maca se hecha en la cama sin quitarse la ropa, que apesta a humo. Aún así, cree percibir en ella todavía el agradable aroma de la italiana. Una parte de ella desea despertar el día siguiente siendo la misma persona de siempre.

 

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