05/07/2013
Este día se inició mi pequeña aventura por Galicia, tierra de meigas, leyendas, mágica. Muy visitada por muchos peregrinos, que recorren muchos kilómetros andando, o en bicicleta, para visitar el féretro del apóstol Santiago. El cual esta ubicado en la catedral de Santiago de Compostela. Este era mi destino: Santiago de Compostela.
No la visite siendo una peregrina sino con tren. Aunque no descarto hacer el camino de Santiago alguna vez. No por fe religiosa. Más bien por el reto de hacerlo y disfrutar la belleza de los parajes. Dicen que te regala mucha paz y serenidad. Y para mi, este es ya por si un gran incentivo.
Estuve parte del mayo y junio planeando el viaje. Me hacía mucha ilusión, porqué hacia tiempo que deseaba conocer estos lares. A parte, me encanta organizarme los viajes.
Escogí el tren, para mi es un medio cómodo y me encanta que me deje al corazón de la ciudad. Y la suerte fue hallar un hotel aceptable cerca de la estación de tren y del casco antiguo. Un auténtico privilegio, pues es fácil movilizarte por la ciudad y hacer rutas. Como tampoco te da pereza en conocer el ambiente nocturno.
En la ida cogí un tren nocturno des de Lleida. Modalidad turista: butaca confort. Estaba entusiasmada, pues para mi aquello era nuevo. Pasar una noche viajando en tren. Seria incluso feliz haciendo uno de estos viajes en tren largos, como el Transiberiano. Quizás he visto demasiadas películas...
Me subí en el tren con la alegría de una niña. Busque mi sitio. Al lado de un señor de mediana edad. Pienso para mi: "No podría haber sido una chica y estar ligando con ella." ¿Me extraño? No. En estos temas no tengo éxito. En decir verdad, no practico mucho este deporte.
El señor, eso sí, fue muy amable y me subió la pesada maleta arriba en el soporte. Me senté y la butaca confort, que era bastante dura, no le iba bien el respaldo de los pies. Pensé: ¡Este mantenimiento!
Mi compañero de viaje me señaló otra butaca, situada al lado derecho a la nuestra, dónde no iba nadie. Me aseguro que no la ocuparía nadie más, porqué el que la tenía no se había subido en Barcelona. Me cambie. Mejor no compartir con nadie más el asiento.
Delante de mi había una mujer de 50 años y pico. En Zaragoza hubo movimiento de gente. Entraron un matrimonio mayor, que se sentaron al otro lado de la mujer que tenia enfrente. Con ellos también iba una mujer mayor, solterona. Era la hermana del hombre. Podría ser yo años adelante, pensé. Vieja y a remolque de mi familiar. Aunque, quizás en estos tiempos no veo parejas conviviendo con algún otro familiar que no sean los hijos.
La sociedad en algunas cosas si evoluciona. Años atrás nadie hubiera imaginado que tus abuelos, o padres, ingresaran a un geriátrico para que pasaran los últimos años de sus vidas. Lejos de su hogar, de sus recuerdos, sus pertenencias... La sociedad se va individualizando, la mayoría trabaja y no queda tiempo para cuidar de nuestros mayores.
No pretendo desmerecer a las residencias de la tercera edad. Si trabajan con principios y humanidad, son unos sitios acogedores y positivos para la gente mayor. Evitan la soledad y pueden ofrecer un bonito envejecer, sin tener que preocuparse de ir a comprar, labores del hogar... Se les ofrece una serie de actividades, estimulación cognitiva.
Ya me he desviado de mi relato... A veces me pasa, me paro en pensar donde andaré yo cuando sea vieja. Si aún tendré energía para seguir viajando como la familia de tres que iba en el tren.
Estuvimos un tiempo breve detenidos en la estación de Zaragoza. Mataba el tiempo hablando por washap (o como se escriba) con una de mis mejores amigas. A la vez, iba escribiendo en mi diario agenda.
Las mujeres de enfrente empezaron ha hablar de sus vidas. No las escuchaba pero sin querer de algo me enteraba. La de mi enfrente, la mujer de 50 años, trabajaba en un geriátrico. Creó que de su vida se podría hacer una película. Me pregunto: ¿Por qué se cuenta cosas privadas a un desconocido? ¿Qué le ha de interesar a otra persona que tu pareja sea aún inmadura? ¿Será por qué no nos sentimos juzgados, o es más fácil hablar de ciertos temas con otros?
El tren se puso de marcha de nuevo. Las mujeres mayores tenían mucha cuerda. A las doce de la noche seguían despotricando. Me despedí de mi amiga, pues me estaba durmiendo. Quería descansar por aprovechar bien el día siguiente.
La butaca me parecía más incomoda que confortable. No paraba de moverme. La luz de mi lado era permanente. Tras dar mil vueltas me dormí. Me desperté cuando alguien subió al tren y se sentó detrás de mi.
Hablaba con el interventor. Le pedía que le despertase antes de llegar a su destino. Contó luego una amarga experiencia que le había ocurrido en otro viaje. Hay vivencias que marcan y engendran miedos. Somos lo que somos, fruto de las circunstancias.
Me costo volver a conciliar el sueño. Moviéndome se me estropeó el respaldo de los pies. Me cambie a la del lado, donde volví a dormir. Pero me despertaron una pareja que tenia de sentarse donde estaba. Volví a mi sitió y hice lo que tenía de haber hecho des de un principió, informar al interventor. Me lo arreglaron y estuve con los ojos como naranjas un tiempo indefinido.
La pareja del lado, me parecieron algo antipáticos. Era obvio que reclamasen lo que era suyo por derecho. Era yo que estaba en el sitio equivocado. La chica me pareció de armas tomar, muy mandona. El chico un pollito con ropa nueva para la ocasión. No llevaban maletas. Quizás sólo pasarían un día en su destino. Estuve un rato imaginándome cosas.
Me volví a dormir. Cuando regrese al estado de vigilia ya había amanecido. No recuerdo la hora que era. Me levante y me dirigí al vagón comedor. Allí desayune. El café malo y el zumo de naranja de bote, o compra.
Ya estaba impaciente por llegar, hallar el hotel, ducharme y cambiarme de ropa. Lo peor de haber cogido aquel tren era que debía de hacer transbordo a Orense. Aún así, no fue tan pesado como imaginaba. Llegamos a esta ciudad más pronto de lo señalado. El otro tren, tal como me habían dicho, ya estaba esperando. Fue muy rápido.
Aquí se inició mi aventura por las tierras Gallegas... y en otra ocasión seguiré.
Este día se inició mi pequeña aventura por Galicia, tierra de meigas, leyendas, mágica. Muy visitada por muchos peregrinos, que recorren muchos kilómetros andando, o en bicicleta, para visitar el féretro del apóstol Santiago. El cual esta ubicado en la catedral de Santiago de Compostela. Este era mi destino: Santiago de Compostela.
No la visite siendo una peregrina sino con tren. Aunque no descarto hacer el camino de Santiago alguna vez. No por fe religiosa. Más bien por el reto de hacerlo y disfrutar la belleza de los parajes. Dicen que te regala mucha paz y serenidad. Y para mi, este es ya por si un gran incentivo.
Estuve parte del mayo y junio planeando el viaje. Me hacía mucha ilusión, porqué hacia tiempo que deseaba conocer estos lares. A parte, me encanta organizarme los viajes.
Escogí el tren, para mi es un medio cómodo y me encanta que me deje al corazón de la ciudad. Y la suerte fue hallar un hotel aceptable cerca de la estación de tren y del casco antiguo. Un auténtico privilegio, pues es fácil movilizarte por la ciudad y hacer rutas. Como tampoco te da pereza en conocer el ambiente nocturno.
En la ida cogí un tren nocturno des de Lleida. Modalidad turista: butaca confort. Estaba entusiasmada, pues para mi aquello era nuevo. Pasar una noche viajando en tren. Seria incluso feliz haciendo uno de estos viajes en tren largos, como el Transiberiano. Quizás he visto demasiadas películas...
Me subí en el tren con la alegría de una niña. Busque mi sitio. Al lado de un señor de mediana edad. Pienso para mi: "No podría haber sido una chica y estar ligando con ella." ¿Me extraño? No. En estos temas no tengo éxito. En decir verdad, no practico mucho este deporte.
El señor, eso sí, fue muy amable y me subió la pesada maleta arriba en el soporte. Me senté y la butaca confort, que era bastante dura, no le iba bien el respaldo de los pies. Pensé: ¡Este mantenimiento!
Mi compañero de viaje me señaló otra butaca, situada al lado derecho a la nuestra, dónde no iba nadie. Me aseguro que no la ocuparía nadie más, porqué el que la tenía no se había subido en Barcelona. Me cambie. Mejor no compartir con nadie más el asiento.
Delante de mi había una mujer de 50 años y pico. En Zaragoza hubo movimiento de gente. Entraron un matrimonio mayor, que se sentaron al otro lado de la mujer que tenia enfrente. Con ellos también iba una mujer mayor, solterona. Era la hermana del hombre. Podría ser yo años adelante, pensé. Vieja y a remolque de mi familiar. Aunque, quizás en estos tiempos no veo parejas conviviendo con algún otro familiar que no sean los hijos.
La sociedad en algunas cosas si evoluciona. Años atrás nadie hubiera imaginado que tus abuelos, o padres, ingresaran a un geriátrico para que pasaran los últimos años de sus vidas. Lejos de su hogar, de sus recuerdos, sus pertenencias... La sociedad se va individualizando, la mayoría trabaja y no queda tiempo para cuidar de nuestros mayores.
No pretendo desmerecer a las residencias de la tercera edad. Si trabajan con principios y humanidad, son unos sitios acogedores y positivos para la gente mayor. Evitan la soledad y pueden ofrecer un bonito envejecer, sin tener que preocuparse de ir a comprar, labores del hogar... Se les ofrece una serie de actividades, estimulación cognitiva.
Ya me he desviado de mi relato... A veces me pasa, me paro en pensar donde andaré yo cuando sea vieja. Si aún tendré energía para seguir viajando como la familia de tres que iba en el tren.
Estuvimos un tiempo breve detenidos en la estación de Zaragoza. Mataba el tiempo hablando por washap (o como se escriba) con una de mis mejores amigas. A la vez, iba escribiendo en mi diario agenda.
Las mujeres de enfrente empezaron ha hablar de sus vidas. No las escuchaba pero sin querer de algo me enteraba. La de mi enfrente, la mujer de 50 años, trabajaba en un geriátrico. Creó que de su vida se podría hacer una película. Me pregunto: ¿Por qué se cuenta cosas privadas a un desconocido? ¿Qué le ha de interesar a otra persona que tu pareja sea aún inmadura? ¿Será por qué no nos sentimos juzgados, o es más fácil hablar de ciertos temas con otros?
El tren se puso de marcha de nuevo. Las mujeres mayores tenían mucha cuerda. A las doce de la noche seguían despotricando. Me despedí de mi amiga, pues me estaba durmiendo. Quería descansar por aprovechar bien el día siguiente.
La butaca me parecía más incomoda que confortable. No paraba de moverme. La luz de mi lado era permanente. Tras dar mil vueltas me dormí. Me desperté cuando alguien subió al tren y se sentó detrás de mi.
Hablaba con el interventor. Le pedía que le despertase antes de llegar a su destino. Contó luego una amarga experiencia que le había ocurrido en otro viaje. Hay vivencias que marcan y engendran miedos. Somos lo que somos, fruto de las circunstancias.
Me costo volver a conciliar el sueño. Moviéndome se me estropeó el respaldo de los pies. Me cambie a la del lado, donde volví a dormir. Pero me despertaron una pareja que tenia de sentarse donde estaba. Volví a mi sitió y hice lo que tenía de haber hecho des de un principió, informar al interventor. Me lo arreglaron y estuve con los ojos como naranjas un tiempo indefinido.
La pareja del lado, me parecieron algo antipáticos. Era obvio que reclamasen lo que era suyo por derecho. Era yo que estaba en el sitio equivocado. La chica me pareció de armas tomar, muy mandona. El chico un pollito con ropa nueva para la ocasión. No llevaban maletas. Quizás sólo pasarían un día en su destino. Estuve un rato imaginándome cosas.
Me volví a dormir. Cuando regrese al estado de vigilia ya había amanecido. No recuerdo la hora que era. Me levante y me dirigí al vagón comedor. Allí desayune. El café malo y el zumo de naranja de bote, o compra.
Ya estaba impaciente por llegar, hallar el hotel, ducharme y cambiarme de ropa. Lo peor de haber cogido aquel tren era que debía de hacer transbordo a Orense. Aún así, no fue tan pesado como imaginaba. Llegamos a esta ciudad más pronto de lo señalado. El otro tren, tal como me habían dicho, ya estaba esperando. Fue muy rápido.
Aquí se inició mi aventura por las tierras Gallegas... y en otra ocasión seguiré.
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